Cuando muere la esperanza

NOTA.- Rescatamos y reproducimos la «tercera» de ABC que a la muerte en 1980 de Torcuato Fernández Miranda le dedicó Emilio Romero, ya que contiene no pocas claves de lo que fue el meollo de la Tra(ns)ición.

La muerte en Londres de Torcuato Fernández Miranda no puede quedar reducido a la triste noticia y a los datos biográficos de este singular político contemporáneo. Ha sido uno de los personajes clave de la transición del largo régimen personal del general Franco hacia la Monarquía parlamentaria y democrática. Su libro Memorias parece que está a la espera de publicación, pero las cautelas de un político que no ha perdido la esperanza, y de una lealtad probada al Rey, habrán dejado en el tintero algunas cuestiones decisivas para comprender mejor este tiempo y habrá perdido probablemente la Historia páginas muy atractivas. Torcuato Fernández Miranda era un profesor de ciencia política en la Universidad: primero de Oviedo y luego en Madrid. Su cátedra de Madrid la celebramos en un resonante acto en el hotel Mindanao, donde comenzaría la fulgurante marcha de este político hacia situaciones y momentos políticos excepcionales. Pero sus comienzos fueron en una Dirección General del Ministerio de educación y Ciencia, después de Ibáñez Martín, y en aquellos momentos era designado preceptor de quien es hoy el Rey de España, para aquellos asuntos de su especialidad. Después pasaría por el Ministerio de Trabajo fugazmente, y en la célebre crisis de 69, cuando ya era una  figura relevante en el equipo de intelectuales del Movimiento, como Manuel Fraga, Jesús Fueyo y otros, sería nombrado ministro secretario general. Se llevaría con él a dos hombres jóvenes, José Miguel Ortí Bordás y Gabriel Cisneros, y comenzaría a lucir la camisa blanca del pluralismo en el seno del Movimiento mismo, y al poco tiempo formularía en Valladolid un programa en el que figuraba un socialismo de «integración nacional». La vieja estampa de falangista radical o histórico en aquella casa de la calle de Alcalá cambiaba ante la presencia de un intelectual brillante y de un constitucionalistas en alza, que tampoco repudiaba el pasado. Precisamente estaba allí para meter a todos «por la senda constitucional». Pocos años después, el almirante Carrero lo llevaba a la Vicepresidencia del Gobierno, manteniendo la rectoría del Movimiento Nacional, cuando el reformismo sacudió al antiguo régimen en las dos Cámaras de la Nación, y cuando avanzaba la «contestación» contra el régimen en la universidad, en la calle, en la literatura política, en la Prensa y en las tribunas. Pero en este tiempo Torcuato Fernández Miranda no fue el estímulo de todo esto, sino la creencia –por parte del almirante Carrero– de ser un valladar por la explicación intelectual del rigor; y su intervención en las Cortes, donde mandó a la posteridad su célebre afirmación de las «trampas saduceas», y en el Consejo Nacional haciendo rectificar a la cámara su pronunciamiento por el pluralismo asociativo, fueron dos grandes sucesos que acreditaban a Torcuato Fernández Miranda como un personaje dialécticamente sorprendente. El antiguo régimen sólo tuvo otro personaje de las mismas características, y que no llegó tan alto, como fue el profesor Adolfo Muñoz Alonso. La elocuencia parlamentaria de estos dos personajes era un suceso de prestidigitación y de pirotecnia. No hay antecedentes de esta magnitud ni siquiera en el siglo XIX. El caso es que en , tras el asesinato del almirante Carrero, asume como vicepresidente la responsabilidad pública de aquellos días, con el acompañamiento del almirante  Pita da Veiga, y se produce la sorpresa de la designación de presidente, por parte de Franco, de Carlos arias navarro –cuando estaba casi nombrado el almirante Nieto Antúnez–, que era en esa fecha ministro de la Gobernación. hay dos militares vivo que saben esto muy bien: el aviador Gavilán y el marino Antonio Urcelay; las dos figuras más próximas a Franco durante aquellos días. Estaban claros dos rechazos a Torcuato Fernández Miranda: el del Consejo del Reino, con una gran mayoría de gentes tradicionales en el régimen político, y la personal y familiar de Franco, siempre inseguro con los intelectuales y más próximo a las gentes mejor vistas en la Casa. De esto también podrían hacer una buena referencia Pío Cabanillas, secretario entonces del Consejo del reino, y hoy barón de UCD. De este modo se produciría el primer exilio interior de Torcuato Fernández Miranda, puesto que el Gobierno le llevaría como agradecimiento de consolación a la Presidencia del banco de Crédito Local. Me visitaba frecuentemente en el periódico que yo dirigía y nos cambiábamos reticencias políticas sobre la situación, en un permanente y distraído ejercicio de sátira intelectual. Ya dije en mi libro «Prólogo para un Rey», que a lo largo de dos años «estuvo silencioso como un banquero para no alarmar; astuto como un zorro, para que nadie vigilara sus visitas a Zarzuela; y fue prudente como una avutarda para ver el peligro desde lejos; y huyó de locuacidades o de definiciones. Era una poderosa cautela expectante». Tenía añoranzas de poder y esperanza en el Rey. Podría haber sido entonces presidente de las Cortes –en la intención del Príncipe Juan Carlos–, pero a Alejandro Rodríguez de Valcárcel  le quedaban dos años de mandato y era un personaje que gozaba de la confianza de Franco. Precisamente la vacante de esta presidencia se produciría tras la muerte de Franco; entonces el Rey Juan Carlos nombraría en seguida presidente a Torcuato Fernández Miranda. Con él empezaría la operación transición, la marcha hacia la democracia. A Adolfo Suárez se le puso en el quicio de la situación, haciéndole ministro secretario general del Movimiento. Adolfo era otro prodigio, pero solamente de maniobra. El Rey necesitaba para el periodo próximo ardillas y no dinosaurios, y Fernández Miranda se dispuso a facilitar espacio para la ardilla. Pero la operación –en se momento–  estaba en las manos de Torcuato. tendría que producirse el cese de Carlos Arias –que tendría lugar unos meses después–, y la primera gran estrategia de Fernández Miranda fue la de incluir en la terna del Consejo del reino para la Presidencia del Gobierno a Adolfo Suárez. Fu la primera mágica realización  del presidente de las Cortes. Por ninguna cabeza de situación pasaba  la idea de hacer presidente a Adolfo Suárez. La ardilla ya estaba en el árbol. la segunda gran operación sería la de desmantelar el antiguo régimen a manos del régimen mismo, en una operación de hipnotización colectiva en cuya realización habría de remontarse a la Grecia espartana, o al mundo oriental, y no podía hacerse en otro lugar que en las Cortes y en el Consejo Nacional, en esas dos Cámaras del Parlamento, que hoy se llaman Congreso y Senado, y donde se aglomeraban todas las especies del franquismo político y sociológico, el clásico, el renovador, y hasta el pos-franquismo. Adolfo Suárez llevaría una ley de reforma política que defendería eficazmente Fernando Suárez, luego tratado sin piedad por Adolfo. Tenía sus mismos apellidos «Suárez y González», era catedrático, joven, parlamentario, y la gran promesa del pos-franquismo, y todo el entramado de esta operación estaba a cargo de Torcuato Fernández Miranda; unas veces mediante la gestión personal, y otras, con una utilización ingeniosa y brillante de las leyes y de los reglamentos. La aprobación de aquella ley de reforma política abría el camino a la democracia. Pocos meses después Torcuato Fernández Miranda presentaba la dimisión como presidente de las Cortes, porque la situación ya era otra, venían otros personajes y establecerían otros métodos. Pensaba Fernández Miranda que Adolfo Suárez era un presidente de paso, el gran frontón de la transición, y después, en la estabilidad, ocuparía su lugar, aquel que Franco no quiso otorgarle. El rey eligió a un presidente para la transición que fue el profesor Hernández Gil. A Torcuato Fernández Miranda le hizo Duque de Fernández Miranda y le impuso el Toisón, las más altas distinciones que un Monarca puede otorgar a un hombre público. Y se fue a su casa de la calle General Oraa a esperar. Pero Suárez le ganó la partida de la permanencia. Había puesto de su parte al Rey, y después pondría de su parte a un partido y dos votos. Torcuato entonces empezó a consumir recuerdos, melancolía y cierta amargura de corte intelectual. Allí le vi más de una vez. Y mi referencia era esta: su fidelidad al Rey no aparecía quebrada, y su disconformidad con el sesgo de la situación política era completa. Suárez –decía– «había fabricado una izquierda poderosa». En un determinado tiempo se atrevió a decir algo d esto en algún artículo, y después dl silencio. Se le seguía suponiendo como un personaje en reserva ante el naufragio grave de la situación. Pero eran hipótesis de los demás. Rechazó aparecer en la candidatura de Coalición Democrática, en el 79; advertí una refriega interior entre los deseos del volver a la política, y la imposibilidad de hacerlo. En el fondo, tristeza. Había sido designado en la primera legislatura constituyente de 1977 senador real y, como buen constitucionalista, no estaba de acuerdo con algo; ahora ya no estaba en ninguna parte; ni siquiera en la esperanza. La paradoja de todo esto es que Torcuato Fernández Miranda estaba preparado espectacularmente para los procesos constituyentes; era un parlamentario fulgurante; un gobernante con autoridad; y un ideólogo original y moderno; su efigie política no se correspondía con la del político a la americana, ocurrente, agradable, sonriente y falaz; tenía la severidad del profesor y el escepticismo del intelectual. Derrochaba ingenio y cultura. La noria que había fabricado para alzar a Suárez le trituró. Con Suárez no prosperarían nunca los que enseñaban., y su lista de víctimas está a la vista. Por otro lado, Fernández Miranda había enseñado al Rey ciencia política, pero no arte, ni instinto. Esto lo tenía el Rey por sí mismo. Fernández Miranda ha sido un personaje decisivo en nuestra Historia contemporánea para pasar de una orilla a otra orilla. Solamente por eso su nombre debe estar grabado en los libros de los grandes hechos, pero aspiraba a prefigurar y consolidar esa nueva aventura del siglo XX. Sus temores eran fundados. Suárez tenía disposiciones personales para establecer la democracia, pero no sabía fabricar el Estado. Este tiempo ya no era de ardillas. Por eso me decía otro profesor que el corazón acostumbra a pararse cuando muere la esperanza.


13 respuestas a «Cuando muere la esperanza»

  1. Ni es monarquía, porque no pinta nada,
    Ni es parlamentaría , por lo mismo, son partidos.
    Ni es democrática, porque no se elige a los presentantes uninominalmente y al presidente , independientemente,
    En resumen una estafa. ( como la democracia organica, ) etc, etc

  2. Gracias a este pescado hervido llamado Torcuato, a ese bribon con corona llamado Juan Carlos y a ese canalla sin fecha de caducidad, aun muerto lo sigue siendo,llamado Suarez, España se ha ido al carajo

  3. Qué tristeza recordar esos tiempos y ese malhadado proceso llamado la «transición».

    Claramente Juan Carlos no es Francisco Franco, y eso es la clave a mi entender… a su vez no olvidemos que el Almirante Carrero Blanco fue asesinado en circunstancias extrañísimas, y que con él de asesor y presidente la transición hubiera sido muy diferente (y mucho más democrática, que es lo paradójico pero de lo que estoy convencido).

    Perdimos una oportunidad gigantesca… pero me parece que en estos temas lo invisible es más importante que lo visible, tal como pasó en la guerra civil, en la que un montón de coincidencias y «casualidades» maravillosas hicieron que ganara el bando bueno, gracias a Dios.

    Una España perfecta para comenzar una auténtica democracia y con una monarquía verdaderamente católica, comenzó a recorrer un camino autodestructivo en lo económico, en lo político, en lo social y sobre todo en lo moral y lo religioso (sin olvidar la enorme influencia de la tremenda crisis post conciliar, que sin duda es una prueba sobrenatural de eventos de alta importancia en la historia de los pueblos).

    No todo ha sido malo, como es lógico. Hemos pasado un periodo de relativa paz social y de estabilidad política, que podría haber sido todavía mucho peor… a pesar de los pesares de la transición violenta y asesina de ETA, el grapo, la izquierda radical, la propaganda pérfida y mentirosa de la izquierda y sus películas, documentales y falsa historia, la irrupción masiva de las drogas y el hedonismo entre la juventud española, la muy tóxica influencia de PRISA y su basura venenosa masónica anticatólica y antiespañola, los separatismos agresivos que matan el amor a España, el desempleo rampante y desorbitado durante décadas, la corrupción administrativa y política masiva, la ausencia de separación de poderes dejándonos en manos de partidos políticos anticristianos, la crisis económica casi permanente, la clase media erosionada y casi extinguida, la pérdida de todo tipo de oportunidades estratégicas de fortalecer España, la desaparición de las familias, el nivel impositivo brutal y la ausencia de ayudas a la natalidad, la crisis demográfica más rampante casi del mundo, hoy las invasiones agresivas de inmigración de otras culturas y religiones (con ayuda interna de altos y oscuros vuelos, y un montón de ayudas que no tienen los nacionales) etcétera etcétera etcétera.

    Un enorme dolor que compartimos muchos… recemos con todas nuestras fuerzas, y pongamos cada uno nuestro granito de arena.

    1. Henry Kissinguer dió el visto bueno al asesinato del Almirante Carrero Blanco.
      Es público y notorio.
      Previamente se había entrevistado con él, y cómo vió que era duro e inflexible, además de buen católico y patriota, optó por «eliminarle».
      Como dicen los gánsters, «no es nada personal».
      Y de esos polvos vinieron estos lodos, en los que andamos todos medidos, ahogándonos poco a poco en la ciénaga de m… que es la España actual.

  4. Al tal Torcuato solo hay que verle la cara de gañan, engreído hasta el endiosamiento, pérfido y estúpido, para saber que todo lo que acometa será un desastre sin paliativos.
    Todo lo que comenta Emilio Romero solo es un panegírico para «no hablar mal del muerto», o sea, falso de pies a cabeza.
    Todo el falso entramado jurídico que se saco de la manga, ilegal y trapacero, le descalifican no solo como jurista, sino hasta como español.
    Muy bien le estuvo morirse de pena y asco (no de vergüenza porque no la tenia) sabiendo que dos «tontos muy tontos» le habían utilizado y jugado con él como con un niño; el, que era tan «listo».
    Ni siquiera merece la pena hablar más de este tipo.

  5. El por qué se disolvió el régimen desde el propio régimen, es sencillísimo, era ya un asilo de masones. No es casual que el Torcuato terminara en Londres.

  6. Agradecer “INTENSAMENTE” a todos los comentaristas por su ACIERTO.
    Pedirle perdón a D. Fernando Cavanillas porque NO estoy de acuerdo con usted y respeto sus opiniones.
    El «amigo» Emilio Romero, un pájaro vendido a todo y a todos durante su extensa vida periodística.
    Un villano en todo momento, lo que no le impedía escribir muy bien y con arte. La excepción, este panegírico de otro gran sinvergüenza y caradura que era Torcuato.
    La CIA planificó la llamada Transición, empezando por el asesinato de Carrero Blanco – el único de toda esa panda de bandidos, corruptos y perjuros que NO ERA MASON. Carrero era una gran persona y lo dice alguien NO franquista, pero es preciso reconocer que era un marino integro, buenísima persona y de valía -.
    La CIA ya desde la implantación de las bases USA en 1953 proyectó su sombra criminal sobre nuestra pobre España…
    Y la sombra consiste no solo en eliminar a las personas que estorbaban su proyecto satánico, sino amenazar, comprar voluntades, empezando por la prensa, las TV’s, los políticos, empresarios, sindicatos… todo el que se “mueve”.
    La CIA no deja nada al azar y le da lo mismo que mande el PSOE o el PP, todos ellos son sucursales del mismo amo y hay que seguir los intereses de los dueños, los criminales Estados Unidos.
    Lo que sucedió fue una parodia y un engaño con los actores principales los corruptos, perjuros y siervos de la masonería, este Torcuato, Adolfo Suarez, Juan Carlos, Fraga… Y las consecuencias las sufrimos hoy y las seguiremos padeciendo … siempre que les interese a los USA… y es posible que NO les interese porque sacan mas tajada de este caos.
    DIOS, PATRIA y REY LEGITIMO
    España por Cristo

    1. En efecto Sr. Caballero, y todavía nos quedamos cortos.
      Que pena y dolor da siquiera comentar de esta España, lo que pudo volver a ser y en la putrefacta realidad en que nos encontramos.

    2. @I.Caballero
      muy interesante su comentario, pero ¿con qué opiniones mías no está de acuerdo?… mi comentario habla de muchas cosas. Por ejemplo yo también soy de la opinión que lo más probable es que al Almirante Carrero Blanco le matara la CIA, evidencias al respecto no faltan y es la hipótesis que en principio me parece más probable (aunque no es una certeza y será difícil que aparezcan pruebas concluyentes al respecto). También se sabe que ciertos altos cargos durante el régimen de Franco (sobre todo al final) colaboraban con la CIA ó estaban directamente a sueldo de Washinton. Moscú y París (Giscard D´staing) tampoco estaban de brazos cruzados, ni Berlín, aunque este último supongo que muy conectado con la CIA, y hay gente como Pío Moa que piensa que el autor intelectual y político que ayudó a ETA pudo ser la URSS, ya que según P.Moa a EEUU no le interesaba un vacío de poder en España… así que opiniones hay para todos los gustos (yo tengo la mía).

      Los objetivos de la masonería están también claros, y sus efectos son más que evidentes, aunque con la crisis post conciliar les era mucho más fácil conseguir sus resultados, ya que ese factor es fundamentalísimo en todo lo anterior.

      También a mi entender fue fundamental el 23-F y cómo terminó ese experimento de «golpe de timón» que dijo Tarradellas. Al final las culpas fueron para el ejército y las fuerzas armadas, que no tuvieron en absoluto nada que ver (más allá de Armada y Milans, que no iban precisamente por libre). Después vino el rodillo socialista con 202 escaños para el PSOE y los 14 años de felipismo con PRISA (y Cebrián, el del club bilderberg), encanallando a la sociedad española y manipulando el pasado, modificando el presente y el futuro, matando a Montesquieu (que nunca estuvo muy vivo en la Constitución del 78) y modelando la partitocracia con efectos de larga duración. Un sistema antidemocrático e inoperante que nos lleva a la ruina y a la desaparición de España, si Dios no lo remedia.

      Todo lo anterior hubiera sido imposible con una monarquía católica que se la hubiera jugado, ó con una Constitución distinta (no atea ni antiespañola), ó simplemente con un buen sistema presidencialista con separación de poderes, pero eso no sucedió. Seguro que el Almirante Carrero Blanco hubiera diseñado un sistema de separación de poderes con una Monarquía confesional Católica (algo en línea de la V república de De Gaulle pero a la española)… pero su muerte fue todo menos una casualidad, y lo que sucedió fue una chapuza catastrófica, con el desastre de las autonomías y la partitocracia, que devino en el 23-F y al fracasar éste en un felipismo del PSOE bastante tóxico al que le sucedió un PP acomplejado y con 156 escaños después de 14 años en la oposición… luego 8 años de Aznar con luces y muchas sombras en las que el sistema no cambió ni una coma, y luego zapatero, rajoy, pedro sánchez (con Pnv y Ciu, y ahora con Bildu, ERC y podemos… y Vox). Un sistema terrorífico y catastrófico, que obviamente tiene su fuerte conexión exterior, porque una España fuerte no interesa.

      En todo caso yo también soy tradicionalista y carlista, y espero en Dios que podamos tener en el futuro una España radicalmente diferente… si vivimos para merecerlo.

      ¡Viva Cristo Rey!

      1. Carrero fue asesinado, es un hecho, pero seguimos sin saber si por orden de Moscu, USA o Francia
        A todos les sobraba Carrero.
        La masoneria ha triunfado y es la duela fisica e intelectual tanto de Europa como de los EEUU y es la que ha destruido las naciones europeas desde las internacionales que, parapetadas en Bruselas,hacen y deshacen.
        Ahora sabemos que ni el testamento de Franco es verídico, sino un escrito apañado para dar cobertura al ese desastre sin paliativos llamado Juan Carlos de Borbon y su deriva política, que condujo a España, de la mano del pez hervido llamado Torcuato, a ser una nación irrelevante y dividida.
        Llorar sobre la leche derramada no conduce nada mas que a la melancolía derrotista
        Por tanto ¿Los españoles actuales van a hacer algo para terminar con este estado de cosas o van a seguir recordando a los Tercios de Flandes?
        Porque ese es el nucleo de la cuestión

      2. Querido correligionario y, espero no ofenderle con escribir «querido»:
        «Esto» va de matices y, por supuesto, estamos de acuerdo siendo ambos Carlistas-Tradicionalistas en el 95%… y pongo 95 y no 99, porque nuestras diferencias vienen desde el origen, casi seguro.
        Ni que decir tiene que mi objetivo es arrimar el ascua a mi sardina, por supuesto, carlista.
        Como ahora no le puedo contestar en extenso, si me permite y me perdona, lo voy a hacer, creo que mañana o a ultimas horas de la noche.
        Saludos cordiales,
        DIOS, PATRIA y REY LEGITIMO
        .

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