De la misma especie que el presidente Pedro Sánchez

Son tan malvados, ruines, tóxicos, dañinos, malignos, inhumanos y perversos, que sí: en verdad lo más normal es sentir que parecen salidos de las entrañas del mismísimo infierno.

Dicho lo cual, reconozco lo que sigue: para tales sujetos radicalmente perversos y para su corte toda de aduladores (monos voladores y demás especie), el solo leer lo que dejo escrito en el párrafo primero sería suficiente para llevarles a decir de mí, muy probablemente, con desdén, algo así como lo que sigue: “Mira lo que dice este, del infierno y no sé qué, ¡estará majara el tío, como una cabra harta de papeles!”

Mas se retratan: no creen en el infierno, ni en el Maligno, porque descreen de Dios. Ergo, viven como si Dios no existiera. Y desde luego vivir como si Dios no existiera me parece, per se, un drama, porque compromete nuestra salvación eterna. O lo que es lo mismo: si en vida, a su paso por este mundo, por este valle de lágrimas, ni los hoy santos y santas de Dios se sentían seguros de la salvación eterna de su alma, ¿cómo lo pueden estar esas personas crueles, inhumanas, del todo malignas y perversas que adolecen del llamado trastorno narcisista o psicopático de la personalidad, que es, a mi juicio, la forma más en las antípodas de lo que es vivir una vida de humildad, amor, generosidad, espiritualidad, trascendencia, entrega, sinceridad, asertividad, sed de Dios, sed de justicia, sed de infinito, entrañas de misericordia, seguimiento de Cristo y de su Iglesia…? ¿Cómo pueden estar confiadas en alcanzar la salvación eterna, meta que al cabo es la única trascendente luego de nuestro paso por esta vida, personas que transitan por este mundo haciendo sufrir tan arbitraria e injustamente a otras personas, a base de hostigarlas, dominarlas, manipularlas, humillarlas, insultarlas, infravalorarlas, calumniarlas…? ¿Cómo pueden estar confiadas en alcanzar la salvación de su alma, creyendo para tal logro en un Dios justo y misericordioso, personas que jamás de los jamases se arrepienten del daño que causan a tantas víctimas inocentes? ¿Cómo lo pueden estar personas que se sienten superiores a los demás, como si fuesen semidioses que jamás se equivocan de tan perfectos, que desprecian a todo el mundo, que en verdad no aman a nadie, que disfrutan haciendo sufrir al prójimo (se sienten eximios y únicos así, seres de excepción que se lo merecen todo y hasta el derecho de humillar, manipular y lastimar a sus presas), y que exhiben permanentemente su endiosado e impostadísimo ego, más falso que un Judas de plástico (permitido el humor loado sea, también para asuntos tan graves y sufridos)?

De manera que ya he concretado el asunto del que me voy a ocupar en este escrito: el inmenso sufrimiento psíquico, moral, existencial y desde luego espiritual que causan a sus víctimas inocentes los llamados perversos narcisistas y los psicópatas socialmente integrados. No soy experto en el estudio de la mente humana, mas no se me esconde que existen, dentro de la clasificación de los perversos narcisistas, diversos subgrupos según el grado de intensidad del trastorno narcisista, etcétera. Al igual que existen los sociópatas y no solo los llamados psicópatas, como también se incluye entre las personas tóxicas a los maquiavélicos y a los trepas laborales. Solo que, tal vez simplificando no poco la cuestión abierta y disputada, en este escrito hablaré de trastorno narcisista y psicopático de la personalidad; ergo, distinguiré solo entre perversos narcisistas y psicópatas socialmente integrados.

Iñaki Piñuel y Zabala

A lo largo de mi vida he conocido a algunos, los he sufrido (mejor, ellos me han hecho sufrir) en el ámbito profesional, en el cultural y aun en el familiar. Seres inhumanosperversos y como diabólicos. Hoy tengo nítidamente claro que siempre he sido víctima inocente de tales violencias psicológicas, y que solo puedo ser víctima inocente de tales fenómenos devastadores de la dignidad humana. Porque como insiste en afirmar el psicoterapeuta, doctor en Psicología y profesor-conferenciante Iñaki Piñuel y Zabala (en verdad, lo deben afirmar casi todos los expertos), la víctima del maltrato psicológico es siempre inocente; el maltratador psicológico, ya sea como perverso narcisista o como psicópata socialmente integrado, o como lo que sea, es siempre culpable. Siempre.

Y digo más y digo bien: es un culpable, ciertamente el solo culpable, que siempre va a negar la culpa del maltrato que perpetra, usando para ello la máscara del mayor de los cinismos, la mayor de las desvergüenzas, la mayor de las vilezas morales, como experto manipulador que es y mentiroso compulsivo y calumniador de sus víctimas sin un gramo de piedad. O la va a justificar, la culpa, aunque para ello tenga que victimizarse, mentir, manipular, amenazar a la víctima, difamar, chantajear, hacer triangulación amorosa, hacer el vacío, la técnica de la luz de gas, el descarte, la del juego de la piedad… O va a determinar que la víctima de su violencia psicológica “se lo ha buscado, se lo merece por loco, necio, estúpido, débil…” Esto es: todo menos el asumir su culpa, su responsabilidad única y exclusiva en la perpetración de esa maldad sin parangón que es la violencia psicológica.

De manera que llegados a este punto, ya me siento con determinación para dejar caer que desde mi conocimiento de este asunto (de un año para acá debo haber leído en Internet docenas y docenas de artículos sobre esta realidad, algunos ensayos de especialistas, y sobre todo un número innúmero de vídeos en Youtube sobre ambas especies de seres trastornados y sobre el sufrimiento que causan a sus víctimas inocentes), si me pidieran una primera aproximación para singularizar quiénes y cómo son los perversos narcisistas y los psicópatas socialmente integrados, cómo los veo yo, diría esta: son personas que, tras una fachada de ejemplaridad, excelencia, amabilidad, perfeccionismo, alta profesionalidad, honestidad, encanto irresistible (vamos, auténticos seres maravillosos que uno quisiera como correligionarios, compañeros de trabajo, socios de algún negocio, vecinos, amigos, hermanos, primos, hijos, esposos, padres…), esconden a un ser oscuro, maligno, perverso, lleno de odio, rabia, resentimiento, iracundia, envidia y celos patológicos. A un ser sin empatía alguna, sin emociones, sin sentimientos, sin conciencia moral, sin alma, frío e implacable, provisto de un ego endiosado y falsísimo. En definitiva, a un ser incapaz de sentir el más mínimo remordimiento ante el sufrimiento psicológico, moral, espiritual y existencial causado por él y solo por él a sus víctimas inocentes.

Cada una de las características o singularidades que apuntamos de estos seres gravemente trastornados bien merecería un tratamiento detallado; veamos solo la envidia. Sostienen algunos especialistas que la envidia es la más nuclear y determinante de todas las señaladas. En el caso de los narcisistas y los psicópatas integrados, hablamos de una envidia en verdad morbosa, enfermiza, patológica, completamente irracional, si es que cabe hablar de racionalidad en algún aspecto de la envida. Una envidia que es como una mala digestión majadera que tarda y tarda en calmarse y que, empero, no se acaba calmando del todo nunca. Ni siquiera cuando vampiriza a sus víctimas para, manipulándolas, desestabilizándolas, violentándolas psicológicamente, buscar saciar con ese combustible obtenido de la víctima su atroz vacío interior, su desequilibrio emocional, su tenebrosa insustancialidad estructural.

Por esa envidia patológica y como irreprimible e insaciable que siente el trastornado narcisista o psicopático es por lo que odia: odia a sus víctimas porque las envidia. Las quisiera destruir. Y envidia de ellas lo que él no tiene: empatía emocional, sentimientos, sensibilidad, sed de Dios, sed de justicia, bonhomía, códigos éticos y morales, vitalismo, felicidad…

A modo de conclusión. Personas que te manipulan y violentan psicológicamente y que empero se excusan, se justifican, te siguen atacando, te culpabilizan de todo, se victimizan ellos y ellas…, ¿cómo no desear poner en práctica el contacto cero con estas personas? Contacto cero que es, como su nombre indica, romper toda comunicación con ellas, aunque sean tu esposo, tu esposa, tu hermano, tu primo, tu…

Si estamos ante personas que te mienten descaradamente, sin ningún pudor, con total desvergüenza, y que te agraden incluso con sus ojos fríos, inexpresivos, reptilianos, taladradores, ¿cabe soñar con llegar a ser amigos de ellas siempre tóxicas, dañinas y destructivas? Nada de lo que estos individuos e individuas ofrece garantiza un mínimo de amistad que merezca tal nombre. Entonces, ¿por qué no la vía del contacto cero?

Si estamos ante personas que te van a devolver el mal por más que tú los trates bien, ¿qué sentido tiene dialogar habiendo advertido la nula reciprocidad, la nula asertividad que inevitablemente se van a dar en cualquier intento de auténtica relación con estos seres?

Si solo abusan, se excusan, manipulan, tergiversan, lastiman a sus víctimas, calumnian, difaman, hostigan, toda vez que su único objetivo es ganar, sentirse superiores a los otros, humillar para sentirse importantes, ¿qué excusa hay para no aplicar el método del contacto cero?

Si por tanto se trata de personas con las que es una mortificante pérdida de tiempo todo intento de diálogo desde la verdad, la transparencia, la buena intención y la asertividad, ¿para qué empeñarse en dialogar en vez de aplicar el contacto cero? Siendo indudable que estas personas despreciadoras de la razón, la verdad, la lógica y el bien solo pretendieran la marrullería en esos imposibles diálogos de besugos (hacer trampas, jugar sucio, para vencer y humillar y dominar y manipular y acabar lastimando a su adversario, a su víctima, con el único fin de seguir alimentando su ego endiosado y falso, su baja autoestima herida), ¿cómo resistir la tentación de no caer en sus trampas, en sus provocaciones, en su maldad, en su miserable ruindad?

Si estos seres perversos y deshumanizados se saben la lección (humillando al otro es como acaban sintiéndose ellos superiores, ¡subidón de gasolina vampirizada!), entonces, ¿por qué no aplicar el contacto cero?

Si conocemos que más allá de su fachada de personas irresistiblemente excelentes, excelsas, dignas de toda máxima admiración, se esconde un ser radicalmente infeliz, ¿por qué no cuidamos que no nos acaben robando nuestra felicidad, que es al cabo lo que ellos buscan? ¡Son huecos, están vacíos, viven en la superficie rotos por dentro, huérfanos de empatía, no han descubierto en verdad el sentido de la vida, son personas sin substancia! De ahí su envidia patológica. De ahí el oculto o implícito patetismo de sus vidas.

Si luego de que te han humillado, difamado, calumniado, despreciado, infravalorado, amenazado (a veces gravemente), siguen humillándote, difamándote, calumniándote, invariablemente, endiosados y despóticos creyéndose el ombligo del mundo, y sin mostrar arrepentimiento alguno, empatía alguna, sentido de la culpa alguno, ¿tiene alguna razón de ser desear mantener algún tipo de contacto con estas personas tan despersonalizadas y despersonalizantes?

Si luego de todos los perversos mecanismos de control, manipulación, dominio y violencia psicológica que han puesto en práctica contra ti (hacerte el vacío, la triangulación amorosa, el juego de la piedad, la luz de gas, el descarte…), siguen poniéndolos en práctica, sin ofrecerte ninguna clase de explicación de ello, pues no en vano ellos (y ellas, también están ellas) te desprecian, te llaman necio, loco, se sienten superiores, se consideran perfectos, nunca se equivocan, por tanto nunca piden perdón, ¿por qué no establecer de una vez para siempre y de manera irrevocable el contacto cero?

Si son abusivos y manipuladores hasta la náusea, resentidos contra la vida y contra el mundo, y si viven atrapados en su odio patológico y, como forma sibilina de herir y devaluar tu autoestima, te llamarán loco, necio, lerdo, inútil, y en todo te infravaloran, ¿qué sentido tiene intentar algún tipo de amistad o de fraternidad con estos seres? ¿Para qué?

Si conocemos perfectamente que son seres perversos que, al carecer totalmente de empatía emocional y de conciencia moral, disfrutan haciendo sufrir a sus víctimas, cerrados herméticamente a cualquier sentimiento de remordimiento y a la experiencia del perdón, ¿para qué el baldío esfuerzo de intentar vertebrar una relación auténtica con estos seres?

Si tienen la desfachatez y el cinismo de negar o justificar, con mil trampas y triquiñuelas, a cuál más perversa, la violencia psicológica a que someten a todas sus víctimas, que son siempre inocentes, ¿por qué tendríamos que aguantar tan monstruosa y totalmente vil falta de respeto a nuestra dignidad de personas? ¿Por qué no aplicar, de una vez para siempre y de manera irrevocable, el contacto cero?

De una manera irrevocable, toda vez que estos individuos e individuas, en verdad gravemente trastornados en su personalidad pero que se creen los numbers one, nunca van a cambiar; nunca van a pedir perdón por todo el sufrimiento que causan; nunca se van a bajar del podium en que han colocado su falso ego endiosado; nunca van a dejar de creer que son esos seres que, de tan perfectos, jamás se equivocan; nunca van a dejar de amenazarte y acojonarte con su ira narcisista o psicopática y con su mirada hipnotizante… Y nunca es nunca. Nunca.

Así, hasta el final de sus días, que suelen ser descritos en términos tenebrosos y trágicos. En efecto: sin fuerzas ya ni casi encanto, abandonados por todos, hasta por sus antiguos aduladores, monos voladores y demás especies de asociados, se acabarán ahogando en su propio vómito de odio, resentimiento, ruindad y envidia. Salvo el caso muy pero que muy milagroso -y como milagroso, de todas todas improbable- de que al final de sus vidas pidan perdón a Dios y a los hermanos por todo el daño hecho, y sobre todo derrumben su ego endiosado y falso y lo reemplacen, en un último momento y como a la desesperada, por el yo auténtico y niño que quedó sepultado en algún lugar remoto de la infancia.

Comoquiera que sea, cuando Dios los llame, uno a uno, a su presencia… (Bueno, esto ya no es asunto mío: yo tengo ya bastante con trabajar día día por la salvación de mi alma, desde mi humana existencia tan llena de limitaciones, fragilidades y noches oscuras del alma, con amar a mis seres queridos, con perdonar a los que me hacen mal, y con tratar de apartar de mi vida a estos seres perversos que son los narcisistas y los psicópatas integrados. Con contacto cero. Sin que ello impida que uno deba perdonar también a los narcisistas, ¡por muy arduo que sea, que lo es!, y por más que ellos no te perdonen a ti, ni a nadie.)

Postdata o coda. Ha comenzado a circular por las redes sociales y desde luego está siendo difundido por algunos canales informativos que se reivindican alternativos a la ideología políticamente correcta y laicista imperante, esta noticia que tal vez sea un fake pero que tiene muchísimos visos de verdad. A saber: según un reciente informe realizado por el facultativo extremeño Joaquín Sama (jefe clínico especialista en psiquiatría, neurología y medicina familiar y comunitaria), la personalidad del actual presidente del Gobierno español, el señor Pedro Sánchez Castrejón, se corresponde indubitablemente con la del perfil propio las personas que sufren el llamado trastorno narcisista o psicopático de la personalidad.

En definitiva, en la lengua de don Quijote y Sancho Panza: el actual presidente del Gobierno español es un psicópata integrado, tal vez sociópata, tal vez un narcisista maligno. Para el facultativo español, su diagnóstico no ofrece la menor duda a la luz de los dos manuales que sobre la determinación de las enfermedades y trastornos mentales figuran en la actualidad como los consensuadamente aceptados por la comunidad científica.

Madre mía. Repitámoslo con el siempre brillante experto Iñaki Piñuel: “Empeñarse en cambiar a una persona psicópata es como empeñarse en hacer la cirugía estética a un cocodrilo. Ni el cocodrilo lo desea, ni se va a dejar… Y además, quien lo intente se va a llevar una buena dentellada”.

Ergo, como una persona con trastorno de la personalidad narcisista o psicopático nunca va a cambiar (véase, a falta de otros textos mejores a mano, este artículo mío divulgativo, modestia aparte), los partidos políticos, las fuerzas ideológicas y todas las personas que a título individual nos oponemos a este Gobierno infame e infecto presidido por Pedro Sánchez Castrejón (todo un psicópata integrado, o tal vez narcisista maligno, según reciente diagnóstico del médico especialista Joaquín Sama), ¿qué hemos de seguir haciendo para cambiar a este infausto Gobierno?


3 respuestas a «De la misma especie que el presidente Pedro Sánchez»

  1. Pienso lo mismo que usted, por supuesto con muchos menores conocimientos técnicos que los suyos.
    Y así lo he dejado escrito en mi reiente artículo PEDRO SÁNCHEZ ES UN PELIGROSO PSICÓPATA.
    Cuánto antes se de cuenta la población española de en manos de quien estamos, mucho mejor para todos…
    Gracia spor su brillante artículo, y a EED por su publicación.

  2. Gracias, Ramiro, por su amable comentario; yo también leo sus artículos allí donde quiera que me los encuentro: aquí y en otras bitácoras identitarias y patriotas.

    Disfruto y aprendo con sus escritos.

  3. Antiguamente se les llamaba demonios;hoy sicópatas…son lo mismo. También pone el Dr. Piñuel como ejemplo de actitud y superación a estos demonios la mostrada por Rodrigo Diaz Vivar.Es una anécdota interesante.Nada de palabras.A Duelo.

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