El cardenal Sarah avala el libro «Los mártires de Toledo» del P. López Teulón

P. López Teulón

El P. Jorge López Teulónbloguero en ReL, postulador de las causas de los mártires en la archidiócesis de Toledo, presenta el segundo tomo de su libro Mártires de Toledo. En esta breve entrevista nos anticipa algunos de los aspectos más interesantes del nuevo libro, enmarcado dentro de una obra compuesta por tres tomos de 600 páginas y un gran “escaparate” fotográfico.

-¿Qué supone para usted volver a publicar un nuevo libro de mártires dentro de toda su labor a este respecto?

El anhelo de poder seguir narrando la vida y martirio de los 292 sacerdotes diocesanos. Uno por uno, de no dejar ninguna historia en el tintero. De que Toledo, la Iglesia en España (y gracias a internet el mundo entero) conozca la persecución religiosa padecida por los católicos de 1931 a 1939 en nuestra Archidiócesis.

-¿Y el hecho de que se lo prologue el cardenal Sarah?

Tuve el privilegio de acudir el 28 de septiembre de 2019 a sus bodas de oro. Allí durante la comida, mientras hablamos con los comensales con los que me tocó sobre el obispo mártir de Barcelona, el siervo de Dios Manuel Irurita, se me ocurrió pedírselo. El arzobispo de Toledo, don Braulio acababa de escribir el prólogo del primer tomo…el cardenal Sarah podía hacerlo del segundo.

-¿Cómo le anima él en su labor?

Los que hayan leído sus libros recordarán el testimonio que da sobre la persecución sufrida en Guinea Conakri y que fue vivida por él mismo y por su antecesor, el arzobispo de Conakri, monseñor Raymond-Marie Tchidimbo. El cardenal Robert Sarah fue testigo directo de la persecución marxista y de sus consecuencias para la sociedad y contra la Iglesia Católica.

Al final de su prólogo el cardenal Sarah afirma: «el presente volumen nos ayudará a ver cuánto fue probada la Iglesia de Dios en la Archidiócesis Primada durante la persecución religiosa contra la Iglesia en España y, además, servirá para que imitemos el testimonio de los mejores hijos de la Iglesia». Esa es la clave, que yo pueda ayudar con lo que escribo a hacerlo visible.

-Es el segundo tomo del martirologio, háblenos del primero y de la obra en su conjunto.

Si Dios quiere se trata de una obra compuesta por tres tomos de 600 páginas y un gran “escaparate” fotográfico.

Después de diferentes reformas durante los episcopados que han regido la diócesis en el siglo XX, monseñor Braulio Rodríguez Plaza, en 2015, hizo la actual división pastoral de la archidiócesis, que es como sigue: la diócesis está dividida en 26 arciprestazgos, agrupados en 4 vicarías episcopales. Los 26 arciprestazgos atienden 232 municipios y asisten a 270 parroquias. Así que la gran división de esta obra la forman las 4 vicarías: Toledo, Talavera de la Reina, la Mancha y la Sagra.

El primer tomo lo dediqué íntegramente a la ciudad de Toledo, a los 108 mártires que entregaron su vida en la ciudad de Toledo entre el 22 de julio y el 20 de septiembre de 1936. Con un argumento único: junto a los hechos incontestables de la liberación del Alcázar, la ciudad Imperial se convirtió en una ratonera y se produjo el exterminio de las comunidades religiosas de varones y de los sacerdotes diocesanos que permanecieron en sus puestos fieles a su ministerio. Lo presentamos en la Catedral Primada el 18 de diciembre de 2019: de los 108 mártires, 44 eran miembros de la Catedral.

-Lo ha dividido en Vicarías y arciprestazgos…

Así es. Como decía, el primer tomo está dedicado a la ciudad de Toledo que lógicamente pertenece a la Vicaría de Toledo. El segundo tomo, que es el que acaba de ver la luz, abarca el resto de la Vicaría de Toledo y la Vicaría de TalaveraEl tercer tomo, Dios mediante, se ocupará de las otras dos vicarías, la de la Mancha y la de la Sagra.

A su vez, la división en arciprestazgos busca el que los actuales párrocos tengan información precisa de lo que pasó en las parroquias, en los arciprestazgos y en las vicarías en las que trabajan; si sus predecesores sufrieron el martirio o lo que pasó en sus parroquias.

-Recuerde la importancia de los martirologios hoy en día, pues pudiera parecer una palabra en desuso que se leían en antiguos seminarios…

Bajo mi punto de vista, hay un lenguaje eclesiástico que no deberíamos perder. Viendo hace unos días un reportaje sobre Félix Rodríguez de la Fuente, le escuchaba a su hija hablar sobre la manera purista y el perfecto castellano que usaba su padre para dirigirse a los niños para hablarles de la naturaleza, con palabras -decía ella- que todavía le llevaban a ella a echar mano del diccionario. Es eso. Dejemos el lenguaje en su pureza.

Y respecto a la clave de lo que me pregunta, ¡claro que debemos dar importancia a las historias de los mártires! Era a lo que me refería al principio de la entrevista: que se conozca todo y no se olvide nada. Ellos derramaron su sangre por Cristo, en el territorio diocesano, y nos enseñan a vivir en clave de fidelidad.

Monseñor Jaime Colomina, que ha fallecido hace unos meses, y que fue de quien tomé el testigo y con quien trabajé en los primeros años, siempre recordaba que, desde santa Leocadia, en tiempos del Imperio romano, nadie más había derramado su sangre en las calles de Toledo hasta que llega el martirio de nuestros sacerdotes y seglares en el trágico verano de 1936.

-¿Cómo ha sido el trabajo de recopilar información de cada uno de los mártires?

Antes una precisión. Yo no me invento nada. Aunque la parroquia, los feligreses, el pueblo… ya no recuerde nada de lo que pasó, recuperamos las historias de nuestros mártires con la veracidad de lo sucedido. A veces, es investigando en la hemeroteca, ¡de la que tantos datos sacamos!: fiestas de los pueblos, predicaciones, escritos de ellos mismos… Además, con la documentación que tan fidedignamente recogió don Juan Francisco Rivera Recio que fue el primero que escribió sobre la persecución religiosa.

Yo he escrito algún libro -sobre otros temas- en meses… pero, aquí puedo decir que los dieciocho años que llevo trabajando sobre la persecución religiosa en nuestra Archidiócesis cuentan para cada dato, anécdota, escrito o referencia de la vida de nuestros mártires.

-Háblenos de la importancia de que la historia recuerde no solo en general, sino en particular aquellos que heroicamente dieron su vida por Cristo…

Es eso, como decía. Ahora hay mucha más movilidad entre el clero, hay muchos más cambios. Se hace difícil la pertenencia a un lugar [no digo ni que sea bueno ni que sea malo. Pero antes los sacerdotes estaban décadas en los destinos]. Con lo cual uno de los trabajos que deseaba hacer desde el principio, es que el sacerdote cuando llegue a su destino pueda consultar quién estuvo ahí, qué paso, cómo murió martirialmente y qué pasó en el templo parroquial.

No son casi trescientos sacerdotes: es el martirio de 292 sacerdotes, de un subdiácono, de cuatro seminaristas… Ellos también tenían padres y hermanos. No son un número. Es preciso que conozcamos al detalle, lo más que se pueda, sus vidas, donde ejercían el ministerio, cómo atendían pastoralmente a su gente: que les impartieron los primeros sacramentos, que los casaron o que cada domingo celebraban para ellos la Santa Misa…

-Además, ahora que imponen la sectaria ley de memoria democrática que solo mira a los muertos de un bando, mutilando la mitad de la Historia.

Bueno hay que recordar que, ya en 2007, el título de la ley que el Gobierno de Rodríguez Zapatero presentaba era: Víctimas de la Guerra Civil [aquí entrarían todos los nuestros] y Represaliados del Franquismo. Curiosamente, la nueva Ley de memoria democrática cita nueve veces que será preciso reconocer a los “que padecieron persecución o violencia” por sus “creencias religiosas”.

A mí me han solicitado personalmente el ver como poder incluir el nombre de todos (obispos, sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos) los que fueron victimados por su fe. ¡Claro que ellos no usan la palabra mártir! Ya veremos en qué para.

Pero, en 2007, cuando la beatificación de los 498 mártires en Roma ya se nos acusó de hacer frente a la ley de Zapatero con una beatificación sacada de la manga… cuando cualquiera sabe que los procesos de canonización duran décadas. La coincidencia no fue tal…

Con todos mis respetos, y entendiendo lo que me pregunta, “el además”, sobra… Nosotros, como indignos sucesores de aquellos mártires, tenemos obligación de guardar sus nombres, vidas y martirio SIEMPRE… aunque haya una línea clara en la sociedad y/o en los gobernantes de querer explicarnos la historia de otra manera. Nosotros a lo nuestro: con persecución y sin ella.

Finalmente, la culpa del olvido de nuestros mártires fue nuestra ya que los dejamos en el limbo durante décadas, y eso solo fue omisión nuestra.

-De todos los mártires de este segundo tomo, ¿Cuáles serían aquellos testimonios más impactantes?

Se trata de un grupo de 97 mártires (84 sacerdotes diocesanos y 13 religiosos). Es impresionante el martirio del siervo de Dios Simeón Bel, párroco de San Bartolomé de las Abiertas; le cortaron sus partes como al beato Florentino, el obispo de Barbastro. Son impresionantes los testimonios de los que ya están beatificados: Liberio González, Saturnino Ortega, Domingo Sánchez. Hombres ya maduros, muy potentes intelectualmente, con infinitas iniciativas pastorales y, en definitiva, santos… Eso que proponemos tantas veces: fueron mártires porque eran santos. También curas jóvenes como el beato José García Librán, el párroco de Gavilanes (Ávila). Algunos con meses de ordenación… El asesinato de los hermanos de San Juan de Dios, junto a la ermita de la Virgen del Prado en Talavera, ¡son los protomártires de la Orden Hospitalaria en esta persecución!

Y algo que impresiona junto a los propios relatos, además de sus fotos (los de la mayoría) para contemplar su rostro… todo el aparato fotográfico que nos muestra la salvaje destrucción de todo lo que fuera católico (el martirio del arte).

Termino. La portada que he elegido (una Virgen con Niño profanada de la iglesia de Olías del Rey, Toledo) fue la escogida para un número extraordinario de la revista francesa L’Illustration, y publicada en enero de 1938. Es una talla de madera del siglo XVI. La imagen está mutilada: ¡qué necesidad había de arrancarle los ojos a la Virgen!

Qué aprovechéis la lectura de estas nuevas 632 páginas.

Para poder conseguir ejemplares dirigirse a la librería religiosa de Talavera (AQUÍ).

El primer tomo ya se puede descargar por internet AQUÍ.


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