El camino de la santidad sacerdotal

La santidad sacerdotal es un camino a recorrer, una tarea a realizar, un fin a llevar a cabo. La santidad sacerdotal es vida constante para el sacerdote. Este horizonte de santidad no puede desaparecer un solo instante de la vida del sacerdote. Es su personal tarea pastoral.

Si el sacerdote no anhela ser santo, cómo va a llevar la santidad a los demás, a los necesitados y hambrientos de Dios.

Si no luchamos por ser santos. Si no nos esforzamos en ser santos como santo es nuestro Dios, qué estamos haciendo con nuestras vidas, qué valor tienen, qué resplandor traslucen. “Sed santos como yo soy santo”. Es un mandato. No es una sugerencia. Es una realidad a llevar a plenitud.

El Señor no nos ha redimido para permanezcamos en nuestra miseria, en nuestra ignorancia, en nuestra sensualidad, en nuestra nada. Nos ha redimido para elevarnos a la santidad, para darnos lo más grande y excelso que nunca el hombre podrá soñar, la filiación divina: hijos de Dios,  en y, por tanto, dignos de tal Padre.

El sacerdote está llamado a ser maestro y guía, padre y médico de almas, a reproducir en su vida, pobre y desvalida, al mismo Cristo. Esto requiere un constante y continuo esfuerzo, trabajo, tarea, misión, preocupación, inquietud anhelo, esperanza, ilusión, sostén en la debilidad, acicate para salir de las caídas, y siempre superación.

Siempre superación. Nunca el sacerdote debe permitir dar un paso atrás en su santidad. Estancarse es retroceder. No puede retroceder, y no luchar. Si no se esfuerza en avanzar, queda “tocado”. Está desarmado, ha empezado su hundimiento espiritual. Su derrota está en el horizonte. Su luz sacerdotal se oscurece hasta que no sea más que un triste recuerdo de lo que pudo  ser.

El Señor quiere a sus sacerdotes santos, puros, como corderos sin mancha que se dirigen al altar del sacrificio. Así quiere en Sumo y Eterno Sacerdote que su sacerdote se dirija al altar, como cordero puro, limpio y sin mancha. Así quiere a sus sacerdotes, sencillos, humildes, mansos, puros. Sí, el Señor exige TODO de sus sacerdotes, por la simple razón que Él lo ha dado TODO por ellos.

El Señor espera crucificado una constante muestra de amor recíproco de sus sacerdotes. Sólo eso: un amor recíproco.

La vida sacerdotal ha de ser un constante y continuo olvido de uno mismo en pro de la gloria de Dios, nuestro Señor. La vida sacerdotal ha de ser un constante y continuo morir a uno mismo para que Cristo reine en la vida del sacerdote. El sacerdote debe llegar a perder el mismo gusto de sus complacencias para recuperar el único gusto divino. En la vida sacerdotal sólo debe imperar una ley: la de la voluntad divina.

El sacerdote debe estar “muerto” al mundo, a sus gustos, vanidades y mentiras. Nada más dañino, por enteramente falso, que eso de “diálogo con el mundo”, de “apertura al mundo”; como si el sacerdote fuera uno más, sin nada que le distinga de su entorno, ni en su forma de vestir, ni en su forma de comportarse, ni en su forma de vivir. Eso del “diálogo” y “apertura” no ha hecho más que mundanizar al sacerdote, hacerle perder su identidad de consagrado al Señor, hacer que desconozca lo que es la vida ascética, de oración sacrificio y penitencia; y no sólo lo desconoce, sino que desprecia todo sacrificio y privación.

Cuántos sacerdotes, desgraciadamente, han dejado la vida de  oración personal diaria, el rezo atento y completo del Breviario, la celebración diaria y devota de la santa Misa. Se han relajado en aquello que es el sustento de su vida sacerdotal y de su santidad. Han construido su vida sacerdotal sobre arenas movedizas  y traicioneras de eso que llamamos  “mundo”, y no la han construido en las fuertes columnas de la oración personal, rezo del Breviario y santa Misa, así como de una de ascesis y penitencia. Y al final, inevitablemente, el pecado, la caída, y el escándalo; y a la ofensa terrible al Sagrado Corazón de Cristo Sacerdote, que aparece tal olvidado.

El sacerdote debe distinguirse en medio del mundo, debe ser reconocido allí donde esté. Más aún, debe ser despreciado por el mundo, ignorado, insultado, escupido y apedreado, entonces será otro Cristo.

Ave María Purísima.


8 respuestas a «El camino de la santidad sacerdotal»

  1. Sobre el siempre difícil diálogo de la Iglesia con el mundo (al que se alude en al artículo), he encontrado en Internet una exposición dada en 1997 por el Cardenal Rylko (1945-) que ofrece una visión equilibrada del tema, alejada de posiciones extremas, como, por ejemplo, negarse a todo diálogo, prescindir de la realidad del mundo, ignorar las exigencias del mundo, etc., etc.
    A continuación algunos párrafos extraídos del artículo.
    Título:
    “Iglesia y mundo: diálogo y camino de salvación. “Los laicos de la Acción Católica desde el Concilio Vaticano II hacia el tercer milenio.” (Mons. Stanislaw RYLKO, Secretario del Pontificio Consejo para los Laicos)

    Extractos:
    “El Concilio Vaticano II ha significado un cambio epocal en las relaciones entre la Iglesia y el mundo debido a la nueva impostación de sus relaciones recíprocas, las que desde siempre han sido complicadas y delicadas. Por lo tanto ante la Iglesia se han abierto nuevos horizontes y nuevas vías de evangelización y de diálogo con las realidades temporales.” (p.1)

    “El Papa en el camino de preparación al Gran Jubileo invita a un serio examen de conciencia, que debe referirse en particular a la recepción de la doctrina del Concilio, este «gran don del Espíritu a la Iglesia hacia el final del segundo milenio» (Tertio millennio adveniente, n. 36) e inmediatamente después agrega: «Una pregunta vital debe plantearse con referencia al estilo de las relaciones entre Iglesia y mundo. Las directivas conciliares – ofrecidas en la Gaudium et spes y en otros documentos – de un diálogo abierto, respetuoso y cordial, acompañado por un discernimiento atento y por un valiente testimonio de la verdad, siguen siendo válidas y nos llaman a un ulterior compromiso» (ibid.). En mi relación presentaré por lo tanto un cuadro general de la problematica del diálogo entre la Iglesia y el mundo, así como es expuesto por el Concilio Vaticano II y por el magisterio pontificio postconciliar. En efecto, la fuente viva del magisterio eclesial debería ser siempre para todos los cristianos un punto de referencia seguro, un incentivo continuo que lleve a un compromiso más fuerte y un fundamental criterio de verificación para el «estilo» de las relaciones con el mundo contemporáneo.” (p. 1)

    “La Iglesia, en fin, es misterio de «comunión misionera». No está por lo tanto replegada sobre sí misma, sino que está orientada hacia la misión, hacia el mundo.” (p.1)

    “El cristiano, si bien no es del mundo, vive en el mundo. Para realizar su vocación debe por lo tanto comprender la realidad del mundo y su significado. Debe ser «ciudadano del mundo» a pleno título.” (p. 2)

    “Estos son los elementos esenciales de la visión conciliar del mundo. Recordarlos desde el inicio, me parece importante. Ya que para impostar bien el diálogo de salvación con el mundo, es necesario sobre todo entender qué cosa es el mundo y cuál es su destino.” (p. 3)

    “Nuestro tiempo está caracterizado por un creciente divergencia entre la Iglesia y el mundo. Y este fenómeno es una de las expresiones de un proceso que echa sus raíces ya en el período del Iluminismo. Fue entonces cuando nació aquella corriente de pensamiento que, fomentando la emancipación/liberación del mundo del influjo de la Iglesia en particular y de la religión en general, ha hecho extraordinariamente difícil el diálogo Iglesia – mundo. El Vaticano II ha sido la respuesta del Espíritu Santo a este gran desafío de la edad moderna. Y el valiente programa del Concilio de proponer nuevamente el diálogo con el mundo está plenamente ilustrado en la expresión: la Iglesia en el mundo.” (p. 3)

    “Esta Iglesia escucha atentamente el mundo porque sabe que Dios habla también a través de los hechos y de los eventos temporales. Por esto ella escruta constantemente los «signos de los tiempos». Se va haciendo evidente que ésta es una categoría teológica y no meramente sociológica, porque es parte de la teología de la historia. Al respecto dice el Concilio: «Es propio de todo el Pueblo de Dios, pero principalmente de los pastores y de los teólogos, auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la palabra divina, a fin de que la Verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y expresada en forma más adecuada» (ibid., 44).” (p. 4)

    “Ante un similar escenario, todos los cristianos deben sentirse interpelados por las palabras de San Pablo: «¡Pobre de mí sino predicara el Evangelio! (1 Cor. 9,16). La Iglesia del presente es por lo tanto una Iglesia llamada a un gran esfuerzo misionero y Juan Pablo II no se cansa de alentarla en el compromiso por la «nueva evangelización», estimulando todos sus miembros a buscar los métodos más aptos para llevar el Evangelio de Jesucristo a todos los hombres de nuestros tiempos. “ (p. 4)

    “Paradigma del diálogo de la Iglesia con la cultura es siempre el discurso de San Pablo en el areópago de Atenas, centro, de la cultura del pueblo ateniense (cf. He. 17, 22-31): Pablo no espera, sino que va él mismo con coraje al encuentro del mundo de la cultura de entonces; inicia un diálogo que puede ser considerado el primer ejemplo de «inculturación» del mensaje evangélico en el contexto de la cultura griega. También este suceso momentáneo contiene una enseñanza: en el difícil diálogo con las culturas, la Iglesia jamás se debe rendir ni desalentarse.” (p. 5)
    “La tarea que nos espera tiene carácter de urgencia, y esto es así a causa de las grandes estrategias mundiales en acto, que se oponen al Evangelio. La Iglesia no vive fuera del mundo. El «nuevo orden mundial», el «nuevo consenso mundial» – del cual se habla – en los últimos años ha encontrado expresión en las conferencias mundiales promovidas por las Naciones Unidas. Ahora, la antropología que está a la base de estos programas (los cuales después son impuestos por los gobiernos a escala mundial), es una antropología no-cristiana y se podría decir sin más anti-cristiana. Para camuflar los verdaderos intentos se adoptan neologismos con términos como «gender», «salud reproductiva», etc. mirando sólo y siempre al mismo objetivo: una política contraria a la familia y contraria a la vida. La Iglesia, es consciente de la importancia de este desafío, no puede desertar del campo de la cultura porque la apuesta es el futuro de la humanidad. A la civilización del odio se debe contraponer la civilización del amor; a la civilización de la muerte, una civilización de la vida. El principal método de evangelización de la Iglesia del Concilio Vaticano II es el diálogo, como lo ha definido Pablo VI en su primera encíclica la Ecclesiam suam (1964). El diálogo al cual se refiere es el diálogo no como un simple medio de comunicación, sino más bien diálogo de salvación que tiene como modelo el diálogo entre Dios y el hombre a lo largo de la historia de la salvación y en esto reconoce su origen. Es un diálogo que parte de la libre iniciativa de Dios y de su amor infinito; un diálogo que no se mide según los méritos de aquellos a los cuales se dirige; que respeta siempre la libertad de cada persona; que abraza todos sin discriminación. Diálogo que exige a quien lo practica una actitud de estima, de respeto, de amor y de confianza, de prudencia evangélica, y también de coraje para poder incitar el propio razonamiento «fuera de los lugares comunes». El Papa Pablo VI concluye: «Es necesario hacerse hermanos de los hombres en el acto mismo en el cual queremos ser sus pastores, padres y maestros.” (pp. 5-6)

    II ASAMBLEA ORDINARIA – Buenos Aires, 11-14 septiembre 1997 Cristo Salvador ayer, hoy y siempre EN DIALOGO CON DIOS, EN LA IGLESIA, CON EL MUNDO Y CON LAS CULTURAS
    ++
    Artículo completo (8 páginas)en: ES_RYLKO_IIAss1997.pdf (catholicactionforum.org)

    1. Muy bien, y ¿ud que piensa de todo eso? porque he ,( me resulta imposible leer copias y pegas tan extensas), su discurso y no veo su opinión, y opiniones tenemos todos, por eso queremos saber la suya, ¿nos reconoce ud capacidad para pensar por nosotros mismos?. Claro que es muy posible que ud. no quiera saber de la opinión de nadie, sobre todo si puede cuestionar algunas doctrinas últimas… pero, a ver, ¿el Sínodo ese que están publicitando, no trata de que los laicos también podamos ser maestros en la fe?.. ¿o solo en la fe que coincida con la que admita Bergogglio?

      1. Usted me hace cuatro preguntas y alude a dos cuestiones más, todo lo cual requeriría una extensa respuesta que, por otra parte, dudo pueda ser de interés.
        Mi intención al hacer mi primer comentario (tiene usted razón en que hay demasiadas citas), era la de proporcionar un contrapunto a cómo son tratados en el artículo del P. Juan Manuel los conceptos de “mundo” y “diálogo” en conexión con la Iglesia. De ahí que he creído oportuno introducir las opiniones del Cardenal Rylko para que sirvan como una visión autorizada complementaria, de forma que los lectores de EED dispongan de mayor información sobre estas cuestiones y puedan hacer una valoración más ajustada a la realidad.
        Decir que, en este caso concreto, suscribo creo que íntegramente todo lo que dice el Cardenal, aunque (como digo) este hecho no me parece sea especialmente significativo.
        Cordialmente.

        1. En la Iglesia, como Cuerpo Místico de Jesús, caben diferentes opciones para las personas bautizadas y especialmente para las consagradas, y esto se traduce en su relación con el mundo. La monja de clausura, que dedica toda su vida a la oración, a la adoración, al culto, es una de ellas, pero también está quien prefiere dedicarse a servir a los más necesitados y llevarles el Evangelio, como la Madre Santa Teresa de Calcuta.
          A diferencia de los ermitaños o de los religiosos en conventos, San Francisco Javier, o más recientemente el Padre Jorge Loring, o los misioneros, son ejemplos entre muchos, de una sana relación con el mundo en cumplimiento de los deseos de Jesucristo. Relación basada en una correcta utilización del diálogo.
          El artículo aludido del Cardenal Rylko hace referencia a estos aspectos y comenta algunos de los documentos del Concilio Vaticano II, así como de otros Pontífices, que ilustran y enseñan sobre esta delicada y, a veces, mal interpretada relación con el mundo a través del diálogo.

        2. Muchas gracias por su respuesta. Entiendo, por lo que escribe en este comentario y por otros que ha publicado, que está ud de acuerdo, y siempre justificará, con cualquier cambio de la liturgia, incluso de la Tradición de la Iglesia, que proponga la actual jerarquía.. respeto su actitud pero para alguien entrada en años, como yo, no puedo de ninguna manera compartirla. En mi modesta opinión, se está llevando a cabo, envuelto en bonitas frases, eso si, una demolición de todo aquello en lo que hemos creido y de todos los pilares en los que durante 2000 años, se ha sustentado la Iglesia… confio que Dios no abandone a su Esposa.
          Me parece mucho más grave lo que hace este pontificado que todo lo ocurrido hasta ahora, incluso con los Borgia… pecadores, como todos, pero al menos, no trataron de hundir todo el dogma.
          Saludos.

          1. No, en absoluto. El que aporte comentarios a favor de ciertos aspectos del CVII y también que introduzca citas de los pontífices postconciliares no significa que esté de acuerdo y justifique “cualquier cambio de la liturgia y de la Tradición de la Iglesia que proponga la actual jerarquía”. Así, por ejemplo, en aspectos como el diálogo, la apertura, la relación con el mundo (de los que trata el artículo del P. Juan Manuel), pues me parece bien la forma como son tratados en los documentos del CVII, y comparto lo que dice el cardenal Rylko. Otra cosa distinta es el uso y aplicación que se puede hacer del diálogo, de la relación con el mundo, de abrirse a éste. Entra en lo posible que algunos sacerdotes hayan hecho una mala utilización de ellos, pero en sí mismas, tales propuestas (me refiero al diálogo, la relación con el mundo), no son malas, más bien eran y son necesarias.

            Ya dije en algún momento que el CVII era un tema controvertido, con sus claroscuros, pero no veo en él un plan encubierto para destruir la Iglesia. En mi opinión, hasta la fecha, lo esencial de la doctrina católica se mantiene íntegramente. Es debatible si los cambios en otros aspectos formales han sido más o menos acertados.

            De la Iglesia, también comenté que no tengo dudas (por testimonios fiables, por profecías y apariciones de la Virgen María, etc.) de que fue infiltrada para destruirla y de que todavía se encuentra en peligro, quizás ahora más que nunca en el pasado, debido a los enemigos dentro de la misma. Sobre los Papas postconciliares, pues creo que efectivamente a partir de Pío XII se han visto sometidos y han tenido que afrontar la poderosa acción maligna de la masonería, pero no detecto en ellos, ni en sus escritos ni en sus obras, que hayan colaborado a favor de la misma, más bien al contrario. Ello no significa que, ciertamente, sigan habiendo cardenales, obispos y sacerdotes que de forma deliberada o inconsciente han equivocado su sagrada misión (esto también está suficientemente avalado).

            Los graves desafíos que enfrenta en estos momentos la Iglesia son realmente preocupantes (comparto mucho la visión que está ofreciendo el P. Santiago Martín y que expone en sus videos). Por lo cual los católicos rezamos para que la Jerarquía actual con el Papa Francisco a la cabeza sepan cumplir con la voluntad de Nuestro Señor para su Iglesia.

            En fin, me he alargado mucho exponiendo puntos de vista personales irrelevantes, pues lo importante son los hechos y lo que declaran las fuentes y los autores acreditados (de ahí que prefiera introducir citas).

            Cordialmente.

  2. Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y me siga. Quien quiera salvar su vida, la perderá, y quien pierda su vida por mi causa, la ganará. Porque ¿qué aprovechará un hombre si gana el mundo entero, y pierde su alma?

  3. Leer esto sobre los elevados e ideales designios de los sacerdotes… pero estarse sin poder recibir los sacramentos porque el clero en masa aplaude con las orejas a Sinagoglio Caifás… ¡Pasen y vean, Señoras y Señores!

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