¿Educación sexual desde una perspectiva cristiana?
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Ha saltado la noticia sobre un documento de la archidiócesis de Hamburgo que trata sobre la educación sexual en las escuelas católicas en dicha archidiócesis. Documento contestado por padres católicos, y ante el cual el Vaticano no corrige.
Brecha entre doctrina y vida
Queremos detenernos dentro del capítulo titulado Educación sexual desde una perspectiva cristiana, en el apartado de los Fundamentos teológicos de una Educación Sexual con base cristiana. El párrafo con que empieza es el siguiente:
“La Educación Sexual pretende procesar, con base científica, los conocimientos de disciplinas como la medicina sexual, la antropología cultural, la psicología del desarrollo y la ética sexual, “para formular afirmaciones sobre una vida lograda” de los jóvenes. Cuando los docentes de escuelas católicas asumen esta tarea se enfrentan al especial desafío de “salvar la brecha existente entre el mundo vital de los jóvenes y las concepciones tradicionales”.
Esa expresión -brecha existente- es muy reveladora, porque superar la brecha entre doctrina y vida puede significar dos cosas radicalmente distintas.
En sentido católico, la brecha se supera haciendo que la vida se conforme a la doctrina: conversión, formación de la conciencia, gracia, combate ascético, sacramentos. Si la doctrina expresa una verdad moral recibida, la distancia entre lo que la Iglesia enseña y lo que el hombre vive no se resuelve rebajando la doctrina, sino ayudando al hombre a vivirla.
Pero, en el contexto de este texto, la expresión -brecha- parece funcionar de otra manera. El documento alemán se lamenta de que la Iglesia no haya desarrollado una comprensión suficientemente amplia de la sexualidad ni una valoración positiva de realidades como la homosexualidad. Es decir, no es cuestión de la verdad moral que configura la realidad, sino de una realidad, de una experiencia, que requiere una nueva comprensión.
Y a continuación dice:
“Un documento eclesial más reciente que intenta superar la “brecha entre doctrina y vida” es la exhortación postsinodal Amoris laetitia del papa Francisco. El papa Francisco se dirige a las personas con benevolencia, confía en sus decisiones de conciencia y valora positivamente la sexualidad humana y el erotismo”.
La expresión brecha entre doctrina y vida es retóricamente muy hábil porque presenta la doctrina como uno de los dos polos del problema. No se habla de “brecha entre la voluntad de Dios y nuestra conducta”, ni de “distancia entre el Evangelio y el pecado”, ni de “dificultad de vivir la moral cristiana”.
Los dos polos del problema son doctrina y vida. Puede dar la impresión que ambos términos deban aproximarse, pero no son dos realidades simétricas. La doctrina nos enseña cómo debemos vivir; la vida concreta muestra hasta qué punto nuestra conducta se conforma o no con esa verdad.
Si la doctrina enseña, por ejemplo, que las relaciones sexuales pertenecen al matrimonio, y resulta que una persona vive de otra manera, hay una distancia -brecha-entre lo que debería ser y lo que de hecho es. Esa distancia no se supera haciendo que ambas partes cedan un poco, como si fueran dos opiniones enfrentadas. Se supera intentando que la vida se acerque a la verdad moral. Esta es la moral católica.
La experiencia vital
Junto al término “brecha entre doctrina y vida”, este documento presenta otro concepto igualmente ingenioso y malicioso: experiencia vital.
Leemos:
“Para superar la brecha entre doctrina y vida, la Iglesia católica debería, en mi opinión, mostrarse como una institución capaz de aprender: una institución que aprende a relacionarse críticamente con su propia tradición; reflexiona sobre lo que la especial dignidad del ser humano implica para la configuración de la sexualidad; y toma en serio que las experiencias de los creyentes constituyen una fuente de la moral cristiana”. Stephan Goertz (2015),
Estamos ante un concepto fundamental. Porque junto a la doctrina-vida, ahora aparece doctrina-experiencia. Por lo que la experiencia entra a participar en la reelaboración de la verdad moral.
Pongamos este sencillo ejemplo:
La doctrina católica afirma: “no cometerás adulterio”. La realidad muestra que una persona vive establemente en adulterio. En la concepción católica, esa contradicción exige llamar a la conversión, aunque el camino pueda ser largo, difícil y pastoralmente acompañado. Pero si el problema se formula como una “brecha entre doctrina y vida”, y la experiencia vital comienza a funcionar también como fuente de revisión moral, estamos ante la reinterpretación de la norma moral a partir de la situación practica de la persona.
En realidad, ¿qué dice Amoris laetitia?: la doctrina católica permanece formalmente afirmada, pero la situación concreta -experiencia vital- y el discernimiento de conciencia sobre ella -brecha doctrina vida- adquieren otra consideración, de tal forma que la conducta objetivamente contraria a la doctrina tiene nuevas consideraciones pastorales y sacramentales.
La fe católica
Ni doctrina y vida no son simétricas, ni la experiencia vital es fuente de norma moral. La vida debe ser juzgada a la luz de la verdad; la verdad no debe ser modificada a la luz de cómo vive la gente. Y precisamente ahí está la ambigüedad peligrosa de hablar de “superar la brecha entre doctrina y vida”, porque puede sonar como si la doctrina y la vida tuvieran que encontrarse a mitad de camino.
Con estos errores de concepto se construye buena parte del documento de la archidiócesis de Hamburgo; la vida ya no aparece solamente como aquello que debe ser iluminado, convertido y ordenado por la verdad, sino también como una realidad cuya experiencia obliga a reconsiderar la manera en que esa verdad moral es formulada y aplicada. Y para justificar ese desplazamiento, el propio documento invoca Amoris laetitia como ejemplo de experiencia vital que ha de superar la “brecha entre doctrina y vida”.
El Vaticano acaba de recordar que, en materia de educación sexual e ideología de género, sigue vigente la doctrina expuesta en el documento Varón y mujer los creó. Es importante; pero no basta con reafirmar una doctrina general cuando, en una escuela católica concreta, se está implantando un proyecto educativo que camina en dirección contraria.
Ahora bien, si Roma considera vigente la doctrina católica sobre la sexualidad, ¿por qué no exige que todo proyecto educativo católico se ajuste clara y efectivamente a ella?
Porque, si calla, entonces sí estaremos ante una verdadera brecha dentro de la propia Iglesia: una doctrina que permanece escrita y una realidad -la alemana- que avanza como si la doctrina de la Iglesia pudiera ser reinterpretada y modificada a partir de la experiencia.
Una duda razonable
A raíz de esta brecha que acabamos de señalar, nos surge una duda razonable: Si las autoridades vaticanas no corrigen con firmeza y determinación la propuesta educativa de la diócesis de Hamburgo, ¿no cabe sospechar que en el fondo estén favoreciendo que los principios doctrina-vida y experiencia vital determinen toda la moral católica en general, tarde o temprano?
La fe católica siempre ha enseñado que no es la verdad revelada la que debe acomodarse a nuestra vida, sino nuestra vida la que, sostenida por la gracia, debe convertirse a la verdad.
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Ha saltado la noticia sobre un documento de la archidiócesis de Hamburgo que trata sobre la educación sexual en las escuelas católicas en dicha archidiócesis. Documento contestado por padres católicos, y ante el cual el Vaticano no corrige.
Brecha entre doctrina y vida
Queremos detenernos dentro del capítulo titulado Educación sexual desde una perspectiva cristiana, en el apartado de los Fundamentos teológicos de una Educación Sexual con base cristiana. El párrafo con que empieza es el siguiente:
“La Educación Sexual pretende procesar, con base científica, los conocimientos de disciplinas como la medicina sexual, la antropología cultural, la psicología del desarrollo y la ética sexual, “para formular afirmaciones sobre una vida lograda” de los jóvenes. Cuando los docentes de escuelas católicas asumen esta tarea se enfrentan al especial desafío de “salvar la brecha existente entre el mundo vital de los jóvenes y las concepciones tradicionales”.
Esa expresión -brecha existente- es muy reveladora, porque superar la brecha entre doctrina y vida puede significar dos cosas radicalmente distintas.
En sentido católico, la brecha se supera haciendo que la vida se conforme a la doctrina: conversión, formación de la conciencia, gracia, combate ascético, sacramentos. Si la doctrina expresa una verdad moral recibida, la distancia entre lo que la Iglesia enseña y lo que el hombre vive no se resuelve rebajando la doctrina, sino ayudando al hombre a vivirla.
Pero, en el contexto de este texto, la expresión -brecha- parece funcionar de otra manera. El documento alemán se lamenta de que la Iglesia no haya desarrollado una comprensión suficientemente amplia de la sexualidad ni una valoración positiva de realidades como la homosexualidad. Es decir, no es cuestión de la verdad moral que configura la realidad, sino de una realidad, de una experiencia, que requiere una nueva comprensión.
Y a continuación dice:
“Un documento eclesial más reciente que intenta superar la “brecha entre doctrina y vida” es la exhortación postsinodal Amoris laetitia del papa Francisco. El papa Francisco se dirige a las personas con benevolencia, confía en sus decisiones de conciencia y valora positivamente la sexualidad humana y el erotismo”.
La expresión brecha entre doctrina y vida es retóricamente muy hábil porque presenta la doctrina como uno de los dos polos del problema. No se habla de “brecha entre la voluntad de Dios y nuestra conducta”, ni de “distancia entre el Evangelio y el pecado”, ni de “dificultad de vivir la moral cristiana”.
Los dos polos del problema son doctrina y vida. Puede dar la impresión que ambos términos deban aproximarse, pero no son dos realidades simétricas. La doctrina nos enseña cómo debemos vivir; la vida concreta muestra hasta qué punto nuestra conducta se conforma o no con esa verdad.
Si la doctrina enseña, por ejemplo, que las relaciones sexuales pertenecen al matrimonio, y resulta que una persona vive de otra manera, hay una distancia -brecha-entre lo que debería ser y lo que de hecho es. Esa distancia no se supera haciendo que ambas partes cedan un poco, como si fueran dos opiniones enfrentadas. Se supera intentando que la vida se acerque a la verdad moral. Esta es la moral católica.
La experiencia vital
Junto al término “brecha entre doctrina y vida”, este documento presenta otro concepto igualmente ingenioso y malicioso: experiencia vital.
Leemos:
“Para superar la brecha entre doctrina y vida, la Iglesia católica debería, en mi opinión, mostrarse como una institución capaz de aprender: una institución que aprende a relacionarse críticamente con su propia tradición; reflexiona sobre lo que la especial dignidad del ser humano implica para la configuración de la sexualidad; y toma en serio que las experiencias de los creyentes constituyen una fuente de la moral cristiana”. Stephan Goertz (2015),
Estamos ante un concepto fundamental. Porque junto a la doctrina-vida, ahora aparece doctrina-experiencia. Por lo que la experiencia entra a participar en la reelaboración de la verdad moral.
Pongamos este sencillo ejemplo:
La doctrina católica afirma: “no cometerás adulterio”. La realidad muestra que una persona vive establemente en adulterio. En la concepción católica, esa contradicción exige llamar a la conversión, aunque el camino pueda ser largo, difícil y pastoralmente acompañado. Pero si el problema se formula como una “brecha entre doctrina y vida”, y la experiencia vital comienza a funcionar también como fuente de revisión moral, estamos ante la reinterpretación de la norma moral a partir de la situación practica de la persona.
En realidad, ¿qué dice Amoris laetitia?: la doctrina católica permanece formalmente afirmada, pero la situación concreta -experiencia vital- y el discernimiento de conciencia sobre ella -brecha doctrina vida- adquieren otra consideración, de tal forma que la conducta objetivamente contraria a la doctrina tiene nuevas consideraciones pastorales y sacramentales.
La fe católica
Ni doctrina y vida no son simétricas, ni la experiencia vital es fuente de norma moral. La vida debe ser juzgada a la luz de la verdad; la verdad no debe ser modificada a la luz de cómo vive la gente. Y precisamente ahí está la ambigüedad peligrosa de hablar de “superar la brecha entre doctrina y vida”, porque puede sonar como si la doctrina y la vida tuvieran que encontrarse a mitad de camino.
Con estos errores de concepto se construye buena parte del documento de la archidiócesis de Hamburgo; la vida ya no aparece solamente como aquello que debe ser iluminado, convertido y ordenado por la verdad, sino también como una realidad cuya experiencia obliga a reconsiderar la manera en que esa verdad moral es formulada y aplicada. Y para justificar ese desplazamiento, el propio documento invoca Amoris laetitia como ejemplo de experiencia vital que ha de superar la “brecha entre doctrina y vida”.
El Vaticano acaba de recordar que, en materia de educación sexual e ideología de género, sigue vigente la doctrina expuesta en el documento Varón y mujer los creó. Es importante; pero no basta con reafirmar una doctrina general cuando, en una escuela católica concreta, se está implantando un proyecto educativo que camina en dirección contraria.
Ahora bien, si Roma considera vigente la doctrina católica sobre la sexualidad, ¿por qué no exige que todo proyecto educativo católico se ajuste clara y efectivamente a ella?
Porque, si calla, entonces sí estaremos ante una verdadera brecha dentro de la propia Iglesia: una doctrina que permanece escrita y una realidad -la alemana- que avanza como si la doctrina de la Iglesia pudiera ser reinterpretada y modificada a partir de la experiencia.
Una duda razonable
A raíz de esta brecha que acabamos de señalar, nos surge una duda razonable: Si las autoridades vaticanas no corrigen con firmeza y determinación la propuesta educativa de la diócesis de Hamburgo, ¿no cabe sospechar que en el fondo estén favoreciendo que los principios doctrina-vida y experiencia vital determinen toda la moral católica en general, tarde o temprano?
La fe católica siempre ha enseñado que no es la verdad revelada la que debe acomodarse a nuestra vida, sino nuestra vida la que, sostenida por la gracia, debe convertirse a la verdad.
Ha saltado la noticia sobre un documento de la archidiócesis de Hamburgo que trata sobre la educación sexual en las escuelas católicas en dicha archidiócesis. Documento contestado por padres católicos, y ante el cual el Vaticano no corrige.
Brecha entre doctrina y vida
Queremos detenernos dentro del capítulo titulado Educación sexual desde una perspectiva cristiana, en el apartado de los Fundamentos teológicos de una Educación Sexual con base cristiana. El párrafo con que empieza es el siguiente:
“La Educación Sexual pretende procesar, con base científica, los conocimientos de disciplinas como la medicina sexual, la antropología cultural, la psicología del desarrollo y la ética sexual, “para formular afirmaciones sobre una vida lograda” de los jóvenes. Cuando los docentes de escuelas católicas asumen esta tarea se enfrentan al especial desafío de “salvar la brecha existente entre el mundo vital de los jóvenes y las concepciones tradicionales”.
Esa expresión -brecha existente- es muy reveladora, porque superar la brecha entre doctrina y vida puede significar dos cosas radicalmente distintas.
En sentido católico, la brecha se supera haciendo que la vida se conforme a la doctrina: conversión, formación de la conciencia, gracia, combate ascético, sacramentos. Si la doctrina expresa una verdad moral recibida, la distancia entre lo que la Iglesia enseña y lo que el hombre vive no se resuelve rebajando la doctrina, sino ayudando al hombre a vivirla.
Pero, en el contexto de este texto, la expresión -brecha- parece funcionar de otra manera. El documento alemán se lamenta de que la Iglesia no haya desarrollado una comprensión suficientemente amplia de la sexualidad ni una valoración positiva de realidades como la homosexualidad. Es decir, no es cuestión de la verdad moral que configura la realidad, sino de una realidad, de una experiencia, que requiere una nueva comprensión.
Y a continuación dice:
“Un documento eclesial más reciente que intenta superar la “brecha entre doctrina y vida” es la exhortación postsinodal Amoris laetitia del papa Francisco. El papa Francisco se dirige a las personas con benevolencia, confía en sus decisiones de conciencia y valora positivamente la sexualidad humana y el erotismo”.
La expresión brecha entre doctrina y vida es retóricamente muy hábil porque presenta la doctrina como uno de los dos polos del problema. No se habla de “brecha entre la voluntad de Dios y nuestra conducta”, ni de “distancia entre el Evangelio y el pecado”, ni de “dificultad de vivir la moral cristiana”.
Los dos polos del problema son doctrina y vida. Puede dar la impresión que ambos términos deban aproximarse, pero no son dos realidades simétricas. La doctrina nos enseña cómo debemos vivir; la vida concreta muestra hasta qué punto nuestra conducta se conforma o no con esa verdad.
Si la doctrina enseña, por ejemplo, que las relaciones sexuales pertenecen al matrimonio, y resulta que una persona vive de otra manera, hay una distancia -brecha-entre lo que debería ser y lo que de hecho es. Esa distancia no se supera haciendo que ambas partes cedan un poco, como si fueran dos opiniones enfrentadas. Se supera intentando que la vida se acerque a la verdad moral. Esta es la moral católica.
La experiencia vital
Junto al término “brecha entre doctrina y vida”, este documento presenta otro concepto igualmente ingenioso y malicioso: experiencia vital.
Leemos:
“Para superar la brecha entre doctrina y vida, la Iglesia católica debería, en mi opinión, mostrarse como una institución capaz de aprender: una institución que aprende a relacionarse críticamente con su propia tradición; reflexiona sobre lo que la especial dignidad del ser humano implica para la configuración de la sexualidad; y toma en serio que las experiencias de los creyentes constituyen una fuente de la moral cristiana”. Stephan Goertz (2015),
Estamos ante un concepto fundamental. Porque junto a la doctrina-vida, ahora aparece doctrina-experiencia. Por lo que la experiencia entra a participar en la reelaboración de la verdad moral.
Pongamos este sencillo ejemplo:
La doctrina católica afirma: “no cometerás adulterio”. La realidad muestra que una persona vive establemente en adulterio. En la concepción católica, esa contradicción exige llamar a la conversión, aunque el camino pueda ser largo, difícil y pastoralmente acompañado. Pero si el problema se formula como una “brecha entre doctrina y vida”, y la experiencia vital comienza a funcionar también como fuente de revisión moral, estamos ante la reinterpretación de la norma moral a partir de la situación practica de la persona.
En realidad, ¿qué dice Amoris laetitia?: la doctrina católica permanece formalmente afirmada, pero la situación concreta -experiencia vital- y el discernimiento de conciencia sobre ella -brecha doctrina vida- adquieren otra consideración, de tal forma que la conducta objetivamente contraria a la doctrina tiene nuevas consideraciones pastorales y sacramentales.
La fe católica
Ni doctrina y vida no son simétricas, ni la experiencia vital es fuente de norma moral. La vida debe ser juzgada a la luz de la verdad; la verdad no debe ser modificada a la luz de cómo vive la gente. Y precisamente ahí está la ambigüedad peligrosa de hablar de “superar la brecha entre doctrina y vida”, porque puede sonar como si la doctrina y la vida tuvieran que encontrarse a mitad de camino.
Con estos errores de concepto se construye buena parte del documento de la archidiócesis de Hamburgo; la vida ya no aparece solamente como aquello que debe ser iluminado, convertido y ordenado por la verdad, sino también como una realidad cuya experiencia obliga a reconsiderar la manera en que esa verdad moral es formulada y aplicada. Y para justificar ese desplazamiento, el propio documento invoca Amoris laetitia como ejemplo de experiencia vital que ha de superar la “brecha entre doctrina y vida”.
El Vaticano acaba de recordar que, en materia de educación sexual e ideología de género, sigue vigente la doctrina expuesta en el documento Varón y mujer los creó. Es importante; pero no basta con reafirmar una doctrina general cuando, en una escuela católica concreta, se está implantando un proyecto educativo que camina en dirección contraria.
Ahora bien, si Roma considera vigente la doctrina católica sobre la sexualidad, ¿por qué no exige que todo proyecto educativo católico se ajuste clara y efectivamente a ella?
Porque, si calla, entonces sí estaremos ante una verdadera brecha dentro de la propia Iglesia: una doctrina que permanece escrita y una realidad -la alemana- que avanza como si la doctrina de la Iglesia pudiera ser reinterpretada y modificada a partir de la experiencia.
Una duda razonable
A raíz de esta brecha que acabamos de señalar, nos surge una duda razonable: Si las autoridades vaticanas no corrigen con firmeza y determinación la propuesta educativa de la diócesis de Hamburgo, ¿no cabe sospechar que en el fondo estén favoreciendo que los principios doctrina-vida y experiencia vital determinen toda la moral católica en general, tarde o temprano?
La fe católica siempre ha enseñado que no es la verdad revelada la que debe acomodarse a nuestra vida, sino nuestra vida la que, sostenida por la gracia, debe convertirse a la verdad.
Lo más determinante y, a la vez llamativo, de lo acontecido en la archidiócesis de Hamburgo es la DEFENSA de los valores cristianos por parte de unos fieles seguidores de CRISTO.
Aquí en España tenemos alguna que otra denuncia (a nivel periodístico) como la efectuada por Carlos Cuesta a nivel educación:
https://www.youtube.com/watch?v=AZ_l5N0CtyM
De todas formas, no nos debemos dar por sorprendidos cuando desde el propio Vaticano nos sueltan aquella satánica declaración Fiducia supplicans. Pocos han alzado la voz contra esa monstruosidad.
Mi padre -que en Paz descanse- murió poco antes de la caída del Muro de Berlín; de vivir en estos tiempos NO daría crédito a lo que estamos viviendo (padeciendo). En su época de joven los homosexuales eran considerados enfermos mentales.
En los años 50 del siglo pasado, es decir, hace unos 70 años, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA) incluyó la homosexualidad en su primer Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM) como un trastorno sociopático de la personalidad. En 1973 (APA): La Asociación Estadounidense de Psiquiatría eliminó formalmente la homosexualidad del DSM y en 1990 La Organización Mundial de la Salud ( en la que hoy en día Bill Gates es su mayor patrocinador) retiró de manera definitiva la homosexualidad de la lista internacional de enfermedades mentales.
Por todo lo cual, todo católico debe tener bien claro el tener a estos del Vaticano como personas poseídos por Satanás.
Resumiendo, se trata de sembrar el caos, y el fin es la no reproducción/ eugenesia. Deconstruir la sociedad para convertirla en una granja de borregos.