«Dios. La ciencia. Las pruebas. El albor de una revolución» ¡Ya no cabe la más mínima duda!

Michel-Yves Bolloré
Olivier Bonnassies

Ya se puede leer en español un libro que en Francia, donde se publicó por primera vez, causó sensación y… polémica en extremo. Nos referimos a «Dios. La ciencia. Las pruebas. El albor de una revolución» (Editorial Funambulista) del que son autores Michel-Yves Bolloré y Olivier Bonnassies, y colaborador Robert Woodrow Wilson. Bonnassies es licenciado en Politécnica, tiene una licenciatura por el Instituto Católico de París, y es fundador de «Aleteia» (AQUÍ), una de las web católicas más importante del mundo. Bolloré es ingeniero informático y empresario. Woodrow fue premio Nóbel de Física en 1978. Para la edición española se incluyen dos muy buenos prólogos: uno, del propio Woodrow Wilson, y, otro, de Elvira Roca Barea, lo que constituye una garantía, por lo que insertamos al final de estas palabras de presentación un extracto del mismo. De entrada, debemos decirles que, si pueden, no duden en leerlo, merece la pena; y mejor aún en regalarlo tanto a creyentes para su mejor formación, como más aún a no creyentes, a ver si de una puletera vez creen.

Robert Woodrow Wilson

El libro es el resultado de tres años de trabajo en colaboración con unos veinte científicos y especialistas de alto nivel. En él, se presenta a la ciencia como un campo de batalla entre la fe y las leyes de la física. En ese combate, no cabe duda de que comenzó ganando el materialismo, pero ya queda claro y se demuestra gracias a los avances casi increíbles de la ciencia, que no es posible explicar el Universo sin recurrir a Dios. Los autores aportan las pruebas científicas irrefutables de la existencia de Dios y, con ellas, proclaman la victoria de la fe sobre el materialismo y sus variantes y consecuencias. Así, frente a los que aseguran que la creación no necesitó intervención divina, Bonnassies y Bolloré insisten en que la enorme acumulación de pruebas científicas hoy existente demuestran, sin lugar a dudas y a la luz de la propia ciencia, la existencia de un Dios creador de todo.

No cabe duda de que a principios del siglo XX se asistió al triunfo intelectual del materialismo, pero de forma tan imprevista como sorprendente  –¿o providencial?–, la ciencia se puso en movimiento y giró en sentido inverso, con una fuerza increíble. Los descubrimientos de la relatividad, de la mecánica cuántica, de la expansión del Universo y de la complejidad de la vida llegaron en cascada y de forma imparable, dinamitando las certezas ancladas en el espíritu materialista de dicho siglo, hasta el punto de que hoy se puede decir que el materialismo nunca fue más que una creencia como otra cualquiera, y tan absurda y endeble que está en vías de transformarse en una creencia irracional. Con un lenguaje accesible a todos, los autores retoman, de manera apasionante, la historia de esos avances y ofrecen un panorama riguroso de las pruebas de la existencia de Dios. Y lo hacen de tal manera que, si en el siglo XX creer en Dios se consideró por muchos como contrario a la ciencia, ahora ya en el XXI podemos afirmar que no creer en Dios es, realmente, estar en contra de la ciencia. Allá el que así se empecine en vivir.

Del prólogo de Elvira Roca Barea:

“El argumento central de esta obra notablees que la ciencia no desmiente la existencia de Dios, sino que más bien la prueba. Lo que significa que los no creyentes estamos abrazando una idea no científica”

Elvira Roca Barea

“En ninguna parte del mundo más que en Occidente se habría podido concebir un libro como éste. Y es una buena noticia que a estas alturas del siglo XXI, cuando atraviesa la que es posiblemente la crisis más
profunda de su historia, nuestra civilización sea todavía capaz de producir una obra tan ambiciosa y lo es en la medida que propone un debate profundo y significativo en la frontera de nuestra capacidad de comprensión, entre la teoría del conocimiento y la metafísica ”

“El éxito de este libro en Francia ha sido verdaderamente extraordinario. Las cifras de venta son sensacionales, lo que suele ser una buena carta de presentación para un libro en España. En octubre de 2022, apenas un año después de su publicación, había vendido 250.000 ejemplares y suscitado debates intensos y elogiosas opiniones entre personalidades de origen muy diverso: judíos, científicos ateos, científicos creyentes, masones, musulmanes, protestantes y un largo etcétera.”

“Independientemente de lo difícil que es para nuestro cerebro humano colocarse en el límite de lo que puede asimilar o concebir y no caer en la desesperación o en el absurdo, es destacable aquí la magnífica exposición, comprensible para casi todos los públicos, de las principales teorías que en la actualidad barajan los científicos, algunas de ellas muy complejas y con pocas posibilidades de hallar una explicación lo suficientemente didáctica, sin sacrificar lo necesario. Los autores de este libro han hecho un esfuerzo pedagógico muy notable.”


5 respuestas a ««Dios. La ciencia. Las pruebas. El albor de una revolución» ¡Ya no cabe la más mínima duda!»

  1. El problema de este libro es que propone una metodología «científica» para explicar verdades teológicas que, buenamente, pueden prescindir de tales argumentarios positivos. Cuando el problema central del debate en torno a Dios no es «ciencia contra religión», sino «religión contra religión», es decir, de una parte el credo ateo de los cientifistas frente a las verdades reveladas por la Sagrada Escritura.
    Este tipo de libros, realmente, son un semillero para hacer deístas, tipo Anthony Flew.

  2. A mi modo de ver, el libro expone de forma convincente el hecho de que muchos de los últimos descubrimientos científicos avalan (mejor que “demuestran”), la idea de la existencia de un Creador o Autor, en contraposición a la idea propia de la visión materialista y atea de que todo ha sido hecho por azar y accidente. En este sentido, la primera parte del libro cumple muy bien con este objetivo, haciendo que “sea más científico creer en un Dios creador del universo que no en lo contrario”, en acertada expresión de la Sra. Elvira Roca Barea.

    Ahora bien, ese Creador o Autor del universo -inferido científicamente- podría ser cualquiera de los dioses de muchas religiones, no necesariamente el Dios cristiano. De ahí que, en la segunda parte, al presentar algunas pruebas no científicas, el libro toma partido por el Dios de la Biblia, en detrimento de otros candidatos y religiones potenciales. Y, dando un paso más, el libro se decanta (un tanto, tímidamente, a mi entender) por el Cristianismo, considerando a Jesucristo como verdadero Hijo de Dios, y descartando otras visiones reduccionistas de la figura de Jesucristo, existentes en otras religiones, como, por ejemplo, el Judaísmo y el Islam.
    En este punto, un escritor católico -como, por ejemplo, el Padre Manuel Carreira- hubiera añadido un paso adicional más proponiendo la religión Católica.

    Como aspectos negativos, yo encuentro que el libro introduce innecesariamente algunas cuestiones de tipo ideológico y político, cuyo tratamiento podría ser calificado de poco riguroso y de parcialista.

  3. Otro aspecto positivo merece ser destacado de este libro: En la segunda parte, dedicada a aportar pruebas no científicas de la existencia de Dios, se introduce como prueba “la existencia del pueblo hebreo-judío, su pervivencia a través de los siglos, superando todos los intentos de aniquilación, así como sus obras y aportaciones”. Se trata de un argumento que no ha sido utilizado con mucha frecuencia, pero que ha sido reconocido como tal por diversos autores a lo largo de la historia. Y es que no ha pasado desapercibido el hecho de que el pueblo judío constituye un caso único en la historia universal, y sólo apelando a la protección de Dios se puede explicar su propia historia. Por consiguiente, según este razonamiento, el pueblo judío sería un testimonio de la existencia de Dios.
    En este sentido, el libro hace referencia a citas de varios personajes de la historia que se pronunciaron sobre este particular.

    En otro orden de cosas, además, hay que felicitar a la Editorial Funambulista por la impecable edición de este libro.

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