El dinero no tiene patria

Antonio Garamendi

En relación con el «indultazo» que el dictador Sánchez, o sea, el PSOE, ya ha concedido a los traidores y apátridas secesionistas catalanes, «indultazo» ilegal e ilegítimo, se vienen posicionando lógicamente todos los sectores de la sociedad. Unos a favor y otros en contra. Unos por obligación, otros por interés o necesidad. Sorpresas no las ha habido o, al menos, no en grado sumo. Pero… hétenos aquí que ha saltado la liebre cuando Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, nada más y nada menos, ha declarado que «Si llevan a normalizar las cosas, bienvenidos sean». Es decir, que la todopoderosa CEOE, por boca de su presidente, al que aunque le han llovido algunas timoratas quejas, no las ha habido contundentes exigiendo su inmediata dimisión, se posiciona del lado del dictador Sánchez y aboga por los indultos. ¿Por qué? Porque el dinero no tiene patria.

Los empresarios, formal y normalmente de «derechas», o sea peperos, aunque dicho término es a estas alturas difícil de utilizar y desde luego hay muchos con dinero que son marxistas, porque se han dado cuenta de que la langosta y el caviar están de muerte, mirando sólo por sus pelas, se pliegan al capricho e interés del dictador Sánchez y, traicionando a España, sólo buscan su interés pecuniario, material, monetario; entre otro el de los sustanciosos fondos que deberían llegar procedentes de Europa debido al Covid en los cuales los empresarios tienen puestos sus ojos golosos para reflotar sus depauperadas arcas, sabiendo que será la mano totalitaria e interesada del dictador Sánchez quien los administrará, lógicamente a su capricho.

El dinero nunca ha tenido más patria que la de los bolsillos de quienes lo tienen; es verdad que hubo una época no muy lejana en que no fue así, pero eso no dejó de ser la excepción que confirma dicha regla. El dinero corrompe hasta al más santo, cuanto más al que no lo es. El dinero es ciego y no ve más allá de las narices de quien lo posee o aspira a ello. El dinero no entiende nada más que de beneficios. El dinero deshumaniza al ser humano. El dinero sólo mira por sí mismo. Garamendi y la CEOE son un ejemplo evidente de lo dicho.

Así estamos y peor que vamos a estar. Al final, y como con la profanación de la sepultura del Caudillo, el dictador Sánchez, o sea, el PSOE –organización de historia criminal donde las haya– vuelve a hacer lo que le sale de las criadillas porque está rodeado de… gente como él: apátridas, traidores, cobardes, corruptos, mediocres, egoístas, estúpidos, ingenuos, ignorantes, sinvergüenzas… características de todo dictador de verdad y Sánchez lo es en grado sumo. Un dictador no se impone por sí mismo, sino gracias a la colaboración de los que le rodean y el silencio y trágala por el motivo o excusa que sea del resto.


Una respuesta a «El dinero no tiene patria»

  1. No es el dinero el que no tiene patria, son los que adoran el dinero los que son apátridas.
    No se puede adorar a Dios y al dinero y está claro que para algunos la elección es bien simple. Pues que con su pan se lo coman, que ya tendrán tiempo de lamentarse.

    En el caos moral e ideológico que se sufre en España, sin ninguna referencia moral porque la iglesia ya no es faro como no sea de lo que no debe ser, ni los jueces tampoco que siendo la solución se han convertido en cómplices y en parte del problema, que se han corrompido y hablan de la trata de niñas en Cartagena de Indias o del chantaje vaginal «éxito asegurado» como si fuera una gracia , con total normalidad, y el Gobierno está en manos de malhechores, y en la televisión la apología permanente es la inmoralidad, sin que nadie se atreva a alzar la voz contra este estado de ruina moral.
    En este contexto, de los usureros elevados a la categoría de reyes del mundo con leyes y delitos de odio tipificados para que nadie pueda criticarlos, de especulación y materialismo más absoluto, es donde hay que enmarcar este suceso.
    Como decía al principio, con su pan se lo coman, que ya tendrán tiempo de lamentarse, porque desde tiempos de Viriato y desde entonces de forma ininterrumpida: «Roma no paga a traidores», y menos la «Roma» separatista y ultraizquierdista.

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