¡El alma de la madre que ha abortado!

El punto primero del comunicado de la Conferencia Episcopal Española, ante la sentencia del Tribunal Constitucional que declara que el aborto es un “derecho”, dice: Defendemos la dignidad de cada persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, independientemente de su edad, raza, estado de salud. Nada dice el Comunicado sobre el pecado ni sobre la violación de los mandamientos de la ley de Dios. Queremos ampliar y clarificar algo este punto.

El aborto atenta contra la dignidad de la persona humana, ¿por qué?, porque es un pecado, un pecado mortal. Y es un pecado mortal porque viola flagrantemente el mandato divino: no matarás. El que peca mortalmente pierde la gracia de Dios, es decir, la presencia del Espíritu Santo en su alma, se hace reo del mismo satanás y merecedor de la condenación eterna. Atenta también contra la ley natural inscrita en el corazón  de todo ser humano; ley que es reflejo de la ley eterna de Dios.

El que peca mortalmente destruye el plan de Dios en su vida, edifica en su vida el más terrible desorden moral, anteponiéndose ante Dios y pisoteando su gloria debida y merecida que se le debe

La dignidad de la persona humana, que está en el vientre de su madre, se desprecia cuando la madre decide matar a su hijo, cuando el médico lleva a cabo la muerte de tal persona humana no nacida, y cuando la ley, hecha por el político,  favorece el aborto y no lo condena.

Se atenta contra la dignidad de la persona, porque se comete un pecado mortal, tanto la madre como el médico, como el político. Se comete un pecado mortal porque se viola el mandato de Dios de no matarás, como hemos indicado. Al desobedecer tal mandato se ofende grandemente a Dios, perdiendo la presencia del Espíritu Santo, perdiendo la gracia, si es que  estaba ya ausente por pecados previos.

Lo que urge, lo verdaderamente necesario y apremiante es arrancar del alma las garras de satanás con la confesión, con el propósito de la enmienda y con la reparación, que ha de ser proporcional al pecado cometido con el fin de satisfacer la injuria inferida a Dios. El aborto es un pecado de tal gravedad que no es de extrañar que muchas madres tengan que reparar el resto de su vida, así como el médico y el político. Y posiblemente a alguno ni siquiera lo que le quede de vida será tiempo suficiente, completando el tiempo restante en el Purgatorio.

Todos han de saber que en el juicio final se verá de qué forma nuestros propios pecados han influido en que otros pecaren y se condenaren; y aquí de forma directa se ven afectados médicos y políticos, y todos aquellos que fomenten el aborto. Qué castigo más inimaginable  terrible les espera a estos pecadores empedernidos

El punto tercero del comunicado dice: Queremos reiterar nuestro apoyo incondicional a las mujeres que sufren las consecuencias de un embarazo no deseado, ofreciéndoles la ayuda eficaz de la Iglesia, a través de tantos programas y asociaciones, recordándoles que la muerte del hijo que llevan en su seno nunca es la solución a sus problemas. Queremos aportar algunas consideraciones.

La madre que ha abortado debe saber que ha pecado, debe saber cuál es la gravedad de su pecado, la gravedad de la ofensa que ha cometido contra Dios, infinito en amor y misericordia. El pecado mortal es la mayor injusticia que jamás pueda cometer el ser humano, porque se ofende al más Santo, al más Inocente, porque se ofende a quien nos ha dado la vida y ha establecido un orden para vivirla; y tal injusticia nunca quedará impune, sino se repara y satisface aquí en la tierra, será en el Purgatorio o en el mismo Infierno. Dios ante tal injuria cometida por el alma sólo espera, a diferencia de la justicia humana, que la dureza del corazón pecador se transforme en un corazón contrito y humillado. ¡Qué poco pide Dios Todopoderoso! Y aun así se  le da la espalda.

Muchas madres que han abortado deben saber que han cometido un pecado mortal, que han perdido la gracia divina, que van camino de la perdición de su alma. ¿Puede haber misión más importante que advertir a estas infelices madres de la situación de su alma? De nada les valdrá las terapias que traten de paliar los efectos sicológicos de la madre que ha abortado si ésta pierde su alma.

¡El alma de la madre que ha abortado! He aquí la grandísima preocupación, en primer lugar de la Iglesia.

Cuando en el alma se restablece el orden de la creación, que es cuando aquella reconoce al Creador como su Dios y Señor, entonces conoce la verdadera paz; porque no hay más paz, tanto en cada persona como en la sociedad, como la paz que da al Dador de Paz, nuestro Señor Jesucristo. Al restablecerse el orden en el alma se ha cumplido la verdadera justicia: el reconocimiento de la gloria de Dios. Porque la gloría de Dios es la paz del hombre.

La madre que aborta atenta contra la gloria de Dios, porque ha cometido la injusticia ante Dios, y por ello pierde la paz verdadera del alma. Aquí está el origen y causa de la angustia y desesperación de la madre, cuando es plenamente consciente de lo que ha hecho. Urge restablecer el orden destruido por el pecado en la madre, para que restablecida la gloria de Dios en su alma encuentre la verdadera e inalterable paz.

La ley del aborto es una grandísima injusticia porque atenta contra la gloria de Dios, y por ser una ley injusta jamás proporcionará la paz a la nación que  lo haya establecido. Nunca, jamás, habrá paz, ni orden, ni justicia social, ni bien común en tal sociedad, en tal nación. La gloria del hombre es vivir en gracia, su paz es Dios morando en su alma.

La paz y prosperidad de un  Estado es la gloria que da a Dios con sus leyes, y la paz de este Estado es Dios velando por él. No hay término medio.

Ave María Purísima.


3 respuestas a «¡El alma de la madre que ha abortado!»

  1. No se si alguien ha reparado en ello pero ayer oí algo que desearía no haber escuchado jamás y menos dicho en España. Una puerca famosilla cercana, es evidente, a los postulados del gobierno, donde ciertamente abundan las de su piara, había declarado hace unos días que estaba enormemente ilusionada porque los trámites para ir a recoger a la niña que había adoptado en Etiopía llegaban a su fin y pronto se reuniría con lo que, decía la cursi, «es la ilusión de mi vida», o algo similar. El caso es que semejante cretina tenía como se suele decir una bala en la recámara, y nunca mejor dicho, porque el juntaletras que le preguntaba le debió decir en plan inocente algo así como: «pues que bien, ya tendrás dos hijos porque como estás embarazada». Lo que respondió la aparente tonta a la tres, pero en realidad y a lo que se ve una hija de la gran puta redomada, es para helarle la sangre al más pintado: «¡Uy! no, -dijo la pájara-, yo esto que llevo dentro no se de quién es y lo voy a abortar, a mi lo que me hace ilusión me espera en Etiopía y no necesito a nadie más». Propósito, el primero, que al parecer llevó a término.
    Tenemos y tendremos en España lo que nos merecemos porque si esto no es tentar al Señor Bendito que alguien venga y me lo diga.

    1. Es lo que se ha sembrado a conciencia, y no por casualidad. La confusión y desorientación inducida de los padres, se multiplica de generación en generación.
      El hijo «cosa» que me lo geste una de alquiler para no pasarlo mal y, como si tuviera un perrito, cuando me canse de él que lo eduque rita. Cosa que pasará más que proto, dado el paño.
      Además ese tipo de pijiprogre no sale en las noticias por casualidad, está propagando la actitud y forrándose al tiempo con ello. Todo esta anti natalidad anti cristiana, viene financiada por el anglo sionismo vía masonerías marioneta, y hay cantidades de dinero ingentes detrás, por no hablar de las presiones a todos los niveles.

  2. Se mata a los niños por comodidad, y si pudieran, y llegará… los matarán también tras ver la luz del sol. Retrocediendo, que es gerundio. Ya se mata en Holanda a los niños con problemas (doblemente indefensos)
    ¡Por comodidad!, y alguien que se diga cristiano, ¿se lo cree de verdad?. Matar a un ser vivo, sin necesidad, está mal, e internamente se suele sentir así. Matar a un semejante, es inaceptable para un cristiano (o sea, para cualquiera, crea o no).
    De la predicación de la Montaña (Mateo 5)
    «Habéis oído que se dijo a los antiguos: no matarás. Quien matare será reo de condenación. Pero yo os digo: todo el que se enfada con su hermano, será reo ante el tribunal.»

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