El demonio quiere nuestra alma

Sed sobrios y vigilad, porque vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quine devorar. Resistirle firmes en la fe. (1 Pe. 5, 8-9)

Queridos hermanos, quizá recuerden, los más mayores, aquellos devotos devocionarios para niños y jóvenes donde aparecía el dibujo de un  joven con un angelito a la altura de su oído  derecho y un diablillo en su oído  izquierdo. Con este dibujo queda reflejado una gran enseñanza y una verdad, la tentación es constante del diablo al mismo tiempo que el Señor nos indica el verdadero camino de la santidad.

El demonio no cesa de conspirar contra el alma, no cesa en su intento de perder al alma, de desviarla del camino de la virtud. Ya no se les enseña a los niños en las catequesis la existencia del demonio y cómo combatirlo; tampoco se escucha en las homilías la importancia de saber protegerse de las insidias del maligno; ni en los seminarios se forman debidamente a los futuros sacerdotes sobre la existencia del demonio, de sus tentaciones y argucias y de cómo reconocerle y combatirlo.

Si bien hay circunstancias claras en que el alma es tentada para caer en un pecado mortal, hay muchas otras más en que sin darse cuenta el alma cae en las redes del maligno que cuidadosamente la aparta de la vida de oración y sacramentos.

Quién no ha dicho: Hoy me levanté con el pie cambiado, o bien, Vaya día, espero que pase pronto, o, Hoy es un día para olvidar. Expresiones que indican una perturbación en la persona, que achaca a circunstancias fortuitas, sin pensar que puede haber sido todo provocado por el demonio, que ha esperado un momento determinado para crear una incertidumbre, una preocupación, una alteración de la vida diaria. Esa perturbación ha causado que ese día no rece lo que suele rezar diariamente, o no haya ido a la Santa Misa, por la inquietud interior en que se encontraba, etc. Es decir, el maligno se salió con la suya de alterar la vida de oración del alma. Quizá no tuvo más importancia, o quizá ese día supuso un alejamiento de la vida de piedad que hasta ahora llevaba, o una alteración sustancial de ella.

En otras circunstancias, el demonio, utiliza cosas santas para engañar al alma. Por ejemplo, hace creer que ha incumplido  una promesa, que a lo mejor no era tal promesa, pero el maligno hace creer al alma que sí, que ha hecho una promesa de rezar esto o aquello, y la ha incumplido. Consigue que el alma sienta una viva angustia por haber fallado al Señor, por haberle traicionado, y esta angustia provoca un pesar que sustrae al alma de cualquier oración, acto de piedad, estando en un estado constante de pesar y tristeza.

Este estado puede alejar al alma del Señor, sino es corregido, sino es advertida que tal estado de angustia sólo  puede estar causado por el maligno y nunca por Nuestro Señor.

El demonio nos conoce perfectamente y siempre actuará de una forma u otra, si falla por un lado, actuará por otro, pero siempre está alerta para hacernos caer. Otra manera que tiene de actuar para alejar al alma de la vida de santidad, es provocando una gran inquietud de una vida activa, haciendo cosas, actividades que siendo buenas en sí, nos alejan de la vida de oración por el tiempo que ocupan. Porque lo quiere el demonio es que no oremos, que no dediquemos tiempo a la oración,  que no estemos tiempo ante el sagrario. En no pocas ocasiones, pues, nos vemos envueltos en multitud de actividades que nos separan de la vida de oración, incluso de los sacramentos, pero no caemos en la cuenta pues lo que hacemos es bueno en sí. Y de esta forma el alma se aleja de su vida de oración y sacramentos, y por tanto se debilita y es más vulnerable a la caída ante la tentación.

Siempre el Señor actúa con suavidad en el alma, con paz interior, no provoca ansiedad ni inquietud perturbadora. Cuando el Señor actúa en el alma lo hace delicadamente, con sumo amor, dulzura y paciencia. Si ha de corregir, el alma lo sabe, lo percibe, siente la corrección, su dolor, pero sin turbación, es más, con verdadero fervor de enmendarse y corresponder a tanto amor. No así el demonio que crea angustia, incertidumbre, perturbación, preocupación. Todos estos sentimientos vienen del maligno, y nos han de poner en alerta para combatirlos, en primer lugar, con el sacramento de la penitencia. Cuando el alma se confiesa, este estado desaparece y el maligno que ya no puede seguir con su engaño  al alma.

Hay que desconfiar de esos estados de perturbación del alma, de esas angustiosas inquietudes de haber fallado a Dios, de esas ocupaciones que nos alejan de la vida de oración, pues nada nos puede separa de la oración; todo ello son insidias del demonio, son trampas en las que con facilidad cae el alma, y si a veces no tienen mayor consecuencia, otras  sí, y pueden ser el inicio de un alejamiento de la vida virtuosa.

Un buen examen de conciencia, el director espiritual, la confesión sacramental,  el horario firme de oración, serán medios para combatir al maligno y sus tretas, de las que no cesará nunca; pues hasta el final de nuestros días intentará arrancar nuestra  alma de Dios.

Cuanto más sube uno en la vida de oración, de piedad,  de santidad, más será atacado por el demonio, mayores y más refinadas serán sus ataques, más persistente será; pues no le interesan las almas ya perdidas, sino las que avanzan en santidad.

El demonio quiere perder nuestra alma. Quien es consciente de esta realidad vivirá en alerta, como recuerda la Primera Carta de San Pedro, vigilante, con una vida sobria de piedad y oración, alejada del ruido del mundo, aun cuando esté en el mundo, preocupado por la gloria de Dios, la santidad de  su alma y el bien de sus hermanos. La vida de oración y sacramentos será su preocupación y su verdadera alegría.

Ave María Purísima.


Una respuesta a «El demonio quiere nuestra alma»

  1. Satanás no actúa solo. Utiliza especialmente a aquellos que han vendido su alma por 2 duros. La mayor de sus conquistas ha sido lograr tomar la Silla de Pedro, hecho consumado desde 1958 por Roncalli. Es notoria esta toma de actuación pública maléfica con Montini y, traspasa lo inconcebible, con Bergoglio. De todas formas los más peligrosos impostores y demoledores fueron Wojtyla y Ratzinger ambos excelentes “trileros” que con su acercamiento a los •hermanos mayores” –los deicidas- y resto de falsas creencias trataron de diluir la figura divina de N. S. JESUCRISTO. Este ecumenismo, verdadero veneno de la serpiente antigua, que incluye de forma ilógica y sorprendente a todo tipo de creencias ajenas a CRISTO, es un medio para descristianizar a la sociedad y tumbar a la Santa Madre Iglesia.
    Sorprende que haya partidarios de Ratzinger que es figura clave en esta demolición de la Iglesia. Y sorprende más todavía, pues muchos, acusando a Bergoglio de ser un Papa falso, dan por verdadero a Ratzinger, siendo ambos compañeros inseparables en estas satánicas actuaciones.
    No voy a entrar en el tema teológico –no hace falta-, sencillamente voy a poner un vídeo que sirve de ejemplo «de las formas» en cómo estos dementes actúan contra DIOS y su máxima creación que es el hombre haciendo picadillo a la Iglesia con el ecumenismo para imponer una inminente adoración a Satanás.
    https://www.youtube.com/watch?v=T4Dgo1QMRgk
    Afortunadamente esto sucederá –aunque se nos haga insufrible e interminable- por poco espacio de tiempo, N. S. JESUCRISTO no nos dejará colgados:
    Juan 12:31 “Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera”.
    El que quiera entender que entienda.

Deja una respuesta

Su dirección de correo nunca será publicada. Si la indica, podremos contestarle en privado en caso de considerarlo oportuno.*

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad