Curiosidades político-patológicas del sanchismo

Todo fenómeno político tiene sus reglas particulares y responde al siguiente esquema expositivo: antecedentes, características y conclusiones. Pues bien, tratemos de aclarar cómo funciona en nuestro país el socialismo del presidente del Gobierno, en concordancia con dicho planteamiento académico.

ANTECEDENTES.-

El sanchismo, por mucha modernidad que presuma, constituye una degeneración del modelo socialdemócrata ibérico, ideado en la Europa continental allá por comienzos de los años setenta. Tanto el partido socialista portugués como el español fueron consecuencia del socialismo alemán y la Internacional Socialista, como solución práctica para fomentar el crecimiento de esta corriente política en el sur de Europa tras la desaparición de los regímenes autoritarios del la Península: ya fuere el salazarismo en Portugal, ya el franquismo en España, habida cuenta que ambos países ni siquiera en 1980 formaban parte de la Comunidad Económica Europea. Todo ello, qué duda cabe, con el visto bueno de los EE.UU. al suponer que sería un obstáculo frente a la expansión del comunismo de la década de los setenta.

Curiosamente, el Partido Socialista de nuestro vecino país fue fundado en abril de 1973 en la localidad alemana de Bad Münstereifel, pequeña ciudad de la Renania; mientras que el partido moderno español arrancaría del congreso celebrado en la ciudad francesa de Suresnes en octubre de 1974, pero recibiendo un apoyo millonario de la socialdemocracia alemana a través de fundaciones culturales como la Ebert y Flick. No obstante, el socialismo español, pese a su clandestinidad, estaba tolerado por el régimen de Franco, que incluso les propició algún auxilio en las postrimerías del régimen. No en vano, los restos de la UGT del interior habían entrado en contacto con el sindicalismo del franquismo, a los efectos de participar en las elecciones sindicales; y los dirigentes modernos estaban protegidos por la policía española, como ocurría en Sevilla desde los años sesenta. Lo cual era lógico, pues se trataba de un socialismo europeo, mayoritariamente socialdemócrata que adoptó incluso el logo del socialismo francés; y que buscaba su sitio electoral, una vez que desapareciera físicamente el generalísimo Franco. En cambio, el socialismo de la guerra civil, tremendamente asesino y rapaz, el que había huido a América con tesoros y dineros a sus espaldas, quedaba circunscrito principalmente a Méjico, país con quien ni siquiera manteníamos relaciones diplomáticas hasta la primavera de 1977.

Pina López Gay

Los nuevos socialistas sevillanos, con un desconocimiento grande sobre el socialismo de la guerra civil y la posguerra, decidieron mantener las siglas históricas del PSOE, cuando lo lógico hubiera sido prescindir de dichas siglas sangrientas, titulándose partido socialista a secas; no en vano absorbieron otras agrupaciones modernas, como el Partido Socialista Popular del profesor Tierno Galván; y tras explotar muy astutamente las irregularidades y carencias del gobierno de Adolfo Suárez durante los primeros compases de la Transición, se hicieron cómodamente con el poder tras las elecciones generales de octubre de 1982. Su triunfo absoluto se fundamentó en que convencieron al electorado progresista, al ciudadano neutro y hasta un sector de la clase media española que, en 1977 y 1979, habían confiado en la UCD de Adolfo Suárez; pero también la izquierda radical española les prestó mayoritariamente su apoyo. No en vano, líderes importantes de la extrema izquierda como Pina López Gay (Joven Guardia Roja) o Francisca Sauquillo (ORT) se pasaron al partido socialista tras el triunfo socialista de 1982. Y es que no puede entenderse la supervivencia del Partido Socialista en la España de los últimos años sin el auxilio incondicional que usualmente le ha prestado la extrema izquierda en los procesos electorales.

Y es que la izquierda radical ha sido el caladero del PSOE moderno. Es una facción del radicalismo que fue muy activa durante los años setenta. Por un lado, estaba el clandestino PCE (Partido Comunista de España), pero a su izquierda nos encontramos con grupos que rivalizaban incluso con el PCE en extremismo revolucionario, como el MC (Movimiento Comunista), la ORT (Organización Revolucionaria de los Trabajadores), el PTE (Partido del Trabajo de España), la LCR (Liga Comunista Revolucionaria) o la anarquista CNT (Confederación Nacional del Trabajo), cuyos militantes eran muy activos y alborotadores; manteniendo contacto regular algunos de sus miembros con los grupos terroristas de ETA, GRAPO o el FRAP. Su origen ha de buscarse en los efímeros grupos terroristas de los años sesenta, que tras la irrupción sangrienta de ETA en 1968, generarían a su alrededor una serie de grupúsculos comunistoides partidarios de la lucha armada: su ideología comprendía todas las ramas del marxismo-leninismo de la época: el maoísmo, el trotskismo, el sovietismo, la revolución cubana, el antiguo estalinismo, la experiencia yugoslava, etc. bien alimentados propagandísticamente por las prédicas de la moscovita Radio España Independiente (la Pirenaica) y otras medios de comunicación clandestinos, propagadores de bulos e infundios.

Curiosamente, la mayoría de estas siglas desaparecieron de la escena política tras la llegada del partido socialista al poder en el otoño de 1982, subsistiendo sólo los sanguinarios terroristas de ETA y los restos fanáticos del GRAPO. Comienza entonces la época dorada del socialismo felipista, con la moda del pelotazo y la beautiful people; es decir, el tiempo del tráfico de influencias y la corrupción política. Paradójicamente, esta época de implantación de un nuevo capitalismo lleva consigo la desaparición del extremismo revolucionario de la izquierda, que se instala confortablemente en los sillones administrativos que les brinda el socialismo moderno, habida cuenta que la revolución social que propugnaban se diluyó muy pronto, tan pronto como pisaron las moquetas de las oficinas gubernamentales…

De aquella época, empero, es obligado mencionar dos características de la época felipista que tendrán mucha importancia en el nacimiento del sanchismo: la reconstrucción cultural de la Historia de la pasada guerra civil y el control férreo de la sociedad por medio de personajes y órganos políticos. Lo primero, desembocaría en la estrategia de la Memoria Histórica del Presidente Rodríguez Zapatero; lo segundo, en lo que se denominó el rodillo socialista. El rodillo operaría ya en la primera legislatura socialista, como pudo comprobarse en la expropiación de RUMASA o en la designación política del Consejo General del Poder Judicial; y su modo de proceder, con tics evidentemente dictatoriales, sería comentado ampliamente por personajes relevantes de la época, como fueron el diputado -por entonces derechista- Jorge Vestrynge o el notario y jurídico militar Francisco Castro Lucini. Pero para que el rodillo hiciera convenientemente su labor era menester el disponer de un servicio de información; y en este punto hemos de recordar la buena información de que siempre hacía gala Alfonso Guerra… En consecuencia, hemos de preguntarnos cómo funcionaba ese servicio de información. Pues colaborando toda la militancia socialista, desde los situados en la cúpula hasta los activistas más modestos. Permítanme al respecto una breve digresión explicativa: en el curso de 1981-1982, solía frecuentar con algunos compañeros de Facultad la cafetería Peña Negra, que se hallaba en la calle Maldonado de Madrid. La cafetería era pequeña pero tenía mucha clientela entre los empleados y administrativos de las oficinas cercanas. Curiosamente, frecuentaba dicho local por la mañana un personaje algo siniestro que se hacía acompañar del diario ABC, el cual leía con detenimiento, mientras saboreaba un café, subrayando muchos de sus párrafos con un rotulador de colores… Perplejo me quedaría en 1986, al comprobar que dicho personaje era el director de la agencia EFE…

Si lo expuesto, pudiéramos considerarlo como la causa remota del sanchismo, la causa próxima hemos de situarla, indudablemente, en la presidencia del socialista José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011). Sin entrar a comentar los errores y aciertos de su política presidencial, hemos de señalar tres características políticas de Zapatero que influirán mucho en la conducta de Pedro Sánchez: las purgas, la mal llamada memoria histórica y la estrategia de la tensión. Las purgas de Zapatero se refieren al oscuro método empleado por este socialista para hacerse con la dirección del partido en la provincia de León; la memoria histórica, a la táctica ruin diseñada por la izquierda ante el temor de que la derecha se perpetuara en el poder tras las elecciones generales del año 2000; y la estrategia de la tensión, al fomento artificial de la polarización política en el seno de la sociedad mediante la rivalidad entre dos bloques compactos e impermeables.

CARACTERÍSTICAS. –

Oscar Puente

Todas las tácticas y estratégicas torticeras del felipismo y de la época zapateril las ha asumido el sanchismo, pero agrandadas hasta el paroxismo. Lo cual es lógico, pues por un lado se halla la gran ambición del líder o líderes socialistas del momento actual; y por otro, el haber militado los citados en el partido, desde, al menos, su época juvenil, lo que permitió a estos imberbes socialistas el conocer cómo funcionaba por dentro el Estado y cómo se dirigía desde el poder. Recordemos que hombres como Pedro Sánchez llegaron a las juventudes socialistas cuando Felipe González aún ocupaba la presidencia del Gobierno, pero cuando su liderazgo estaba ya anegado por la corrupción generada durante su largo mandato presidencial, intentando el veterano socialista sevillano mantenerse en el poder como fuese, sirviéndose para ello de múltiples tretas y estratagemas. Presumo que lo aprendido así fue difícil de olvidar para un novel socialista, recién llegado a la militancia. Curiosamente, Nadia Calviño o Pedro Sánchez son los típicos privilegiados que provienen de la alta aristocracia del partido, al haber sido sus padres altos cargos en la administración de Felipe González; el caso de la Calviño es más sorprendente, pues según mis fuentes inéditas uno de sus abuelos pontevedreses perteneció incluso a la Falange de la posguerra… En cualquier caso, ambos han estudiado en centros de postín, propios de las élites, como el instituto Ramiro de Maeztu o el colegio universitario del El Escorial. Y es que estos dos jóvenes burgueses habrían encajado mejor en los cuadros del Partido Popular, pero allí había muchos niños-bien como para progresar políticamente; era mejor, por tanto, escoger un ambiente más popular, como el PSOE de antaño, cuando, además, las juventudes del partido -las históricas JJ.SS.-, apenas han existido desde 1977; y, por consiguiente, no abundaban los competidores directos para aquel que deseara hacer carrera política.

De las juventudes también procede Oscar Puente, actual ministro de Transportes, pero este, a diferencia de los citados, carece de privilegios familiares, uniéndose al partido en 1990, cuando apenas tenía 22 años de edad. Puente, que terminó algo tarde la carrera de Derecho, parece a priori el bronco socialista de siempre, como si fuera un oso temible, aunque por su gran corpulencia parece más bien un grizzly (denominado por los científico Ursus arctos horribilis) que un pequeño oso peninsular; no es que Puente sea un personaje horrible, ni mucho menos, pues le gusta mucho la música clásica y el teatro y ya se sabe que la música amansa a las fieras… Corpulento y altivo, también parecía el antiguo ministro de transportes, José Luis Ávalos, aunque este no venía de las juventudes del partido sino de la extrema izquierda de la Transición, ingresando en el PSOE en 1981, tras abandonar el Partido Comunista; y a diferencia de los anteriores, su padre, Heliodoro Ávalos Carbonerito, sí procedía de los derrotados de la guerra civil, aunque a efectos únicamente tauromáquicos, pues no ejerció el toreo tras 1939.

Lo expuesto nos muestra la radiografía interna de la jerarquía actual del socialismo patrio: burguesía, radicalismo de izquierdas y arribismo. Pura y simplemente; lo demás es cosmética electoral.

El socialsanchismo -término apropiado, habida cuenta que lo generado por este movimiento socialista en los últimos años ha sido pobreza para el pueblo y privilegios sin par para la clase política dominante- ha moldeado, a su manera y beneficio, uno de los gravísimos pecados de la época felipista: la corrupción política. Y me explico, si por aquel entonces, el PSOE trataba siquiera de disfrazar e incluso de perseguir el tráfico de influencias generado a su sombra, en la actualidad, los nombramientos efectuados por los ejecutivos sanchistas, en relación con parientes y amigos personales, por muy escandalosos que resulten o parezcan, ni siquiera se discuten como falta moral, entre la militancia del partido y los afines ideológicos; paradójicamente tampoco por los medios de comunicación, sean estales o privados. Se otorgan y nadie pone el grito en el cielo, como sí ocurrió cuando se destaparon los graves casos de corrupción política de la época de Felipe González: Juan Guerra, Time Export, Filesa, Malesa, Roldán, etc. Parece como si el Ejecutivo tuviera patente de corso o carta blanca para imponer y repartir a su antojo los cargos públicos, privilegios y dividendos que estimare conveniente, como si estuviéramos de lleno en una satrapía oriental ¿Y por qué ocurre este “relajamiento” de la sociedad civil ante estas fechorías monetarias? Pues simplemente porque el sanchismo se ha apoderado, desde 2018, de casi todas las instituciones del Estado y de todos los poderes fácticos de una democracia. En realidad, el cuerpo del Estado ha sido invadido por los individuos y partículas malignas del sanchismo, como si fuese una metástasis avanzada. Tienen todo el Estado controlado y tienen todo el aparato estatal completamente copado por sus tropas especiales. El dinero público, por mencionar un caso paradigmático, lo controlan sibilinamente y saben cómo distribuirlo para que les produzca réditos políticos, como ha ocurrido recientemente en el caso Mediador, recordando la finalidad práctica de los ERE.

Precisamente, a estos novísimos autócratas les preocupa lo que piense la opinión pública; y es que, en el fondo, la temen por las tropelías y torpezas que protagonizan sus directivos a diario. Por ello, protestan airadamente por esas caricaturas del líder supremo que alguna organización ha colocado en las calles y en los autobuses de ciertas ciudades, como si fueran antidemocráticas. Y esa preocupación denota el verdadero talón de Aquiles del sanchismo, pues carecen de activistas y de juventudes. Digámoslo claro: no tienen futuro generacional salvo que mantengan amordazo al Estado y a la sociedad, de ahí sus leyes tiránicas como la de la Memoria. De hecho, cuando el partido socialista sólo puede reunir en el recinto del IFEMA a unos cinco mil entusiastas, venidos de toda España, con los gastos pagados, para ver a su idolatrado jefe, pareciendo una excursión del INSERSO que cualquier otra cosa (por mor de la edad media de los concurrentes), poco puede discutirse al respecto, pues en octubre de 2021, la tercera fuerza política del país (VOX) reunió en dicho recinto madrileño a 25.000 personas de todas las edades y orígenes sociales, sin gastos ni estipendios gratuitos.

Sánchez con Iván Redondo

Esa es la razón por la que el sanchismo se ha maridado desde 2018 con la extrema izquierda del país, por muy rancia que sea, pues esta le cede sus huestes inocentemente, con tal que el Gobierno persiga el fantasma del fascismo, incluyendo en la partida los esqueletos de Franco, Queipo de Llano, Primo de Rivera o lo que haga falta… Creo no equivocarme mucho en sostener que fue el defenestrado Iván Redondo quién asesoró al partido en dicho sentido; la de relacionarse con la izquierda radical, siquiera soñase con ganar la guerra civil de 1936. En cualquier caso, desde una perspectiva electoral, esa izquierda extrema no constituye un valor seguro, porque viene o va según le sople el viento.

Por tales motivos, el sanchismo quiere controlar a toda costa el Estado, con tanto ímpetu como cualquier gobierno totalitario, pues es la única forma de subsistir a medio plazo. Sus líderes son muy ambiciosos, pero bastante mediocres. Y a diferencia de los ministros y técnicos de la época de Felipe González, los del sanchismo son una absoluta medianía, hasta el punto que una ley de tanta enjundia e importancia para la nación como la de la amnistía ha sido defendida en el Congreso por un personaje sin conocimientos jurídicos y sin poseer siquiera estudios universitarios…

Lamentablemente, conducta nada atípica en este partido socialista sin sentido de Estado y sin ningún ápice de patriotismo en sus filas; no en vano la persona designada para pactar con los separatistas catalanes en el extranjero, Santos Cerdán, ha sido un electricista, metido a chófer del partido, sin ningún conocimiento jurídico, ni histórico ni político (piensa el sujeto que en España existe el fascismo…) para jugar tan a la ligera con los destinos sagrados de España. Y es que las conversaciones –para más inri secretas- en las que se ha puesto en peligro la continuidad secular de una nación, como la nuestra, con muchos siglos de historia en su haber –generadora de personajes ilustrísimos en la literatura, en las artes y en las ciencias-, han sido conducidas por este hombrecillo sin apenas cultura y estilo. Inaudito y vergonzoso. Pero lo más sorprendente es que ningún medio de comunicación se haya preguntado por lo que dirían los Quevedo, Colón, Góngora, Elcano, Unamuno, Azorín, Felipe II, Cervantes, o un Hernán Cortés si hubieran sabido que este aprendiz de sancho panza ha puesto en peligro la existencia misma de España por sostener la continuación de un gobernante que es repudiado en la calle por sus propios súbditos y que ni siquiera acude a las Cortes para defender sus disparatadas iniciativas políticas. Para ello prefiere servirse de validos (Bolaños, López, Puente, etc.), como si fuera Felipe III.

CONCLUSIONES. –

En la actualidad, el partido socialista ha dejado de ser un partido político tradicional, para convertirse, paradójicamente, en una sociedad irregular de tipo lucrativo o casi. Es decir, es una asociación de personas físicas que persiguen un concreto ánimo de lucro, mediante sus actividades políticas, sin guardar las formas estrictas de una sociedad mercantil. Y es que no ha de olvidarse que cualquier sociedad civil, siempre que persiga un objeto mercantil, ha de regirse incluso por el Código de Comercio. No es ninguna exageración, cuando el partido últimamente ha advertido a quienes colocan en la vía pública letreros relativos a la autocracia de Sánchez, que ello podría infringir los derechos que protegen la marca PSOE. Es decir, para los socialistas actuales, el PSOE ya no es un partido político corriente sino una especie de marca registrada, que, como entidad lucrativa, estaría protegida por la normativa en vigor… Al menos, en la época felipista, algunos de sus miembros guardaban un gran sentido de honorabilidad, como el caso de Pablo Castellano –se había reunido incluso con miembros del gobierno de Arias Navarro antes de la muerte de Franco-, frente a otros correligionarios que sí amasaron grandes fortunas a cuenta de las instituciones políticas.

El partido tampoco tiene suficiente fuerza popular. Dispone, eso sí, de una pintoresca hinchada que vota fervorosamente por sus candidaturas en todas las elecciones; pero, por regla general, se trata de gente iletrada, personas de la tercera edad y hasta burgueses intransigentes, concurriendo a veces radicales desarrapados. Pero ello no es suficiente para ganar unas elecciones generales, salvo que se manipule el resultado final del escrutinio. Y desde luego, tal como está estructurado el cómputo de los resultados electorales con la intervención de INDRA, siempre quedará la sospecha de la manipulación. No en vano, las actas del escrutinio dependen, en último extremo, de la discrecionalidad de los subdelegados del Gobierno, quienes pueden variarlas si las estiman “no congruentes”; eufemismo que permite técnicamente la adulteración del resultado por la mera voluntad de los subdelegados gubernativos, quienes, por lo que vemos todos los días, no suelen hacer las cuentas correctamente cuando se trata de contar las muchedumbres que se reúnen y manifiestan contra las políticas del sanchismo.

Por tanto, parece una tarea harto difícil el desalojarlo del poder, porque este socialismo de nuevo cuño se halla bien incrustado en todas las instituciones, así como en los organismos mediáticos. Y se ha perdido mucho tiempo contemporizando con él, permitiendo que se afiance plácidamente y tome las riendas del Estado con sus potentes tentáculos; pues este socialismo woke no representa la versión peninsular del laborismo británico ni tampoco la de la socialdemocracia alemana, ni siquiera el rodillo socialista de la etapa de González y Guerra. Es algo distinto que conecta con el socialismo criminal de la guerra civil y con las tiranías iberoamericanas. Y en esto se ha equivocado la derecha española desde hace años. Lamento decirlo así.


4 respuestas a «Curiosidades político-patológicas del sanchismo»

  1. Marear la perdiz con los titiriteros, su causa, es la de no ver quién mueve sus hilos de su trágica comedia, arrastrando a los ingenuos por desidia y sin oídos para escuchar a los que ven la realidad de su causa.

    Protocolo V de los Sabios de Sión

    «Reemplazaremos los gobiernos actuales por un espantajo que denominaremos Administración del Gobierno Supremo. Sus tentáculos se extenderán por todas partes y dispondrá de una organización colosal que deberá someter por fuerza a todas las naciones».

    Saludos cordiales

  2. Aunque la cosa es mucho más profunda (Protocolos, marranismo, anglo sionismo, masonerías, etc.), la izda. nunca ha ocultado que cualquiera que sea la rama, todas pretenden llegar al mismo sitio, solo que por distintos métodos (eso de la social democrácia como los fabianos, demócratas y demás, son formas de marear la perdiz, o sea, al pueblo. El socialismo, como el islam, llega un momento en que percibe de alguna manera que ha llegado el momento de dar un paso hacia la radicalización, momento que suele venir en forma de órdenes de arriba (pirámide) y de financiación. Ya sea nacional (nazismo) o internacional (comunismo y derivados); el socialismo solo es un paso previo más o menos duradero. Todo está planteado para que desemboque en el NOS anticristiano y global de los amos. El único nacional socialismo que dominará será el de los amos de la granja, y vendrá de la mano de la Cábala y el Talmud. La escoria pensará que ha triunfado su revolución y que todo está bien, porque no verá más que lo que les dejen ver… mentiras, como siempre.
    Por supuesto todo esto dicho fríamente, entrañará (ya entraña) una crueldad sin límites.

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