Dos pares de ojos verdes y una mirada perdida

Hace tres años acudí a una comisaría de policía para inquirir sobre una cuestión. El policía que me atendió fue profesional, y me satisfizo su respuesta. Nuestra breve conversación se mantuvo con su mirada perdida, lejos de la mía. A juzgar por la expresión de su cara, diría que se encontraba triste y cansado, tal vez sólo lo primero, combinado con desánimo o decepción. Cómo no lucir esos rasgos en el semblante si tantos hombres jóvenes e idealistas entran en el Cuerpo deseando servir y proteger, y esos mismos a los que con buena intención y voluntad tratan de ayudar (los ciudadanos), con frecuencia les desprecian e infravaloran, el gobierno al que obedecen les denigra y pone en peligro, y en ocasiones sus jefes abusan de su poder maltratándoles. Tantos uniformados españoles son golpeados a diario por los cuatro costados.

Deseé contar a ese policía que yo sí soy consciente de todo ello, que cada vez que miro un uniforme, vehículo policial o comisaría, pienso en las circunstancias de su profesión. Que conozco su tasa de suicidio, y los años de dolor acumulado, corroyendo las entrañas, que suelen preceder al gatillo. Que me doy cuenta de que a diario él contempla el producto social de la estupidez, ignorancia y crueldad humanas, una sociedad abocada al caos, la disfunción y por ende la falta de progreso, a causa de políticos (y los ciudadanos que les votan) incompetentes, ladrones, y abusadores. Centrados en alimentar su ego, su cartera, sadismo y rencillas personales, utilizando para ello a una Nación; aniquilándola, vendiéndola. Quise hacer partícipe a ese policía de que conozco el estrés diario que supone su labor, el hecho de que tantos de ellos viven traumatizados porque su cotidianidad consiste en encontrarse cerca de asesinatos, violaciones, ahogamientos, droga, pederastia, heridos y quemados. Que entiendo el ansiar defender y ayudar, y tener las manos atadas por la propia ley. La desesperación, frustración, y la pérdida de idealismo e iniciativa que ello genera en los agentes y guardias civiles a medio plazo.

Comprendo el dolor de ver a sus compañeros cruzar el punto de no retorno y quitarse la vida, y tener que experimentar esa permanente situación de pérdida y violencia en silencio: dentro de los Cuerpos de Seguridad continúa presente, aunque afortunadamente cada vez menos, la intransigencia hacia la expresión verbal del sufrimiento emocional, por considerarlo signo de debilidad o falta de hombría. Lo que en realidad supone el silencio, es el enquistamiento de la aflicción y el tormento, que mata en vida a la persona, la deshumaniza. Así llega el día en que continuar viviendo roto por dentro, bloqueado emocionalmente, sólo por inercia como una máquina, carece de sentido. Los políticos y altos mandos de los Cuerpos conocen esa situación mejor que nadie, los segundos miran el rostro de sus hombres al regresar de cada misión, asalto o aviso, y a tantos no importa las heridas internas que perciben comenzar a generarse. CNP y Guardia Civil llevan años luchando por la implantación de un protocolo antisuicidios: aunque ha podido disuadirse a algún suicida, es difícil solucionar un problema cuando ha tocado fondo, cuando la oscuridad es ubicua y dejar de respirar es lo único deseable. Los problemas suelen poder solucionarse cuando están comenzando, es decir, cuando el agente regresa y se le permite expresar en voz alta no me encuentro bien. También podría ayudar a reducirse el problema del suicidio en los Cuerpos de Seguridad, colocando a un competente psicólogo o psiquiatra, 24 horas al día, 365 días al año, en cada comisaría, comandancia y base militar española, en casa y el extranjero. Sin embargo, para lo importante en España nunca hay recursos; para despilfarrar en gastos superfluos y privados de políticos y altos cargos (prostitutas, banquetes, coches, viajes, droga, etc.), siempre existen millones al alcance de la mano. Me pregunto cuál sería la reacción social y de los sobornados medios de comunicación, si un ministro se suicidase: se difundirían especiales de salud mental durante un mes en cada canal, emisora y periódico. Los suicidios de guardias civiles, policías y personal de las Fuerzas Armadas, aún no han abierto el telediario un solo día. Tal vez se deba a que existen muertos de primera y de segunda categoría, o que nos hemos acostumbrado a perderles.

Los Cuerpos de Seguridad parecen un personaje más en el teatro de títeres: se utiliza astutamente un discurso de patriotismo, entrega, protección y defensa, para atraerles. Les adiestran, les arman… para después los políticos cada día reprimirles, no permitiendo que vivan esos valores, y evitando que hagan su trabajo: muchos agentes no llegan a disparar una vez en toda su vida profesional porque existen posibilidades de que, si lo hacen, acaben en la cárcel, como poco destruyendo su carrera y enfrentándose a sanciones y multas importantes. En España la ley existe para defender al malhechor, no sale a cuenta proteger ni siquiera la vida propia: un ilegal entra en propiedad privada con una motosierra en la mano, y es el anciano que se defiende quien es encarcelado. Parece mejor opción dejar que a uno maten, y más tarde se decreten tres días de luto en el ayuntamiento correspondiente, con el político-actor acudiendo a aplaudir y fotografiarse, a mostrar solidaridad.

Los guardias civiles enviados a la frontera de Ceuta y Melilla, son agredidos con barbarismo por invasores moros y subsaharianos, y el gobierno les sanciona si llevan a cabo cualquier acción excepto soportar que les aplasten las costillas a pedradas. Cómo no va a producirse un suicidio cada veintiséis días en la Guardia Civil… En Vascongadas los policías en casa han de colgar el uniforme para secar dentro de casa, nunca en el tendedero del patio de vecinos, para que nadie descubra su profesión: defender la Constitución y ofrecer seguridad, en esa zona de España hace peligrar la vida de la familia del agente, aparte de la suya propia. Mientras, etarras se sientan en el gobierno. Éste permite homenajes a terroristas, y cuando familia y amigos de víctimas del terrorismo demuestran más coraje que el consejo de ministros completo, colocándose físicamente frente a los asesinos para recordarles que lo son, portando una bandera de España, dicho gobierno envía a la Policía para proteger a los etarras, que son sus propios asesinos.

Iván Álvarez

Durante el golpe de Estado en Cataluña en octubre de 2019, Iván Álvarez, miembro de la UIP (Unidad de Intervención Policial), entonces de 41 años, fue atacado por un terrorista callejero (el gobierno blanquea su identidad denominándole a él y a sus compañeros independentistas). El parte médico que se realizó al agente Álvarez tras semanas en el hospital, concluyó: “inhabilitado por completo para toda profesión u oficio” (fuente: El independiente, 10/10/2021). La pensión de invalidez no debería provenir de las arcas del Estado (es decir, de todos los españoles), sino del bolsillo del monstruo que fracturó el hueso occipital del policía. Nótese que, según el mencionado artículo, los cascos que los antidisturbios portan, están fabricados para soportar impactos de cinco kilos de peso cayendo desde una altura de dos metros y medio… Contamos con cámaras incluso en la puerta de urinarios, pero no sabemos quién intentó asesinar a un agente de la ley.

Pese a la incapacidad permanente absoluta con la que ha quedado Iván Álvarez con poco más de 40 años, la compañía aseguradora (Axa) con la que su sindicato UFP (Unión Federal de Policía) trabaja, le ofrece 9.000 de los 60.000 € que le corresponde como indemnización por accidente. El agente defensor de la Constitución en Cataluña, a quien han robado veinte años de vida, ha pasado más de doce meses guerreando con sus abogados para recibir lo que por ley le corresponde, dado que tanto la aseguradora como el sindicato, se lavan las manos y le ignoran. Quince años en la calle como agente de policía, trece como antidisturbios, incapacitado para realizar cualquier labor profesional de por vida, y ése es el trato que recibe. Mientras, un inmigrante ilegal, o legal sin oficio ni beneficio, recibe el subsidio completo y sin trabas.

El último avance del gobierno social-comunista español hacia la destrucción del orden y por ende la paz y el progreso, hacia la vejación de los Cuerpos de Seguridad, consiste en entregarlos en bandeja a los asesinos, violentos, y escoria varia, mediante la reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana, la cual reduce el de por sí limitado material de trabajo de los antidisturbios, permite la difusión de imágenes de los agentes (mientras que estos no pueden grabar a los infractores), elimina la presunción de veracidad de los uniformados (¿es más creíble un delincuente que un agente de la ley?), y favorece el comportamiento delictivo entre la clase económica baja, dado que la cuantía de la multa depende de los ingresos del destructor. Es decir, si trabajas y pagas impuestos, no compensa infringir la ley, mientras que si vives de subsidios, de dar pena, de ser minoría… adelante, sale casi gratis: comes a diario gracias a los impuestos que esos policías pagan, y también puedes agredirles. Mucha moral ha de poseer un español para tratar cada día de hacer el Bien y llevar una vida recta y de provecho, dado que el gobierno izquierdista sólo alimenta lo contrario.

Pensaba sobre todos estos asuntos, la inmundicia en que está convertida España, ultrajante y mortal con quienes tanto debe, mientras conversaba con aquel agente de policía hace tres años. Deseé atravesar el cristal, abrazarle, expresar que su vida me importa, su cuerpo, su mente y sus emociones; que conozco el calvario que atraviesa a diario. Anhelé que nuestros ojos verdes se encontrasen, para ofrecerle un instante de calidez. Hoy me gustaría contarle que sigo pensando en él, que no he podido olvidarle.


9 respuestas a «Dos pares de ojos verdes y una mirada perdida»

  1. Magistral artículo Amaya. Desgraciadamente vivimos en unos tiempos en el que el vago, el sinvergüenza, el ladrón, el corrupto… parecen ser las víctimas de la sociedad y se menosprecia la labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, a los agentes de la ley que soportan con gran entereza y profesionalidad el día a día en la calle en aras de la seguridad y el bienestar de todos los ciudadanos, en un país donde las leyes casi benefician al delincuente.
    Un sincero abrazo Amaya.

  2. Sin ningún casi: EN ESPAÑA LAS LEYES BENEFICIAN DESVERGONZADAMENTE A LOS DELINCUENTES. Quizá porque a ese mismo grupo pertenecen quienes han «gobernado» aquí durante las últimas décadas.

  3. Muchos, por no decir la mayoría (entre el 50.01 y el 99.99, por los imbéciles que no saben discernir y se ofenden fácilmente), de los uniformados son una panda de chulos miserables, una horda de cobardes mercenarios sin vergüenza, honor, dignidad, patriotismo, empatía o nada que se le parezca, algunos de los cuales, de su propia boca, afirman que lo que más les gusta de su trabajo es el uniforme, por aquéllo de que ejerce una atracción irresistible sobre las mujeres. Tal cual. O sea que ajo y agua. Y espero y deseo fervientemente que les den por todos lados, y presumo que mi anhelo no es algo aislado, ni mucho menos. En un país plagado de corruptos y de gentuza, estos tipejos, por desgracia, no iban a ser una excepción, antes al contrario.

  4. Señor Gaspar al pan …y al vino …
    Subscribo una a una cada palabra
    que usted ha escrito.
    En cuanto al síndrome de Estocolmo que sufre la señora Amaya por las FFAA “españolas”, desgraciadamente el 95% de la población son víctimas de los
    mismos síntomas ( esa atracción por los malhechores/as ) por eso y como usted muy bien dice vivimos en un país de: traidores, criminales, corruptos, ladrones, ineptos y todos estos protegidos por esos chulos de gimnasio cobardes mercenarios macarras vestidos de policía guardia civil etc etc que tanto defiende la Sra Amaya

  5. Ruego por favor a la dirección de este medio, El Español Digital, la conveniencia de revisar los comentarios que realizan personas ajenas a nuestros sentimientos, como pensamientos que son de amor a España, a su historia y sobre todo nuestro catolicismo, que este nos hace amar al prójimo y que a veces resulta tarea ardua y difícil.
    Señor Gaspar, señor José Manuel Noya: Ustedes no representan ni por asomo lo que la mayoría de la sociedad española opina y piensa de las FF y CC de Seguridad y visiten y lean por favor, otros diarios digitales más acorde a su pensamiento, donde se defiende al vago, al ladrón, al corrupto y a los que defienden el aborto y la legalización de las drogas.

    1. Su optimismo es poco objetivo. La percepción social sobre dichos «cuerpos» ha cambiado drásticamente en la derecha sociológica española, sobre todo desde que los maderos arrimaron el brazo en la profanación de la tumba del Caudillo Franco.

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