Definitivamente no todos los españoles somos iguales

En esta fecha de junio de 2024, me encuentro igual que muchos otros millones de compatriotas finalizando la realización de la declaración de la renta correspondiente al ejercicio de 2023. Como casi todos los años de mi vida, y cuando digo casi todos, no me refiero en el caso a cuando era niño, ya que en la época de la dictadura, no existía ese problema.

Yo, como la mayoría de los españoles de mi edad, hemos colaborado a mantener la economía familiar desde niños, algo que no sucede hoy en dia, salvo raras excepciones. Sin embargo, en esa época de la que ahora mismo hablo, los años anteriores a al año 1975; muchos de nosotros y como diría la flamante eurodiputada por Podemos, nosotras y «nosotres»; ayudamos realizando diferentes tareas en nuestras casas o fincas, o en las de nuestros familiares y afines.

No solían ser trabajos que pudieran calificarse como tales, sino labores de apoyo y ayuda a nuestros mayores y, en otros casos, de un bajo esfuerzo, pero si de un alto poder de. Por un lado enseñanza y aprendizaje de un oficio, o bien de complementación de ese oficio familiar que evitaba tener que un tercero tuviese que realizarlo.

Aqui es donde, el tonto del haba habitual, que no ha trabajado nunca, ni intencion de hacerlo, que vive de subvenciones y regalias, comenzara a criticar mis recuerdos infantiles, sobretodo desde el punto de vista de la alienacion y el aprovechamiento, incluso calificara de esclavitud infantil lo que yo he dicho. Progres y “gilipollas”, esta palabra es usada habitualmente por nuestros políticos, por lo que no veo la problemática en usarla, ya que los Ilustrísimos y Excelentisimos la usan de manera habitual.

Como decía: “eramos felices”, nos ibamos al pueblo de nuestros abuelos, donde ayudamos en la recolección, en el trabajo de las eras, ese lugar espacioso de tierra limpia y firme, algunas veces empedrado, donde se trillaban las mieses. Donde nosotros jugábamos y convivimos con otros de parecida edad, pero de origen diferente, del pueblo en cuestión algunos, y los otros “los madrileños», de la ciudad, pero en los casi tres meses de estancia en el pueblo, nos asilvestrabamos convenientemente.

Recogimos garbanzos, duro tema para las manos que se encallecian tras las erosiones y heridas, y complicado en la limpieza corporal, que solucionamos bañandonos en ropa interior o sin ella en la alberca próxima al pueblo, cuando al atardecer volviamos a él, pues el polvo de las plantas que sustentan la legumbre citada.

No teníamos problemas, eramos felices y aquellos momentos nos servían para hacernos hombres. La otra parte de nuestra vida eran los estudios; el día a día en el colegio o el instituto, donde había que conocer y saber, además de tener capacidad de explicar, no ya por escrito, sino oralmente nuestros conocimientos, en el examen diario que nuestros profesores y maestros nos hacían. Respeto, algo que hoy no existe. Lo que existe son derechos, pero no obligaciones, salvo la de pagar a Hacienda, algo que hace 60 años era menos constrictivo.

Y digo constrictivo, por la actuación de nuestra Agencia Tributariam, que como una boa constrictor, nos exprime hasta sacarnos el tuétano. Vaya por delante el casi 25% de retención que muchos de nosotros, los que después de haber cotizado a veces el doble de años que años teníamos, por motivo de trabajar en varios sitios, mañana y tarde, pero por los que hemos tributado sin rebaja alguna. Porque la rebaja llegó con el Pacto de Toledo. Donde se impuso unas pensiones máximas para los que estamos en el populacho, pero que no alcanzan a los que se sientan en la Carrera de San Jeronimo.

Me llama la atención los seis millones de votos que conservan los socialistas, pero ahora echando cuentas lo comprendo. Miro el Boletín Oficial del Estado o de cualquier otra Institución y me encuentro que hay gente que jamas, ¡JAMAS!, ha trabajado, pero cobra una pensión; que jamás ha cotizado a la Seguridad Social, pero cobra una pensión o un subsidio. Y ya si rizamos el rizo veo nombres y apellidos nada españoles que llenan las páginas de subsidios, algunos muy peregrinos.

También, veo los zapatos deportivos, los chándales, los teléfonos móviles, las estancias en hoteles de cuatro estrellas de gente que no ha nacido aquí, pero que el gobierno acoge por solidaridad. Solidaridad que pago yo, con mis impuestos. Bonito nombre, pues me son impuestos por alguien que carece de historial laboral, que no ha trabajado jamás y que luego tras el oportuno deslinde, procede a subvencionar con ellos a nuestros enemigos del Sur y a quien él nos manda para acá a que los mantengamos.

¡Ya está bien!, y ahí lo dejo…


3 respuestas a «Definitivamente no todos los españoles somos iguales»

  1. Totalmente de acuerdo con su artículo.
    Somos millones los españoles que creemos lo mismo que usted, quiero pensar.
    Solo una corrección, no son más de seis millones los votantes de la PSOE… En las últimas elecciones generales fueron más de 7.800.000 botontos. (Llamo así a los burros que tienen derecho a voto, y botan su propia ruina y destrucción, económica, familiar y hasta personal).

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