Desarraigar de España al Sagrado Corazón

«Desvincular la Consagración al Corazón de Jesús de cualquier lectura política o de nostalgias de épocas pasadas» 

Jesús Bastante

Jesús Bastante firmó y publicó el 19 de junio 2019 en Religión Digital, la noticia de que, ante la proximidad de la celebración en el Cerro de los Ángeles del Centenario de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, el próximo 30 de Junio 2019, el obispo de Getafe, Mons. Gines Garcia Beltrán, estaba preocupado por la esperada presencia, en dicho acto, de grupos afines a la ultraderecha que pusiesen en evidencia la nostalgia de la España Grande y Libre, por lo que ha pedido “desvincular cualquier lectura política o de nostalgias de épocas pasadas “de la consagración de España al Corazón de Jesús.

Ante esta cobarde noticia, pregunto: ¿No será que el Sr. Obispo de la diócesis de Getafe pretende no evidenciar la situación de la España actual, que ha dejado de ser católica, según las recientes declaraciones del portavoz y Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, Mons. Argüello, en contraposición a la España Católica que renació por la sangre de nuestros mártires, de los trece obispos y de los miles de sacerdotes, religiosos y católicos que murieron con el perdón en sus labios?

Mons. Gines Garcia Beltrán

Al Sr. Obispo, Don Gines García Beltrán, le ruego que sea objetivo y que ponga los pies en tierra; las “nostalgias de las épocas pasadas” de que nos habla S.E. Reverendísima, son la realidad pura y  evidente de que gracias a ellas, podrá celebrarse el próximo 30 de junio el acto en un nuevo Monumento, que no ha caído del cielo por un milagro, sino porque fue construido por un católico ferviente llamado  Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España y Jefe del Estado Español por la gracia de Dios ([i]), tras el fusilamiento y posterior dinamitación del antiguo Monumento por milicianos rojos en agosto de 1936; y que en 1965, cuando S.E, Reverendísima tenía apenas cuatro años, le inauguró  como “nostalgia pasada”, y, previo al Acto de Desagravio por lo sucedido en la guerra, leyó la fórmula de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, que ya había renovado en 1944, coincidiendo con el vigésimo quinto Centenario de la efectuada en 1919 por el Rey Alfonso XIII, y que después lo volvió a renovar legítimamente en 1969, en el cincuenta aniversario, como solo puede hacerlo un Jefe del Estado Español. Excuso decir que fue una ceremonia impresionante a la que nadie nos obligó a asistir, como pueda creer algún malpensado.

Hechos y no nostalgias, que han sido silenciados y ocultados por la Jerarquía y los medios de comunicación como si el nuevo Monumento hubiese surgido por arte de birlibirloque. Cuando la realidad es que este nuevo Monumento se pudo realizar y se realizó, como he apuntado anteriormente, por iniciativa y orden expresa del Generalísimo Franco, con el esfuerzo y constancia de un grupo de mujeres llamadas “Obreras del Cerro”, que se dedicaron a recoger, de forma voluntaria, donativos para tan singular empresa. Siendo tan importante y eficaz su labor, que les fue reconocida previa la inauguración del nuevo Monumento, depositando, dentro de la piedra que cubre la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, un pergamino con la lista de todas estas “obreras”, con sus nombres y apellidos. Y hago esta manifestación con el orgullo de un hijo que tiene escrito el nombre de su madre en dicho documento.

Hay que tener en cuenta que, para renovar oficialmente  la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, ha de ser, imprescindiblemente para su legitimidad y oficialidad,  realizarla y pronunciada o leída el Jefe del Estado Español,  nuestro Rey Felipe VI: Pero como preví con lógica anunciada que el Jefe del Estado no asistiría a dicho acto, dejé firmada y sin enviar una carta, que como Secretario General de la Asociación para la Reconquista de la Unidad Católica de España, había escrito dirigida al Jefe de la Casa Real invitando a que Su Majestad el Rey leyera la renovación el 30 de junio en el Cerro de los Ángeles, porque estando, como estamos, en un país aconfesional, entendí que mi petición sería papel mojado. Amén de que a Felipe VI, como es de notoria realidad, no querrá hacer tan importante acto como hizo su bisabuelo, tras recibir el mayor aldabonazo masónico, exigiéndole la implantación del divorcio, terminar con la enseñanza religiosa y marginar a los católicos en tareas de Gobierno, porque son hechos que, por cierto, están ya instituidos en nuestra Patria.  Razón por lo que la Consagración que efectúe el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, en representación del residuo de una España que ha dejado de ser católica, no será nunca una consagración oficial de nuestra Patria, tal y como lo fue en 1919, y las posteriores de 1965 y 1969.

En 1945 Franco presiden una Misa multitudinaria en el cerro de los Ángeles

Y es que, nos guste o no, la gran mayoría del pueblo español, y eso no es una “nostalgia” sino una situación real, no cree ya en nada salvo en su estómago y en su cuenta bancaria. El hedonismo y materialismo son los dueños de sus sentimientos.  Hay que pasarlo bien y a vivir que son dos días. Ya no hay normas morales. Cuesta decirlo, pero, el pueblo español está vacío de Dios y solo desea disfrutar ahora lo más posible. Los abortos y divorcios se multiplican, los suicidios, a pesar de ser encubiertos, se repiten constantemente, sin que a nadie le importe ni haga nada por evitarlos. La inmoralidad y la corrupción campan a sus anchas, y no solo entre los políticos, sino fundamentalmente entre la gente aparentemente corriente. Se ha perdido la decencia, se desprecia la honradez, se mofan de la gente normal, se alardea y promueve las infidelidades y la promiscuidad, la pornografía, la prostitución y la pederastia; se ha normalizado la perversión y la impudicia, se ha intensificado la violencia género y el absurdo vejatorio del feminismo ideológico; incluso se reconoce la profanación y la blasfemia como algo consecuente, y lo que es aún más grave, sin ser “nostalgia pasada”, se enorgullecen de sus depravaciones… España es hoy, y perdonen este atrevimiento, una cloaca infecta donde toda inmundicia tiene cabida.

Ahora bien, la palma de esta degradación del cristianismo en España la tienen los hombres de Iglesia que permiten y proclaman que todas las religiones son queridas por Dios; al tiempo que permiten y propagan el indiferentismo religioso, pidiendo constantemente perdón por los pecados de otros, dejando los suyos a buen recaudo. Esos que pretenden celebrar el Centenario de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, al mismo tiempo que, incongruentemente, ha destronado la Realeza Social de Nuestro Señor Jesucristo en España al promover, colaborar y apoyar una Constitución atea.  Esos que permiten y suscitan un enfrentamiento radical entre una concepción religiosa y una concepción atea de la sociedad y de la vida. Esos que permiten y originan las divergencias en la valoración y en la interpretación del ser católico de España, confundiendo el deseo de construir una sociedad española tradicional católica con una mutación cultural y filantrópica en menoscabo de la fe. En definitiva, Esos trágalas que, pretenden construir un nuevo paradigma eclesial, al margen de la nostálgica tradición y del Magisterio perenne de la Iglesia que se ha enseñado siempre y en todo lugar.

Consagración de España al Sagrado Corazón realizada por Franco en 1964

Por consiguiente, afirmar públicamente lo que ha llamado “nostalgias del pasado”, cuando el presente se tambalea, me hace recordarle a S.E. Reverendísima y demás obispos y sacerdotes, que lo son hoy, gracias a que Francisco Franco no permitió que se hiciese un gulag en nuestra patria. Les ruego recuerden el dicho popular que es de bien nacidos ser agradecidos, y agradezcan que aún quedemos nostálgicos en España, aunque seamos mal venidos y recibidos (como si no fuésemos hijo de la Iglesia) porque con nuestra presencia, y esa es la pura verdad, les recuerda el lugar en el que deberían estar S.E. Reverendísimas, como lo estamos nosotros, los mal llamados de extrema derecha, católicos en la vanguardia y en lucha permanente por la reconquista de la Unidad Católica perdida que, permítame recordarles,  fue causada por gran parte de la Jerarquía española apuntalando con el voto católico a una Constitución sin Dios,  a la que hoy siguen S.E. Reverendísimas apoyando en su gran mayoría, lo que, sin “nostalgia del pasado”, nos ha llevado  a esta España irreconocible.

Espero, sin embargo, porque no soy pesimista, que esta Conmemoración del  Centenario de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús del próximo 30 de junio (con un mes de retraso), a pesar de que estos obispos prohíba la asistencia de la bandera de España, y de que en esa ceremonia no podrá renovarse la Consagración de España, puesto que ni el cardenal de Madrid  ni los obispos asistentes pueden consagrar a la Patria, podrán consagrar sus diócesis  o a un grupo de personal, pero no estas capacitados para la consagración de España, por lo que espero que la oración piadosa que empleen  sirva para  aplacar, al menos, la degradación de la cultura católica, que ha sido mantenida por un modernismo sin freno en los dos sectores más singulares de la actual Iglesia, tanto los llamados conservadores como en los autoidentificados  progresistas, pues ambos, como asevero con rotundidad, son modernistas, que desde hace varias décadas, se han abierto al mundo (como si éste no fuera uno  de los enemigos capitales del alma) descuidado la herencia brillante de las fuentes de la Revelación, que deberían ser cuidadas como una misión gloriosa.

Adelantándome al 30 de junio, me dirijo a cuantos españoles, por los impedimentos que han puesto para asistir al acto, no puedan concurrir al Cerro de los Ángeles, desde lo más profundo de sus corazones, pidan al Sagrado Corazón de Jesús por España, para que ante la vista de tantos males como está padeciendo nuestra Patria, común e indivisible, se acuerde de su Promesa, hecha al Padre Hoyo, de reinar en España y con más veneración que en otras partes, para que su Reinado de Amor se establezca ya y definitivamente en nuestra querida España. Que prenda aquí con mayor fuerza ese fuego divino y de aquí se comunique por todo el mundo. Sea el Divino Corazón, la victoriosa bandera que presida las justas ansias de restauración tradicional y misionera de la nación que más ha hecho por la extensión de su Reinado en la tierra, y otorgue a nuestra Patria la victoria, ayudándola a vencer a sus enemigos que son los suyos. ¡Señor, acelera el Reinado de tu Sagrado Corazón!

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[i] El 20 de mayo 1939 Francisco Franco hincado de rodillas en el altar de la Iglesia de santa Bárbara de Madrid, fue bendecido como Caudillo por el cardenal Primado de España, cardenal Isidro Gomá: “El señor sea siempre contigo. Él, de quien procede todo Derecho y todo Poder y bajo cuyo imperio están todas las cosas, te bendiga y con amorosa providencia siga protegiéndote, así como al pueblo cuyo régimen te ha sido confiado. Prenda de ello sea la bendición que te doy en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

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