De Hamburgo a Avvenire, la experiencia empieza a juzgar a la doctrina moral

ESCUCHAR NOTICIA: En pocos días han aparecido dos textos distintos, aunque unidos por una misma lógica moral. El primero es el documento de la archidiócesis de Hamburgo, del que ya hemos escrito un artículo (AQUÍ), sobre la educación sexual en las escuelas católicas. Allí se habla de la necesidad de superar la “brecha” entre las concepciones tradicionales y el mundo vital de los jóvenes. Según el propio texto, esa distancia no se resolvería simplemente formando a los jóvenes para que su vida se ajuste a la doctrina, sino también aprendiendo de sus experiencias y revisando críticamente la tradición moral. P. Lintner De Vecchi El segundo texto apareció en Avvenire, diario de referencia del episcopado italiano. Se trata de una entrevista al padre Martin M. Lintner y a la teóloga Gaia De Vecchi, responsables de la Asociación Teológica Italiana para el Estudio de la Moral, la ATISM. Allí encontramos un planteamiento muy parecido al de Hamburgo. El padre Lintner, religioso Siervo de María, habla del “gran desfase entre tradición y vida real de las personas y de las parejas” y afirma que esa distancia puede superarse también mediante “decisiones personales”. La afirmación tiene importancia, porque parece conceder a esas decisiones un peso que puede terminar desplazando el lugar propio de la doctrina. Más significativa todavía es otra frase: “Hay que revisar también la criteriología ética para encontrar un juicio moral sobre el comportamiento de las personas”. Aquí ya no se habla solo de acompañar situaciones nuevas. Se plantea revisar los criterios con los que se formula el juicio moral. Podemos ver la consonancia con lo que acabamos de decir del documento de Hamburgo. Conviene recordar qué es la ATISM. No se trata de una asociación privada cualquiera de teólogos moralistas, sino de una asociación católica y canónicamente constituida, cuyos estatutos aprueba el Consejo Episcopal Permanente de la Conferencia Episcopal Italiana. También presta asesoramiento a organismos eclesiales. Por eso las palabras de su presidente tienen un alcance que no puede minimizarse. Por tanto, las declaraciones del presidente de la ATISM y de su vicepresidenta tienen gran alcance y no se suscriben a la esfera personal. El punto delicado está precisamente en esa revisión de la criteriología ética. La moral católica no toma la experiencia como fuente última de lo que es bueno o malo. Parte de una verdad moral que precede a la experiencia y que la conciencia está llamada a reconocer. El padre Lintner cita a Francisco para recordar que hay que formar las conciencias y no sustituirlas. La frase, tomada en sí misma, no plantea problema. Todo depende de qué entendamos por formar la conciencia. Formarla significa ayudarla a reconocer una verdad moral que no depende de ella. Otra cosa sería dejar que cada persona determine, según sus circunstancias, qué parte de la norma puede aceptar. En ese caso, la conciencia terminaría ocupando el lugar de la norma objetiva. Este peligro está presente en la interpretación de la frase de Francisco. El documento de Hamburgo cita también Amoris Laetitia como referencia para superar la “brecha entre doctrina y vida”. Y aquí reaparece la misma dificultad, la solución parece buscarse acercando la doctrina a la experiencia vital, más que llamando a que la vida se conforme a la doctrina. Por eso Hamburgo y Avvenire no son episodios aislados. Uno muestra cómo este planteamiento puede llegar al terreno educativo; el otro ofrece una formulación teológica semejante, con expresiones como “decisiones personales” y “revisión de la criteriología ética”. Durante años, determinadas reinterpretaciones de la moral católica se han difundido y aplicado sin una respuesta clara de la autoridad eclesiástica. Con el tiempo, lo que antes habría sido presentado como ruptura o relativismo empieza a describirse con un lenguaje distinto: evolución, discernimiento, acompañamiento. La pregunta es inevitable: ¿seguimos ante una moral fundada en una verdad recibida de Dios o empezamos a construirla desde la experiencia del hombre? El pontificado de Francisco y, de manera particular, algunas interpretaciones de Amoris Laetitia han favorecido este clima. La apelación a la conciencia y a las situaciones concretas ha abierto una praxis moral que puede terminar alejándose de la enseñanza clásica de la Iglesia. La responsabilidad del actual pontificado tampoco puede eludirse. Mientras León XIV mantenga esta situación, Amoris Laetitia continúe funcionando pastoralmente con esas interpretaciones y documentos problemáticos como Fiducia Supplicans no reciban una clarificación suficiente, el silencio de Roma seguirá teniendo consecuencias. Si este silencio continúa, la brecha ya no estará solo entre doctrina y vida. Se irá abriendo dentro de la propia Iglesia: por un lado, una doctrina que permanece escrita; por otro, una praxis que empieza a funcionar con criterios distintos y que apela constantemente a la experiencia, al discernimiento o a las decisiones personales. El resultado será la confusión de los fieles. Llegará un momento en que muchos no sabrán si deben atenerse a lo que la Iglesia ha enseñado siempre sobre la ley moral o a aquello que ven permitido y normalizado en la práctica.   Pulse para escuchar el texto En pocos días han aparecido dos textos distintos, aunque unidos por una misma lógica moral. El primero es el documento de la archidiócesis de Hamburgo, del que ya hemos escrito un artículo (AQUÍ), sobre la educación sexual en las escuelas católicas. Allí se habla de la necesidad de superar la “brecha” entre las concepciones tradicionales y el mundo vital de los jóvenes. Según el propio texto, esa distancia no se resolvería simplemente formando a los jóvenes para que su vida se ajuste a la doctrina, sino también aprendiendo de sus experiencias y revisando críticamente la tradición moral. P. Lintner De Vecchi El segundo texto apareció en Avvenire, diario de referencia del episcopado italiano. Se trata de una entrevista al padre Martin M. Lintner y a la teóloga Gaia De Vecchi, responsables de la Asociación Teológica Italiana para el Estudio de la Moral, la ATISM. Allí encontramos un planteamiento muy parecido al de Hamburgo. El padre Lintner, religioso Siervo de María, habla del “gran desfase entre tradición y vida real de las personas y de las parejas” y afirma que esa distancia puede superarse también mediante “decisiones personales”. La afirmación tiene importancia, porque parece conceder a esas decisiones un peso que puede terminar desplazando el lugar propio de la doctrina. Más significativa todavía es otra frase: “Hay que revisar también la criteriología ética para encontrar un juicio moral sobre el comportamiento de las personas”. Aquí ya no se habla solo de acompañar situaciones nuevas. Se plantea revisar los criterios con los que se formula el juicio moral. Podemos ver la consonancia con lo que acabamos de decir del documento de Hamburgo. Conviene recordar qué es la ATISM. No se trata de una asociación privada cualquiera de teólogos moralistas, sino de una asociación católica y canónicamente constituida, cuyos estatutos aprueba el Consejo Episcopal Permanente de la Conferencia Episcopal Italiana. También presta asesoramiento a organismos eclesiales. Por eso las palabras de su presidente tienen un alcance que no puede minimizarse. Por tanto, las declaraciones del presidente de la ATISM y de su vicepresidenta tienen gran alcance y no se suscriben a la esfera personal. El punto delicado está precisamente en esa revisión de la criteriología ética. La moral católica no toma la experiencia como fuente última de lo que es bueno o malo. Parte de una verdad moral que precede a la experiencia y que la conciencia está llamada a reconocer. El padre Lintner cita a Francisco para recordar que hay que formar las conciencias y no sustituirlas. La frase, tomada en sí misma, no plantea problema. Todo depende de qué entendamos por formar la conciencia. Formarla significa ayudarla a reconocer una verdad moral que no depende de ella. Otra cosa sería dejar que cada persona determine, según sus circunstancias, qué parte de la norma puede aceptar. En ese caso, la conciencia terminaría ocupando el lugar de la norma objetiva. Este peligro está presente en la interpretación de la frase de Francisco. El documento de Hamburgo cita también Amoris Laetitia como referencia para superar la “brecha entre doctrina y vida”. Y aquí reaparece la misma dificultad, la solución parece buscarse acercando la doctrina a la experiencia vital, más que llamando a que la vida se conforme a la doctrina. Por eso Hamburgo y Avvenire no son episodios aislados. Uno muestra cómo este planteamiento puede llegar al terreno educativo; el otro ofrece una formulación teológica semejante, con expresiones como “decisiones personales” y “revisión de la criteriología ética”. Durante años, determinadas reinterpretaciones de la moral católica se han difundido y aplicado sin una respuesta clara de la autoridad eclesiástica. Con el tiempo, lo que antes habría sido presentado como ruptura o relativismo empieza a describirse con un lenguaje distinto: evolución, discernimiento, acompañamiento. La pregunta es inevitable: ¿seguimos ante una moral fundada en una verdad recibida de Dios o empezamos a construirla desde la experiencia del hombre? El pontificado de Francisco y, de manera particular, algunas interpretaciones de Amoris Laetitia han favorecido este clima. La apelación a la conciencia y a las situaciones concretas ha abierto una praxis moral que puede terminar alejándose de la enseñanza clásica de la Iglesia. La responsabilidad del actual pontificado tampoco puede eludirse. Mientras León XIV mantenga esta situación, Amoris Laetitia continúe funcionando pastoralmente con esas interpretaciones y documentos problemáticos como Fiducia Supplicans no reciban una clarificación suficiente, el silencio de Roma seguirá teniendo consecuencias. Si este silencio continúa, la brecha ya no estará solo entre doctrina y vida. Se irá abriendo dentro de la propia Iglesia: por un lado, una doctrina que permanece escrita; por otro, una praxis que empieza a funcionar con criterios distintos y que apela constantemente a la experiencia, al discernimiento o a las decisiones personales. El resultado será la confusión de los fieles. Llegará un momento en que muchos no sabrán si deben atenerse a lo que la Iglesia ha enseñado siempre sobre la ley moral o a aquello que ven permitido y normalizado en la práctica.

En pocos días han aparecido dos textos distintos, aunque unidos por una misma lógica moral. El primero es el documento de la archidiócesis de Hamburgo, del que ya hemos escrito un artículo (AQUÍ), sobre la educación sexual en las escuelas católicas. Allí se habla de la necesidad de superar la “brecha” entre las concepciones tradicionales y el mundo vital de los jóvenes. Según el propio texto, esa distancia no se resolvería simplemente formando a los jóvenes para que su vida se ajuste a la doctrina, sino también aprendiendo de sus experiencias y revisando críticamente la tradición moral.

P. Lintner
De Vecchi

El segundo texto apareció en Avvenire, diario de referencia del episcopado italiano. Se trata de una entrevista al padre Martin M. Lintner y a la teóloga Gaia De Vecchi, responsables de la Asociación Teológica Italiana para el Estudio de la Moral, la ATISM. Allí encontramos un planteamiento muy parecido al de Hamburgo.

El padre Lintner, religioso Siervo de María, habla del “gran desfase entre tradición y vida real de las personas y de las parejas” y afirma que esa distancia puede superarse también mediante “decisiones personales”. La afirmación tiene importancia, porque parece conceder a esas decisiones un peso que puede terminar desplazando el lugar propio de la doctrina.

Más significativa todavía es otra frase: “Hay que revisar también la criteriología ética para encontrar un juicio moral sobre el comportamiento de las personas”. Aquí ya no se habla solo de acompañar situaciones nuevas. Se plantea revisar los criterios con los que se formula el juicio moral. Podemos ver la consonancia con lo que acabamos de decir del documento de Hamburgo.

Conviene recordar qué es la ATISM. No se trata de una asociación privada cualquiera de teólogos moralistas, sino de una asociación católica y canónicamente constituida, cuyos estatutos aprueba el Consejo Episcopal Permanente de la Conferencia Episcopal Italiana. También presta asesoramiento a organismos eclesiales. Por eso las palabras de su presidente tienen un alcance que no puede minimizarse. Por tanto, las declaraciones del presidente de la ATISM y de su vicepresidenta tienen gran alcance y no se suscriben a la esfera personal.

El punto delicado está precisamente en esa revisión de la criteriología ética. La moral católica no toma la experiencia como fuente última de lo que es bueno o malo. Parte de una verdad moral que precede a la experiencia y que la conciencia está llamada a reconocer.

El padre Lintner cita a Francisco para recordar que hay que formar las conciencias y no sustituirlas. La frase, tomada en sí misma, no plantea problema. Todo depende de qué entendamos por formar la conciencia. Formarla significa ayudarla a reconocer una verdad moral que no depende de ella. Otra cosa sería dejar que cada persona determine, según sus circunstancias, qué parte de la norma puede aceptar. En ese caso, la conciencia terminaría ocupando el lugar de la norma objetiva. Este peligro está presente en la interpretación de la frase de Francisco.

El documento de Hamburgo cita también Amoris Laetitia como referencia para superar la “brecha entre doctrina y vida”. Y aquí reaparece la misma dificultad, la solución parece buscarse acercando la doctrina a la experiencia vital, más que llamando a que la vida se conforme a la doctrina.

Por eso Hamburgo y Avvenire no son episodios aislados. Uno muestra cómo este planteamiento puede llegar al terreno educativo; el otro ofrece una formulación teológica semejante, con expresiones como “decisiones personales” y “revisión de la criteriología ética”.

Durante años, determinadas reinterpretaciones de la moral católica se han difundido y aplicado sin una respuesta clara de la autoridad eclesiástica. Con el tiempo, lo que antes habría sido presentado como ruptura o relativismo empieza a describirse con un lenguaje distinto: evolución, discernimiento, acompañamiento.

La pregunta es inevitable: ¿seguimos ante una moral fundada en una verdad recibida de Dios o empezamos a construirla desde la experiencia del hombre?

El pontificado de Francisco y, de manera particular, algunas interpretaciones de Amoris Laetitia han favorecido este clima. La apelación a la conciencia y a las situaciones concretas ha abierto una praxis moral que puede terminar alejándose de la enseñanza clásica de la Iglesia.

La responsabilidad del actual pontificado tampoco puede eludirse. Mientras León XIV mantenga esta situación, Amoris Laetitia continúe funcionando pastoralmente con esas interpretaciones y documentos problemáticos como Fiducia Supplicans no reciban una clarificación suficiente, el silencio de Roma seguirá teniendo consecuencias.

Si este silencio continúa, la brecha ya no estará solo entre doctrina y vida. Se irá abriendo dentro de la propia Iglesia: por un lado, una doctrina que permanece escrita; por otro, una praxis que empieza a funcionar con criterios distintos y que apela constantemente a la experiencia, al discernimiento o a las decisiones personales.

El resultado será la confusión de los fieles. Llegará un momento en que muchos no sabrán si deben atenerse a lo que la Iglesia ha enseñado siempre sobre la ley moral o a aquello que ven permitido y normalizado en la práctica.


5 respuestas a «De Hamburgo a Avvenire, la experiencia empieza a juzgar a la doctrina moral»

  1. En la práctica, muchos católicos a machamartillo, cada día estamos más alejados de la Iglesia de las últimas décadas, desde el Concilio Vaticano II.
    Y cada día nos sentimos menos representados por ese especie de ONG MUNDIAL, a la que lo que menos le preocupa y ocupa ES LA FE, Y EXTENDER LAS ENSEÑANZAS DE JESUCRISTO.
    ¡Estamos solos, completamente solos!

  2. La doctrina e ideologia masonica, transformada en WOKE, se ha comido cualquier otra doctrina moral, religiosa o etica.
    Y todo razonamiento o análisis se ve a traves de las gafas del liberalismo socialista , que es quien domina.
    Una casa que se inicia con malos cimientos caera y eso es lo que esta sucediendo con occidente

  3. El sumo impostor de Prevost está siendo clarísimo en su trabajo de demolición de la Iglesia. El que, este okupa satánico, guarde silencio ante los desvíos, ante las profanaciones, ante la locura, es justamente su modus operandi.
    La actual Iglesia es irreconocible a la de hasta hace poco, concretamente desde la usurpación de Roncalli. Ha sido desde el CVII una constante desviación de crecimiento exponencial (como dirían los matemáticos). Cualquier persona, incluso ajena al catolicismo, puede percatarse de ello. Todos los bautizados que siguen a estos siniestros FALSOS obispos han dejado de ser católicos pues siguen a manifiestos VERDADEROS herejes. San Hermenegildo para evitar la apariencia misma de la convivencia con los herejes que seguían a Arrio, renunció el día de Pascua, recibir la Comunión de manos arrianas. Y, obligado, en la misma cárcel a renegar de su auténtica FE católica, eligió el martirio, muriendo asesinado por Sisberto.

    1. Ya el colmo de los colmos es cuando, alguien que se asusta o escandaliza de tanto desvió y vota o sigue estando militando en un partido político en cuyo programa se incluye el aborto, el divorcio, reconocimiento como matrimonio de parejas del mismo sexo, etc. argumentando que en las bases de ese partido hay buenas personas, que son otra cosa a sus líderes (seguro que existe una contraprestación económica o similar). La falta evidente de honestidad, lo hace ser un completo ciego a sus propios actos.

  4. Si no le gustan estos principios, tengo otros dijo uno de los Marx… los amos crean las modas anticristianas, y la iglesia debe adaptarse a ellas para no quedar relegada a una minoría… de risa. Puro relativismo liberaloide disolvente.
    Más vale solos que mal acompañados. Guarden un evangelio y no lo pierdan; lo cambiarán. El Sermón de la montaña y que les den.

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