Cuatro advocaciones de Nuestra Madre que compendían todas las demás

Las letanías del Santo Rosario están compuestas por numerosas advocaciones a Nuestra Santísima Madre, todas ellas maravillosas, dignísimas y recomendables. Pero, y aunque esto, claro, es algo muy personal, hay cuatro de ellas que desde siempre me llegan más al corazón que otras, sin desmerecer a todas las demás, por supuesto; y repito que es algomuy personal.

Son las siguientes:

«Salud de los enfermos. Refugio de pecadores. Consuelo de afligidos. Ayuda de los cristianos».

Salud de los enfermos… pero no sólo de los males físicos, que también, sino igualmente, o casi más, de las enfermedades del alma, que son las más graves. Y es que cuando nos falta la salud, sea física, pero más aún la del alma –ese pecado que nos cuesta vencer, y en el que caemos una y mil veces–, quién mejor que Nuestra Santísima Madre para sanarnos.

Refugio de pecadores… que todos los somos en más o en menos. Y es que cuando pecamos y nos apartamos de Dios, cuando Le damos la espalda, cuando rompemos los puentes, qué mejor remedio para volver a Él a través de Nuestra Madre Santísima, intercesora eficacísima a cuyo Inmaculado Corazón, Nuestro Señor nada, nada niega, y todo, todo concede siempre y totalmente.

Consuelo de los afligidos… por cualquier pena o pesadumbre, sea la que sea, grande o pequeña, propia o de terceros (la muerte de un familiar, la injusticia, la adversidad, en las horas bajas, cuando no se ve salida,…), qué mejor consoladora que Nuestra Madre Santísima.

Ayuda de los cristianos… en todo, así de rotundo, en todo, sin medias tintas, sin tapujos, sin dobleces, sin medida, sin… quién mejor que una Madre, además Santísima, para ayudar a sus hijos, siempre de una u otra forma necesitados de ayuda, que desvalidos caminamos por este que es valle de lágrimas.

Las letanías del Santo Rosario son una maravilla, todas ellas, las rezo con devoción, me recreo en ellas, son mil formas de piropear a Nuestra Madre Santísima, y de pedirle su favor según la advocación que cada una de ellas le otorga, pero, como he dicho, cuando llego a estas cuatro, que me parecen compendio de todas las demás, el alma, la mente y el corazón acusan el golpe.

Es algo personal, claro.


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