El 711, sus causas profundas y su modernidad. (2) La conspiración judía contra la monarquía visigoda: alianza con el Islam

EL CONCILIO III TOLEDANO ELIMINA A LOS JUDÍOS DE LOS PUESTOS PÚBLICOS

Portada de Complot contra la Iglesia

Portada de Complot contra la Iglesia

San Nicolás abofetea a Arrio en Nicea

Cuando el rey visigodo Recaredo se convirtió del arrianismo al catolicismo ((febrero de 587)) *, la secta del hebreo Arrio ((250 – 336; estalló su herejía en 318)) ** recibió un golpe decisivo, ya que como se ha dicho, el Imperio Visigodo era el baluarte de la herejía.

(*) Nota del compilador: cuando añada algún detalle o comentario corto lo haré encerrándolo en doble paréntesis ((xxx)).

(**) “Maurice Pinay” dedica todo el Capítulo V de la Segunda Parte de su obra a “El judío Arrio y su herejía”. En concreto, escribió: «El Arrianismo, la gran herejía que desgarró a la Cristiandad durante más de tres siglos y medio, fue la obra de Arrio, un judío subterráneo que en público practicaba el cristianismo. … uno de los dogmas cristianos que más rechazan los hebreos es el de la Trinidad, porque en su odio a muerte contra Cristo lo que más les repugna del Cristianismo es que Jesucristo sea considerado como Segunda Persona de la Santísima Trinidad … El célebre escritor norteamericano William Thomas Walsh (dijo en cita de Pinay): “Arrio, el judío católico -padre de la herejía- atacaría insidiosamente la divinidad de Cristo y lograría dividir al mundo cristiano durante siglos enteros” (William Thomas Walsh, Felipe II, Madrid: Espasa Calpe, 1958, Pag. 266)”».

Todavía quedaban, a la sazón, tristes recuerdos y heridas abiertas por la sangrienta persecución desatada por el arriano Leovigildo ((519 dC – 586)) en contra de los católicos, persecución en la que habían participado cruelmente los judíos, por lo que en la España gótica era general el resentimiento del pueblo católico en contra de la grey de Israel. Es explicable que al abjurar los jerarcas visigodos de la herejía arriana y adoptar el catolicismo, se tomaran una serie de medidas adecuadas para frenar la expansión dominadora de los judíos. El escritor filojudío, José Amador de los Ríos, reconoce al respecto que:

“Abiertas tenían, en efecto, los hebreos las puertas de los cargos públicos, a cuya posesión los habían subido los reyes arrianos: dado les era introducirse en la familia cristiana por medio del matrimonio, lo cual facilitaban grandemente su posición y sus riquezas, asegurándoles para lo futuro no escaso influjo en el estado: desvanecidos por su fortuna y su poder, habían tenido acaso alguna parte en la última y más dolorosa persecución ejecutada por los arrianos en los católicos, durante el reinado de Leovigildo. No era, por tanto, despreciable y pueril recelo el temor de los PP. Toledanos ((obispos y presbíteros participantes en los Concilios de Toledo)), conocidos el interés que al triunfar el catolicismo representaban y la causa que defendían; y apoyados en el ejemplo del Sínodo Iliberitano, propusiéronse refrenar en cierto modo a los israelitas, reduciéndolos a la impotencia contra los cristianos…”  [i] (71) ((ese es el número de la nota al pié original en el libro, que pasa aquí a ser la 1ª nota al final de esta parte)).

Entre los cánones del Concilio III de Toledo aprobados con tal objeto, destaca por su importancia el canon XIV, que, refiriéndose a los judíos, dice:

“Que no se les confieran cargos públicos en virtud de los cuales tengan que imponer penas a los cristianos” [ii] (72).

500 c. Alarico II.

Reino visigodo (Leovigildo, 586).

Hispania/Spania deja de ser arriana, nace España: Recaredo, 3er Concilio de Toledo, 589.    (2.04 a 2.08)

San Gregorio Magno, Papa.

San Leandro, hermano de S. Isidoro.

Este ordenamiento de la Santa Iglesia Católica no podía estar más justificado, ya que los hebreos siempre han utilizado los puestos de gobierno conquistados por ellos -en los pueblos que les brindan hospitalidad- para causar perjuicios a los cristianos, en una u otra forma; siendo indudable que si los metropolitanos y obispos del Concilio III Toledano hubieran vivido en nuestros días, hubieran sido acusados de cruel antisemitismo por la quinta columna judía introducida en el clero católico.

También ordenaban los prelados del Concilio III de Toledo ((presidido por S. Leandro)) que:

“Si algunos cristianos hubieren sido manchados por ellos con el rito judaico, o circuncidados, sean restituidos en la libertad y religión cristiana, sin rescate alguno”.

El mencionado historiador, J. Amador de los Ríos, comentando otras disposiciones antijudías del santo Concilio III Toledano, dice:

“Aspiraban los PP., al aconsejar a Recaredo estas represivas disposiciones, como punto más principal y de mayor trascendencia, a segundar el propósito de los de Elbira, negando a los hebreos toda alianza y mezcla con la raza hispano-latina, dado que la visigoda habíase mantenido hasta entonces, y se mantuvo mucho tiempo después, inaccesible a las gentes por ella dominada” [iii] (73).

Entre las disposiciones del referido Concilio Toledano figuran las de prohibir a los judíos comprar esclavos cristianos; disposiciones éstas congruentes con las órdenes dadas en igual sentido por S.S. el Papa San Gregorio el Magno, que al mismo tiempo que se oponía firmemente a las conversiones forzadas de judíos y a toda clase de opresiones que les obligaran a convertirse en falsos cristianos, les prohibía terminantemente poseer esclavos cristianos, y combatía con energía cualquier manifestación de judaísmo subterráneo practicado por quienes aparecían en público como cristianos. Es muy interesante al respecto un caso que nos cita el historiador israelita Graetz, quien dice del papa San Gregorio que:

“Habiendo oído que un judío llamado Nasas había erigido un altar a Elijah, (probablemente una sinagoga conocida por ese nombre) en la isla de Sicilia, y que cristianos se reunían allí para celebrar el servicio divino (judío), Gregorio ordenó al prefecto Libertino derrumbar el edificio e imponer pena corporal a Nasas por esa ofensa. Gregorio persiguió vigorosamente a los judíos que compraban o poseían esclavos cristianos. En el Imperio de los Francos, donde el fanatismo no había todavía arraigado, los judíos no tenían prohibido participar en el comercio de esclavos. Gregorio estaba indignado por esto y escribió al rey Teodorico (Dieterich) de Burgundia, a Teodoberto rey de Austrasia, y también a la reina Brunilda expresando su asombro de que ellos permitieran a los judíos poseer esclavos cristianos. El los exhortó con gran celo a que remediaran ese mal y a que liberaran a los verdaderos creyentes del poder de su enemigo. Recaredo, rey de los visigodos que se sometió a la Santa Sede, fue halagado en gran medida por Gregorio para que promulgara un edicto de intolerancia” [iv] (74).

Se ve, pues, que las medidas de encadenamiento de la bestia judaica aprobadas por el visigodo Recaredo fueron inspiradas, según afirma el judío Graetz, ni más ni menos que el por el Papa San Gregorio Magno, quien durante algún tiempo trató, en vano, de ganarse a los judíos por medio de la bondad y de la tolerancia. Es interesante hacer notar que el Papa San Gregorio Magno, al mismo tiempo que rechazaba las conversiones forzadas, alimentó la esperanza de evangelizar a los hebreos por medios pacíficos. Pero sabedor de que las conversiones, por lo general, eran fingidas y falsas, esperaba que cuando menos los hijos de los conversos arraigaran sinceramente en el cristianismo. A este respecto dice claramente el mencionado historiador hebreo, refiriéndose a San Gregorio:

«Él, sin embargo, no se engañaba creyendo que los conversos que fueran obtenidos de esta manera fueran leales cristianos, pero él tomaba en cuenta a sus descendientes. “Si nosotros no los ganamos a ellos, al menos ganaremos a sus hijos”» [v] (75).

Decía el citado escritor, que era muy digno de notar, que el propio Papa San Gregorio Magno -de tan ilustre memoria en la historia de la Iglesia- ya sabía que las conversiones de los judíos al cristianismo eran falsas y lo que pretendía con ellas era ganarse a los hijos educados ya cristianamente. Desgraciadamente la maldad y la perfidia del judaísmo hacen que fallen hasta los cálculos más lógicos en apariencia. Ya vimos en el capítulo II de esa Cuarta Parte cómo el historiador israelita Cecil Roth ((Historia de los Marranos, publicación oficial judía de la Editorial Israel, de Buenos Aires)) afirma que el marranismo, es decir, el judaísmo clandestino, se caracteriza por la transmisión de padres a hijos de la secreta religión judía, ocultada por las apariencias de un cristianismo practicado en público por los marranos. Por ello, los cálculos de todos los jerarcas de la iglesia y de los estados cristianos -basados en la idea de que, aunque las conversiones fueran fingidas y falsas, podría convertirse a los descendientes de los conversos en buenos cristianos- fallaron lamentablemente a lo largo de los siglos, como lo iremos analizando en su oportunidad.

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[i] José Amador de los Ríos, Historia de los judíos en España y Portugal. Tomo I, Pag. 82.
[ii] Juan Tejada y Ramiro, Colección de cánones de todos los concilios de la Iglesia de España y América. Madrid, 1859. Tomo II, Pag. 304.
[iii] José Amador de los Ríos, obra citada. Tomo I, Pag. 83.
[iv] San Gregorio Magno, citado por Graetz en History of the Jews. Tomo III, Pags. 33, 34.
[v] Graetz, History of the Jews, Tomo III, Pag. 33.

Una respuesta a «El 711, sus causas profundas y su modernidad. (2) La conspiración judía contra la monarquía visigoda: alianza con el Islam»

  1. Arrio el marrano( ‘un judío subterráneo’… ); fingía ser católico para mejor atacar el cristianismo; como el falso obispo don Oppas.
    Conviene recordar que los visigodos, eran la élite( por tanto pocos en relación al resto )que gobernaba, en ausencia ya del recién extinto Imperio. Es decir, había una gran mayoría hispanorromana cristiana consolidada, una minoría visigoda al mando( bárbaros asimilados )desde no hacía mucho relativamente; y otra minoría judía; de la cual, una parte odiaba profundamente a los cristianos. Las dos minorías querían imponer sus creencias a la inmensa mayoría( más o menos lo que ha venido/seguido pasando con minorías al efecto ); que lógicamente se resistía( mucho más que ahora, pues venía de un despertar a la esclavitud imperante desde la caverna; con una fe poderosa que sembró de mártires el Imperio ).

    No deja de asombrar la similitud de los acontecimientos; la infiltración en cargos públicos, en el poder; con los visigodos arrianos, con los últimos Austrias como denunció Quevedo. Como ha venido pasando, ahí donde mires: como denunció Ford con el gobierno alemán tras la primera gran derrota… entre otros muchos casos. La caída del zarismo, etc etc etc. Siempre con los nombres de batalla y los hebreos en la sombra; como sus organizaciones, sus empresas pantalla… Poco han cambiado las cosas.

    Maimónides, recuerda, marraneando entre sarracenos; por qué estaban mejor con ellos que con sus vecinos, los que les acogieron en su diáspora. A pesar de los testimonios han conseguido que apenas se hable de ello; un mar de silencio que borre esos hechos. Siempre reescribiendo la historia.
    Fomentaron la guerra civil malmetiendo en el tema sucesorio de la élite visigoda; dividiendo como de costumbre mientras extendían la trama a las fronteras, pactando con el sarraceno anticristiano( de origen más que probablemente, monstruo temible del gnosticismo generado por los mismos ¿la esposa vieja y rica que ‘tanto’ influyó? ).
    Su mayor enemigo no eran los visigodos arrianos, ni los sarracenos que pusieron al mando( a unos y otros los utilizaban, tal como hacen hoy con las antítesis ); sino el pueblo llano cristiano; españoles ya en potencia, y en ausencia aún de las naciones modernas. Había que corromper y vencer a los que tenían el poder( como sucede hoy ), para vender/sacrificar a Cristo en cada cristiano, como hicieron y seguirán haciendo hasta que les sean parados los pies.

    Hay que repetir siempre que, pese a esa trasmisión generacional del mal; no dejan de ser una secta del judaísmo; por grande que sea; una adulteración de la Ley Mosáica; de la sangre de Abraham, que abocaría al Cristo. La salvación de los nuevos invitados, viene de los judíos… de los buenos judíos que, pocos o muchos, los hay. Los otros, los que están en lo mismo desde hace milenios; son los labradores arrendatarios asesinos de la parábola, enfangadores de la Antigua Alianza con el Padre, y de la Nueva( y última )Alianza. Serán juzgados por sus propios actos. Odiarles, es un grave error; confundir perdón con aceptación, es otro.

    La primera vez que leo un artículo tan claro al respecto. Gracias.

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