El «caso Mindszenty» se repite en China (1/2)

El pasado 15 de septiembre, el Papa Francisco, de vuelta a Roma, y después de su viaje a Kazajistán para participar en el VII Congreso de Líderes de Religiones Mundiales y Tradicionales en favor del relativismo religioso que auspician los promotores del nuevo orden mundial, declaró, en la habitual rueda de prensa en el avión, que China no era un país antidemocrático. Estas declaraciones confirman la política del Vaticano y su diplomacia con el gigante asiático, la mayor tiranía del mundo. Esta política errática de apaciguamiento y pacto con regímenes comunistas no es nueva. En su transcurso, la Santa Sede no ha dudado en usar la calumnia y la mentira para condenar al ostracismo a hombres de Iglesia que optaron por la Fe y no por la rendición ante el comunismo.

József Pehm

Este año hemos conmemorado el 130º aniversario de una figura crucial en la «Iglesia del silencio» bajo el Telón de Acero. En marzo de 1892, nació en Csehimindszent, condado de Vas, al oeste de Hungría, József Pehm, el futuro cardenal Mindszenty. Tras finalizar el bachillerato, a lo largo del cual se involucró en el movimiento católico juvenil, ingresó en el seminario de Szombathely y el 12 de junio de 1915 fue ordenado sacerdote.

Aunque la figura del cardenal Mindszenty es conocida por su férrea oposición al régimen comunista húngaro, su posterior encarcelamiento de 1948 a 1971 y exilio hasta su muerte en 1975, lo cierto es que antes de eso ya había sido encarcelado dos veces. El primer encarcelamiento se produjo durante el gobierno revolucionario de Károlyi (noviembre de 1918-marzo de 1919) y continuó preso con la República Soviética Húngara (marzo-agosto 1919). La causa fue su participación en política al mando del Partido Cristiano del condado de Zala, en el que estaba destinado.

Miklós Horthy

Con la caída de la República Soviética y la subida al poder del almirante Miklós Horthy como regente permanente del Reino de Hungría (1920-1945), se abrió un largo periodo de orden y paz en una Hungría que, tras el Tratado de Trianon (1920), había perdido dos tercios de su territorio y más de la mitad de su población. Mindszenty pudo dedicarse de lleno a su misión de pastor de almas rechazando cargos políticos de relevancia. El entonces párroco de Zalaegerszeg consideraba que el clero debía participar activamente en política cuando ésta pudiese «derribar los altares y amenazar a las almas inmortales» De esta manera, dedicó veinticinco años a fortalecer los lazos entre los fieles y el clero mediante la construcción de templos, la creación  de asociaciones, el aumento del número de misas y las facilidades de recibir el Sacramento de la Penitencia, la impartición de más clases de religión en las escuelas o la creación de un periódico y una editorial.

El 25 de marzo de 1944, József Mindszenty fue consagrado obispo de Veszprém, diócesis que también requería un aumento de las obras apostólica católicas. Unos días antes, los nazis habían ocupado Hungría. En este nuevo periodo, Mindszenty y otros obispos húngaros denunciaron la orden de concentrar judíos en guetos y, en octubre de 1944, cuatro obispos de la región transdanubiana entregaron al gobierno pronazi de Ferenc Szálasi un memorándum en el que rogaban al gobierno que Hungría occidental no se convirtiese en un campo de batalla, ya que sería destruida. Esto impediría la reconstrucción futura del país, muy mermado en su parte oriental. Pocos días después, fue detenido por resistencia a la autoridad, que había intentado ocupar el palacio episcopal, y acusado de haber tratado de soliviantar a la población. Con la victoria del Ejército Rojo y la huida de los alemanes, el obispo de Veszprém quedó en libertad.

József Mindszenty

Poco tiempo después, en septiembre de 1945, fue nombrado arzobispo de Esztergom, la sede primada de Hungría y diócesis a la que pertenecía Budapest. Desde la sede primada impulsó una serie de campañas en el extranjero para la reconstrucción del país y, sobre todo, para garantizar la alimentación de la población. También se preocupó de alertar sobre el peligro del comunismo que, como siempre, tenía enfocada su acción en la juventud y que se hizo con el poder en Hungría hasta 1989. Como cabeza de la Iglesia en Hungría, denunció la persecución a los alemanes inocentes de nacionalidad húngara, visitó a los presos en campos de concentración y cárceles y fue un activo defensor de la enseñanza católica haciendo frente a la tentativa marxista de secularizar la escuela. Se opuso también al revanchismo sanguinario de los vencedores de la guerra sobre todo aquel que se negase o se hubiese negado a colaborar con ellos. El primer ministro húngaro, Ferenc Nagy, del Partido de los Pequeños Propietarios, tras sucumbir a las presiones de la URSS, se posicionó contra la Iglesia al afirmar que ésta no colaboraba en el desarrollo de la paz del país y no mostraba la gratitud que el Ejército Rojo se merecía. Así, la persecución religiosa se fue extendiendo.

El cardenal durante la faras de su juicio

El 26 de diciembre de 1948, Mindszenty, nombrado cardenal por Pío XII en febrero de 1946, fue detenido y acusado de alta traición y en febrero de 1949 condenado a cadena perpetua. Para mostrar la influencia e importancia del cardenal, traemos a colación el lema de la campaña que lanzó contra él el gobierno comunista: «¡Aniquilemos a Mindszenty! ¿Por el bien del pueblo húngaro y la paz entre Iglesia y Estado!». Mindszenty actuaba conforme a su papel de cabeza de la Iglesia en Hungría: no toleraba que la Cruz fuese pisoteada por la hoz y el martillo. Acabar con él, supondría un grave avance para la causa comunista.

El cardenal fue víctima de una serie innumerable de abusos y torturas físicas y psicológicas a lo largo del «proceso judicial» para que se reconociese culpable de los cargos que le imputaban. Por la importancia de su persona, los comunistas no podían permitirse acabar con su vida, por lo que, cuando su estado físico fue crítico, cesaron las torturas. Durante el resto de su presidio no pudo recuperarse de los maltratos sufridos. cabe destacar el profundo dolor que sufrió el cardenal Mindszenty al ser privado de sotana al ser encerrado en prisión y el contraste con el que sacerdotes y obispos actuales desprecian y prescinden de la sotana. Cuando las condiciones de su encarcelamiento fueron humanizándose, lo primero que hizo fue solicitar que le devolviesen su traje talar. El comunismo triunfaría cuando los sacerdotes y los obispos se quitasen la sotana por propia iniciativa, sin necesidad de ser detenidos ni encarcelados.

El cardenal en el momento de su liberación por soldados húngaros durante la Revolución de 1956

En la Revolución húngara de 1956, fue liberado y, antes de que las tropas soviéticas devolviesen el poder a los comunistas, pudo dirigirse a la embajada de los Estados Unidos, donde permanecería refugiado quince años.

Casaroli

A la par que el cardenal Mindszenty vivía recluido en la embajada estadounidense, desde la Santa Sede la posición frente al comunismo variaba. De una actitud beligerante, se adoptó una postura de acercamiento. Es lo que se conoce como la Ostpolitik vaticana. Esa nueva relación entre la Santa Sede y el bloque soviético dio su pistoletazo de salida en agosto de 1962 con los Pactos de Metz. El cardenal Tisserant, acompañado por monseñor Casaroli (cerebro de la Ostpolitik) acudió en representación de la Iglesia católica y el Patriarca de Moscú, Nicodemo, en el nombre de la Comunidad Ortodoxa Rusa, marioneta del Kremlin. En ellos, se acordó que en el Concilio Vaticano II, que comenzaría en octubre de ese año, el comunismo no sería condenado y, a cambio, miembros de la Comunidad Ortodoxa asistirían como observadores. El Pacto se cumplió. Debe mencionarse que sí que hubo una intentona a iniciativa del Coetus Internationalis Patrum (1) y suscrita por 454 padres conciliares de condenar el comunismo. Pese a haberse presentado la propuesta a tiempo, el documento no llegó a la comisión competente por un «olvido» del secretario de esta misma, monseñor Glorieux. Desde entonces, la política vaticana fue de acercamiento progresivo al comunismo. De esta manera, se abrieron en la Iglesia dos corrientes: los que, fieles a la doctrina de Jesucristo, se oponían frontalmente al comunismo siguiendo línea de los pontificados anteriores y los que querían entablar un diálogo con él. El cardenal Mindszenty sufrió en sus propias carnes el cambio de rumbo emprendido por Juan XXIII y continuado por sus sucesores.

En 1971, monseñor Jozsef Zagón visitó al cardenal en representación de la Santa Sede para persuadirle que abandonase Hungría. Aseguró que le Vaticano cuidaría de que los comunistas no utilizasen el abandono su país para fines propagandísticos. El cardenal exigió que se disolviese a los «sacerdotes pro-paz» (colaboracionistas del régimen comunista) y se garantizase la libertad para la enseñanza de religión católica sin que el enviado del Papa aceptase. Monseñor Zagón le aseguró que no perdería la condición de arzobispo y de primado, pero a cambio no podría hacer declaraciones que mermasen la relación entre la Iglesia y el Estado húngaro y se le prohibía publicar sus memorias.

Finalmente el cardenal Mindszenty aceptó abandonar Hungría, por obediencia a la Iglesia. A esto se le sumaba que, después de una breve correspondencia con el presidente Richard Nixon, sabía que no era bien recibido en la embajada estadounidense. En Occidente había comenzado un periodo de distensión con la URSS y, para alcanzarlo, el cardenal suponía un incordio.

József Mindszenty

Una vez en el mundo libre, sus relaciones con la Santa Sede empeoraron paulatinamente. Roma, quería evitar todo protagonismo del cardenal. Se le exigió que sus discursos y sermones fueran revisados por la Santa Sede, a lo que el cardenal terminó por negarse. Por las quejas del gobierno húngaro, la Santa Sede le garantizó que el cardenal no haría nada en el extranjero que pudiera desagradar al régimen comunista. Cuando decidió publicar sus memorias, Pablo VI le advirtió de que los rojos podrían vengarse con represalias a la Iglesia en Hungría y renovando las calumnias contra el cardenal. Mindszenty, firme, contestó que, tras cincuenta años de marxismo, la historia había demostrado que la Iglesia no debe hacer ningún gesto conciliador esperando que cesen por ello las persecuciones. Así lo expresa en sus memorias: «Los estudios históricos mencionados me enseñaron que el compromiso con semejante adversario casi siempre ha beneficiado a éste». Sobre las calumnias hacia su persona, creía que no podían inventar más de las que ya lo habían hecho. El golpe final se produjo cuando pablo VI le comunicó que había declarado vacante la sede arzobispal de Esztergom debido a que llevaba veinticinco años sin poder ejercer su misión. El cardenal, lleno de dolor, publicó una carta afirmando que no se había retirado voluntariamente de su cargo, ya que en Hungría la Iglesia no era libre porque estaba coaccionada y, para evitar la persecución, debía obedecer los dictados del gobierno comunista. Tras la publicación de esa carta, el cardenal Mindszenty escribió en sus memorias: «Así emprendí el camino del aislamiento, en un destierro total».

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(1) El Coetus Internationalis Patrum fue un grupo de doscientos cincuenta obispos formado durante el Concilio Vaticano II para defender la ortodoxia católica frente a la corriente modernista que terminaría imponiéndose.

3 respuestas a «El «caso Mindszenty» se repite en China (1/2)»

  1. La fotografía del cardenal Mindszenty con Juan Pablo II no corresponde a la realidad. Se trata de otro cardenal. El cardenal Mindszenty murió el 6 de mayo de 1975 y Juan Pablo II no fue elegido hasta 1978.
    Saludos.

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