El día del Caudillo

Francisco Franco, Caudillo de España, Generalísimo de los Ejércitos del Aire, Mar y Tierra, Jefe del Estado, Jefe de la Junta Política, Jefe del Gobierno y Presidente del Consejo de Ministros, Juez Supremo y Jefe de Falange Tradicionalista y de las JONS, Caballero de la Orden de Cristo, único vencedor del comunismo, forjado de una patria, militar intachable, valiente y caballero laureado, fue el general más prestigioso de todo el Ejército Español. Nunca fue político, fue siempre fue militar. Un patriota hasta la médula, pero no fue jamás político.

Franco realizó su ejecutoria basada en el espíritu del honor militar. Era un hombre íntegro y enamorado de España, que dio los 24 kilates de su vida al servicio de la Patria. Por eso, el primero de Octubre de 1936, se constituyó “El Dia del Caudillo” para conmemorar el momento histórico, en el que, asumiendo, por la gracia de Dios, los máximos poderes, fue proclamado Jefe supremo del movimiento Nacional, con el beneplácito del pueblo, dada su insuperable condición de competencia y valor como conquistador del laudo que asombró al mundo entero. Y no en vano lo ratificó el arzobispo de Burgos, Monseñor Manuel de Castro Alonso: “En el momento en que la locura demoniaca parecía empeñada en perder a España, surgisteis como designio providencial para su salvación”.

Cuantos viejos y buenos recuerdos nos traen a la memoria los ecos de afirmación y exaltación nacional de las palabras pronunciadas por Franco con ocasión de la celebración de su caudillaje. Como ha sido de actualidad todos esos años en los que, el día primero de Octubre, conmemoramos y celebramos ininterrumpidamente desde 1936 el Día del Caudillo; ya que en aquella fecha memorable, la Junta Militar eligió a Francisco Franco como Jefe del Estado Español, nombrándole Caudillo de España. Efemérides que desde estas páginas continuamos celebrando contra viento y marea; no en vano, gracias al caudillaje de Francisco Franco, nuestra Patria alcanzó las cotas más altas del bienestar espiritual y material de la historia de España. Implantando las Cortes Españolas, creando el Seguro Obligatorio de Enfermedad y 30 días de vacaciones retribuidas, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y el Instituto Nacional de Industria, construyendo la mayor red de reservas hidráulicas, el Monumento al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles, la Cruz más alta del mundo y la Basílica del Valle de los Caído, convirtiendo el secano en regadío, edificando miles de viviendas, erradicando el hambre y el analfabetismo, fundando las Universidades y Escuelas Laborales y la Organización Nacional de Ciegos, ayudando a la Iglesia, llenando el suelo patrio de carreteras, elevando el nivel de vida a lo más alto y a España a la novena potencia industrial del mundo, haciendo respetar nuestras fronteras e impidiendo la entrada de España en la II Guerra Mundial, y sobre todo devolviéndonos el orgullo de ser españoles, y todo ello sin la  gran carga de los impuestos que hoy no asfixian.

Pero, a pesar de su gran obra, los mal nacidos que no han sabido agradecérselo, han suprimido su fiesta, substituido su nombre en calles y plazas, exhumados sus restos, descabalgado su estatua y, pero no han podido descabalgar su Victoria ni borrar su recuerdo de cuantos españoles hemos vivido bajo su caudillaje.

Ahora bien,  a quienes por su nacimiento no han conocido a este gran hombre y tienen el deseo de saber quién era, brevemente les respondo a la pregunta que muchos se hacen: ¿Quién era Franco? Explicándoles brevemente que Francisco Franco Bahamonde nació en el Ferrol el día 4 de diciembre de 1892, y a los 14 años ingresó en la Academia de Infantería de Toledo, desde donde a los 17 años salió con el grado de segundo Teniente, y dos años más tarde ascendió a primer Teniente, a los 20 se le concedió la Cruz de Maria Cristina y a los 21 fue ascendido a Capitán por méritos de guerra, concediéndosele la Medalla Militar de Primera Clase por su heroico comportamiento en la campaña de Melilla.

A los 24 años ascendió, a Comandante, nuevamente, por méritos de guerra. En 1921, herido en combate el heroico Millán Astray, el joven Comandante Franco se hizo cargo de la primera y tercera banderas de la legión, y al año siguiente se le concedió la Medalla Militar Individual y un año más tarde fue nombrado gentilhombre de cámara de su Majestad, con ejercicio y servidumbre, ascendiendo a Teniente Coronel también por méritos de guerra y nombrándosele Jefe de la Legión.

En el año 1925, y con 32 años de edad fue ascendido a Coronel, y al año siguiente, unas vez más por méritos de guerra, fué ascendido a General, convirtiéndose a sus 33 años en el general más joven de Europa, al tiempo que se le nombraba por el Gobierno francés Comendador y Cabalero de la Legión de Honor y del Merito Naval y Militar. En el año 1928 Fue nombrado Director de la Academia General Militar en Zaragoza, cargo que desempeñó hasta la disolución de la misma por el Gobierno de la II República en 1931. El motivo de su discurso de clausura quedo en situación de disponible forzoso.

En los años del 32 al 35 ocupó destinos en Coruña, Baleares y Marruecos y el 19 de julio de 1936, esto es un día después del día siguiente del Alzamiento Nacional, y siendo Comandante Militar de Canarias, se unió al mismo junto a su guarnición, trasladándose inmediatamente a Marruecos donde el día 3 de Agosto se le nombró miembro de la Junta de Defensa.

El 21 de septiembre en Salamanca, la Junta de Defensa le nombró Jefe Supremo y Generalísimo de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, y dos días después en Burgos fue proclamado Jefe del Estado Español.

El 19 de mayo de 1939, finalizada la Cruzada, que no guerra civil, y cuando en España comenzaba a reír la primavera, durante el emocionante primer desfile de la Victoria en Madrid, el General Varela le impuso al invicto Caudillo la gran Cruz Laureada de San Fernando, máximo galardón, que coronó su extraordinaria carrera militar, así como la indiscutible jefatura que desempeñó durante cuarenta años, con el honor, patriotismo, entusiasmo, sacrificio y efectividad, que han de reconocer tanto amigos como enemigos hasta las cinco horas y veinticinco minutos del día 20 de noviembre de 1975, en la que falleció a la edad de 83 años en Madrid en la Cuidad Sanitaria de la Paz de la Seguridad Social, como correspondía al más abnegado trabajador de España. Toda una vida al servicio de España.

Exponer más datos biográficos de Franco sería inútil porque:

“¡Españoles!, todos me conocéis, los más viejos desde los tiempos de África cuando luchábamos para la pacificación de Marruecos, los ya maduros, cuando, en medio de los desastres de la II República pusisteis en mi persona la esperanza de la capitanía para la defensa de la paz civil amenazada; los combatientes de la Cruzada, porque no podrán olvidar las horas emocionadas de esfuerzos comunes para la victoria sobre el comunismo; los que sufrieron bajo el yugo de la dominación roja, porque siempre evocarán la alegría infinita de la liberación; los que desde entonces seguís leales a mi Capitanía, porque sois parte de aquélla victoria sobre todas las conjuras y cercos que a España se tendieron; los que habéis vivido la paz incomparable de estos años de paz, animando a nuestro pueblo con vuestros cantos de fe y de esperanza, porque todos sabéis de sobra cómo he venido cumpliendo siempre mi palabra.

Quien recibe el honor y acepta el peso del caudillaje en ningún momento puede acogerse legítimamente acogerse al relevo y al descanso. Ha de consumir su existencia en la vanguardia de la empresa fundacional para la que fue llamado por la voz y adhesión de su pueblo, enraizado y perfeccionando todo el sistema levantado.

El papel que ha correspondido a España, lo estamos cumpliéndolo con el mejor espíritu y con la mejor voluntad, pidamos a Dios, que es el que en última instancia decide la suerte de los pueblos, que, en los próximos años, siga dispensando su ayuda a nuestra Patria para conservar la unidad para servir a la paz y la justicia, y que tenga al mundo en su mano, que tanto o necesita. Por lo que a nosotros toca, permanezcamos incondicionalmente leales a estas permanentes consigna: unidad religiosa, unidad social y unidad política, pilares firmes de nuestra paz, de nuestra grandeza y de nuestra libertad. ¡Arriba España!” (1)

Volviendo la mirada a aquel primero de Octubre de 1936, nos viene a recuerdo… El 21 de septiembre, en una dehesa cercana a Salamanca propiedad de Don Alipio Pérez Tabernero, utilizada como aeródromo militar, en donde se reunió con los miembros de la Junta de Defensa, presidida por Miguel Cabanellas, y los Generales Queipo de Llano, Saliquet, Ponte, Orgaz, Gil Yuste, Kindelán, Franco, Dávila y Mola y los Coroneles de Estado Mayor Montaner y Moreno Calderón. El asunto que se trató fue la necesidad de un Mando Militar único, que se hacía técnicamente necesario al confluir sobre Madrid las tropas de Franco y las de Mola; solo Cabanellas se opuso abiertamente, quedando el problema de definir quién sería el Jefe Militar supremo, Kindelán fue el primero en votar a favor de Franco, adhiriéndose seguidamente Orgaz y Mola, seguidos por Millán Astray, Asensio Cavanillas, Yagüe, Kindelán. Todos los generales reunidos votaron a Franco excepto Cabanellas que se abstuvo.

El nombramiento de Francisco Franco como Jefe del Gobierno del Estado tuvo lugar el 28 de septiembre de 1936 en una reunión de altos mandos militares del Ejército, y el decreto fue publicado por la Junta de Defensa Nacional el día 30.

El día 1 de octubre, en una ceremonia solemne celebrada en la sede de Capitanía General de Burgos, y en donde el general Cabanellas en representación de la Junta adelantándose pronunció las siguientes palabras: “Señor Jefe del Estado Español. En nombre de la Junta de Defensa Nacional, os entrego los Poderes absolutos del Estado”, a las que Franco respondió: “Mi general, señores generales y jefes de la Junta: Podéis estar orgullosos, recibisteis una España rota y me entregáis una España unida en un ideal unánime y grandioso. La victoria está de nuestro lado. Ponéis en mis manos España y yo os aseguro, que mi pulso no temblará, que mi mano estará siempre firme, llevare a la Patria a lo más alto o moriré en el empeño.

Terminado el acto, Franco salió al balcón de la Capitanía para saludar a la a la multitud que lo recibió enfervorecida con y con gritos de “¡Franco, Franco, Franco!”, y sin dilación les dijo: “Nosotros venimos para ser del pueblo, venimos para los humildes, para la clase débil, no para los capitalistas, la obra exige el sacrificio de todos, principalmente de los que tienen más en beneficio de los que no tienen nada. Tendremos vivo empeño en que no haya un hogar sin lumbre, en que no haya un hogar sin pan…

Desde aquel día, 1 de Octubre de 1936, en el que Franco fue investido con sus nuevos poderes como “Generalísimo de todos los ejércitos y Jefe del Estado”, título que ostentó durante su providencial mandato, hemos venido celebrando y conmemorando los españoles esta fecha oficialmente todos los años como el día de la “Exaltación de Franco a la Jefatura del Estado” o simplemente como “Día del Caudillo”.

En honor a tal efemérides recordemos la última celebración del Dia del Caudillo, con Franco vivo, conmemorado en la Plaza de Oriente de Madrid, el 1 de Octubre de 1975, en la que ante una gran multitud enardecida y entusiasta el Generalísimo Franco agradeció al pueblo español su lealtad: “¡Españoles: Gracias por vuestra adhesión y por la serena y viril manifestación pública que me ofrecéis en desagravio a las agresiones de que han sido objeto varias de nuestras representaciones diplomáticas y establecimientos españoles en Europa, que nos demuestran, una vez más, lo que podemos esperar de determinados países corrompidos, que aclara perfectamente su política constante contra nuestros intereses. No es la más importante, aunque se presenta en su apariencia, el asalto y destrucción de nuestra Embajada en Portugal, realizada en un estado de anarquía y de caos en que se debate la nación hermana, y que nadie más interesado que nosotros en que pueda ser restablecido en ellos el orden y la autoridad. Todo obedece a una conspiración masónica izquierdista en la clase política en contubernio con la subversión comunista-terrorista en lo social, que, si a nosotros nos honra, a ellos les envilece. Estas manifestaciones demuestran, por otra parte, que el pueblo español no es un pueblo muerto, al que se le engaña. Está despierto y vela sus razones y confía que, la valía de las fuerzas guardadoras del Orden Público, y suprema garantía de la unidad de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire, respaldando la voluntad de la Nación, permiten al pueblo español descansar tranquilo. Evidentemente, el ser español ha vuelto a ser hoy algo muy importante en el mundo. ¡Arriba España!”

PD.- El Dia del Caudillo formaba parte de todo un elenco de fechas patrióticas como las de 1 de abril (día de la Victoria), 12 de octubre (día de la Raza), 20 de noviembre (día de los caídos) y el 18 de julio (día del Alzamiento nacional), hasta que para instaurar el régimen del 78, llegó la traición y el perjurio de esa cuadrilla de miserables que,  con un “canguis” propio de cobardes no solo no se enfrentaron al rojerío ni plantaron cara, sino que además, unos por dinero y otros además por gallinas avergonzadas, cedieron a sus exigencias de suprimir esas fiestas “fascistas”, para activar la caca-reada “reconciliación”, y consumar la tra(ns)ición, dando paso a la celebración  de las fiestas democráticas: el día de la Constitución ( 6 de diciembre), el día internacional de la mujer (8 de marzo), el día del orgullo gay (28 de junio), la fiesta del PCE (en septiembre), los días de las Comunidades autónomas, de las que sobresalen la Diada y el Aberri Eguna, de las que, como en el mus, paso de ellas, para dar órdago, celebrando el “El Dia del Caudillo”.

(1) Comparen éste y otros discursos del Caudillo, cargados de cariño a los españoles, de los logros de la Patria, de las penurias del comunismo y de la voluntad de Dios, con las  peroratas democráticas e irracionales y ambiguas que venimos escuchando durante más de cuatro décadas, desde “el puedo prometer y prometo…” hasta las constantes y esperpénticas insistencias infladas de consignas prefabricadas, vacías y falsas, tratándonos de iluminar con una retórica flamígera en la que se nos ocultan píldoras propagandísticas para desviar siempre la atención a la realidad actual y conseguir votos, repitiendo cada dos segundos las muletillas: “social”, “país”, “ciudadanía y “progresismo”, que ni ellos mismos conocen su significado.

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