«DEMOS»: porque el sistema electoral español ni es democrático ni representativo de la voluntad popular

César Bobadilla

César Bobadilla Gómez es el Presidente Ejecutivo de la Plataforma de Innovación Política DEMOS.

¿Cómo nace la Plataforma DEMOS y con que objetivo?

Básicamente, nació en el 2018 cuándo el núcleo de los principales colaboradores de Antonio García Trevijano en sus últimos años decidimos crear una asociación como herramienta para lograr cambiar el sistema de partidos español por uno nuevo democrático, en el sentido de lograr que exista un sistema electoral donde los ciudadanos puedan elegir y controlar diputados de distrito y que exista separación de poderes de manera que, además de poder elegir diputados, puedan en otro proceso electoral elegir directamente al Presidente del Gobierno y que el poder judicial no esté controlado ni por los diputados ni por los gobiernos de turno.

Es decir, que nosotros defendemos y explicamos por qué en España no existe democracia sino un sistema de partidos o partidocracia, por qué con la partidocracia nuestros grandes problemas no pueden revolverse y por qué sin una democracia representativa tampoco es posible resolver ninguno.

Para ello es vital lograr hacer llegar esa información a millones de españoles para que sean conscientes de los problemas de nuestro actual sistema y por qué la alternativa que proponemos es la más conveniente. Como solemos explicar en nuestros programas, procuramos ofrecer criterios realistas para que las personas puedan ver cuál es la situación y qué se puede hacer al respecto.

Principalmente tenemos tres grandes líneas de trabajo. Una es el medio de comunicación en internet, tanto audiovisual con DEMOS TV como por escrito con el periódico El Crítico, que es la parte más visible y conocida entre la gente. Aparte de la producción de programas, especialmente La Hora de DEMOS y DEMOS CAÑA que son los habituales, procuramos contactar con otras radios y televisiones para colaborar con ellos ya sea como tertulianos u ofreciéndoles la emisión de nuestros programas. Felizmente, cada día vamos logrando más y más buenas relaciones con otros medios de comunicación.

Otra línea de trabajo es de corte más académico, ya sea por las conferencias y debates que organizamos, y que están disponibles en nuestro canal de Youtube para quien quiera verlas, como por ir elaborando estudios rigurosos que concreten detalladamente la letra pequeña de qué supone lo que proponemos. Ahora mismo, estamos cerca de terminar el primero sobre cómo sería y cómo funcionaría en España un sistema electoral de distritos como el inglés, en lugar del sistema de listas que tenemos, haciendo también un análisis comparativo a partir de todos los procesos electorales a nivel nacional desde 1976. En definitiva, de lo que se trata es de elaborar propuestas serias y realistas que vayan al grano y fundamentarlas todo lo mejor posible. Es realmente un trabajo muy completo y especialmente en lo matemático.

Finalmente, la última línea de trabajo sería la asociación en sí misma. Dado que todo nuestro trabajo es voluntario y no cobramos por ello, nos financiamos básicamente a través de los modestos ingresos de Youtube y de las cuotas y donaciones de nuestros socios y simpatizantes, con los que siempre estamos muy agradecidos por la confianza y el apoyo que nos brindan. Además, desarrollar la asociación a nivel legal y organizativo también facilita la preparación de eventos, la contratación servicios con empresas (estamos actualmente trabajando para lanzar una campaña a nivel nacional) y poder ir reuniendo a cada vez más y más personas que nos contactan para colaborar con nosotros aportando su grano de arena.

En suma, como decía al principio de lo que se trata es de lograr hacer llegar el mensaje a suficientes españoles como para que no sea posible a los grandes medios de comunicación seguir confundiendo, sean o no conscientes de ello, a los ciudadanos con falsedades.

¿Qué importancia tiene la política de los distritos electorales para representar a los ciudadanos?

Es el núcleo del sistema democrático entero, como los bloques de hormigón de sustentan un edificio. Por resumirlo de la forma más sencilla posible, la elección de diputados para representar a grupos de personas nació en la Edad Media y por ejemplo en España permitía a ciudades como Valladolid, Toledo o Burgos enviar sus representantes a las Cortes de Castilla para allí tratar con el Rey, en las Cortes del Reino, los asuntos que hubiera que atender. Con el tiempo, sobre base nacerán los sistema parlamentarios liberales típicos del siglo XIX en los que el Gobierno es elegido por el parlamento y no por el Rey, siendo el inglés el primero desde la Revolución Gloriosa de 1689, y desde 1776 a partir de ese modelo parlamentario nacerá en Estados Unidos la democracia representativa cuando al sistema de distritos se le añada la separación de poderes y sean los ciudadanos los que elijan directamente al titular del poder ejecutivo.

En España esté sistema empezó a tambalearse en la Segunda República y tras la guerra civil no se ha vuelto a conocer, instaurándose en el año 1976 durante la transición el sistema de listas que da el monopolio de elegir diputados, gobiernos y jueces a las cúpulas de los principales partidos. En contra de la representación ciudadana y la separación de poderes, lo que genera es una concentración de poder característica de las monarquías absolutas o los regímenes autoritarios (que, de hecho y de derecho, es).

Un sistema así, basado en el sistema electoral mayoritario por distritos, lo que hace posible es que las personas que son diputados de (y elegidos direcamente por) sus vecinos están en un estrecho vínculo institucional con sus votantes y dependen de ellos, y no de algún partido al que puedan o no pertenecer y que en todo caso resultán útiles precisamente como agrupaciones de votantes que unen recursos para las campañas electorales, así como inevitables por la libertad de asociación. Siempre solemos señalar para ofrecer una explicación muy útil el vídeo del diputado galés Chris Bryant con Jordi Évole en el programa de Salvados, disponible en Youtube, en el que se muestra cómo tiene que estar constantemente atendiendo a los vecinos de su distrito, cómo su trabajo es exclusivamente defender sus intereses tanto en el parlamento como en el día a día en sus problemas con el ayuntamiento, con el gobierno o alguna entidad pública de ese tipo.

Y por esto es que es tan importante, tan central, porque sin ese vínculo representados-representantes los políticos dependen no de una mayoría sino de alguna minoría, y aparte de no existir mecanismos para vigilar la actividad, y expulsar en su caso, a posibles corruptos o incompetentes, resulta que el sistema de listas actual lo que garantiza es precisamente que sean los corruptos o incompetentes los que más medran en la escalera del poder. Basta ver los cuadros de los grandes partidos, es un panorama tan infantil que sería gracioso si nuestra situación actual no fuera tan horrible para millones y millones de personas sujetas a esta porquería de sistema.

Igualmente es clave la separación de poderes.

Totalmente de acuerdo. Como señalaba anteriormente, la separación de poderes se opone a la concentración de poderes. Cuando pones al zorro a cuidar las gallinas lo normal es que las cosas acaben muy mal para las gallinas y eso es precisamente lo que ocurre ahora en España. Tenemos una coalición de partidos que, además de resultar difícil calcular cuándo acaba la corrupción consciente y cuando empieza la pura incompetencia, tiene el monopolio en exclusiva de decidir qué leyes se hacen y cuáles no, y basta mirar la política fiscal y la ley de presupuestos generales del Estado para ver en interés de quiénes legislan.

Por si fuera poco, ellos mismos se eligen como gobernantes para administrar el reparto del botín a todos los niveles (puesto que hay muchos cuadros en los partidos, desde los ayuntamientos hacia arriba, que de algo tienen que vivir), y por si acaso robar tanto miles de millones de euros les genera algún inconveniente en la opinión pública se cuidan mucho de tener bien controlado el Consejo General del Poder Judicial. Como dice el dicho, hecha la ley hecha la trampa. Como se puede deducir de todo esto, básicamente estamos ante unas bandas mafiosas que tienen secuestrado el Estado y nos están parasitando sin piedad, con el apoyo esencial de los grandes medios de comunicación de masas, los grandes sindicatos… Realmente es un problema muy grave, por lo que no es de extrañar los resultados que producen y que nos ha llevado a esta situación actual.

Contra este problema, la solución consiste precisamente en la separación de poderes porque permite que el poder esté todo lo descentralizado y transparente posible, y descansando la base desde la que surgen y en la que se sustentan en los ciudadanos y no en partidos que depende, de poderes económicos o políticos ajenos a los de los que pagan la factura y sufren las consecuencias de sus decisiones. Tienen poder sin responsabilidades exigibles ni mecanismos de control para exigirlas los ciudadanos, y eso es lo que hay que cambiar para poder tener una clase política competente.

Por poner un ejemplo, si en Estados Unidos el Presidente del Gobierno (ahí está el caso de Nixon) se le descubre algún escándalo imperdonable, la ciudadanía puede presionar a sus representantes para que inicien un impeachment que si tiene mayoría suficiente termina con la salida del poder del Ejecutivo. Y qué más quieren los políticos rivales, que buscar conquistar el poder, que su adversario cometa errores que puedan explotar en su beneficio.

De esa manera, los poderes al estar separados se vigilan entre sí para pillarse a la mínima en lugar de hacer pactos mafiosos, y si los hacen, porque no existe el sistema perfecto ni tampoco lo es el ser humano, la ciudadanía tiene más facilidades para saberlo y reaccionar si quiere. Por continuar con este ejemplo del impeachment, si la mayoría de ciudadanos de un distrito quisiera votar a favor del impeachment y su diputado no quisiera y persistiera en esa actitud, los electores podrían u obligarle a ello o incluso expulsarle y mandar otro diputado al congreso a que defienda lo que la mayoría de su distrito quiere.

Este ejemplo en España es impensable, pero en el mundo anglosajón los mecanismos de control y expulsión de titulares del poder tienen una larga tradición. No me gusta llamarlo revocación porque ahora mismo suena a los procesos revocatorios de Venezuela y no tiene nada que ver, aquello es un puro fraude hecho para aparentar y más falso que un billete de 6 euros.

También luchan contra todo aquello que atenten contra la unidad de España…

Por supuesto. La unidad de la nación es un requisito indispensable para que pueda existir un buen sistema político como el que proponemos, y que además garantiza y protege esa unidad contra los demagogos y populistas que tan bien medran en el sistema de partidos. Pero más allá de eso, para nosotros la unidad nacional es un bien irrenunciable ya que sin él básicamente seríamos políticamente más débiles en el mundo (importante a la hora de no terminar como un país tercermundista) y mucho más pobres.

Claro que amamos España, pero nuestra defensa de España no se limita a lo sentimental porque seamos españoles sino que va más allá, al puro realismo de darnos cuenta de que la unidad de España es un activo y no un pasivo que debemos aprovechar. Por no hablar de que, como nación soberana, precisamente nuestra obligación es buscar más unión y lazos de amistad y colaboración con el resto del mundo, especialmente con Hispanoamérica y con el ámbito anglosajón y europeo, en lugar de buscar suicidarnos para ver si así cada casa de cada barrio de cada ciudad consigue su propio Estado y sentir muy intensamente su ideología nacionalista barata. Eso es pura invención y demagogía de la que partidos y medios de comunicación son cómplices.

Y contra las libertades más elementales…

Sí. Nosotros explicamos que para que las personas a título individual (uno de los seres más débiles que existen contra las masas fanáticas o Estados corruptos) puedan proteger sus libertades (más bien derechos) individuales, como los de expresión, manifestación, reunión, propiedad, integridad física, etc., la clave está en que existe una libertad política colectiva cristalizada e institucionalizada en ese diseño de instituciones que supone la democracia representativa, y que está jurídicamente registrada en el documento que se llama Constitución.

Actualmente, como nuestros derechos no están sustentados de esa forma sino que han sido concedidos por una oligarquía en la Transición, y por lo tanto no hay garantía alguna mas allá de ciertos límites morales que como vemos cada día van decayendo más y más, vemos cómo el grado de autoritarismo y de control estatal de la vida de las personas se va agravando más y más. Cuando los políticos no son elegidos y controlados por la gente con la verdad, la libertad y la lealtad por delante, lo que aparecen son camarillas de politicuchos apoyados en grandes empresas y medios de comunicación que viven a base de robar y engañar. Y ello a su vez obliga a crear todo un teatro demagógico digno del orweliano mundo de 1984, pero como resulta suficiente toda esa gran mentira al final inevitablemente el régimen de libertad individuales concedidas se va reduciendo para evitar que sean usadas como punto de apoyo para amenazar su entramado de poder y corrupción.

Por decirlo en pocas palabras, si encadenas a una persona a una pared solo con una mano encadenada y la otra libre, esa persona tenderá a usar la mano libre que le queda para liberar a la otra y así liberarse entero. Por ello, es lógico y normal que los esfuerzos de los últimos gobiernos que hemos tenido, especialmente este con la actual novedad de las redes sociales pero ya desde hace décadas en el sistema educativo, radio, televisiones, periódicos, etc., procuren evitar toda posibilidad de que se organice una verdadera oposición al sistema. Es precisamente por cuestiones cómo esta la escasa confianza que tenemos en los partidos nuevos, ya sea Ciudadanos o Podemos en su momento o últimamente Vox. ¿Por qué, si como sabemos nosotros fuera de toda duda, ellos saben todo esto, no dicen nada? Ojalá algún día nos respondan.

¿Cómo se puede colaborar con ustedes?

Cualquiera que quiera echar una mano, y no sepa cómo o quiera sumarse más activamente, le recomendamos que se ponga en contacto con nosotros a través de nuestra página web https://demoslibertad.com

Aparte de este detalle, lo más importante para nosotros es que cada vez más gente sea consciente del proyecto que estamos poco a poco levantando y extendiendo hasta que sea masivo e incontrolable por la oligarquía de partidos que tan mal nos gobiernan y que tan poco les importamos. Por ello, lo más básico es informarse debidamente y luego darlo a conocer al entorno cercano. La verdad es que nos parece poco útil invertir las energía en discutir cansinamente con desconocidos en redes sociales porque aunque las redes sociales tienen un potencial innegable (y de hecho son un pilar fundamental para nosotros), creemos que hay mejores formas de aprovechar así como otras formas más valiosas de ayudar.

Junto a ese entorno cercano, últimamente lo más básico que necesitamos es personas que nos ayuden a contactar con las radios y televisiones locales de sus regiones para aumentar las colaboraciones y llegar a más personas. A partir de ahí, si se posee una perfil más cualificado para colaborar en el área de medios, por poner un ejemplo, perfecto. Al final es trabajo voluntario y cuantos más seamos más abarcamos, por lo que ante todo siempre decimos a los compañeros que cada uno haga lo que buenamente pueda de forma libre, responsable y con buen humor, porque aquí hemos venido a aportar una gran alegría y una bonita esperanza realista de un mundo radicalmente mejor para nosotros, nuestros seres queridos y nuestros compatriotas presentes y futuros.


Una respuesta a ««DEMOS»: porque el sistema electoral español ni es democrático ni representativo de la voluntad popular»

  1. La solución de España y de otras naciones de Europa no creo que pase por el liberalismo, por mucho que ese liberalismo se pretenda blanquear en este artículo.

    Que el sistema electoral que hay en España sea una basura, no significa que haya que copiar el sistema inglés que es otra basura. No acabamos de entender y de asumir que las «Democracias» liberales de democracias sólo tienen el nombre. Lo importante en política no es el ritual o el balet, como si de una coreografía de una obra de teatro se tratara. Lo importante en política es la sagrada misión de servir a España, gastando las energías en este servicio a España no en atender a la prensa o haciendo el paripé para aparentar que se trabaja cuando en realidad no se hace nada.
    No acabamos de asumir que los que dominan el mundo no imponen las «democracias liberales» porque crean que son buenas para los pueblos o porque deseen que esos pueblos tengan una vida verdaderamente democrática. Los que promovieron la descolonización de África no lo hicieron por la libertad de estos pueblos, sino como manera de asaltar los recursos naturales de estas naciones sin el obstáculo de una Administración europea. Los que impusieron los regímenes liberales en el mundo no lo hacen para otorgar una vida verdaderamente democrática a los ciudadanos, sino porque la democracia liberal, que de verdadera democracia sólo tiene el nombre, como un disfraz, es el sistema que dominando los medios de comunicación permite dominar a las naciones. Manipulando a la mayoría se consigue dominar a la nación, porque aunque haya una parte sensata de la misma, ésta es siempre una minoría que nunca puede obtener el poder porque en las democracias los votos no se pesan sino que se cuentan y el voto de dos mentecatos vale el doble que el de Ramón y Cajal, y los mentecatos son siempre mayoría en todos los países, sobre todo si la Educación y los medios de comunicación están orientados a fabricar mentecatos y no hombres de honor.

    (Carta publicada en «ABC» el 22 de marzo de 1933.)

    A Juan Ignacio Luca de Tena:

    Sabes bien, frente a los rumores circulados estos días, que no aspiro a una plaza en la jefatura del fascio, que asoma. Mi vocación de estudiante es de las que peor se compaginan con las de caudillo. Pero como a estudiante que ha dedicado algunas horas a meditar el fenómeno, me duele que ABC –tu admirable diario– despache su preocupación por el fascismo con sólo unas frases desabridas, en las que parece entenderlo de manera superficial. Pido un asilo en las columnas del propio ABC para intentar algunas precisiones. Porque, justamente, lo que menos importa en el movimiento que ahora anuncia en Europa su pleamar, es la táctica de fuerza (meramente adjetiva, circunstancial acaso, en algunos países innecesaria), mientras que merece más penetrante estudio el profundo pensamiento que lo informa.

    El fascismo no es una táctica –la violencia–. Es una idea –la unidad–. Frente al marxismo, que afirma como dogma la lucha de clases, y frente al liberalismo, que exige como mecánica la lucha de partidos, el fascismo sostiene que hay algo sobre los partidos y sobre las clases, algo de naturaleza permanente, trascendente, suprema: la unidad histórica llamada Patria. La Patria, que no es meramente el territorio donde se despedazan –aunque sólo sea con las armas de la injuria– varios partidos rivales ganosos todos del Poder. Ni el campo indiferente en que se desarrolla la eterna pugna entre la burguesía, que trata de explotar a un proletariado, y un proletariado, que trata de tiranizar a una burguesía. Sino la unidad entrañable de todos al servicio de una misión histórica, de un supremo destino común, que asigna a cada cual su tarea, sus derechos y sus sacrificios.

    En un Estado fascista no triunfa la clase más fuerte ni el partido más numeroso –que no por ser más numeroso ha de tener siempre razón, aunque otra cosa diga un sufragismo estúpido–, que triunfa el principio ordenado común a todos, el pensamiento nacional constante, del que el Estado es órgano.

    El Estado liberal no cree en nada, ni siquiera en sí propio. Asiste con los brazos cruzados a todo género de experimentos, incluso a los encaminados a la destrucción del Estado mismo. Le basta con que todo se desarrolle según ciertos trámites reglamentarios. Por ejemplo: para un criterio liberal, puede predicarse la inmoralidad, el antlpatriotismo, la rebelión… En esto el Estado no se mete, porque ha de admitir que a lo mejor pueden estar en lo cierto los predicadores. Ahora, eso sí: lo que el Estado liberal no consiente es que se celebre un mitin sin anunciarlo con tantas horas de anticipación, o que se deje de enviar tres ejemplares de un reglamento a sellar en tal oficina. ¿Puede imaginarse nada tan tonto? Un Estado para el que nada es verdad sólo erige en absoluta, indiscutible verdad, esa posición de duda. Hace dogma del antidogma. De ahí que los liberales estén dispuestos a dejarse matar por sostener que ninguna idea vale la pena de que los hombres se maten.

    Han pasado las horas de esa actitud estéril. Hay que creer en algo. ¿Cuándo se ha llegado a nada en actitud liberal? Yo, francamente, sólo conozco ejemplos fecundos de política creyente, en un sentido o en otro.

    Cuando un Estado se deja ganar por la convicción de que nada es bueno ni malo, y de que sólo le incumbe una misión de policía, ese Estado perece al primer soplo encendido de fe en unas elecciones municipales.

    Para encender una fe, no de derecha (que en el fondo aspira a conservarlo todo, hasta lo injusto), ni de izquierda (que en el fondo aspira a destruirlo todo, hasta lo bueno), sino una fe colectiva, integradora, nacional, ha nacido el fascismo. En su fe reside su fecundidad, contra la que no podrán nada las persecuciones. Bien lo saben quienes medran con la discordia. Por eso, no se atreven sino con calumnias. Tratan de presentarlo a los obreros como un movimiento de señoritos, cuando no hay nada más lejano del señorito ocioso, convidado a una vida en la que no cumple ninguna función, que el ciudadano del Estado fascista, a quien no se reconoce ningún derecho sino en razón del servicio que presta desde su sitio. Si algo merece llamarse de veras un Estado de trabajadores, es el Estado fascista. Por eso, en el Estado fascista –y ya lo llegarán a saber los obreros, pese a quien pese– los sindicatos de trabajadores se elevan a la directa dignidad de órganos del Estado.

    En fin, cierro esta carta no con un saludo romano, sino con un abrazo español. Vaya con él mi voto por que tu espíritu, tan propicio al noble apasionamiento, y tan opuesto, por naturaleza, al clima soso y frío del liberalismo, que en nada cree, se encienda en la llama de esta, nueva fe civil, capaz de depararnos fuerte, laboriosa y unida una grande España.

    JOSE ANTONIO PRIMO DE RIVERA

    (ABC,
    22 de marzo de 1933)

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