Cristo al servicio de la fraternidad universal

ESCUCHAR NOTICIA: El Vaticano ha publicado este miércoles 16 de septiembre una extensa nota con motivo de los 60 años de Nostra aetate, la declaración del Concilio Vaticano II sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. Presentamos un comentario a la Nota en formato pregunta respuesta. ¿Qué presupone el diálogo interreligioso? Una clara conciencia de la propia identidad religiosa y cultural, junto con una apertura real a la alteridad, condición indispensable para la convivencia en las sociedades pluralista. Comentario: El diálogo interreligioso supone la convivencia pacífica de religiones distintas dentro de una sociedad pluralista. ¿Qué peligros pueden presentarse? La de aquellos que insisten exclusivamente en la obligación de anunciar a Cristo; a estos se les recuerda que la Declaración Nostra aetate incluye la necesidad del diálogo con las demás tradiciones religiosas, ya que este “forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia”. A quienes, por el contrario, tienden a relativizar su identidad, la misma Declaración les recuerda la exigencia de fidelidad a Jesucristo, «el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6). Comentario: ¿El diálogo está al servicio del anuncio de Cristo, o el anuncio de Cristo queda colocado al lado del diálogo como una exigencia más dentro de la convivencia pluralista? No lo aclara la Nota. Fin del diálogo interreligioso Convertirse en una ocasión para una mayor fidelidad al amor universal de Dios, manifestado en Jesucristo. Comentario: El amor a Dios, en la fe católica, implica conocerlo y adherirse a Él en la verdad revelada, y su plenitud está en Jesucristo, que está en la Iglesia católica.  ¿Por qué es necesario el diálogo interreligioso? Porque transforma a las personas, a las comunidades y, a veces, incluso a las estructuras eclesiales. Comentario: ¿Las transforma hacia qué verdad y hacia qué bien? No lo especifica. El diálogo interreligioso no es un tema marginal Lejos de ser un tema marginal, es un ámbito teológico, donde el Espíritu Santo quiere hacerse sentir, a través del encuentro con el otro. Comentario: La afirmación es muy atrevida. El Espíritu Santo puede ciertamente obrar en cualquier encuentro humano, pero no puede atribuirse sin más al propio diálogo interreligioso, ni a la alteridad religiosa en cuanto tal, una especie de valor teológico positivo. Habría que precisar qué hay en ese encuentro que procede realmente del Espíritu, y, por tanto, en consonancia con la tradición teológica católica, y qué debe ser juzgado y purificado por la verdad de tal tradición. ¿El diálogo interreligioso pretende fundar una religión nueva? En realidad, no se trata de fundar una gran religión mundial en la que todas las creencias queden niveladas. Esa posibilidad debe descartarse por respeto a uno mismo y a los demás. Se trata, en cambio, de construir una sociedad fraterna capaz de aceptar las diferencias. Comentario: No se crea una nueva religión común, pero sí un marco común superior de convivencia, dentro del cual cada religión aporta su propia identidad. Y ahí surge la pregunta decisiva: ¿Cristo es el término al que debe conducir el diálogo, o queda convertido en la aportación específicamente cristiana de la Iglesia católica dentro de esta fraternidad religiosa universal? Eso es lo que parece. ¿Qué significa “máxima identidad y máximo diálogo”? Significa que cuanto más firmemente conozca y conserve cada uno su propia identidad religiosa, más debería ser capaz de dialogar con quien cree de modo distinto, sin relativismo ni sincretismo. Comentario: Pero permanece abierta una cuestión decisiva: ¿qué ocurre cuando la verdad revelada y las exigencias del diálogo entran en conflicto? ¿Qué prevalece? ¿Qué lugar ocupa Jesucristo en el diálogo interreligioso? Cristo es “el Camino, la Verdad y la Vida” [22], pero se le coloca junto a la exigencia del diálogo. Cristo aparece como manifestación del amor universal de Dios dentro del dinamismo del diálogo [51]. Comentario: Cristo queda afirmado doctrinalmente, pero no como fin del diálogo. Más bien parece que queda integrado en un proceso cuyo horizonte práctico es el propio diálogo y la fraternidad; no Cristo. ¿Qué sucede con el mandato misionero? Se coloca junto a la exigencia del diálogo; ambos deben mantenerse en equilibrio. Comentario: La cuestión es si el diálogo forma parte de la misión porque está ordenado al anuncio de Cristo, o si el anuncio queda convertido en una exigencia paralela dentro de un proyecto más amplio de convivencia religiosa, que es lo importante. ¿Tiene una dimensión espiritual el diálogo interreligioso? Sí. Debe prestarse especial atención a la dimensión espiritual del diálogo. Porque lo que se persigue no es un simple ejercicio intelectual, sino un encuentro auténtico, un encuentro con una alteridad creyente, en un espíritu de paz, amistad y búsqueda compartida de la verdad y del bien. Comentario: Es problemático y muy cuestionable el término “dimensión espiritual” a un encuentro entre creencias distintas sin precisar qué verdad religiosa orienta esa espiritualidad. La búsqueda compartida de la verdad y del bien sólo puede ser válida si no se pone en el mismo plano la verdad revelada en Cristo, la fe católica, y las demás convicciones religiosas. ¿La pluralidad religiosa es una situación que debe ser evangelizada o una realidad que debe ser normalizada? Dialogar no consiste solo en exponer las propias doctrinas o en comparar las propias visiones del mundo; hoy, frente a quienes fomentan divisiones y preparan conflictos, los creyentes de las distintas tradiciones y, en primer lugar, sus líderes, conscientes de sus diferencias irreconciliables, están llamados a buscar, con lucidez y esperanza, las condiciones para una convivencia pacífica. Comentario: La pluralidad religiosa se asume como un hecho permanente que debe organizarse mediante la convivencia pacífica y estable. ¿Puede hablarse de fraternidad universal sin filiación divina en Cristo? La fraternidad entre creyentes de diferentes tradiciones religiosas no es un simple ideal, sino una exigencia moral, espiritual y social. Ante los retos actuales -extremismos religiosos, migraciones globales, secularización, crisis ecológicas y sociales-, las religiones están llamadas a transformar el mundo y la sociedad para que se conviertan en expresiones fraternas de la voluntad de Dios. Esta tarea pasa necesariamente por una educación renovada en el diálogo, especialmente entre las generaciones más jóvenes, para superar los miedos y los prejuicios y arraigar una verdadera cultura del encuentro. Comentario: Sí. La fraternidad universal se convierte en horizonte común de las religiones y de la sociedad. ¿Qué función cumplen la ley de Dios y los mandamientos en esta fraternidad universal? Un modelo de diálogo más rico y articulado no solo es, por tanto, deseable para el futuro, sino que ya se encuentra en germen, tanto en el seno de la Iglesia como en sus relaciones con otras tradiciones religiosas. Este modelo, de múltiples facetas, podría compararse con un poliedro: exige confrontarse con varias dimensiones al mismo tiempo, mostrar paciencia, lucidez, pero también imaginación y creatividad. Es en esta interacción donde se construye un futuro común, en el que la paz y la amistad ya no son utopías, sino frutos maduros del encuentro. Comentario: El proyecto común no se estructura sobre la ley de Dios y sus mandamientos, sino sobre fraternidad, diálogo y paz. ¿Puede la verdad revelada estar “en diálogo” con su contrario sin perder su carácter de norma? Comentario: La Nota afirma que Cristo es la Verdad y rechaza el relativismo, pero al mismo tiempo propone una “búsqueda compartida de la verdad” entre religiones con diferencias irreconciliables. Falta explicar cómo se mantiene, en esa búsqueda común, la primacía de la verdad revelada en Cristo. ¿La Nota conserva la centralidad doctrinal de Cristo, pero desplaza su centralidad práctica? La Iglesia invita a todos a convertirse en “constructores de puentes, no de muros”, artesanos de la paz y de la fraternidad, capaces de acoger al otro en su diferencia, de reconocer sus riquezas espirituales y de colaborar en la construcción de una sociedad más justa y más humana. Tal y como deseó el Papa León XIV: “El testimonio de nuestra fraternidad, que espero podamos mostrar con gestos eficaces, contribuirá sin duda a edificar un mundo más pacífico, tal y como desean en lo más profundo de su corazón todos los hombres y mujeres de buena voluntad”. Comentario: La Nota conserva la afirmación doctrinal de Cristo, pero en este pasaje el centro práctico del diálogo no es la confesión de su verdad, sino el testimonio de la fraternidad, la paz, la acogida de las diferencias y la colaboración común. Cristo permanece como fundamento confesado, mientras la fraternidad aparece como el verdadero objetivo. ¿El diálogo está ordenado a Cristo o Cristo queda subordinado, en la práctica, al proyecto de fraternidad universal El diálogo interreligioso trata de construir una sociedad fraterna capaz de aceptar las diferencias. Esta intención sigue siendo el núcleo del diálogo interreligioso. Comentario: La propia Nota responde prácticamente a la pregunta: el núcleo del diálogo interreligioso no se presenta como un camino a Cristo, sino como la construcción de una sociedad fraterna capaz de aceptar diferencias religiosas permanentes. Cristo queda afirmado doctrinalmente, pero el fin real del diálogo aparece formulado en términos de fraternidad y convivencia.   Pulse para escuchar el texto El Vaticano ha publicado este miércoles 16 de septiembre una extensa nota con motivo de los 60 años de Nostra aetate, la declaración del Concilio Vaticano II sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. Presentamos un comentario a la Nota en formato pregunta respuesta. ¿Qué presupone el diálogo interreligioso? Una clara conciencia de la propia identidad religiosa y cultural, junto con una apertura real a la alteridad, condición indispensable para la convivencia en las sociedades pluralista. Comentario: El diálogo interreligioso supone la convivencia pacífica de religiones distintas dentro de una sociedad pluralista. ¿Qué peligros pueden presentarse? La de aquellos que insisten exclusivamente en la obligación de anunciar a Cristo; a estos se les recuerda que la Declaración Nostra aetate incluye la necesidad del diálogo con las demás tradiciones religiosas, ya que este “forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia”. A quienes, por el contrario, tienden a relativizar su identidad, la misma Declaración les recuerda la exigencia de fidelidad a Jesucristo, «el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6). Comentario: ¿El diálogo está al servicio del anuncio de Cristo, o el anuncio de Cristo queda colocado al lado del diálogo como una exigencia más dentro de la convivencia pluralista? No lo aclara la Nota. Fin del diálogo interreligioso Convertirse en una ocasión para una mayor fidelidad al amor universal de Dios, manifestado en Jesucristo. Comentario: El amor a Dios, en la fe católica, implica conocerlo y adherirse a Él en la verdad revelada, y su plenitud está en Jesucristo, que está en la Iglesia católica.  ¿Por qué es necesario el diálogo interreligioso? Porque transforma a las personas, a las comunidades y, a veces, incluso a las estructuras eclesiales. Comentario: ¿Las transforma hacia qué verdad y hacia qué bien? No lo especifica. El diálogo interreligioso no es un tema marginal Lejos de ser un tema marginal, es un ámbito teológico, donde el Espíritu Santo quiere hacerse sentir, a través del encuentro con el otro. Comentario: La afirmación es muy atrevida. El Espíritu Santo puede ciertamente obrar en cualquier encuentro humano, pero no puede atribuirse sin más al propio diálogo interreligioso, ni a la alteridad religiosa en cuanto tal, una especie de valor teológico positivo. Habría que precisar qué hay en ese encuentro que procede realmente del Espíritu, y, por tanto, en consonancia con la tradición teológica católica, y qué debe ser juzgado y purificado por la verdad de tal tradición. ¿El diálogo interreligioso pretende fundar una religión nueva? En realidad, no se trata de fundar una gran religión mundial en la que todas las creencias queden niveladas. Esa posibilidad debe descartarse por respeto a uno mismo y a los demás. Se trata, en cambio, de construir una sociedad fraterna capaz de aceptar las diferencias. Comentario: No se crea una nueva religión común, pero sí un marco común superior de convivencia, dentro del cual cada religión aporta su propia identidad. Y ahí surge la pregunta decisiva: ¿Cristo es el término al que debe conducir el diálogo, o queda convertido en la aportación específicamente cristiana de la Iglesia católica dentro de esta fraternidad religiosa universal? Eso es lo que parece. ¿Qué significa “máxima identidad y máximo diálogo”? Significa que cuanto más firmemente conozca y conserve cada uno su propia identidad religiosa, más debería ser capaz de dialogar con quien cree de modo distinto, sin relativismo ni sincretismo. Comentario: Pero permanece abierta una cuestión decisiva: ¿qué ocurre cuando la verdad revelada y las exigencias del diálogo entran en conflicto? ¿Qué prevalece? ¿Qué lugar ocupa Jesucristo en el diálogo interreligioso? Cristo es “el Camino, la Verdad y la Vida” [22], pero se le coloca junto a la exigencia del diálogo. Cristo aparece como manifestación del amor universal de Dios dentro del dinamismo del diálogo [51]. Comentario: Cristo queda afirmado doctrinalmente, pero no como fin del diálogo. Más bien parece que queda integrado en un proceso cuyo horizonte práctico es el propio diálogo y la fraternidad; no Cristo. ¿Qué sucede con el mandato misionero? Se coloca junto a la exigencia del diálogo; ambos deben mantenerse en equilibrio. Comentario: La cuestión es si el diálogo forma parte de la misión porque está ordenado al anuncio de Cristo, o si el anuncio queda convertido en una exigencia paralela dentro de un proyecto más amplio de convivencia religiosa, que es lo importante. ¿Tiene una dimensión espiritual el diálogo interreligioso? Sí. Debe prestarse especial atención a la dimensión espiritual del diálogo. Porque lo que se persigue no es un simple ejercicio intelectual, sino un encuentro auténtico, un encuentro con una alteridad creyente, en un espíritu de paz, amistad y búsqueda compartida de la verdad y del bien. Comentario: Es problemático y muy cuestionable el término “dimensión espiritual” a un encuentro entre creencias distintas sin precisar qué verdad religiosa orienta esa espiritualidad. La búsqueda compartida de la verdad y del bien sólo puede ser válida si no se pone en el mismo plano la verdad revelada en Cristo, la fe católica, y las demás convicciones religiosas. ¿La pluralidad religiosa es una situación que debe ser evangelizada o una realidad que debe ser normalizada? Dialogar no consiste solo en exponer las propias doctrinas o en comparar las propias visiones del mundo; hoy, frente a quienes fomentan divisiones y preparan conflictos, los creyentes de las distintas tradiciones y, en primer lugar, sus líderes, conscientes de sus diferencias irreconciliables, están llamados a buscar, con lucidez y esperanza, las condiciones para una convivencia pacífica. Comentario: La pluralidad religiosa se asume como un hecho permanente que debe organizarse mediante la convivencia pacífica y estable. ¿Puede hablarse de fraternidad universal sin filiación divina en Cristo? La fraternidad entre creyentes de diferentes tradiciones religiosas no es un simple ideal, sino una exigencia moral, espiritual y social. Ante los retos actuales -extremismos religiosos, migraciones globales, secularización, crisis ecológicas y sociales-, las religiones están llamadas a transformar el mundo y la sociedad para que se conviertan en expresiones fraternas de la voluntad de Dios. Esta tarea pasa necesariamente por una educación renovada en el diálogo, especialmente entre las generaciones más jóvenes, para superar los miedos y los prejuicios y arraigar una verdadera cultura del encuentro. Comentario: Sí. La fraternidad universal se convierte en horizonte común de las religiones y de la sociedad. ¿Qué función cumplen la ley de Dios y los mandamientos en esta fraternidad universal? Un modelo de diálogo más rico y articulado no solo es, por tanto, deseable para el futuro, sino que ya se encuentra en germen, tanto en el seno de la Iglesia como en sus relaciones con otras tradiciones religiosas. Este modelo, de múltiples facetas, podría compararse con un poliedro: exige confrontarse con varias dimensiones al mismo tiempo, mostrar paciencia, lucidez, pero también imaginación y creatividad. Es en esta interacción donde se construye un futuro común, en el que la paz y la amistad ya no son utopías, sino frutos maduros del encuentro. Comentario: El proyecto común no se estructura sobre la ley de Dios y sus mandamientos, sino sobre fraternidad, diálogo y paz. ¿Puede la verdad revelada estar “en diálogo” con su contrario sin perder su carácter de norma? Comentario: La Nota afirma que Cristo es la Verdad y rechaza el relativismo, pero al mismo tiempo propone una “búsqueda compartida de la verdad” entre religiones con diferencias irreconciliables. Falta explicar cómo se mantiene, en esa búsqueda común, la primacía de la verdad revelada en Cristo. ¿La Nota conserva la centralidad doctrinal de Cristo, pero desplaza su centralidad práctica? La Iglesia invita a todos a convertirse en “constructores de puentes, no de muros”, artesanos de la paz y de la fraternidad, capaces de acoger al otro en su diferencia, de reconocer sus riquezas espirituales y de colaborar en la construcción de una sociedad más justa y más humana. Tal y como deseó el Papa León XIV: “El testimonio de nuestra fraternidad, que espero podamos mostrar con gestos eficaces, contribuirá sin duda a edificar un mundo más pacífico, tal y como desean en lo más profundo de su corazón todos los hombres y mujeres de buena voluntad”. Comentario: La Nota conserva la afirmación doctrinal de Cristo, pero en este pasaje el centro práctico del diálogo no es la confesión de su verdad, sino el testimonio de la fraternidad, la paz, la acogida de las diferencias y la colaboración común. Cristo permanece como fundamento confesado, mientras la fraternidad aparece como el verdadero objetivo. ¿El diálogo está ordenado a Cristo o Cristo queda subordinado, en la práctica, al proyecto de fraternidad universal El diálogo interreligioso trata de construir una sociedad fraterna capaz de aceptar las diferencias. Esta intención sigue siendo el núcleo del diálogo interreligioso. Comentario: La propia Nota responde prácticamente a la pregunta: el núcleo del diálogo interreligioso no se presenta como un camino a Cristo, sino como la construcción de una sociedad fraterna capaz de aceptar diferencias religiosas permanentes. Cristo queda afirmado doctrinalmente, pero el fin real del diálogo aparece formulado en términos de fraternidad y convivencia.

El Vaticano ha publicado este miércoles 16 de septiembre una extensa nota con motivo de los 60 años de Nostra aetate, la declaración del Concilio Vaticano II sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas.

Presentamos un comentario a la Nota en formato pregunta respuesta.

¿Qué presupone el diálogo interreligioso?

Una clara conciencia de la propia identidad religiosa y cultural, junto con una apertura real a la alteridad, condición indispensable para la convivencia en las sociedades pluralista.

Comentario: El diálogo interreligioso supone la convivencia pacífica de religiones distintas dentro de una sociedad pluralista.

¿Qué peligros pueden presentarse?

La de aquellos que insisten exclusivamente en la obligación de anunciar a Cristo; a estos se les recuerda que la Declaración Nostra aetate incluye la necesidad del diálogo con las demás tradiciones religiosas, ya que este “forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia”.

A quienes, por el contrario, tienden a relativizar su identidad, la misma Declaración les recuerda la exigencia de fidelidad a Jesucristo, «el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6).

Comentario: ¿El diálogo está al servicio del anuncio de Cristo, o el anuncio de Cristo queda colocado al lado del diálogo como una exigencia más dentro de la convivencia pluralista? No lo aclara la Nota.

Fin del diálogo interreligioso

Convertirse en una ocasión para una mayor fidelidad al amor universal de Dios, manifestado en Jesucristo.

Comentario: El amor a Dios, en la fe católica, implica conocerlo y adherirse a Él en la verdad revelada, y su plenitud está en Jesucristo, que está en la Iglesia católica.

 ¿Por qué es necesario el diálogo interreligioso?

Porque transforma a las personas, a las comunidades y, a veces, incluso a las estructuras eclesiales.

Comentario: ¿Las transforma hacia qué verdad y hacia qué bien? No lo especifica.

El diálogo interreligioso no es un tema marginal

Lejos de ser un tema marginal, es un ámbito teológico, donde el Espíritu Santo quiere hacerse sentir, a través del encuentro con el otro.

Comentario: La afirmación es muy atrevida. El Espíritu Santo puede ciertamente obrar en cualquier encuentro humano, pero no puede atribuirse sin más al propio diálogo interreligioso, ni a la alteridad religiosa en cuanto tal, una especie de valor teológico positivo. Habría que precisar qué hay en ese encuentro que procede realmente del Espíritu, y, por tanto, en consonancia con la tradición teológica católica, y qué debe ser juzgado y purificado por la verdad de tal tradición.

¿El diálogo interreligioso pretende fundar una religión nueva?

En realidad, no se trata de fundar una gran religión mundial en la que todas las creencias queden niveladas. Esa posibilidad debe descartarse por respeto a uno mismo y a los demás. Se trata, en cambio, de construir una sociedad fraterna capaz de aceptar las diferencias.

Comentario: No se crea una nueva religión común, pero sí un marco común superior de convivencia, dentro del cual cada religión aporta su propia identidad. Y ahí surge la pregunta decisiva: ¿Cristo es el término al que debe conducir el diálogo, o queda convertido en la aportación específicamente cristiana de la Iglesia católica dentro de esta fraternidad religiosa universal? Eso es lo que parece.

¿Qué significa “máxima identidad y máximo diálogo”?

Significa que cuanto más firmemente conozca y conserve cada uno su propia identidad religiosa, más debería ser capaz de dialogar con quien cree de modo distinto, sin relativismo ni sincretismo.

Comentario: Pero permanece abierta una cuestión decisiva: ¿qué ocurre cuando la verdad revelada y las exigencias del diálogo entran en conflicto? ¿Qué prevalece?

¿Qué lugar ocupa Jesucristo en el diálogo interreligioso?

Cristo es “el Camino, la Verdad y la Vida” [22], pero se le coloca junto a la exigencia del diálogo. Cristo aparece como manifestación del amor universal de Dios dentro del dinamismo del diálogo [51].

Comentario: Cristo queda afirmado doctrinalmente, pero no como fin del diálogo. Más bien parece que queda integrado en un proceso cuyo horizonte práctico es el propio diálogo y la fraternidad; no Cristo.

¿Qué sucede con el mandato misionero?

Se coloca junto a la exigencia del diálogo; ambos deben mantenerse en equilibrio.

Comentario: La cuestión es si el diálogo forma parte de la misión porque está ordenado al anuncio de Cristo, o si el anuncio queda convertido en una exigencia paralela dentro de un proyecto más amplio de convivencia religiosa, que es lo importante.

¿Tiene una dimensión espiritual el diálogo interreligioso?

Sí. Debe prestarse especial atención a la dimensión espiritual del diálogo. Porque lo que se persigue no es un simple ejercicio intelectual, sino un encuentro auténtico, un encuentro con una alteridad creyente, en un espíritu de paz, amistad y búsqueda compartida de la verdad y del bien.

Comentario: Es problemático y muy cuestionable el término “dimensión espiritual” a un encuentro entre creencias distintas sin precisar qué verdad religiosa orienta esa espiritualidad. La búsqueda compartida de la verdad y del bien sólo puede ser válida si no se pone en el mismo plano la verdad revelada en Cristo, la fe católica, y las demás convicciones religiosas.

¿La pluralidad religiosa es una situación que debe ser evangelizada o una realidad que debe ser normalizada?

Dialogar no consiste solo en exponer las propias doctrinas o en comparar las propias visiones del mundo; hoy, frente a quienes fomentan divisiones y preparan conflictos, los creyentes de las distintas tradiciones y, en primer lugar, sus líderes, conscientes de sus diferencias irreconciliables, están llamados a buscar, con lucidez y esperanza, las condiciones para una convivencia pacífica.

Comentario: La pluralidad religiosa se asume como un hecho permanente que debe organizarse mediante la convivencia pacífica y estable.

¿Puede hablarse de fraternidad universal sin filiación divina en Cristo?

La fraternidad entre creyentes de diferentes tradiciones religiosas no es un simple ideal, sino una exigencia moral, espiritual y social. Ante los retos actuales -extremismos religiosos, migraciones globales, secularización, crisis ecológicas y sociales-, las religiones están llamadas a transformar el mundo y la sociedad para que se conviertan en expresiones fraternas de la voluntad de Dios. Esta tarea pasa necesariamente por una educación renovada en el diálogo, especialmente entre las generaciones más jóvenes, para superar los miedos y los prejuicios y arraigar una verdadera cultura del encuentro.

Comentario: Sí. La fraternidad universal se convierte en horizonte común de las religiones y de la sociedad.

¿Qué función cumplen la ley de Dios y los mandamientos en esta fraternidad universal?

Un modelo de diálogo más rico y articulado no solo es, por tanto, deseable para el futuro, sino que ya se encuentra en germen, tanto en el seno de la Iglesia como en sus relaciones con otras tradiciones religiosas. Este modelo, de múltiples facetas, podría compararse con un poliedro: exige confrontarse con varias dimensiones al mismo tiempo, mostrar paciencia, lucidez, pero también imaginación y creatividad. Es en esta interacción donde se construye un futuro común, en el que la paz y la amistad ya no son utopías, sino frutos maduros del encuentro.

Comentario: El proyecto común no se estructura sobre la ley de Dios y sus mandamientos, sino sobre fraternidad, diálogo y paz.

¿Puede la verdad revelada estar “en diálogo” con su contrario sin perder su carácter de norma?

Comentario: La Nota afirma que Cristo es la Verdad y rechaza el relativismo, pero al mismo tiempo propone una “búsqueda compartida de la verdad” entre religiones con diferencias irreconciliables. Falta explicar cómo se mantiene, en esa búsqueda común, la primacía de la verdad revelada en Cristo.

¿La Nota conserva la centralidad doctrinal de Cristo, pero desplaza su centralidad práctica?

La Iglesia invita a todos a convertirse en “constructores de puentes, no de muros”, artesanos de la paz y de la fraternidad, capaces de acoger al otro en su diferencia, de reconocer sus riquezas espirituales y de colaborar en la construcción de una sociedad más justa y más humana. Tal y como deseó el Papa León XIV: “El testimonio de nuestra fraternidad, que espero podamos mostrar con gestos eficaces, contribuirá sin duda a edificar un mundo más pacífico, tal y como desean en lo más profundo de su corazón todos los hombres y mujeres de buena voluntad”.

Comentario: La Nota conserva la afirmación doctrinal de Cristo, pero en este pasaje el centro práctico del diálogo no es la confesión de su verdad, sino el testimonio de la fraternidad, la paz, la acogida de las diferencias y la colaboración común. Cristo permanece como fundamento confesado, mientras la fraternidad aparece como el verdadero objetivo.

¿El diálogo está ordenado a Cristo o Cristo queda subordinado, en la práctica, al proyecto de fraternidad universal

El diálogo interreligioso trata de construir una sociedad fraterna capaz de aceptar las diferencias. Esta intención sigue siendo el núcleo del diálogo interreligioso.

Comentario: La propia Nota responde prácticamente a la pregunta: el núcleo del diálogo interreligioso no se presenta como un camino a Cristo, sino como la construcción de una sociedad fraterna capaz de aceptar diferencias religiosas permanentes. Cristo queda afirmado doctrinalmente, pero el fin real del diálogo aparece formulado en términos de fraternidad y convivencia.


4 respuestas a «Cristo al servicio de la fraternidad universal»

  1. Menos diálogo religioso del Vaticano con el islam, porque al final los musulmanes terminarán traicionando a los cristianos como lo han venido haciendo durante 1.400 años, y más proclamación de nuevas cruzadas para que el mundo occidental, que es mayoritariamente cristiano, defienda a los cristianos que están siendo asesinados impúnemente por extremistas islámicos en Nigeria, en el Congo, en Mozambique, en Siria, en Pakistán, etc.

  2. Esta falsa Iglesia está al servicio de Satanás.
    Ello es debido a que la gran mayoría de los bautizados han traicionado a CRISTO a causa de su egoísmo con resultado de una indiferencia extremadamente negligente y mortal. Como no espabilen, no solo sufrirán la inminente tribulación temporal, sino que de sopetón, una gran parte, se encontraran con la eterna.

    No hace falta ser profeta para ver lo que nos viene. Quien no quiera verlo es que ya no tiene remedio.

  3. Llegue a «La de aquellos que insisten exclusivamente en la obligación de anunciar a Cristo»; y no leí más. Por supuesto que hay que anunciar a Cristo y no a ningún otro farsante. Fin de la historia, quedan retratados los protestantes del CVII; lacayos lameculos marranos anglosionistas nazis.

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