Desde lo profundo de nuestros corazones

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Este es, «Desde lo profundo de nuestros corazones», el título del libro que, escrito al unísono por el cardenal Sarah y Benedicto XVI –sí, como lo leen, y la prueba está en la carta que reproducimos en la que Benedicto XVI confirma tal hecho–, ataca directamente a las pretensiones que torticera y ladinamente viene dejando entrever Francisco I de permitir en breve la supresión de la obligatoriedad del celibato sacerdotal.

Ataque ruin y peligrosísimo este de suprimir el celibato sacerdotal, porque tal cuestión es esencial para mantener a nuestros sacerdotes alejados de la carne y también del mundo y, claro, del Demonio, los tres enemigos por excelencia del alma, así como de distraerse de su sagrado ministerio con cosas que no le llegan ni a la altura de las zapatillas.

El celibato sacerdotal católico es pilar esencial, hecho distinguido, prueba de amor total, sacrificio excelso. Por todo ello, y por mucho más, se le ataca con tanta furia e insistencia en la actualidad, aprovechando la crisis de fe tan profunda que corroe a buena parte de los sacerdotes y jerarquía, porque el enemigo sabe que destruyendo tan magnífico fundamento asestará un golpe mortal al clero.

Por eso también, el cardenal Sarah –insigne luchador por la Verdad–, y con él Benedicto XVI desde su ostracismo voluntario, lanzan este magnífico libro ahora, porque saben que la batalla por el celibato es fundamental en la guerra del Mal contra el Bien y Su Iglesia.

También por eso mismo, los secuaces de Francisco I no han tardado en reaccionar intentando desacreditar no sólo al cardenal Sarah, empeño absurdo, sino más aún si cabe a la participación de Bendicto XVI negándola, que es lo mismo que hacen los hampones cuando se ven cogidos: negar la mayor. Claro que no contaban con la carta del Papa emérito al cardenal en la que dice que le adjunta su parte del texto para el libro, con lo que la burda maniobra de Francisco I ha quedado al descubierto y neutralizada.

Defendamos con uñas y dientes el celibato sacerdotal, afeemos a los malos pastores que quieren imponerlo su actitud, no nos dejemos engañar, esta es una batalla esencial. Y es que entre nosotros hay no pocos de no son de los nuestros.

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