El alegato final de un hombre de honor: el Cap. Enrique Bobis González

Alegato final del Cap. Bobis Glez. en el juicio por el 23-F

A la orden mi General:

Cuando llega para un hombre la hora verdaderamente grave de ser juzgado es forzoso que mire al interior de su conciencia y a lo más profundo de su corazón y que diga en alta voz lo que una y otra le dictan, y desearía que no se tomaran como jactancia o altanería mis palabras, pues no pretenden ser tales, sin fieles a los dictados de la honestidad y humildad que siempre he tratado de que sean los que presidan todos mis actos, y por ello quiero decir.

En primer lugar, agradecer al Teniente Coronel Tejero su sentido de responsabilidad, su profundo amor a España y el que supiera ser en aquellas horas dificilísimas del 23 y 24 de febrero un auténtico Jefe Militar.

Gracias también al Capitán de Navío Menéndez Vives por su gesto de aquellas horas, por su ejemplo de hombre de bien y porque me haya permitido llamarle mi amigo.

Quiero también testimoniar mi eterno agradecimiento al Comandante Pardo Zancada y Capitanes Cid Fortea, Dusmet, Álvarez-Arenas y Pascual Gálvez, compañeros inolvidables de la División Acorazada, a los que su sentido del compañerismo y la lealtad les llevaron hasta nosotros y que al igual que el resto de los procesados han escrito, para mí, con su gesto, una hermosa página en la Historia Militar, dejando impreso en ella, por decisión de la Divina Providencia, su nombre y apellidos, al poner de manifiesto los valores más altos y más nobles.

Por estas razones ruego al Excmo. Tribunal, si ello es factible, me digne correr la misma suerte que la reservada al Teniente Coronel Tejero, a cuyas únicas órdenes, por ausencia de otras, estuve durante los hechos, a pesar de mis variados contactos con mis jefes naturales, orgánicos y funcionales, llevados a cabo a distintas horas del día y de la noche. Asimismo, hago extensivo este deseo a la suerte del Comandante Pardo, por las razones expuestas anteriormente y en aras a un recíproco compañerismo.

Mi agradecimiento también a todos aquellos familiares, amigos y compañeros, conocidos y desconocidos, que en todos estos meses nos han hecho llegar el calor de su cariño, su ayuda y solidaridad y, porque no, también a quienes sin conocernos ni comprendernos, y desconociendo o ignorando la verdad de los hechos, nos han enfrentado, insultado y calumniado impunemente valiéndose de nuestra indefensión, porque con su bajeza nos han hecho valorar y comprender mejor la grandeza de los otros.

También deseo agradecer a mi Defensor y colaboradores su cariño y entrega puesta de manifiesto a lo largo del proceso.

Y para cerrar esta exposición quiero testimoniar desde aquí públicamente, primero, un emocionado y triste recuerdo para un ser recientemente perdido para mí, el cual desde la grandeza de los humildes, como Guardia Civil retirado que era y sin poder comprender las imputaciones que se le hacían a su hijo, siempre se sintió orgulloso de mí, por la sencilla y llana razón de que me conocía. En segundo término, deseo también rendir homenaje a mi esposa, artífice excepcional de que esta dolorosa situación, dolorosa no por la falta de libertad, sino por la ausencia de comprensión en quienes cabía esperarla, haya sido para mí más llevadera, porque ella en sus desvelos y auténticos sacrificios ha sabido suplir mi ausencia en nuestro hogar y darme la paz y consuelo necesarios. Y en tercer lugar, mi agradecimiento a Dios, porque me hizo nacer en España y ser miembro, por vocación, de la Guardia Civil. Cuanto he hecho a lo largo de mi vida, por ellas lo hice y en ellas me amparo y justifico.

Finalmente deseo llevar al ánimo de este Alto Tribunal de Justicia Militar el testimonio de que mi conciencia está por encima de todo tranquila, que estoy en paz conmigo mismo, pues no he hecho otra cosa más que cumplir con mi deber de militar y que asumo plenamente mi responsabilidad, derivada precisamente de este estricto y exacto cumplimiento del deber de soldado y de la exigencia de mi honor como Oficial, y que cuando no tardando mucho, pures el tiempo pasa rápido, me encuentre en el ocaso de la vida, en ese estado en el que el hombre en su soledad está ya por encima de prejuicio, presiones y materialismos y mire entonces mis manos, tener la seguridad, Excmo. Generales, que las tendré llenas, llenas de algo que vale más que la vida misma, de algo por lo cual un militar está dispuesto a vivir y a morir, las tendré llenas de amor a España.

Permitidme, por último, que ante ese Crucifijo y esa Bandera que nos presiden y que han sido y seguirán siendo los dos grandes símbolos de mi vida, exclame:

¡Viva la Guardia Civil!

¡Viva siempre España!

Nada más, a sus órdenes, mi General.


6 respuestas a «El alegato final de un hombre de honor: el Cap. Enrique Bobis González»

  1. ¡¡¡Emocionante!!!
    Suscribo lo dicho por Kevlar… ¡Dios que buen vasallo si hubiera (tuviera en castellano antiguo) buen Señor!
    Y reitero: Cuando el tiempo entierre las miserias de la política, la historia resucitará, con admiración y gloria, a unos hombres que llevados de su honor y patriotismo, fueron víctimas de ello.

  2. ¡Valor y Honor! es lo que se puede sentir al leer el alegato del Capitán Bobis González.
    Gracias al Español Digital, la Verdad sin Complejos por publicar este extraordinario testimonio.

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