El alma humana 

¿Qué es el alma humana? El alma humana es una sustancia espiritual, libre e inmortal, hecha a imagen Y semejanza de Dios, criada para estar unida a un cuerpo. “Dios creó inmortal al hombre, y formóle a su imagen y semejanza” (Sab., II, 23).

¿Qué se entiende diciendo que el alma es una sustancia espiritual? Que es una sustancia inmaterial y simple, dotada de entendimiento y voluntad, y que puede vivir separada de su cuerpo. El alma es inmaterial; es decir, inextensa, indivisible, sin ninguna de las propiedades sensibles de la materia, y, por lo mismo, no se puede percibir por los sentidos. Puede subsistir separada del cuerpo, es decir, que de por sí es independiente de la materia, y que la disolución de los órganos materiales y aun la del cuerpo no puede ocasionar la del alma.

¿Cómo se prueba la espiritualidad del alma? Se prueba la espiritualidad del alma por sus mismas opera­ciones en virtud del axioma que dice: Una sustancia es de la misma naturaleza que las operaciones que produce. Las operaciones del alma son inmateriales, como claramente lo prueba la experiencia: luego dichas operaciones no pueden ser producidas sino por una sustancia inmaterial. Las dos facultades superiores del alma, el entendimiento y la voluntad, son, por naturaleza, independientes de la materia, puesto que su objeto propio, la verdad y la justicia, no tienen nada de material: luego él ser del alma debe poseer también esa independencia, y el alma debe poder subsistir separada del cuerpo.

¿Quiénes niegan la espiritualidad del alma? Los materialistas, que afirman que no hay nada fuera de la materia.

¿Qué se debe pensar del materialismo? Que es una doctrina absurda y degradante, rechazada igualmente por el sentido común y la conciencia. En efecto: si no hay más que materia, no hay inteligencia, ni libertad, ni moral, ni Dios; el hombre puede seguir todos sus instintos por perversos que sean; la sociedad queda sin base, y no habrá más ley que la ley del más fuerte.

¿Qué error grosero pretende acreditar ahora el materialismo? La opinión dominante hoy día entre los materialistas es que el hombre trae su origen del mono, y que no es sino un mono transformado y perfeccionado. De este modo, esos pretendidos sabios, que no hablan más que de la dignidad del hombre y del respeto debido a los derechos del hombre, no vacilan en atribuirle un origen bestial, ni en rebajarlo al nivel de los brutos.

¿Que quiere decir que el alma es libre? Que el alma humana es libre quiere decir que tiene la facultad de elegir, de determinarse entre dos cosas posibles, optando por una o por otra.

¿Cómo se prueba la existencia de la libertad? Se prueba, desde luego, por varios textos de la Sagrada Escritura. “Creó Dios desde el principio al hombre, y dejóle en manos de su consejo… Delante del hombre están la vida y la muerte, el bien, y el mal: lo que escogiere le será dado” (Ecle., XV, 14, 18)Reportará gloria eterna: podía pecar, y no pecó; hacer el mal, y no lo hizo” (Ecle., XXXI, 10).

¿Cómo se prueba por la razón la existencia de la libertad? Se prueba: 1º Por el testimonio de la conciencia. En efecto: cuando uno delibera, tiene conciencia de que puede optar por uno u otro de los dos partidos que se ofrecen; y cuando se determina, tiene igualmente conciencia de ser causa inmediata del acto que ejecuta. 2º Por la obligación moral y la responsabilidad, las que no se conciben sin la libertad. En efecto, nadie está obligado a querer el bien si desde luego no es capaz de quererlo, ni puede ser responsable sino de los actos de que es verdaderamente causa.

¿Quiénes niegan la libertad? Los fatalistas y los deterministas. Los primeros dicen que un poder superior decreta fatalmente todos los acontecimientos, sin tener en cuenta la libertad humana. Los segundos dicen que nos determinamos a obrar impulsados por la fuerza irresistible del motivo de más peso; que la voluntad es una balanza que mueven fatalmente, a manera de pesas, los motivos o razones de obrar. Admitir esos errores es lo mismo que decir que no hay ni bien ni mal; que los remordimientos de la conciencia son una quimera, que las leyes son un contrasentido, y en fin, que el mal tiene a Dios solo por causa.

¿Qué puede responderse a los que objetan la presciencia divina contra la libertad? Que siendo Dios infalible, talo cual acto libre que Él ha previsto sucederá infaliblemente, pero no necesariamente. Para Dios lo futuro es presente, pero su presciencia no ejerce sobre nuestros actos mayor influencia que la ejercida por nuestra visión sobre la naturaleza de los objetos que vemos o de las acciones que presenciamos.

¿Qué quiere decir que el alma es inmortal? Quiere decir que el alma humana no cesará jamás de vivir.

¿Cómo se prueba la inmortalidad del alma? Se prueba: 1º Por la Sagrada Escritura. “Que el polvo se vuelva a la tierra de donde salió y el espíritu vuele a Dios, que le dio el ser” (Ecle., XII, 7) –  “Irán éstos al eterno suplicio, y los Justos a la vida eterna” (Mat., XXV, 46). 2º Por la razón, que aduce en confirmación de esta verdad una prueba física y dos pruebas morales.

¿Cuál es la prueba física en favor de la inmortalidad del alma? La espiritualidad del alma exige que subsista en sí misma y que ejerza por sí misma sus operaciones específicas sin depender necesariamente del cuerpo. Es, por tanto, evidente que la disolución del cuerpo no puede acarrear la del alma, y que no teniendo ésta por su naturaleza ningún germen de disolución, es por sí misma inmortal. El alma, es verdad, tiene necesidad en esta vida de que las facultades sensitivas le proporcionen la materia de sus operaciones; pero tan luego como el lazo que la unía al cuerpo se rompe, goza de la existencia propia de las sustancias separadas, y obra sólo con su inteligencia. En vano se objetará que Dios, que ha creado el alma de la nada, puede también aniquilarla; eso no es más que una posibilidad absoluta, que jamás se reducirá al acto. En efecto: Dios no se contradice; y habiendo hecho al alma incorruptible e inmortal por naturaleza, no puede aniquilarla, ni obrar, por decirlo así, con un acto de su poder, en contra de otro acto de su sabiduría. “He visto que todas las cosas que ha creado Dios, duran perpetuamente” (Ecle., III, 14).

¿Cuáles son las dos pruebas morales de la inmortalidad del alma? Estas: 1º la necesidad de una sanción de la ley moral. La justicia de Dios exige que el bien sea recompensado y el mal castigado. Ahora bien, esta justicia no se ejerce en este mundo universal ni completamente: luego es necesario que más allá de la tumba reciba cada cual lo que le es debido. 2º El deseo de la felicidad. El alma desea la felicidad perfecta; pero este deseo no lo puede satisfacer en este mundo: luego es necesario que haya para ella otra vida en la que sus aspiraciones sean plenamente satisfechas; y esa felicidad no será perfecta si tiene fin.

¿Quiénes niegan la inmortalidad del alma? Los ateos, los materialistas. “El hombre constituido en honor, no ha tenido discernimiento, se ha igualado con los insensatos jumentos, y se ha hecho uno de ellos” (Salmo XLVIII, 18).

¿Los filósofos dignos de este nombre, han creído en la espiritualidad, libertad e inmortalidad del alma? Sí: pues verdades de tan capital importancia no las han negado sino hombres extraviados o corrompidos.

¿Tienen estas verdades en su favor el testimonio universal? Sí: pues son objeto de la creencia de todos los pueblos.


2 respuestas a «El alma humana »

  1. La perspectiva del repugnante Bergoglio, para quien el infierno está vacío, es groseramente aniquilacionista, y calza bien para con los ateos, pues presupone que tras la muerte viene la «nada absoluta». Así se expresó el argentino al ser consultado por un ateo…

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