El Asesino de Occidente y la locura de toda una civilización

ESCUCHAR NOTICIA: En algunos de sus discursos recientes, Donald Trump, el rubio con tupé que vuelve loco al mundo, el actual presidente de la civilización del dólar, ha cometido meteduras de pata notables. Ha hablado con ligereza de una inexistente «República Islámica de Japón» y se ha referido al payaso de Kiev, Zelensky, un actor de la OTAN, como Putin. Estas meteduras de pata, en sí mismas, podrían incluso provocar risa, pero resultan irresistiblemente trágicas si se tiene en cuenta que Trump es el hombre más poderoso de Occidente, el político del que depende el destino del mundo occidental y quizás, al menos en parte, del mundo entero. Intenten comparar la postura tragicómica de Trump con la seria y matizada de Putin o Xi Jinping: como diría Odifreddi, parafraseando a Hamlet, algo anda mal en Occidente. Tanto es así que, desde hace algún tiempo, proponemos describirlo con el neologismo «asesino», aludiendo así al impulso pantoclástico y autodestructivo de una civilización, la nuestra, que parece encaminarse inexorablemente hacia su decadencia. La decadencia de Occidente de la que escribió Spengler se desarrolla rápidamente ante nuestros ojos. El lema «asesino», lejos de ser un mero juego literario, encapsula de inmediato la ontología fundamental del Occidente actual, para el cual todo ser es nada y debe ser considerado y tratado como tal. Sobre este tema, Heidegger y Severino han escrito las obras más importantes hasta la fecha, anticipando con precisión quirúrgica la «locura de Occidente» (Severino). El declive de Occidente se hace aún más evidente si consideramos el surgimiento gradual de un mundo multipolar, liberado del control de Washington y estructurado como una unión de todos los gobiernos del planeta que, por una u otra razón, han sentido la necesidad de unirse para resistir la angloglobalización, es decir, la americanización forzada del mundo entero. En este sentido, la figura tragicómica de Donald Trump cristaliza a la perfección en un solo hombre la parábola del declive de nuestra civilización: un declive trágico, sin duda, pero también irresistiblemente cómico. Fuente: comunicación personal. Traducción: Carlos X. Blanco.   Pulse para escuchar el texto En algunos de sus discursos recientes, Donald Trump, el rubio con tupé que vuelve loco al mundo, el actual presidente de la civilización del dólar, ha cometido meteduras de pata notables. Ha hablado con ligereza de una inexistente «República Islámica de Japón» y se ha referido al payaso de Kiev, Zelensky, un actor de la OTAN, como Putin. Estas meteduras de pata, en sí mismas, podrían incluso provocar risa, pero resultan irresistiblemente trágicas si se tiene en cuenta que Trump es el hombre más poderoso de Occidente, el político del que depende el destino del mundo occidental y quizás, al menos en parte, del mundo entero. Intenten comparar la postura tragicómica de Trump con la seria y matizada de Putin o Xi Jinping: como diría Odifreddi, parafraseando a Hamlet, algo anda mal en Occidente. Tanto es así que, desde hace algún tiempo, proponemos describirlo con el neologismo «asesino», aludiendo así al impulso pantoclástico y autodestructivo de una civilización, la nuestra, que parece encaminarse inexorablemente hacia su decadencia. La decadencia de Occidente de la que escribió Spengler se desarrolla rápidamente ante nuestros ojos. El lema «asesino», lejos de ser un mero juego literario, encapsula de inmediato la ontología fundamental del Occidente actual, para el cual todo ser es nada y debe ser considerado y tratado como tal. Sobre este tema, Heidegger y Severino han escrito las obras más importantes hasta la fecha, anticipando con precisión quirúrgica la «locura de Occidente» (Severino). El declive de Occidente se hace aún más evidente si consideramos el surgimiento gradual de un mundo multipolar, liberado del control de Washington y estructurado como una unión de todos los gobiernos del planeta que, por una u otra razón, han sentido la necesidad de unirse para resistir la angloglobalización, es decir, la americanización forzada del mundo entero. En este sentido, la figura tragicómica de Donald Trump cristaliza a la perfección en un solo hombre la parábola del declive de nuestra civilización: un declive trágico, sin duda, pero también irresistiblemente cómico. Fuente: comunicación personal. Traducción: Carlos X. Blanco.

En algunos de sus discursos recientes, Donald Trump, el rubio con tupé que vuelve loco al mundo, el actual presidente de la civilización del dólar, ha cometido meteduras de pata notables. Ha hablado con ligereza de una inexistente «República Islámica de Japón» y se ha referido al payaso de Kiev, Zelensky, un actor de la OTAN, como Putin. Estas meteduras de pata, en sí mismas, podrían incluso provocar risa, pero resultan irresistiblemente trágicas si se tiene en cuenta que Trump es el hombre más poderoso de Occidente, el político del que depende el destino del mundo occidental y quizás, al menos en parte, del mundo entero. Intenten comparar la postura tragicómica de Trump con la seria y matizada de Putin o Xi Jinping: como diría Odifreddi, parafraseando a Hamlet, algo anda mal en Occidente. Tanto es así que, desde hace algún tiempo, proponemos describirlo con el neologismo «asesino», aludiendo así al impulso pantoclástico y autodestructivo de una civilización, la nuestra, que parece encaminarse inexorablemente hacia su decadencia. La decadencia de Occidente de la que escribió Spengler se desarrolla rápidamente ante nuestros ojos. El lema «asesino», lejos de ser un mero juego literario, encapsula de inmediato la ontología fundamental del Occidente actual, para el cual todo ser es nada y debe ser considerado y tratado como tal. Sobre este tema, Heidegger y Severino han escrito las obras más importantes hasta la fecha, anticipando con precisión quirúrgica la «locura de Occidente» (Severino). El declive de Occidente se hace aún más evidente si consideramos el surgimiento gradual de un mundo multipolar, liberado del control de Washington y estructurado como una unión de todos los gobiernos del planeta que, por una u otra razón, han sentido la necesidad de unirse para resistir la angloglobalización, es decir, la americanización forzada del mundo entero. En este sentido, la figura tragicómica de Donald Trump cristaliza a la perfección en un solo hombre la parábola del declive de nuestra civilización: un declive trágico, sin duda, pero también irresistiblemente cómico.

Fuente: comunicación personal.

Traducción: Carlos X. Blanco.


7 respuestas a «El Asesino de Occidente y la locura de toda una civilización»

  1. El problema de TRUMP es que es un hombre de ideas simples, aunque efectivas, por lo menos empresarialmente, pero que carece de cultura y formación.
    No tengo claro, al igual que se decía de JUAN CARLOS I, que haya leído un libro en su vida…

  2. Para comprender los entresijos de una humanidad tan podrida que asesina a los bebés en el vientre de sus madres no necesitamos delimitaciones geográficas (¿occidente?) ni corifeos psicodélicos como Heidegger ni payasos como Trump. Todo está demasiado claro.

    1. Más que un payaso, Trump es un showman completo perdido en su fiebre narcisista, con Estrella incluso en el Paseo de la Fama de Holy-Wood. Sin embargo, es muy bueno para Usa, y si perdemos esto de vista…

  3. El famoso carteo de los lacayos iluminados de Weishaupt/ el marrano, Pike y Mazzini recoge esa decadencia expresamente provocada; así mismo está recogido en los aún más famosos Protocolos de la Masoneria internacional y los sabios de Sion. Así pues debería ser un secreto a voces, incluso para los que no se hayan percatado de que el liberalismo relativista; valga la redundancia; viene desembocando vía progresismo en la degeneración de las pseudo democracias, con objeto de llegar a la eficiente dictadura, por aclamación popular. Creas algo que disuelve el antiguo orden cristiano, lo vas corrompiendo a medida que se aleja de aquel viejo orden y finalmente lo haces tan insoportablemente caótico y mentiroso, que la gente pide orden y mano dura. Y es entonces cuando te venden, primero con dulces y guirnaldas, y después con la bota en la cara, el orden de la cábala eugenésica platónica anticristiana marrana anglosionista nazi de los amos, por no poner más cosas… Fin o sintesis del rollo de las antítesis de turno.
    Encaja todo pero vamos… cosa mala; y de un tiempo a esta parte ya es la monda.

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