Curas renegados 1936-39: ni por Dios ni por España (II)

2. Los curas secesionistas vascongados.-

Es uno de los más emblemáticos y palpables casos de sacerdotes que con ocasión de nuestra contienda 1936-39 renegaron de Dios y de España, siendo la razón sólo una: su absoluta sumisión a la causa separatista vascongada que convirtieron en su única fe por encima de la verdadera, la Fe en Cristo. Además, se han convertido en motivo recurrente de vilipendio contra el bando nacional por haber sido ejecutados varios de ellos por tal bando; sobre todo en la actualidad cuando el secesionismo asola aquellas tan españolas provincias.

P. Ariztimuño Olaso en un mitin secesionista del PNV

Recordemos lo dicho en nuestra primera parte sobre la carta pastoral que en fecha tan temprana como el 6 de Agosto de 1936 hacían pública los obispos de la diócesis de Vitoria (entonces  comprendía las tres provincias vascongadas) Mons. Múgica, y Pamplona, Mons. Olaechea, cuyo párrafo más sobresaliente volvemos a transcribir: “…non licet. No es lícito fraccionar las fuerzas católicas ante el común enemigo… Menos es lícito sumarse al enemigo (de la Iglesia), promiscuando el ideal de Cristo y el de Belial, entre los que no hay compostura posible… El marxismo o comunismo es hidra de siete cabezas, síntesis de toda herejía, opuesto diametralmente al Cristianismo en su doctrina religiosa, política, social y económica… y el Sumo Pontífice prohíbe dar la mano al comunismo… No se puede anteponer la política a la Religión…”. Y es que podemos afirmar que el clero vascongado, haciendo además caso omiso de lo dicho por su obispo, colocándose así en franca desobediencia hacia su autoridad, se sumó unánimemente al esfuerzo bélico de las milicias peneuvistas aliadas de las frentepopulistas en una entente que sólo puede ser calificada de diabólica, máxime cuando en dichas provincias, mientras permanecieron bajo dominio frentepopulista, la persecución contra los fieles católicos no se distinguió a penas de la del resto de tal zona por mucho que se quiera negar. Tal alianza y tal suma de esfuerzos dejó a los sacerdotes separatistas en total evidencia para siempre. Su silencio con lo que ocurría delante de ellos aún más.

Pero es que además los sacerdotes separatistas vascongados no se limitaron a permanecer en tal bando y a actuar como animadores del mismo, sino que fueron varios centenares de ellos los que formaron en las milicias separatistas del PNV como «capellanes», animando a la lucha e, incluso, participando en ella activamente: “…sacerdotes vascos han sido cogidos haciendo fuego contra el Ejército Nacional… el nacionalismo vasco, que ha costado ríos de sangre y ha retrasado meses el final de la guerra, ha tenido en clérigos y religiosos sus principales apóstoles…” (Cardenal Gomá en carta al obispo de Pamplona, Mons. Marcelino Olaechea); “los sacerdotes bendecían a las fuerzas armadas de los vascos” (Misión en España, 1933-1939, Claude Bowers, entonces embajador de Estados Unidos en Madrid).

El «lehendakari» José Antonio Aguirre (con el abrigo en el brazo en primera fila) con dos sacerdotes (el de la izquierda es Ariztimuño Olaso)

Lo anterior está, como se ve, constatado, por lo que en justicia, no puede sorprendernos que, cuando las tropas nacionales progresaron con gran esfuerzo camino de San Sebastián (Septiembre y Octubre de 1936), teniendo que librar duros combates, sufriendo graves pérdidas y cuando nada estaba decidido y la reposición de bajas eran casi un imposible, saltara la noticia de que entre los prisioneros separatistas fusilados figuraban sacerdotes. Hay que destacar aquí dos apuntes: a) las milicias, como ejército no regular, no estaban amparadas por la Convención de Ginebra vigente por entonces según firmas de los años 1906 y 1929 y b) que no se hiciera distingo entre los sacerdotes y los milicianos que no lo eran es prueba de la equidad de la justicia militar que aplicaba el bando nacional.

Fueron 16 los curas separatistas ajusticiados:

  • Martín Lekuona Etxabeguren y Gervasio Albizu Bidaur, vicarios en la parroquia de Rentería (Guipúzcoa), fusilados el 8 de Octubre de 1936.
  • José Ariztimuño OlasoAlejandro Mendikute Lizeaga y José Adarraga Larburu fusilados el 17 de Octubre de 1936 en Hernani.
  • José Joaquín Arin Oiartzabal, arcipreste de Mondragón, José Iturrikastillo Aranzabal, párroco de Marín, Aniceto de EgurenJosé de Markiegi, Leonardo de Guridi y José Sagarna Uriarte el 24 de Octubre en el cementerio de Oyarzun.
  • .José Peñagarikano, vicario de Marquina y Celestino de Onaindía, cura auxiliar de Elgoibar, el 27 de Octubre en Hernani.
  • LupoJosé Otano Miguelez y el superior, Román de San José Urtiaga, todos padres del convento de los carmelitas de Amorebieta, fusilados también en Octubre.
Cte. Llamas del Toro destacado en el ángulo superior izquierdo. Franco enmarcado en un cuadrado blanco.

El responsable de tales ejecuciones fue el Cte. Llamas del Toro –que era de la misma promoción de Infantería que Franco–, por supuesto, y en contra de lo que hoy pretenden algunos, a todos ellos «se les tomó declaración en juicio sumarísimo antes de la ejecución. Los fusilaron vestidos de seglares, de noche, para evitar publicidad, avisados poco antes para evitarles sufrimientos morales»(Julián Casanova, historiador); además, dos jesuitas les acompañaron en un improvisado confesionario en el interior de un automóvil.

José de Ariztimuño

Todos eran muy conocidos de antes de la guerra por su pública ligazón con el separatismo vascongado, también con los movimientos sindicalistas afines, reivindicaban el euskera como su única lengua, la «cultura vasca», y la alianza del PNV con la izquierda frentepopulista. Por ejemplo, José de Ariztimuño, era de hacía mucho públicamente reconocido como importante ideólogo del secesionismo vascongado. Ninguno de ellos renunció a sus ideas separatistas. Nunca denunciaron las atrocidades y persecución a la Iglesia del bando frentepopulista.

Hay otro detalle importante para conocer de qué «pasta» estaban hechos estos sacerdotes, y otros muchos del clero vascongado de entonces. Lo refiere el P. Caballero en su magnífico libro «Diario de campaña de un capellán legionario», cuando recuerda y da fe de cómo él se acercaba a los prisioneros separatistas vascongados que llegaban a la Ciudad Universitaria madrileña para realizar trabajos de fortificación, a muchos de los cuales poco a poco logró convencer para que asistieran a la Misa que celebraba diariamente en las trincheras, pero que nunca consiguió que a ella asistieran los curas separatistas también prisioneros.

De todas formas, llegado a oídas del cardenal Gomá los fusilamientos de sacerdotes, éste se presentó urgentemente en el Cuartel General del Generalísimo a finales de Octubre. Franco, irritado por lo sucedido, de lo cual no tenía noticia alguna, prometió sin dudarlo al prelado: “Tenga su Eminencia la seguridad de que esto queda cortado inmediatamente”. Y así fue.

Milicianos separatistas vascongados

A partir de ese instante, y como quiera que siguieron encontrándose los nacionales –en esos momentos, como después cuando se produzca en 1937 la caída del Norte, en concreto de Bilbao– con numerosos sacerdotes separatistas enrolados en dichas milicias, se procedió con ellos de acuerdo a normas especiales y conforme a los establecido en el concordato con la Santa Sede anterior a la II República. Como consecuencia, 224 sacerdotes separatistas más fueron capturados sirviendo en unidades de combate, sometidos a consejo de guerra y encarcelados; pues aunque hubo uno, León Aranguren Astola, que por la gravedad de los cargos lo fue a muerte, tal pena le quedó de inmediato conmutada. De ellos, la mayoría lo fueron a penas menores, habiendo incluso treinta y dos que no llegarían a ser ni siquiera juzgados, siendo veintinueve absueltos. Del total, hubo siete condenas a cadena perpetua; ocho a veinte años; tres a dieciséis; siete a doce; uno a ocho y otro a seis. A pesar de ello, en 1940 todos los sacerdotes –menos uno, el sentenciado a muerte que lo sería en 1943– estaban ya en libertad. Sobre alguno de ellos las propias autoridades eclesiásticas decretarían su “destierro” fuera de las provincias vascongadas, regresando a ellas paulatinamente tardando el que más diecisiete años.

Onaindía con Aguirre (en el centro)

Por último haremos referencia al sacerdote Alberto Onaindía Zuloaga (1902 – 1988), quien tras ser ordenado fue destinado a Guecho, localidad en la que entabló íntima amistad con José Antonio Aguirre, sumiéndose en el secesionismo vascongado hasta convertirse en uno de los más importantes propagandistas y activista de tal ideología. Fundó AVASC (Asociación Vasca de Acción Social Cristiana) y dio impulso decisivo al sindicalismo de ELA en los años 30, junto con otro sacerdote, Policarpo Larrañaga, el ideólogo mayor de esta organización y uno de sus «sacerdotes propagandistas» más sobresalientes.

En Septiembre de 1936 tomó parte en Lequeitio en una reunión entre enviados del general Mola y representantes del PNV para examinar una oferta de paz de los primeros que ignoraron los segundos a instancias del propio Onaindía, lo que provocó el ya total alineamiento de las milicias separatista con las frentepopulista. Al constituirse el «Gobierno Vasco» en la zona frentepopulista fue adscrito a él y desde esa posición fue el encargado de justificar la postura pro Frente Popular del PNV ante el Vaticano, especialmente mediante un informe elaborado por él con datos entre falsos y medias verdades, además de sacados de contexto, que remitió al Vaticano el 23 de Octubre de 1936; ejerció una nefasta influencia en Mons. Múgica que se dejó embaucar por la propaganda de Onaindía.

Testigo el 26 de Octubre del bombardeo de Guernica, manipuló lo ocurrido exagerando y tergiversando los hechos y datos, asunto que convirtió en uno de su preferidos a la hora de vilipendiar al bando nacional a pesar de las pruebas en contra. El 11 de Mayo de 1937 participó en las conversaciones con los mandos italianos para rendir Bilbao y acabar con la guerra en aquella zona, lo que se conocería como «Pacto de Santoña», por el cual se consumó la traición del separatismo vascongado a la causa frentepopulista en beneficio de los nacionales, escándalo que persiguió toda su vida a Onaindía; el cual, por cierto, con sus fantasiosas exigencias por creer que la oferta italiana obedecía a su debilidad, alargó dichas conversaciones y con ello los combates, como había hecho ya en 1936 con la oferta de Mola que fue rechazada por su nefasta intervención.

Exiliado en Francia y en Inglaterra, se convirtió en destacado portavoz de la causa separatista por los altavoces de la BBC y de Radio París. Viajó por Sudamérica. Tras el fallecimiento de Franco no quiso regresar a Vascongadas, terminando por morir en San Juan de Luz, su lugar de residencia habitual, en 1988. Nunca denunció las atrocidades y persecución a la Iglesia del bando frentepopulista.

Primera parte


2 respuestas a «Curas renegados 1936-39: ni por Dios ni por España (II)»

  1. Es normal que Franco mandara detener estas ejecuciones de sacerdotes y religiosos del bando republicano (o del bando nacionalista vasco –viene a ser lo mismo a efectos prácticos-). Franco necesitaba el apoyo de la Iglesia y estas ejecuciones serían mal interpretadas no solo fuera de España, sino mismo en España.
    En aquel entonces, el Papa Pío XI no era precisamente una persona resolutiva y se llevaba más la diplomacia de palabras genéricas que con hechos coherentes con el Reinado de JESUCRISTO en la tierra (es mi punto de vista sin conocer muy a fondo ese tipo de diplomacia). Es decir, es de suponer que Franco no las tenía todas consigo teniendo presente lo sucedido con los cristeros por Pío XI.
    Si fuese el Papa Pío V, su reacción habría sido organizar una Liga o Unión católica en todo el orbe en ayuda de Franco a la mayor brevedad posible (para tener una idea de este tipo de Papas, decir que Pío V era de los que había ordenado ajusticiar a los consagrados -sacerdotes y religiosos- que cometiesen actos homosexuales; por lo que es fácil de suponer que Pío V aplicase lo mismo a unos sacerdotes pro republicanos y corriesen la misma suerte por herejes (la democracia se entendería como un gobierno anti Dios). La idea de la Iglesia de aquella era que todo reino se debe someter a Dios sin alternativas.
    Deje un comentario de ello en la parte I:
    https://www.xn--elespaoldigital-3qb.com/curas-renegados-1936-39-ni-por-dios-ni-por-espana-i/

    1. Estimado seguidor: efectivamente. Ha dado en el clavo. Franco siempre providencial y estadista, además por supuesto de patriota, de primer orden. Acierto pleno en su comentario. Saludos cordiales

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