El «campo de concentración» de Albatera: otra inmensa mentira histórica más

En el término municipal de San Isidro (Alicante) se pretende que existió un «campo de concentración» –en el sentido peyorativo que tal acepción tiene desde la II Guerra Mundial– y además «franquista», lo que constituye una de las mayores falsedades históricas de las muchas que especialmente desde 2007, y desde mucho antes,  promocionan los de siempre bajo el amparo de la infame Ley de Memoria Histórica. Pero como la verdad reluce incluso entre toneladas de mentiras, si observamos lo que pretenden esos de siempre y acudimos no sólo a los archivos, sino mejor aún a lo que dicen ellos mismos, en seguida vemos que o les traiciona el negro subconsciente que poseen o además de mentirosos son supinos ignorantes y mayúsculos idiotas.

A la entrada del área en que en su día estuvo dicho centro, hay un gran cartel que recibe a los visitantes, atraídos por el morbo, de la siguiente llamativa forma: «Campo de Concentración de Albatera»; «Del Campo de Trabajo al Campo de Concentración franquista»; «En memoria de las personas represaliadas en el Campo de Concentración de Albatera». Como ven, lo de «concentración» se repite insistentemente; algo que ya de entrada llama la atención.

A colación con ello, el entramado de agit-prop de los de siempre, ha inundado los medios con numerosos artículos que repiten hasta la saciedad lo que dicen dos de sus principales fuentes para el caso: Joseph Almudéver, de 101 años de edad, francés nacido en Marsella, comunista que fue miembro de las Brigadas Internacionales y que es el único superviviente vivo de todos los que pasaron por aquel centro tras el final de la contienda 1936-39, y Felipe Mejías, que se define como «arqueólogo e historiador», el cual dirige las excavaciones que se realizan en el lugar a costa del erario público bajo el amparo de las subvenciones que, por la infame ley ya citada, le ha otorgado el Ayuntamiento de Valencia (unos 17.000€ por ahora, aunque espera conseguir más).

Pues bien, en honor a la verdad histórica, vamos a ver primero lo que estas dos personas afirman sobre Albatera, luego expondremos los datos comprobados que existen sobre dicho centro y, finalmente, tras contrastar lo uno con lo otro sacaremos las lógicas conclusiones.

Lo que dicen Almudéver y Mejías.-

Almudéver

Almudéver afirma que «Si me preguntan lo que comí a mediodía soy incapaz de decírselo», pero que, a sus 101 años, si que «Lo que pasó después de la guerra fue tan criminal que lo recuerdo perfectamente», y este anciano comunista cuenta que: «La gente no tenía ni para comer»; «Vendían alfalfa, tabaco y panes porque con las dos sardinas que nos daban mucha gente se moría de hambre»; «El 4 de julio fusilaron a tres; el 10 a cuatro; el 16 a dos. A mí me metieron en el calabozo por francés. Mataban a la gente porque querían marcharse»; «Hubo una gran cantidad de víctimas por no poder ir a hacer sus necesidades»; «Yo estuve 17 días sin hacer de vientre. Teníamos muchos dolores»; «Por estas condiciones criminales quisiesen hacer desaparecer todo aquello. Franco arrasó con todo». Por último, dice que de Albatera lo trasladaron a la cárcel modelo de Valencia y tras dos años en ella «me llevaron a la de Aranjuez. Allí estábamos en un convento y, como había un patio muy grande, hacíamos dos equipos de futbol. Aquello era otra cosa».

Mejías

Por su parte, Mejías afirma: «Hubo unos 300 campos de concentración desconocidos porque la mayoría tuvieron un periodo de vida muy corto tras la guerra civil, porque se destruyeron todos los registros y estructuras»; «Su función era coger a todos los prisioneros republicanos y someterlos. Era un lugar donde se clasificaban a los presos en función de su filiación política o lo que considerasen su grado de peligrosidad, y se distribuían a otras cárceles»; «Podían ocupar estructuras ya existentes (como plazas de toros o conventos) o ser simplemente una parcela vallada con barracones, con una apariencia similar a los campos nazis»; «La diferencia entre los campos españoles y los alemanes es que los segundos tenían como objetivo el exterminio, con sus estructuras específicas para ello, como pueden ser cámaras de gas. Pero que en muchas ocasiones los campos franquistas se convertían en algo parecido, debido a las condiciones a las que estaban sometidos los presos y que llevaban a un altísimo número de fallecimientos»; «El lugar estaba diseñado para 3.000 personas, pero en su momento de mayor ocupación no hubo más de 1.600. Sin embargo, se estima que allí se destinaron unos 15 o 16.000 personas»; «Los prisioneros dormían al raso y espalda con espalda, porque no había espacio y cualquier intento de acercarse a las vallas acababa con un fusilamiento público. Durante el primer mes comían una lata de sardinas en escabeche o de lentejas para dos personas cada varios días, y un mendrugo de pan»; «Sabemos que hubo episodios continuos de lluvias en el mes de abril, y que también hubo un brote de tifus»; «Los testimonios dicen que todos los días aparecía gente muerta cuando tocaban diana por la mañana. Hablan mucho de trastornos intestinales (estreñimiento y diarrea, con perforaciones), pero también de fusilamientos»; «Hay episodios que nos han contado verdaderamente terribles, como un perro que se coló en el campo de concentración, lo desmembraron y se lo comieron. O cuando los agricultores de la zona tiraban fruta por encima de las vallas, y que podía costar la vida al prisionero que la recogiera cerca del vallado. A la mañana siguiente lo fusilaban».

Albatera como «Campo de Trabajo».-

Albatera comenzó como «Campo de Trabajo» iniciándose su construcción por orden del gobierno del Frente Popular durante el verano de 1937, inaugurándose, aún sin terminar y con graves deficiencias en sus instalaciones, en Octubre de dicho año. Su inauguración la presidió el ministro de Justicia, el peneuvista Manuel de Irujo.  Las únicas fotografías que existen de él fueron realizadas por Luis Vidal el 12 de Febrero de 1938 (se insertan a continuación), día en que el campo recibió la visita de una delegación de la Cruz Roja Internacional organizada por el Frente Popular con fines propagandísticos. Según las autoridades frentepopulistas, el campo constituía: “medida para los desafectos al régimen democrático (…) obra de dignificación social (…) el fundamento moral (…) es la de incorporar a la vida de trabajo, a los que hasta ahora habían vivido la existencia parasitaria de verdaderos convidados sociales (…) la generosidad de la República para con sus traidores, al sacarlos de las prisiones para que puedan incorporarse a la vida activa, de manera que cuando consigan la libertad puedan hacerlo con los honores de hombre moderno, que gana su existencia con la cooperación de su labor a la obra nacional» (Texto  del Servicio de Información de la Subsecretaría de Propaganda, en artículo publicado en el diario El Luchador, el 16.10.1937).

Vista general del campo de Albatera

Según la Memoria Anual Reglamentaria del Campo de Trabajo del Segura (Sección de Albatera) que se elaboraba desde la inspección gubernativa frentepopulista, en la entrada del registro general del Ministerio de Justicia de 21 de Marzo de 1938, todavía entonces seguían las obras de construcción de barracones, lo que acreditan la fotografías de Luis Vidal de un mes antes, estimándose su capacidad en unas dos mil personas. Entre los diversos apartados que constan en el informe, encontramos uno dedicado al tipo de trabajo que realizaban los presos, siendo éste, fundamentalmente, el de las labores agrícolas.

El campo, inaugurado en Octubre de 1937, aún seguía en construcción el 12 de Febrero de 1938, fecha del reportaje de Luis Vidal con motivo de la visita de la Cruz Roja, así como en Marzo de dicho año según la memoria oficial frentepopulista citada

Con capacidad para unos 2.000 presos según dicha memoria oficial, llegó a albergar a unos 1.600. En él fueron encerrados condenados por los arbitrarios Tribunales Especiales Populares, Juzgados de Urgencia y Audiencias Provinciales, todos ellos frentepopulistas, por delitos de «desafección al régimen» (del Frente Popular), rebelión y otros parecidos, es decir, que a él fueron a parar falangistas, gentes de derechas, quintacolumnistas, religiosos, etc. Los reclusos, a pesar de lo que dice la memoria frentepopulista citada, fueron utilizados, además de en las labores agrícolas, para construir carreteras, caminos y obras defensivas militares. Entre los presos los hubo desde los que tenían estudios y profesionales, hasta simples braceros. La mayor parte de ellos comprendidos entre los 18 y 45 años. Algunos de los más señalados fueron el abogado Antonio García Leal; el procurador de los Tribunales eldense, Francisco Hellín Almodóvar; Algimiro Torrecillas Cimadevilla, que ocuparía importantes cargos tras la guerra, y el historiador y abogado ilicitano Alejandro Ramos Folqués.

Otra vista del campo (Luis Vidal 12.02.1938)

De las condiciones del campo existe el siguiente testimonio irrefutable del sacerdote oriolano, Saturnino Ortuño Pomares (fallecido en 1944), que llegó a él cuatro días antes de su inauguración trasladado desde el Reformatorio de Adultos de Alicante: Los guardianes eran individuos hartos de dar paseos. El que a mí me cacheó me preguntó reiteradamente si llevaba medallas encima. Al principio se trabajaba de verdad, y cuando alguien se sentaba, recibía la frase de sus guardianes, proverbial: o te levantas o te tumbo de un tiro. En el campo no había comodidad alguna. En los primeros días estábamos amontonados en los barracones de madera y uralita, y también en tiendas de campaña; no había lavabos ni retretes. Quienes trabajábamos en tierras cercanas a arroyos, nos lavábamos allí. A los guardianes del campo se les llamaba viriatos y gozaban de muy mala fe. La alimentación de Albatera fue pésima, casi siempre se servía a los internados una especie de caldo negro, con unas lentejas o judías negras bailando una zarabanda de risa y miseria”.

Otra vista del campo. Obsérvese la precariedad que suponían las tiendas de campaña como barracones (Luis Vidal 12.02.1938)
Presos del campo trabajando en la construcción de una acequia. Resulta llamativo el «uniforme» a rayas impuesto por los frentepopulistas (Luis Vidal 12.02.1938)

Según la versión oficial frentepopulista, el campo llegó a disponer de una plantilla de ocho barberos, doce lavanderos y dos encargados de limpieza. También con una enfermería regida por los internos dotada de laboratorio y botiquín, cuyas medicinas eran repuestas mensualmente, dentro de las restricciones propias de la guerra. Sólo los enfermos más graves o de carácter infeccioso eran enviados al Hospital Provincial. Enfermedades endémicas en el campo fueron bronquitis, reuma, lumbago, urticaria, anemia, hemorroides, glucemia, que eran tratadas por los médicos y/o sanitarios presos.

Construcción de tubos de cemento para las conducciones de agua (Luis Vidal 12.02.1938)
Construcción de hornos para cocción de pan (Luis Vidal 12.02.1938)

Sin embargo, la realidad es que los presos tuvieron que soportar las incomodidades de las deficientes instalaciones, el clima caluroso de la región y las condiciones endémicamente insalubres de la zona y sus enfermedades ya citadas, junto a otras penurias, además del trabajo, penalidades todas ellas mitigadas sólo en parte por las ayudas que les prestaban desde fuera del campo las «margaritas» del “Socorro Blanco” clandestino del Requeté, dirigido en la zona por María Bautista Pérez de Torres, con el peligro correspondiente, gracias a que el director del campo, Alfredo Estrella Coronado, se lo facilitaba dentro de lo posible, toda vez que dicha persona era afecto en secreto al Movimiento; tras la guerra, y debido a su meritoria y arriesgada labor, continuó su carrera como funcionario llegando en 1950 a ser director del penal del Dueso (Santander) y en 1956 jefe superior de la Administración Civil del Cuerpo Especial de Prisiones, jubilándose en 1961.

Albatera como «campo de prisioneros de guerra».-

Terminada la contienda el 1º de Abril de 1939, el «campo de trabajo» de Albatera se convirtió en «campo de prisioneros de guerra». Tras liberar a los presos allí existentes, se llenó con los frentepopulistas rendidos en la zona, mayormente de los capturados en el puerto de Alicante al no poder huir. Las labores de vigilancia fueron encomendadas primero a la 3ª Compañía del 6º Batallón del Regimiento de San Quintín de Valladolid y más tarde al Tabor del Grupo de Regulares Núm. 2 de Melilla. En esta última fase ejercieron como jefes del campo sucesivamente los Tenientes de Regulares Agustín Pérez Palomo y Anselmo Rivas Jordán, este último desde Junio.

Dos escenas de los intentos de huida desde el puerto de Alicante el 29 o 30 de Marzo de 1939

Presunto grupo de prisioneros de guerra frentepopulistas esperando su traslado a Albatera

El máximo de ocupación del campo, que consta en registro de las autoridades de prisiones nacionales mientras estuvo activo, fue en ese mismo mes de Abril llegando a los 6.800 prisioneros. Debido a las deficiencias del campo, así como al excesivo numero de prisioneros, ya a mediados de ese mes se evacuó a los menores de edad –reclutados como soldados en los últimos meses de la guerra por los frentepopulistas– y en Mayo se hizo lo propio con los mayores de 60 años de cualquier condición, fueran militares o civiles. Bien la liberación o los traslados de prisioneros a centros penitenciaros adecuados fueron ya desde entonces constantes hasta el cierre definitivo del campo en Octubre de ese mismo año de 1939 –aliviándose con ello en buena medida las difíciles condiciones de habitabilidad–, por lo que estuvo en activo sólo siete meses y medio.

El campo padeció, además de las consecuencias de la endémica insalubridad de la zona ya dicha –o precisamente por ello– constantes oleadas de disentería, diarreas y estreñimiento, así como una epidemia de tifus, penalidades unidas a las de los parásitos (piojos, pulgas y chinches) y plagas de mosquitos que allí abundaban también de siempre. El peor mes fue, sin duda, Abril, debido al exceso de prisioneros. Tras su cierre, todas sus estructuras fueron demolidas a fin de evitar la persistencia y/o extensión en la zona de las dolencias y enfermedades citadas. No sería hasta comienzos de la década de los 50 cuando el Instituto Nacional de Colonización incluyó a la zona en su plan de aprovechamiento de terrenos improductivos –como saladares, pantanos, etc.–, realizando amplias obras de construcción de regadíos, al tiempo que cediendo a los habitantes del lugar viviendas y parcelas para su explotación, sobre todo de cultivos de algodón, alfalfa o heno.
Burillo

Por el campo pasaron importantes frentepopulistas como fueron: Juan Ibarrola Orueta (1900-1976), quien fuera jefe del 22º Cuerpo del Ejército; Ricardo Burrillo Stholle (1891- fusilado en 1940), comunista, chequista, miembro del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), director General de Seguridad y participante en el asesinato de José Calvo Sotelo; Leopoldo Ortega Nieto (1898-liberado en 1941), militar, mediador con el ejército nacional de parte del Col. Segismundo Casado para la rendición de Madrid tras el golpe de éste; Etelvino Vega Martínez (1906-fusilado en Noviembre de 1939), comunista, teniente coronel de milicias, comandante militar de Alicante; Nilamón Toral Azcona (1908-1983), teniente coronel de milicias, jefe de Agrupación de Divisiones, jefe del Puerto de Alicante en los últimos días de la guerra; Antonio Molina (1910-de enfermedad en 1945), anarquista, coronel de milicias, mandó una división en el Jarama y otras después; David Antona Domínguez (1904-por causas naturales en 1945), anarquista, gobernador civil de Ciudad Real; Antonio Trigo Mairal (1897-1954), socialista, gobernador civil de Madrid; José Gómez Osorio (1882-fusilado en Febrero de 1940), socialista, gobernador civil de Madrid; Rafael Henche de la Plata (1886-1961) socialista, que fue alcalde de Madrid; Ángel Pedrero García (1902-fusilado en Febrero de 1940) comunista, jefe del SIM; José Rodríguez Vega (1902-1966) socialista, sucesor de Largo Caballero el frente de la UGT; Jaume Mata Romeu (1919-1986) del Partido de los Socialistas Catalanes, aviador; Alfonso Fernández Torres (1907-1978) socialista, presidente de la Diputación de Jaén; Jesús Larrañaga Churruca (1901-fusilado en 1942) comunista, comisario político del «ejército de Euzkadi», jefe de la organización del PCE en Albatera, liberado, regresó a España en 1941 como maquis, detenido de nuevo, fue fusilado;

Quiñones

Heribeto Quiñones González (1907-fusilado en 1942), comunista, oficial del XIV Cuerpo de Ejército Guerrillero, traductor de los asesores soviéticos, escapó de Albatera, formó una célula comunista terrorista, detenido en 1942; Luis Sedín López (1909-fusilado en 1942), comunista, comisario político de carros de combate, escapó de Albatera con Quiñones, detenido y fusilado; Manuel Navarro Ballesteros (1908-fusilado en 1940) comunista, directo de Mundo Obrero; Eduardo de Guzmán Espinosa (1908-1991) anarquista, director del diario Fragua Libre; Juan Bautista Peset Alexandre (1886-fusilado en 1941) socialista, médico, rector de la universidad de Valencia, comisario civil del ejército, inspector de hospitales; Miguel Alonso Calvo (1913-1994) escritor; Pascual Pla y Beltrán (1908-1961) poeta; Ángel Gaos González-Pola (1908-1990) abogado y escritor; Fernando Macarro Castillo (a) «Marcos Ana» (1920-2016) comunista, comisario político, condenado a muerte por tres asesinatos, conmutada la pena a 30 años al haberlos cometido siendo menor de edad; Manuel Tuñón de Lara (1915-1997) comunista, escritor, historiador; Jorge Renales Fernández (a) «Jorge Campos» (1916-1983), comunista, escritor, Premio Nacional de Literatura en 1.955; Manuel García-Pelayo Alonso (1909-1991) abogado, jefe del Estado Mayor de la 66.ª División, y jefe de Estado Mayor de la agrupación «Toral» durante la batalla de Valsequillo, posteriormente presidente del Tribunal Constitucional español; Rafael Ramos Folqués (1896-1964), abogado.

Contraste y conclusiones.-
De entrada vemos cómo Albatera, como «Campo de Trabajo» no fue, ni mucho menos, un lecho de rosas como lo quieren pintar los de siempre. El testimonio del sacerdote Saturnino Ortuño, que intentan desacreditar por «exagerado», no lo es. Las fotografías de Luis Vidal tampoco. En ellas se advierte que el campo seguía muy en precario en 1938 –un horno de pan para tantos presos y tiendas de campaña como barracones–, lo que ratifica la propia memoria frentepopulista citada, así como que se encontraba al límite de su capacidad al albergar a 1.600 presos de los 2.000 de capacidad (se habla de 3.000, pero la memoria citada lo desmiente). Llamativa resulta la uniformidad de los presos idéntica a la de los campos de concentración alemanes.
Cartel de reclutamiento para las «margaritas» del Requeté

El hecho de que los presos tuvieran que ser atenidos en lo posible por las «margaritas» del «Socorro Blanco» para poder subsistir acredita tales deficiencia. Sobre los objetivos del campo declarados oficialmente por el propio Frente Popular y que hemos reflejado, son un compendio de eufemismos marxistas-leninistas que se descalifican por sí mismos, no mereciendo más comentario. La insalubridad de la zona era de siempre endémica, de ahí la proliferación de enfermedades tanto durante la guerra como una vez terminada. Durante la guerra, fue providencial que el director del campo fuera afecto al Movimiento.

Finalizada la contienda, el Ejército Nacional capturó a todo el ejército frentepopulista tras la rendición en masa de sus cerca de 800.000 hombres incluidos buena parte de sus autoridades civiles de variado nivel, todos los cuales fueron internados en numerosos «campos de prisioneros de guerra» utilizando para ello todo tipo de instalaciones fijas o improvisadas existentes en las cercanías de los lugares donde estaban desplegadas las unidades de dicho ejército, a fin de proceder a su depuración, es decir, a su identificación y determinación del grado de sus responsabilidades caso de tenerlas. Así ocurre siempre al final de toda contienda y en todo el mundo. Lo mismo y con idénticas formas y fondo hicieron los aliados al finalizar la II Guerra Mundial surgiendo por doquier «campos de prisioneros de guerra» improvisados a penas delimitados por una alambrada. Dicho proceso de depuración generalizada, en nuestro caso, llevó unos nueve meses de forma que para finales de 1939 sólo permanecían detenidos unos 150.000 de los 800.000 prisioneros capturados, habiéndose incorporado a la vida normal los liberados que en su mayoría eran simples soldados que, forzados o voluntariamente, habían servido en el ejército frentepopulista.

Uno de los varios campos británicos de concentración de población boer en Sudáfrica en 1902 que causaron una terrible mortandad

Es evidente que unas instalaciones ya de por sí deficientes, se vieron colapsadas por la llegada de esos 6.800 prisioneros que llegó a tener el campo; bien que sólo en Abril. Y es evidente que alimentarlos y sostenerlos en las mejores condiciones posibles era una labor ímproba, por no decir imposible, lo que no implica que contra ellos se llevara a cabo acción punitiva ni menos aún  «exterminadora» como se pretende. Desde luego, Albatera siguió siendo lo que ya era, un lugar duro, si se quiere más por el exceso de prisioneros, pero sobre todo por la endémica insalubridad de la zona y los rigores del caluroso verano de la región que en seguida se echó encima.

La dureza hay también que achacarla al hecho constatado de que al terminar la guerra se tuvo que asumir la gestión de la zona frentepopulista la cual carecía de todo, en la que se venía pasando hambre de verdad desde hacía meses y cuyos recursos naturales habían desaparecido por la explotación indiscriminada, al tiempo que corrupta e inepta, de ellos; por ejemplo, la deforestación era casi total por haberse consumido los bosques para leña, al tiempo que la ganadería y la agricultura estaban bajo mínimos por el mismo mal proceder, lo que nunca había pasado en la zona nacional. Así, la ración de latas de sardinas fue un clásico no sólo para los prisioneros de Albatera, sino incluso para gran parte de la población civil y las propias unidades militares nacionales. Nada debe extrañar, por tanto, lo que Almudéver testimonia en este sentido.

Incontable masa de prisioneros alemanes hacinados a la intemperie vigilados por norteamericanos

El testimonio de Almudéver es muy interesante en varios puntos, pues pretendiendo demonizar a Franco y a los nacionales, aporta datos que acreditan todo lo contrario.

Además de refrendar lo relativo a las epidemias, nada distintas a las que se venían padeciendo por los presos durante la guerra en el «campo de trabajo», Almudéver dice que: «Vendían alfalfa, tabaco y panes», es decir, que los prisioneros disponían de alfalfa, de tabaco –todo un lujo entonces– y de pan, cuyo comercio paliaría en buena medida las latas de sardinas, todo lo cual vendían, lógicamente, o entre ellos mismos o a personas del exterior. Ello implica tanto la posesión de dinero como el relajo de las labores de vigilancia. O sea, de nuevo nada de acciones punitivas y de exterminación, sino más bien lo contrario, es decir, procurar aliviar en lo posible las duras condiciones de vida de los prisioneros.

Prisioneros japoneses en un campo alambrado norteamericano

«El 4 de julio fusilaron a tres; el 10 a cuatro; el 16 a dos». Si pasamos revista a la lista de los frentepopulistas más sobresalientes que hemos citado, veremos que los fusilados fueron pocos, que lo fueron cuando el campo ya había cerrado, que pesaba sobre ellos graves responsabilidades y que ninguno lo fue en Albatera. Almudéver comienza diciendo que recuerda todo a la perfección, pero sólo recuerda el fusilamiento de nueve prisioneros –si fueran más no habría perdido ocasión de decirlo– y en un plazo de quince días y, además, a partir de Julio. Y es que los procesos de depuración comenzados en Abril no pudieron sustanciar antes de Julio sentencias de muerte de los consejos de guerra sumarísimos –a los que se sometió a los prisioneros con graves responsabilidades–, debido al tiempo que exigían las garantía procesales, las cuales se cumplían a rajatabla. Si de 6.800 prisioneros en Abril, y muchos menos después, Almudéver acredita sólo nueve fusilamientos, la proporción es… nimia, por no decir otra cosa. Incluso si hacemos una extrapolación, desde Julio hasta Octubre, cuando se desaloja y cierra el campo definitivamente, los posibles fusilados en Albatera no debieron ser, según el testimonio de Almudéver, más de 54… de nuevo una proporción nimia. De nuevo nada de «exterminio».

Su paso por el calabozo por la increíble razón de «ser francés», acredita el hecho de que no existía ni de parte de los guardianes y ni menos aún de las autoridades nacionales inquina alguna contra los prisioneros por el hecho de que sobreviviera un comunista como él, recalcitrante y además brigadista –las Brigadas Internacionales ya habían abandonado España hacía meses–, a los que durante la guerra se solía fusilar in situ cuando se les capturaba.

Prisioneros alemanes, militares y civiles, incluidas mujeres, en un campo aliado alambrado a la intemperie

«Mataban a la gente porque querían marcharse». Almudéver emplea «marcharse» en vez de decir escaparse. Todo prisionero quiere fugarse y lo intenta. Y todo servicio de guardia debe impedirlo aún con la armas. Son las reglas del juego que a nadie, y menos tratándose de una postguerra, pueden escandalizar. Lo anterior lo demuestra el hecho de que hubo fugas –en la lista hemos visto al menos a dos peligrosos prisioneros que lo consiguieron, Heriberto Quiñones González y Luis Sedín López, constando otras varias, algunas de anarquistas–, lo que deja en mala posición otra vez a Almudéver pues indica que el servicio de vigilancia de los temibles moros no debió ser tan estrecho. Además, avala lo dicho más arriba: los fusilados citados por Almudéver bien pudieron ser como lógica, legal y legítima consecuencia por intentos de fuga fracasados.

Por su parte, lo que afirma Mejías, la otra fuente principal sobre el pretendido «campo de concentración» tiene menos importancia toda vez que, además de que se le ve el plumero ideológico, está subvencionado por los de siempre y, más aún, habla sin citar fuentes ni acreditarlas. En algún caso se limita a repetir, con otras palabras, lo que cuenta Almudéver.

Prisioneros alemanes en manos soviéticas. De los cerca de 100.000 sólo sobrevivieron unos 10.000, los demás fueron dejados morir de hambre y frío en largas marcha a pie por las estepas rusas

Comienza por afirmar que hubo 300 «campos de concentración» en España, adivinándose o su ignorancia supina o su malicia alevosa. Fueron, en todo caso, «campos de prisioneros de guerra», como hemos dicho que ocurre al final de cualquier contienda. El reiterado empeño en esa palabra ya le desacredita. Pero es que además le traiciona el subconsciente cuando afirma lo que por otro lado no puede menos que reconocer: «la mayoría tuvieron un periodo de vida muy corto tras la guerra civil (…) Su función era coger a todos los prisioneros republicanos (…) se clasificaban a los presos en función de su filiación política o lo que considerasen su grado de peligrosidad, y se distribuían a otras cárceles (…) Podían ocupar estructuras ya existentes (como plazas de toros o conventos) o ser simplemente una parcela vallada con barracones». O sea, entonces y aquí campos de prisioneros de guerra de una contienda recién terminada como en cualquier otra parte del mundo y siempre.

Se empeña, retorciendo las palabras, en realizar comparaciones que siempre son, como dice el refrán, «odiosas» por injustas y erróneas: «con una apariencia similar a los campos nazis» (¿cuáles, los de prisioneros o los de concentración?) ¿Y por qué no los de los aliados o los de los británicos en la guerra de los boers o…? Y añade que «La diferencia entre los campos españoles y los alemanes es que los segundos tenían como objetivo el exterminio, con sus estructuras específicas para ello, como pueden ser cámaras de gas. Pero que en muchas ocasiones los campos franquistas se convertían en algo parecido». Lo de los alemanes está por demostrar con la amplitud con que se les achaca, incluido lo de las citadas cámaras. En cuanto a los españoles ya vamos viendo que ni por asomo según el propio Almudéver que estuvo en Albatera.

Españoles exiliados en Francia concentrados en un campo alambrado y a la intemperie; los guardias serían al poco sustituidos por soldados senegaleses

«Debido a las condiciones a las que estaban sometidos los presos y que llevaban a un altísimo número de fallecimientos»; condiciones sólo debidas a la insalubridad de la zona desde siempre y por enfermedades como él mismo afirma: «Sabemos que hubo episodios continuos de lluvias en el mes de abril, y que también hubo un brote de tifus (…) mucho de trastornos intestinales (estreñimiento y diarrea, con perforaciones)», y paliadas en lo posible desde el primer instante evacuando a los menores de edad y los mayores de 60, y liberando o trasladando constantemente al resto hasta el cierre total del campo en tan sólo siete meses y medio.

Mejías calla lo acreditado por Alnudéver sobre el comercio de alfalfa, tabaco y panes, pero dice que «los agricultores de la zona tiraban fruta por encima de las vallas», lo que acredita de nuevo la relajación de la vigilancia y ese comercio del que habla Almudéver, y desacredita lo que Mejías pretende «y que podía costar la vida al prisionero que la recogiera cerca del vallado. A la mañana siguiente lo fusilaban». ¿O el fusilamiento se debía a algún intento de fuga? ¿Cuántos fusilados? Porque Almudéver los detalla, incluso con fechas, y afirma acordarse bien de todo, y según él fueron sólo nueve; si hubieran sido más no habría resistido la tentación de decirlo.

«Durante el primer mes comían una lata de sardinas en escabeche o de lentejas para dos personas cada varios días, y un mendrugo de pan». O sea, que lo de las latas de sardinas, a las cuales ahora añadimos unas lentejas –que Almudéver calla, porque afirma acordarse de todo– fue sólo el primer mes, o sea, Abril, es decir, sólo cuando el campo llegó a su máxima ocupación. ¿Y luego, hasta Octubre, cuando, aún dentro de lo posible, ya se había establecido y estructurado mejor? ¿Y en los meses posteriores a Abril cuando se fue evacuando por liberaciones o traslados a muchos? O sea, que podemos deducir que pasado Abril mejoraron las condiciones, al tiempo que se vaciaba el campo, y las latas de sardinas quedaron en el olvido.

Escrito de 10.07.1939 del Servicio Nacional de Prisiones (Inspección Central Albatera – Alicante) solicitando al Ayuntamiento de Orihuela informes sobre el prisionero José Álvarez Alba en relación con su expediente de depuración. (Obsérvese que el sello que consta lleva el escudo de la República, algo habitual multitud de escritos oficiales incluso hasta mediados de los años 40, sin escándalo de ninguna autoridad «franquista» de entonces)

En cuanto al resto de sus declaraciones, sobre todo a los numerosos fusilados que pretende Mejías, no aporta pruebas. Sobre el terreno, este supuesto «arqueólogo e historiador» subvencionado y con un equipo de una decena de individuos como él a su cargo escarbando como posesos, sólo han encontrado algunos utensilios –un tenedor, un casquillo, una moneda– y poco o incluso nada más. Pero claro, la excusa que da es inmediata: «se destruyeron todos los registros y estructuras». Las estructuras, por otra parte siempre escasas y deficientes, por supuesto para evitar la continuación de las enfermedades. Los registros… a lo mejor es que salvo los escritos solicitando informes sobre alguno de los prisioneros es que nunca los hubo dada la específica y decidida provisionalidad del campo decidida desde el principio por la autoridades nacionales, así como por la rapidez con que se fueron liberando a la mayoría de los prisioneros tanto de Albatera como del resto de campos de prisioneros de guerra –a excepción de aquellos a los que se encontraron graves responsabilidades–, hasta lograr que de 800.000 quedaran a finales de 1939 tan sólo unos 150.000.

Último y crucial apunte.- El propio Almudéver aporta un testimonio esencial no sólo sobre lo dicho por nosotros en estas conclusiones, sino mejor aún sobre el sistema de campos de prisioneros de guerra nacionales, la gestión de su depuración por parte de las nuevas autoridades hoy demonizadas por los de siempre e incluso sobre el también estigmatizado régimen carcelario durante la etapa de gobierno del Generalísimo. Y es que Almudéver dice que en Octubre, cuando se desaloja el campo, le llevaron «a la cárcel Modelo de Valencia» y a los dos años «Me llevaron a la de Aranjuez. Allí estábamos en un convento y, como había un patio muy grande, hacíamos dos equipos de futbol. Aquello era otra cosa». O sea, que de Albatera, como desde otros muchos campos de prisioneros de guerra provisionales, trasladaron a los prisioneros a recintos penitenciarios que reunían las condiciones de habitabilidad adecuadas, y de ellos a otros aún mejores (en su caso a Aranjuez) donde el régimen carcelario «franquista» era… de lo más suave, con equipo de fútbol incluido («aquello era otra cosa» dice) y eso que habla de 1941, o sea, durante los calificados como «años de hierro» que… no debieron serlo.


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