El centro-derecha liberal derrotado y sometido

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José María Permuy

José María Permuy, conferenciante y con muchos años de militancia en defensa de Dios y de España, hace un análisis en profundidad de las consecuencias de la profanación de la tumba de Franco a todos los niveles.

Afirma Permuy que las personas que no comulgamos con la corrección política impuesta por socialistas y masonería, con sus nuevas “libertades” y “derechos” (el homosexualismo, el feminismo, el pluriculturalismo, la ideología de género, etc) somos enemigos de la libertad, los derechos humanos, la tolerancia, el progreso, la convivencia pacífica y democrática… prácticamente unos criminales y unos terroristas, apologistas de la dictadura y de la intolerancia y, por tanto, merecedores de ser castigados por la autoridad civil.

¿Por qué Dios quiere que se respete a los muertos?

Dios, de ordinario, manifiesta su voluntad por medio de la Iglesia instituida por Él. Y esta enseña que la inhumación es la forma más adecuada para expresar la fe y la esperanza en la resurrección corporal porque responde adecuadamente a la compasión y el respeto debido a los cuerpos de los fieles difuntos, que mediante el Bautismo se han convertido en templo del Espíritu Santo, y favorece el recuerdo y la oración por los difuntos por parte de los familiares y de toda la comunidad cristiana, así como la veneración de los mártires y santos.

No solo Dios, sino todo pueblo noble… 

En efecto. De todos es sabido que la falta de respeto a los difuntos y la profanación de sus tumbas son actos que repugnan, no solo a quienes somos creyentes, sino a la conciencia cualquier persona con un mínimo de compasión.

Profanar es, por tanto, un acto vil y cobarde…

Sin duda. Basta con consultar la definición del Diccionario de la RAE:

  1. Tratar algo sagrado sin el debido respeto, o aplicarlo a usos profanos.
  2. Deslucir, desdorar, deshonrar, prostituir, hacer uso indigno de cosas respetables.

Muchos españoles están afectados por la sacrílega profanación de la tumba del Caudillo…

Lamentablemente, me da la impresión de que no tantos como debieran. El pueblo español debe al Caudillo una de las más sanas, pacíficas, prósperas y alegres etapas de su historia.

¿Debemos estarle agradecidos a Franco?

Todos los españoles, los que nacimos durante el mandato de Franco y los que lo hicieron posteriormente, estamos en deuda con él, Franco expuso su empleo y su vida para dirigir una empresa, la Cruzada de 1936, cuyo éxito parecía en esos momentos humanamente imposible.

Gracias a la Providencia Divina, al caudillaje de Franco y a la devoción, valor y espíritu de sacrificio del pueblo a sus órdenes, España logró derrocar un régimen político tiránico, caótico y criminal, que iba camino de desembocar en una dictadura del proletariado al estilo de la imperante en la Unión Soviética comunista.

Gracias a la astucia y prudencia de Franco, España no se vio envuelta en una Guerra Mundial en la que los vencedores resultaron no ser mejores que los vencidos.

Con Franco España era católica…

Gracias a Franco España volvió a reconocer el Reinado Social de Jesucristo; los católicos españoles pudieron salvar sus vidas y gozar de libertad de culto para la verdadera Religión; los templos fueron reconstruidos y edificadas nuevas iglesias; se protegieron la vida humana inocente, el  matrimonio, las familias y la moral cristiana.

Se implantó un régimen social y económico que impidió los abusos del capitalismo usurero financiero y disciplinó el capitalismo industrial en favor de los trabajadores -empresarios y asalariados-, sin incurrir en el extremo contrario del colectivismo, el intervencionismo totalitario y los impuestos abusivos.

El acceso a la sanidad, la educación y la vivienda se posibilitó hasta límites nunca alcanzados en nuestra historia.

Se reprimía justamente el mal…

Se castigó justamente a muchos de quienes habían cometido asesinatos y torturas crudelísimas durante la guerra y la posguerra, pero pronto se permitió que quienes habían combatido o participado en el bando rojo sin responsabilidad en crímenes de sangre, así como sus familiares, se integrasen plenamente en la vida social, laboral y política de la Nación, promoviendo la reconciliación cristiana entre todos los españoles, cuyo símbolo más representativo fue y sigue siendo la Santa Cruz y Basílica del Valle de los Caídos.

Con Franco había seguridad…

El Generalísimo reconstruyó unas Fuerzas Armadas y Policiales, resquebrajadas y manipuladas por la II República, convirtiéndolas en defensoras y servidoras de la Patria y del bien común, por encima de cualquier supeditación ideológica o de partido y entroncándolas con la más gloriosa tradición de nuestros Ejércitos.

El Caudillo hizo de nuestra Patria una nación respetada en el mundo como no lo había sido desde nuestro pasado imperial. Franco instauró una Monarquía que quiso fuera católica, tradicional, social y representativa, a imitación de la gloriosa Monarquía española que coronó los acontecimientos más cruciales, meritorios y honrosos de nuestra historia.

Y así podría seguir escribiendo páginas y más páginas con motivos de gratitud a Franco. Y ¿con qué nos hemos encontrado durante los días que han precedido, acontecido y seguido a la profanación de la Basílica de la Santa Cruz y al ultraje perpetrado por el Gobierno socialista contra el Generalísimo?

Ha habido una resistencia a la profanación valiente, pero de pocas personas…

La digna actitud y tenaz resistencia de sus familiares; y algunas valientes protestas de unos pocos manifestantes, periodistas, políticos de partidos desgraciadamente marginales… Dios se lo agradecerá y recompensará, sin duda.

Sin embargo, hay muchos culpables y cómplices…

Pero, por el contrario, la complicidad, por acción u omisión de todos los partidos políticos a los que votan la mayoría de los españoles (excepto Vox, hay que reconocerlo). El silencio cobarde e ingrato, cuando no complaciente, de la Santa Sede, la Conferencia Episcopal Española y cada uno de los obispos de las diversas diócesis de España.

El silencio, asimismo, de los altos mandos de los Ejércitos y los Cuerpos de Seguridad, incluyendo la Legión Española y la Guardia Civil, que se ha prestado a ser utilizada, cual Gestapo o KGB, como policía represora y ocupadora del Valle de los Caídos, al servicio de las veleidades ideológicas y totalitarias del Gobierno y en contra del bien común y del respeto debido a quien fue su Generalísimo.

Y ¿qué decir del silencio del Jefe del Estado actual y del anterior, cuya Jefatura es debida a la voluntad del Caudillo?

Es evidente el afán revanchista y electoralista del PSOE…

La izquierda siempre ha sido y será revanchista. Dice el refrán que dos no discuten si uno no quiere. Pero no es menos cierto que dos no se reconcilian si uno no quiere. Franco, como buen cristiano, tendió la mano a los enemigos de Dios y de España, ofreciendo perdón a cambio de que estos enmendaran su vida.

Pero la realidad ha demostrado que quienes no abandonaron las ideologías de izquierda, al igual que la llamada derecha liberal de orientación masónica, no han querido convertirse. Han esperado cobarde, pero taimadamente, la coyuntura idónea para, muerto Franco y con una sociedad que ha sido educada durante 40 años en el antifranquismo, obtener la pírrica “victoria” de desenterrar su cadáver.

La masonería y las ideologías socialistas son diabólicas. No se puede esperar de ellas respeto a los adversarios, reconciliación o perdón. Lo único que se puede hacer con ellas es combatirlas hasta su total erradicación.

Por eso es un gran error considerar que la transición democrática fue modélica y ejemplar y que la profanación realizada ayer supone una ruptura con dicha transición y su espíritu. La verdad es la contraria. La profanación del Valle de los Caídos y la ofensa inferida a los restos mortales del Caudillo es una consecuencia de la transición política, de la monarquía parlamentaria y de la Constitución de 1978.

Muchos llevamos décadas advirtiéndolo. Previendo todos y cada uno de los males que aquejan a España. ¿Por qué somos adivinos? ¡No! Porque somos lógicos, y, simplemente usando la razón, partiendo de las premisas políticas e ideológicas establecidas por la reforma política de la Constitución, las consecuencias tenían que ser necesariamente las que han sido.

No se puede pedir peras al olmo…

¿Cómo podíamos esperar paz, armonía, honradez, respeto a la ley y a la propiedad, de partidos de izquierda cuya ideología se basa en generar la lucha de clases (o de sexos, o de géneros… pero siempre lucha, enfrentamiento y odio) para eliminar a sus oponentes y controlar todos los resortes del poder político y económico y hasta la vida íntima de las personas?

¿Cómo esperar respeto a la vida inocente, al matrimonio, a la familia, al orden natural y a la ley moral objetiva, de unos partidos de derecha o centro que, por ser liberales, son relativistas y materialistas?

¿Cómo esperar lealtad a España de unos partidos nacionalistas que jamás han ocultado sus aspiraciones separatistas?

¿Cómo esperar un pueblo amante de nuestra tradición, de nuestra historia y de nuestra fe, si desde un principio se ha propagado la mentira histórica, el laicismo y la inmoralidad desde la mayor parte de los medios de comunicación y desde la Educación?

La Monarquía dio la espalda a los Principios Fundamentales del Movimiento y promovió una reforma política que legalizó partidos liberales, socialistas, comunistas y separatistas que redactaron una Constitución atea, relativista, partitocrática, autonomista, mundialista, divorcista y ambigua en la defensa de la unidad nacional y del derecho a la vida del no nacido.

¿Y nos extrañamos de que ocurra lo que está ocurriendo? ¿Qué otra cosa podía salir de esa transición y de esa Constitución?

Y aún hay ciegos que pretenden defender la unidad, tradición e independencia de España apelando al respeto a la Monarquía parlamentaria y a la Constitución. Como diría Mella, ponen tronos a las premisas y cadalsos a las consecuencias.

Y se percibe que este paso es el punto de inflexión hacia una persecución mayor… 

Es lógico, también. La persecución política de sus oponentes y la persecución religiosa de los católicos forma parte de las ideologías socialistas y masónica. Ellos saben esperar, mientras van preparando el terreno y avanzando gradualmente en la consecución de sus metas.

En el terreno religioso, lograron domesticar, ya desde los primeros momentos de la transición, a la jerarquía eclesiástica. La jerarquía española (con la honrosa excepción de menos de una decena de prelados) aceptó tranquilamente la Constitución y sigue celebrándola, homenajeándola e idolatrándola año tras año.

Al mismo tiempo, socialistas y masones, han sembrado entre los españoles, por medio de los medios de comunicación, la desconfianza y el odio hacia la Iglesia y el catolicismo. Han inoculado todo tipo de inmoralidades, perversiones y vicios, les han conferido la categoría de libertades y derechos, y dado que la religión católica condena tales pecados, la han acusado de enemiga de la libertad y de los derechos humanos.

¿Cuál será el siguiente paso? Penalizar a los católicos que, en defensa y propuesta de nuestra fe, nos opongamos a esos nuevos “derechos” y “libertades” que no son más que depravaciones.

En el terreno político, el proceso de persecución es similar. Han domesticado al centro-derecha liberal, que ideológicamente ha asumido las ideas políticamente correctas de socialistas y masonería.

Han esparcido a través de la Educación y los medios de comunicación todo tipo de mentiras y calumnias contra Franco y contra todos los personajes, idearios y acontecimientos de nuestra historia y de la historia de la Cristiandad contrarios a la Revolución. Los han criminalizado y acusado de enemigos de los derechos humanos y la libertad.

¿Cuál será el siguiente paso?

El siguiente paso es evidente. Las personas que no comulgamos con la corrección política impuesta por socialistas y masonería, con sus nuevas “libertades” y “derechos” (el homosexualismo, el feminismo, el pluriculturalismo, la ideología de género, etc) somos enemigos de la libertad, los derechos humanos, la tolerancia, el progreso, la convivencia pacífica y democrática… prácticamente unos criminales y unos terroristas, apologistas de la dictadura y de la intolerancia y, por tanto, merecedores de ser castigados por la autoridad civil.

En resumen. Ayer desenterraron a Franco. En breve, destruirán la Cruz del Valle de los Caídos y exclaustrarán a los monjes de la Basílica. A continuación, multarán y encarcelarán a cristianos y franquistas, que -no nos engañemos-, para socialistas y masones no son solo quienes exaltan la figura de Franco, sino cualquiera que coincida con alguno de los principios políticos y religiosos en que se basó el Estado del 18 de Julio y, en última instancia, cualquiera que no sea socialista o masón, incluyendo a sus corderitos mansos y domeñados, la Conferencia Episcopal y el Partido Popular, de los que se desharán violentamente en cuanto los socialistas y masones hayan logrado sus objetivos y ya no les sirvan para nada.

Todo esto, obviamente, si los auténticos católicos y patriotas no reaccionamos para lograr, con la ayuda de Dios, desbaratar los planes del socialismo y la masonería y si Dios no interviene antes.

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