El derecho a no emigrar según los Papas

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Llevamos mucho tiempo con una polémica abierta entre el papa Francisco y los gobernantes y políticos europeos a cuenta de la cuestión migratoria. El Pontífice quiere que Europa acoja a más inmigrantes. Los políticos, tanto de derecha –Matteo Salvini en Italia y Viktor Orban en Hungría—como de izquierda –la actual primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen–, dicen que no.

Salvini y Orban en la frontera entre ambos países

Pues bien, veamos lo que Benedicto XVI afirmó al respecto hace menos de nueve años. Cito de su Mensaje para la 97ª Jornada Mundial del Emigrante y el refugiado (2011): “El Venerable Juan Pablo II, con ocasión de esta misma Jornada celebrada en 2001, subrayó que “(el bien común universal) abarca a toda la familia de los pueblos, por encima de cualquier egoísmo nacionalista. En este contexto, precisamente, se debe considerar el derecho a emigrar. La Iglesia lo reconoce a todo hombre, en el doble aspecto de la posibilidad de salir del propio país y la posibilidad de entrar en otro, en busca de mejores condiciones de vida” (Mensaje para la Jornada Mundial de las Migraciones 2001, 3; cf. Juan XXIII, Enc. Mater et Magistra, 30; Pablo VI, Enc. Octogesima adveniens, 17). Al mismo tiempo, los Estados tiene derecho a regular los flujos migratorios y defender sus fronteras, asegurando siempre el respeto debido a la dignidad de toda persona humana. Los inmigrantes, además, tiene el deber de integrarse en el país de acogida, respetando sus leyes y la identidad nacional. “Se trata, pues, de conjugar la acogida que se debe a todos los seres humanos, en especial si son indigentes, con la consideración sobre las condiciones indispensables para una vida decorosa y pacífica, tanto para los habitantes originarios como para los nuevos llegados” (Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2001, 13)”.

Está claro, ¿verdad? Existe un derecho a emigrar pero también un derecho de cada país a regular el flujo migratorio. Y, le guste o no a Francisco, cada país, Italia también, es soberano a la hora de decidir cómo regula ese flujo y cómo defiende sus fronteras.

De hecho, no tiene nada de particular que, a tenor del hecho de que los inmigrantes “tiene el deber de integrarse en el país de acogida, respetando sus leyes y la identidad nacional”, cada país elija el tipo de inmigrante que mejor puede cumplir esa obligación. En España no hace falta explicar que eso le resulta mucho más fácil a los hispanoamericanos que al resto.

Supongo que no se acusará a Benedicto XVI y a San Juan Pablo II de ser malos cristianos por pedir que se conjuguen esos derechos. O no… Capaces son algunos de tal cosa.

Para Razón Española

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One thought on “El derecho a no emigrar según los Papas”

  1. En el origen de todos este problema de la inmigración está un dato objetivo que nadie se atreve mencionar:
    y este dato objetivo es el fracaso de la descolonización.
    De los muchos males que la Humanidad le debe al Comunismo y la Masonería, uno de ellos es la descolonización, especialmente la descolonización de África. Esos barcos atestados de africanos (no fe refiero al taxi-boat «Open arms», sino a barcos atestados de verdad hasta arriba) si algo evidencian por encima de cualquier otra consideración es el enorme fracaso de la descolonización.
    Es verdad que España no ha tenido colonias sino provincias donde los nativos han sido tratados como ciudadanos, y es verdad que otras naciones europeas no han dispensado un trato a los nativos comparable, pero no es menos verdad que aun en el peor de los casos, la administración europea de esos territorios era más beneficiosa para los naturales, que la situación generada tras las descolonización. Se ha acusado a los paises europeos de explotar las colonias de África, pero se olvida la parte civilizadora de la ocupación. Tras la descolonización la explotación fue no menos sino mayor, y en estado puro porque las grandes compañías multinacionales explotaban con mayor intensidad y sin construir hospitales, ni escuelas, ni invertir en el progreso y bienestar de la gente. Estas empresas, con su enorme poder les interesaba que desapareciera una Administración europea que supusiera un freno para sus ambiciones de explotación. Bajo el disfraz de la descolonización lo que se pretendía era la usura de ciertas gentes que dominan económicamente el mundo, y debilitar a las naciones Europeas despojándolas de sus posesiones de ultramar.
    El caso de Rodesia es espectacular, cómo la «libertad» (la supuesta libertad) ha supuesto la ruina literalmente para un pais de los más prósperos de África. La mayoría de los paises de África son Estados fallidos, con una clase dirigente con los sanitarios del cuarto de baño de oro y una población que sobrevive quitándose las moscas dela cara.
    Tenemos en el Sahara español y en Guinea ecuatorial dos claros ejemplos de cómo la descolonización vino a perjudicar a esas poblaciones. Pensemos en la situación de la que gozaban los saharauis, con su DNI español, con su representación en las Cortes Españolas, con sus ambulatorios de la Seguridad social, a la que tienen ahora tirados en los campos de refugiados desde hace más de 40 años.
    Mientras que otros países con el tema del Cataluña han pretendido dar clases de democracia, como Bélgica, sus territorios de África los consideraban meras colonias, España, la España de Franco, construía hospitales, ambulatorios de la Seguridad Social, carreteras, colegios, etc. etc. pero ello no para las élites de blancos venidos de la metrópoli, sino para las gentes del lugar que experimentaron unos estándares de bienestar en cuestiones objetivas como la Educación, la Sanidad, la Justicia , el desarrollo económico de los naturales del país etc. formidable y nunca vistos. Guinea se convirtió en el primer país del África negra con mayores niveles de prosperidad, más alfabetización y mayor bienestar. Mientras la renta percápita apenas llegaba a unos pocos dólares en la mayoría de los países africanos, o a 50 dólares en los más desarrollados como Kenya, la renta percápita de la población indígena de Guinea ecuatorial era superior a los 300 dólares. ¿Por qué? porque España, propaganda mentirosa aparte, no veía a Guinea como un territorio a exprimir hasta la última gota de zumo (como hacía Gran Bretaña, Bélgica, EEUU, etc. etc) sino como una parte más de España, y tenían 5 Procuradores en Cortes (como se llamaban entonces los Diputados) sentados en las Cortes Españoles para representar a esta gente. No todo fue mérito del gobierno, también los Claretianos y las monjas hicieron una labor impresionante. Aquella prosperidad se perdió cuando los enemigos de España consiguieron echar a España de allí con el cuento de la descolonización, pretexto de los usuremos para poder entrar y saquear esos países, lo que con el Régimen de Franco no era posible.

    La descolonización de África ha supuesto un empeoramiento objetivo de las condiciones de vida de los africanos que se traduce en constantes migraciones. Esta descolonización fue esencialmente una descolonización comunista
    , dentro de su radio de acción de actuación y propaganda, quizás por ello ahora se guarde silencio sobre este fracaso, para que el Comunismo no sufra merma.

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