De la salvación común a la dignidad humana. Comentarios a la encíclica Magnifica Humanitas

ESCUCHAR NOTICIA: La doctrina social de la Iglesia no nació solamente para mejorar la vida material de los hombres. Nació para ordenar la sociedad según Dios, la ley natural y el Evangelio. Por eso, al comparar Rerum Novarum, de León XIII, con Magnifica Humanitas, de León XIV, no basta con observar que ambas hablan de dignidad, justicia y bien común. Hay que preguntar qué lugar ocupan en ellas Cristo, la salvación, la gracia y la vida eterna. León XIII afirma desde el comienzo de Rerum Novarum que escribe para defender la causa de la Iglesia y la “salvación común”. Esto significa que la cuestión social no era para él un simple problema de salarios, pobreza o leyes laborales. También era una cuestión religiosa y moral. El trabajador no necesita únicamente un salario justo. Necesita una familia estable, tiempo para el culto, protección frente a los abusos y una sociedad que no lo aparte de Dios. León XIII enseña además que la solución a los problemas sociales nace del Evangelio. Las leyes y las reformas pueden ser necesarias, pero deben estar sometidas a una verdad superior. Para él, la dignidad del hombre no consiste solamente en poseer derechos. También exige vivir según la virtud. El hombre ha sido creado por Dios, redimido por Jesucristo y llamado a ser hijo de Dios y alcanzar la vida eterna. Esta es la base cristiana de Rerum Novarum. La propiedad, la familia, el trabajo y el salario justo no aparecen como asuntos separados, sino como partes de un orden querido por Dios. León XIII rechazó tanto el abuso de los ricos como el socialismo. No quiso destruir la propiedad ni enfrentar a las clases sociales. Quiso restaurar la justicia cristiana. En Magnifica Humanitas encontramos un lenguaje diferente. La encíclica habla mucho de dignidad humana, derechos, inclusión, solidaridad, bien común y protección frente a la inteligencia artificial. Estas ideas pueden ser buenas. El problema comienza cuando se habla de ellas sin recordar con la misma fuerza que el hombre está herido por el pecado, necesita la gracia y solo puede alcanzar su plenitud en Cristo. Palabras como dignidad, igualdad, solidaridad o derechos humanos pueden ser usadas también por gobiernos, partidos y organizaciones que rechazan la fe. Por eso hay que explicar siempre qué significan desde la doctrina católica. La dignidad humana no consiste solamente en ser respetado o protegido. El hombre tiene dignidad porque ha sido creado por Dios, redimido por Cristo y llamado a la vida eterna. La justicia social tampoco consiste únicamente en repartir bienes o defender derechos. Debe respetar la ley de Dios, la familia, la propiedad legítima, la libertad de la Iglesia y los deberes del hombre hacia su Creador. Ahí aparece la diferencia principal. Rerum Novarum habla de la cuestión social desde el Evangelio, la virtud y la salvación. Magnifica Humanitas habla principalmente desde la dignidad humana, los derechos y los problemas del mundo moderno. No se trata de afirmar que una encíclica niega todo lo que enseña la otra. No hay una negación frontal, pero sí una distinta jerarquía de los fines. En León XIII, el orden social se juzga desde Dios y desde el destino eterno del hombre. En Magnifica Humanitas, el criterio dominante parece ser la tutela de la dignidad humana en el orden temporal. Este cambio puede tener consecuencias. Una doctrina social que habla claramente de Dios, del pecado, de la conversión y de la vida eterna incomoda al mundo, recuerda que no existe verdadera justicia sin obedecer a Dios. En cambio, una doctrina social basada principalmente en dignidad, fraternidad y cuidado puede ser aceptada por el mundo sin necesidad de convertirse. El problema, por tanto, no está en hablar de dignidad humana. El problema está en hablar de ella olvidando su sentido completo. El hombre no necesita solamente que el Estado, la economía o la tecnología respeten sus derechos. Necesita ser salvado del pecado y vivir en gracia. Por eso conviene volver a León XIII. No para repetir sin más el lenguaje de otra época, sino para recordar el orden correcto: primero Dios y después el hombre; primero la salvación y después el bienestar; primero la gracia y después la técnica. La doctrina social de la Iglesia no existe solamente para hacer el mundo más humano. Existe para ordenar la sociedad según Dios y conducir a los hombres a Jesucristo. Esta es la diferencia esencial: Rerum Novarum habla de la salvación común. Magnifica Humanitas habla sobre todo de dignidad humana. Si la dignidad permanece unida a Cristo, puede servir a la verdad. Si se separa de Él, puede convertirse en un humanismo aceptable para el mundo, pero insuficiente para la fe católica.   Pulse para escuchar el texto La doctrina social de la Iglesia no nació solamente para mejorar la vida material de los hombres. Nació para ordenar la sociedad según Dios, la ley natural y el Evangelio. Por eso, al comparar Rerum Novarum, de León XIII, con Magnifica Humanitas, de León XIV, no basta con observar que ambas hablan de dignidad, justicia y bien común. Hay que preguntar qué lugar ocupan en ellas Cristo, la salvación, la gracia y la vida eterna. León XIII afirma desde el comienzo de Rerum Novarum que escribe para defender la causa de la Iglesia y la “salvación común”. Esto significa que la cuestión social no era para él un simple problema de salarios, pobreza o leyes laborales. También era una cuestión religiosa y moral. El trabajador no necesita únicamente un salario justo. Necesita una familia estable, tiempo para el culto, protección frente a los abusos y una sociedad que no lo aparte de Dios. León XIII enseña además que la solución a los problemas sociales nace del Evangelio. Las leyes y las reformas pueden ser necesarias, pero deben estar sometidas a una verdad superior. Para él, la dignidad del hombre no consiste solamente en poseer derechos. También exige vivir según la virtud. El hombre ha sido creado por Dios, redimido por Jesucristo y llamado a ser hijo de Dios y alcanzar la vida eterna. Esta es la base cristiana de Rerum Novarum. La propiedad, la familia, el trabajo y el salario justo no aparecen como asuntos separados, sino como partes de un orden querido por Dios. León XIII rechazó tanto el abuso de los ricos como el socialismo. No quiso destruir la propiedad ni enfrentar a las clases sociales. Quiso restaurar la justicia cristiana. En Magnifica Humanitas encontramos un lenguaje diferente. La encíclica habla mucho de dignidad humana, derechos, inclusión, solidaridad, bien común y protección frente a la inteligencia artificial. Estas ideas pueden ser buenas. El problema comienza cuando se habla de ellas sin recordar con la misma fuerza que el hombre está herido por el pecado, necesita la gracia y solo puede alcanzar su plenitud en Cristo. Palabras como dignidad, igualdad, solidaridad o derechos humanos pueden ser usadas también por gobiernos, partidos y organizaciones que rechazan la fe. Por eso hay que explicar siempre qué significan desde la doctrina católica. La dignidad humana no consiste solamente en ser respetado o protegido. El hombre tiene dignidad porque ha sido creado por Dios, redimido por Cristo y llamado a la vida eterna. La justicia social tampoco consiste únicamente en repartir bienes o defender derechos. Debe respetar la ley de Dios, la familia, la propiedad legítima, la libertad de la Iglesia y los deberes del hombre hacia su Creador. Ahí aparece la diferencia principal. Rerum Novarum habla de la cuestión social desde el Evangelio, la virtud y la salvación. Magnifica Humanitas habla principalmente desde la dignidad humana, los derechos y los problemas del mundo moderno. No se trata de afirmar que una encíclica niega todo lo que enseña la otra. No hay una negación frontal, pero sí una distinta jerarquía de los fines. En León XIII, el orden social se juzga desde Dios y desde el destino eterno del hombre. En Magnifica Humanitas, el criterio dominante parece ser la tutela de la dignidad humana en el orden temporal. Este cambio puede tener consecuencias. Una doctrina social que habla claramente de Dios, del pecado, de la conversión y de la vida eterna incomoda al mundo, recuerda que no existe verdadera justicia sin obedecer a Dios. En cambio, una doctrina social basada principalmente en dignidad, fraternidad y cuidado puede ser aceptada por el mundo sin necesidad de convertirse. El problema, por tanto, no está en hablar de dignidad humana. El problema está en hablar de ella olvidando su sentido completo. El hombre no necesita solamente que el Estado, la economía o la tecnología respeten sus derechos. Necesita ser salvado del pecado y vivir en gracia. Por eso conviene volver a León XIII. No para repetir sin más el lenguaje de otra época, sino para recordar el orden correcto: primero Dios y después el hombre; primero la salvación y después el bienestar; primero la gracia y después la técnica. La doctrina social de la Iglesia no existe solamente para hacer el mundo más humano. Existe para ordenar la sociedad según Dios y conducir a los hombres a Jesucristo. Esta es la diferencia esencial: Rerum Novarum habla de la salvación común. Magnifica Humanitas habla sobre todo de dignidad humana. Si la dignidad permanece unida a Cristo, puede servir a la verdad. Si se separa de Él, puede convertirse en un humanismo aceptable para el mundo, pero insuficiente para la fe católica.

La doctrina social de la Iglesia no nació solamente para mejorar la vida material de los hombres. Nació para ordenar la sociedad según Dios, la ley natural y el Evangelio.

Por eso, al comparar Rerum Novarum, de León XIII, con Magnifica Humanitas, de León XIV, no basta con observar que ambas hablan de dignidad, justicia y bien común. Hay que preguntar qué lugar ocupan en ellas Cristo, la salvación, la gracia y la vida eterna.

León XIII afirma desde el comienzo de Rerum Novarum que escribe para defender la causa de la Iglesia y la “salvación común”. Esto significa que la cuestión social no era para él un simple problema de salarios, pobreza o leyes laborales. También era una cuestión religiosa y moral. El trabajador no necesita únicamente un salario justo. Necesita una familia estable, tiempo para el culto, protección frente a los abusos y una sociedad que no lo aparte de Dios.

León XIII enseña además que la solución a los problemas sociales nace del Evangelio. Las leyes y las reformas pueden ser necesarias, pero deben estar sometidas a una verdad superior. Para él, la dignidad del hombre no consiste solamente en poseer derechos. También exige vivir según la virtud. El hombre ha sido creado por Dios, redimido por Jesucristo y llamado a ser hijo de Dios y alcanzar la vida eterna.

Esta es la base cristiana de Rerum Novarum. La propiedad, la familia, el trabajo y el salario justo no aparecen como asuntos separados, sino como partes de un orden querido por Dios. León XIII rechazó tanto el abuso de los ricos como el socialismo. No quiso destruir la propiedad ni enfrentar a las clases sociales. Quiso restaurar la justicia cristiana.

En Magnifica Humanitas encontramos un lenguaje diferente. La encíclica habla mucho de dignidad humana, derechos, inclusión, solidaridad, bien común y protección frente a la inteligencia artificial. Estas ideas pueden ser buenas. El problema comienza cuando se habla de ellas sin recordar con la misma fuerza que el hombre está herido por el pecado, necesita la gracia y solo puede alcanzar su plenitud en Cristo.

Palabras como dignidad, igualdad, solidaridad o derechos humanos pueden ser usadas también por gobiernos, partidos y organizaciones que rechazan la fe. Por eso hay que explicar siempre qué significan desde la doctrina católica.

La dignidad humana no consiste solamente en ser respetado o protegido. El hombre tiene dignidad porque ha sido creado por Dios, redimido por Cristo y llamado a la vida eterna.

La justicia social tampoco consiste únicamente en repartir bienes o defender derechos. Debe respetar la ley de Dios, la familia, la propiedad legítima, la libertad de la Iglesia y los deberes del hombre hacia su Creador.

Ahí aparece la diferencia principal. Rerum Novarum habla de la cuestión social desde el Evangelio, la virtud y la salvación. Magnifica Humanitas habla principalmente desde la dignidad humana, los derechos y los problemas del mundo moderno.

No se trata de afirmar que una encíclica niega todo lo que enseña la otra. No hay una negación frontal, pero sí una distinta jerarquía de los fines. En León XIII, el orden social se juzga desde Dios y desde el destino eterno del hombre. En Magnifica Humanitas, el criterio dominante parece ser la tutela de la dignidad humana en el orden temporal.

Este cambio puede tener consecuencias. Una doctrina social que habla claramente de Dios, del pecado, de la conversión y de la vida eterna incomoda al mundo, recuerda que no existe verdadera justicia sin obedecer a Dios. En cambio, una doctrina social basada principalmente en dignidad, fraternidad y cuidado puede ser aceptada por el mundo sin necesidad de convertirse. El problema, por tanto, no está en hablar de dignidad humana. El problema está en hablar de ella olvidando su sentido completo.

El hombre no necesita solamente que el Estado, la economía o la tecnología respeten sus derechos. Necesita ser salvado del pecado y vivir en gracia. Por eso conviene volver a León XIII. No para repetir sin más el lenguaje de otra época, sino para recordar el orden correcto: primero Dios y después el hombre; primero la salvación y después el bienestar; primero la gracia y después la técnica.

La doctrina social de la Iglesia no existe solamente para hacer el mundo más humano. Existe para ordenar la sociedad según Dios y conducir a los hombres a Jesucristo. Esta es la diferencia esencial: Rerum Novarum habla de la salvación común. Magnifica Humanitas habla sobre todo de dignidad humana.

Si la dignidad permanece unida a Cristo, puede servir a la verdad. Si se separa de Él, puede convertirse en un humanismo aceptable para el mundo, pero insuficiente para la fe católica.


Una respuesta a «De la salvación común a la dignidad humana. Comentarios a la encíclica Magnifica Humanitas»

  1. Es un gran acierto del EED publicar esta serie de trabajos extraordinarios del Sr. Carlos Jauregui
    Felicitar a ambos y agradecer lo bien escrito y su contenido que se ajusta al 100 % con nuestra Doctrina, hoy sutilmente olvidada.
    VIVA CRISTO REY

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