El complot

Parece quedar claro y estar probado que el CO2 de origen humano no es ni puede ser motor de cambio climático alguno. También es (cada vez más) evidente que las medidas que adoptan las entidades supranacionales (me refiero a la Unión Europea) y los Estados son enormemente dañinas para las economías occidentales, es decir, para la mayoría de sus ciudadanos.

Rachel Carson

Lo que no resulta tan evidente es quién empezó con esta historia del “calentamiento global antropogénico” luego rebautizada. Ni se suele conocer por qué y para qué se hizo. En ese ámbito del conocimiento no hay tanta información, pero tiene que haberla porque es fundamental para entender cómo hemos llegado hasta aquí. Vamos a ello.

Todo empezó[2], probablemente[3], con Rachel Carson[4]. La autora de “La primavera silenciosa” (1962) falseó la realidad para que se prohibiera la fabricación del Dicloro Difenil Tricloroetano (DDT). Este compuesto químico había demostrado sobradamente ser capaz de acabar con la malaria al bloquear el ciclo reproductivo[5] del vector transmisor de la enfermedad, el mosquito Anopheles. El DDT se deposita como una fina capa de grasa sobre la superficie de las aguas estancadas, impidiendo a las larvas salir a la superficie y cortando el problema de raíz. ¿Resuelto? Al principio, sí, con gran éxito. Pero entonces se publicó el opúsculo de Carson, “La primavera silenciosa”.

Su argumento era catastrofista: el mundo se iba a quedar sin avecillas canoras. El mecanismo era el siguiente: los insecticidas (el DDT, básicamente) utilizados para acabar con algunas plagas iban a debilitar la cáscara de los huevos de las aves. Rota la cáscara prematuramente, los pájaros no nacerían y la primavera perdería sus cantos.

Detrás de esa hipótesis había datos incorrectamente agrupados, argumentos científicos inconsistentes y una voluntad clara de culpabilizar a los productos químicos y a la industria.

Que las muertes por malaria se dispararan (desde 1972, fecha de prohibición del DDT) en todo el mundo, sobre todo en África Negra, no importaba. Sigue sin importar. Son millones de muertos por malaria. Lo importante para los sedicentes amantes del planeta por encima de todo, lo trascendente, fue la emergencia del movimiento medioambientalista y la creación de la EPA[6] (1970). Era presidente de los Estados Unidos Richard Nixon.

También en 1970 se celebró una conferencia para el estudio de asuntos medioambientales críticos (o que parecían serlo), como el problema (inexistente) que los escapes de los motores de los aviones supersónicos iban a suponer para la capa de ozono y para la vida en la Tierra. Argumentos científicos no había, pero $ 21 M para estudiar el asunto, sí los hubo. En 1971, el Congreso de los EE. UU. rechazó toda ulterior financiación, pero ya se había dado un paso más en el proceso de concienciación.

Paul Crutzen
F. Sherwood

En 1974, Paul Crutzen[7], Mario Molina[8] y F. Sherwood Rowland[9] publicaron un documento en el que denunciaban que los clorofluorocarbonos (CFCs) destruían la capa de ozono. Tras miles de estudios hasta mediados de los 80s y frente al descubrimiento del llamado “agujero de ozono” sobre extensas áreas del polo Sur, se firmó en 1987 el Protocolo de Montreal, que prohibía la fabricación y uso de los CFCs[10]. La industria se adaptó, los costes extra pasaron al precio final, pero al menos, el problema existía realmente. Eso sí, el agujero de ozono no termina de cerrarse.

Tras estos asuntos medioambientales pioneros vinieron el invierno nuclear[11], la lluvia ácida, los alimentos genéticamente modificados, los efectos secundarios de las vacunas, el glifosato[12]… . Todos los problemas eran parecidos en lo esencial: no constituían una grave amenaza, o ni siquiera existía tal cosa, como en el caso del invierno nuclear. Los argumentos científicos eran discutibles, pero como todo era por el bien de la Humanidad, ello condujo a fortalecer un movimiento medioambientalista ya convertido en fuerza social y política.

El escenario así establecido viró hacia la energía a lomos de los enfrentamientos entre los grupos de presión relacionados con el carbón y la energía nuclear[13], en un entorno marcado por los intolerables (pero tolerados) embargos de crudo del cártel de la OPEP (1973 y 1979), cuyas consecuencias han sido y son enormes.

Frente a todos estos asuntos, instituciones de variado pelaje subieron al escenario. La primera actuación notable fue la del Club de Roma, fundado en 1968[14] por miembros del Grupo Morgenthau en Bellagio (Italia), en una de las residencias de John Rockefeller. Organizada por Aurelio Peccei[15], sugirió buscar soluciones para la paz y la prosperidad del mundo[16], que requerirían el establecimiento de un orden nuevo[17].

Jay Forrester

La segunda reacción provino del Massachusetts Institute of Technology (MIT), que con un estudio coetáneo firmado por Jay Forrester[18], presentó las terribles consecuencias del incremento de la población que se daba en el mundo, la reducción (sic) de la producción agraria, el agotamiento (sic) de los recursos no renovables, la creciente producción industrial y la contaminación. Además, ofreció al Club de Roma modelizar sus planteamientos globales.

Con la ayuda de Forrester, el Club de Roma[19] elaboró modelos computacionales para demostrar que los recursos (de todo orden) estaban próximos al agotamiento[20], lo que llevaría a una profunda alteración de los sistemas económicos vigentes. Estos hallazgos se publicaron en 1972 bajo el título de “Los límites al crecimiento”, que se vendió muy bien[21], pero despertó asimismo fuertes críticas.

Bert Bohlin

En tercer lugar, ese mismo año de 1968, Bert Bohlin[22] sugirió a la ECOSOC[23] convocar una conferencia para tratar sobre la interacción del ser humano con el medio ambiente. La Asamblea General de la ONU decidió celebrarla en 1972. En su preparación se gastaron $ 30 M. Asistieron 115 países y tuvo lugar en Estocolmo. Se la conoce por The United Nations Conference on the Human Environment. En las actas de esa reunión consta que se dijeron cosas como: “Vemos a nuestro alrededor creciente evidencia del daño antropogénico en muchas regiones de la Tierra: peligrosos niveles de contaminación en el agua, el aire, el suelo y los seres vivientes; grandes e indeseables alteraciones en la balanza ecológica de la biosfera; destrucción y agotamiento de recursos irreemplazables, dañinos efectos para la salud física, mental y social del Hombre en el entorno creado por el Hombre, particularmente en el residencial y el laboral”.

“El vertido de sustancias tóxicas y de otro tipo y la emisión de calor a la atmósfera, en cantidades tales que exceden la capacidad del medio ambiente de desactivarlas, debe cesar para asegurar que no se inflijan daños serios o irreversibles en los ecosistemas”.

La Conferencia de Estocolmo estableció el medio ambiente como parte de la agenda del desarrollo internacional. Ello condujo a la creación, ese mismo año 1972, del UNEP (United Nations Environment Programme), con sede en Nairobi (Kenia). Maurice Strong[24], su director ejecutivo, convocó la primera reunión del grupo de expertos en cambio climático.

James Hansen

Vayamos a 1988. Ese año, James Hansen[25] (NASA) depuso ante distintos comités del Congreso de los EE. UU.[26], afirmando que las emisiones antropogénicas de gases se correlacionaban con el calentamiento de la Tierra. Propuso medidas para limitar su impacto[27].

En 1991, el Club de Roma produjo su segundo informe[28], cuyo objetivo declarado era “diseñar una estrategia para movilizar a los gobiernos en favor de la seguridad medioambiental y la energía limpia para transformar al mundo de una economía militar (sic) en una civil, deteniendo el calentamiento global y resolviendo el problema de la energía; enfrentando la pobreza del mundo y las disparidades entre los hemisferios norte y sur”.

En el informe se hacía hincapié en el supuesto calentamiento atmosférico por razón del CO2, pero lo importante eran estas perlas: “Parecería como si los seres humanos necesitaran una motivación, un adversario común, para organizarse y actuar juntos en el vacío; hay que encontrar tal motivación para unir a las naciones divididas frente a un enemigo exterior, sea real o inventado[29]. El enemigo común de la Humanidad es el Hombre”.

“En busca de ese nuevo enemigo surgió la idea de que la contaminación, la amenaza del calentamiento global, la escasez de agua, las hambrunas y asuntos similares cuadran entre sí. Todos esos peligros son causados por la intervención humana y sólo las superaremos cambiando actitudes y comportamientos. El enemigo real es la Humanidad misma”.

“Las viejas democracias han funcionado razonablemente bien los últimos 200 años, pero parecen encontrase en una fase de estancamiento autocomplaciente sin liderazgo ni capacidad innovadora”. “La democracia no es una panacea. No lo puede organizar todo y no es consciente de sus limitaciones. Hay que reconocerlo. Aunque suene sacrílego, la democracia no sirve[30] para lo que hemos de enfrentar. La complejidad y la naturaleza técnica de muchos de los problemas actuales no siempre permite a los representantes elegidos tomar decisiones adecuadas a tiempo”.

Maurice Strong

Al año siguiente, 1992, la ONU organizó la Conference on Environment and Development (The Rio Summit), que llevó a la United Nations Framework Convention on Climate Change, (UNFCCC), con Maurice Strong como secretario general. Lean esta frase del discurso de apertura:

“¿Y si un grupito de líderes mundiales decidiera que el principal peligro para la Tierra procede de las acciones de los países ricos? … Para salvar el planeta, el grupo decide, ¿no es la única esperanza para el planeta que las civilizaciones (sic) industrializadas colapsen? ¿no es nuestra responsabilidad hacerlo posible”?[31] AQUÍ

Pues hay más. Veamos, por ejemplo, el Protocolo de Kioto[32], cuya creación fue propiciada en 1997 por ENRON[33] y British Petroleum, con apoyo de la Presidencia de los EE. UU. (Bill Clinton).

El Protocolo de Kioto se estableció sobre la estructura institucional de la Rio UNFCCC[34] con el fin de obtener el compromiso de los estados-parte para reducir los GEI, sobre todo el C02. El negociador en jefe de los EE. UU., Timothy Wirth, afirmó: “Tenemos que ocuparnos del asunto del calentamiento global. Incluso si la teoría es falsa haremos lo correcto en términos de política económica y medioambiental”.

Ottmar Edenhofer

Yendo más allá, Ottmar Edenhofer[35], copresidente del Grupo de Trabajo III del IPCC, dijo en 2010, sin ambages: “uno tiene que desprenderse de la ilusión de que la política climática internacional es política medioambiental. Por el contrario, la política del cambio climático trata sobre cómo redistribuimos de facto la riqueza del mundo”. “La política climática no tiene casi nada que ver con la protección medioambiental. La COP en Cancún[36] es una cumbre económica durante la que se negociará la distribución de los recursos mundiales (AQUÍ).

Christiana[37] Figueres, secretaria ejecutiva de la UNFCCC, dijo algo similar: “Esta es la primera vez en la historia de la Humanidad en que nos proponemos la tarea de cambiar el modelo de desarrollo económico que ha prevalecido como poco durante los últimos 150 años, desde la Revolución Industrial” (AQUÍ)

Como colofónvean de qué manera enlaza Richard Lachmann, de los Socialistas Democráticos de América, el llamado “cambio climático” con la agenda socialista global (2019): “El cambio climático es un asunto en torno al cual la gente puede unirse sin fronteras, oponiéndose tanto a fascistas como a neoliberales. (El cambio climático) provee un marco en el cual los socialistas pueden unificar las políticas internas e internacionales, lo ideológico y lo práctico, lo personal y lo político… El cambio climático abre una brecha para las políticas socialistas rompiendo el enlace entre crecimiento capitalista y legitimación política” (AQUÍ)

Supongo que, a estas alturas, el lector ya no albergará más dudas sobre quién está detrás de este cuento de la calentología. Parece estar claro: o acabamos con la Organización de Naciones Unidas[38], o la Organización de Naciones Unidas acabará con nosotros.

Para joseramonferrandis.es

[1] Complot, según la primera acepción de la RAE, es “1. m. Conjuración o conspiración de carácter político o social”. Proviene del francés complot.
[2] Este relato está recogido en lo fundamental dentro del Capítulo 9 del libro “Crimen de Estado” AQUÍ
[3] Seguiré los pasos del Dr. Paul Rossiter (doctor en Física por la Monash University, donde fue responsable del Departamento de Ingeniería de materiales. Es además consultor, miembro de distintos Institutos de Física e Ingeniería en Australia). AQUÍ
[4] Es posible profundizar en el fenómeno desencadenado por Rachel Carson al culpabilizar al DDT de diversos daños a la Naturaleza y al Hombre. Para ello, pueden leer el libro de José Ramón Ferrandis titulado “Globalización y generación de riqueza” AQUÍ
[5] El mosquito pasa por las fases de huevo, larva, pupa y adulto. En las dos intermedias, se ve obligado a salir del agua (donde la hembra pone los huevos) para respirar. Ahí opera la fina capa que el DDT extiende sobre las aguas, impidiendo la respiración.
[6] Environmental Protection Agency de los EE. UU. Ha crecido hasta los 14.581 empleados, con un presupuesto de US $ 9.559.485.000. (2022)
[7] Profesor Paul Crutzen, Max-Planck-Institute for Chemistry, Mainz, Federal Republic of Germany).
[8] Profesor Mario Molina, Department of Earth, Atmospheric and Planetary Sciences and Department of Chemistry, MIT, Cambridge, MA, USA.
[9] Profesor F. Sherwood Rowland, Department of Chemistry, University of California, Irvine, CA, USA.
[10] Algunos datos no estaban comprobados, los modelos no se correspondían con las observaciones y no se tomaron en consideración fluctuaciones de carácter natural.
[11] En aquel tiempo, la Unión Soviética todavía existía y sus misiles y los de los EE. UU. se apuntaban mutuamente, en un escenario apocalíptico. La doctrina MAD (Mutually Assured Destruction) acabó con la materialización del riesgo de una guerra destructiva para ambos … y para todos los demás, probablemente.
[12] El glifosato es un herbicida de amplio espectro desarrollado para eliminar hierbas y arbustos de entre los cultivos. Es absorbido por las hojas. Es el producto más utilizado en la actualidad, tanto en agricultura como en jardinería. Hace más de 20 años que la patente es libre. Es barato y se degrada con bastante rapidez. Sin embargo, ha sido calificado por la OMS como “probablemente cancerígeno”. La OMS está compuesta por diversos grupos de estudio, de los cuales cuatro se han pronunciado sobre el glifosato. Mientras tres de ellos aseguran que no es probablemente cancerígeno, sólo uno, la International Agency for Research of Cancer (IARC), lo incluye en el grupo 2A, el de las sustancias probablemente cancerígenas. En este segmento encontramos, además del glifosato, agentes como la carne roja, las bebidas calientes o trabajar de peluquero, que están al mismo nivel que este herbicida en cuanto a su posible impacto sobre el cáncer.
[13] Acaso el lector recuerde la machacona consigna financiada por la URSS de “Nucleares no”, que buscaba reducir la importancia (otro día hablaremos de los “tontos útiles” y de los “compañeros de viaje”, conceptos ambos muy bien conocidos en los partidos comunistas de todo el mundo) de la energía atómica en Occidente. Que la propia URSS la utilizara ampliamente es irrelevante para el análisis.
[14] Por ponerlo en perspectiva, en 1968 la URSS invadió Checoslovaquia para aniquilar el experimento del Partido Comunista Checoslovaco de implantar un socialismo de rostro humano.
[15] Peccei fue un industrial italiano muy influyente en Fiat y luego en Olivetti.
[16] Un mundo que nunca había disfrutado de mejores niveles de vida. Sin embargo, recuérdese que Europa estaba sumida en el caos del “Mayo del 68”, esa pueril erupción nihilista que ponía en cuestión el orden capitalista sin tocar un ápice del comunista.
[17] Ya que hablaban del nuevo orden, precisamente en Italia se desempeñaba por entonces un movimiento neofascista llamado Ordine Nuovo.
[18] Jay Wright Forrester (1918-2016) fue un ingeniero informático norteamericano, profesor en la MIT Sloan School of Management.
[19] Dirigido por el matrimonio compuesto por Dennis y Donnella Meadows. Dennis L. Meadows (1942) es un científico estadounidense, antiguo director del Institute for Policy and Social Science Research en la Universidad de New Hampshire. Donella H. Meadows (1941-2001) estudió Química en el Carleton College y obtuvo un doctorado en Biofísica en la Universidad de Harvard.
[20] De hecho, aquí nace el neomalthusianismo de nuestros días.
[21] Unos 30 millones de ejemplares.
[22] Bert Bolin, meteorólogo sueco, fue el primer presidente del IPCC entre 1988 y 1997.
[23] United Nations Economic and Social Council.
[24] Maurice Frederick Strong fue un empresario canadiense del sector petrolero, así como diplomático, que fue Vicesecretario General de Naciones Unidas. En los primeros años 70´s fue secretario general de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y luego fue el primer director ejecutivo del United Nations Environment Programme.  AQUÍ.
[25] James Edward Hansen (1941) es físico (Universidad de Iowa) y climatólogo estadounidense, profesor adjunto en el Departamento de Ciencias Terrestres y Ambientales de la Columbia University. Dirigió el Instituto Goddard para Estudios Espaciales de la NASA (Nueva York).
[26] James Hansen desencadenó el temor al calentamiento global en su testimonio ante el Congreso de los EEUU. AQUÍ
[27] Ese mismo año 1988 se creó el IPCC, con el concurso de dos organizaciones de Naciones Unidas: UNEP y la Organización Meteorológica Mundial. Sus estatutos le asignan la tarea de “proporcionar al mundo una visión objetiva y científica del cambio climático y sus impactos políticos y económicos”. Al poco (2003), por influencia de la UNEP, esa tarea cambió a “entender la base científica de los riesgos del cambio climático inducido por el hombre, sus potenciales impactos y las opciones de adaptación y mitigación”. El IPCC proporcionó la plataforma ideal para ONGs como Greenpeace, WWF, Amigos de la Tierra y otras para desarrollar sus agendas rojiverdes, bien por presión o a través de su personal. El Primer Informe de Evaluación del IPCC es de 1990. El resumen para políticos decía claramente “estar seguro de que las emisiones resultantes de actividades humanas están aumentando sustancialmente las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero, resultando como media en un calentamiento adicional de la superficie terrestre”.
[28] Titulado “La primera revolución global”. Sus autores fueron Alexander King y Bertrand Schneider.
[29] El subrayado es del autor.
[30] Negrita del autor.
[31] Negrita del autor.
[32] Ha fracasado por completo. EE. UU. nunca lo firmó. Rusia Canadá y Japón (donde está Kioto, para más INRI) se salieron. China e India no estaban afectados. Sólo implicaba a ciertos países europeos. Y sin ninguna aparente conexión con los GEI, el Protocolo de Kioto recomendó la llamada sostenibilidad agraria y la reducción de las ineficiencias del mercado, por supuesto sin mencionar en absoluto las ineficiencias del Estado, que son inherentes a su mera existencia.
[33] ENRON Corporation empleaba a más de 21.000 personas muy cualificada en 2001. Por sus técnicas contables fraudulentas, sus acciones comenzaron a caer rápidamente. ENRON entró en bancarrota.
[34] Río UNFCCC. La United Nations Framework Convention on Climate Change (UNFCCC) entró en vigor en 1994. La CMNUCC (en español, Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático) es una de las convenciones sometidas a la firma de los países miembros en la «Cumbre de la Tierra de Río. Las otras dos convenciones que salieron de Río son el Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica y la Convención de Lucha contra la Desertificación. Las tres están interrelacionadas y vinculadas por un Grupo de Enlace. ¿Que cuál es el objetivo de Rio UNFCCC? Pues “La prevención de la interferencia humana «peligrosa» en el sistema climático”.
[35] Ottmar Georg Edenhofer (1961, República Federal de Alemania) es un experto en política energética. Economista y exjesuita, es profesor de cambio climático en la Universidad de Berlín. Es director y economista jefe del Potsdam Institute for Climate Impact Research y es director del Mercator Research Institute on Global Commons and Climate Change (MCC).
[36] La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP) nº 16 de orden se celebró en Cancún, México, en diciembre de 2010.
[37] Cristina era su nombre propio no hace tanto.
[38] Una institución obsoleta, inútil, gravosa, antioccidental e intervencionista.

2 respuestas a «El complot»

  1. «Existe un super-capitalismo, que se apoya exclusivamente en la ilusión de que el oro, es la suprema felicidad. Existe igualmente un super-gobierno que, sin estar aliado a ningún otro gobierno, actúa independientemente de todos ellos; haciendo pesar, sin embargo, su mano dura sobre unos y otros.

    Cada vez más, la humanidad entera va adquiriendo la convicción de que la cuestión obrera, la de los jornales, la reforma agraria y tantas otras, no podrán solucionarse mientras el problema primordial de ese poder financiero internacional no haya sido solucionado.»

    (Henry Ford; el auténtico pre-acoso; en «El judío internacional»; cap. I «SU CARACTER INDIVIDUAL Y SU ACTIVIDAD PRODUCTIVA»).

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