El Ejército español dio la espalda a la guerra de las Malvinas. El mal ejemplo del CIR Nº13 (Figueirido-Pontevedra)

El 2 de abril de 1982 Argentina recuperó las islas Malvinas. Acto seguido de esta recuperación, Gran Bretaña expresó su intención de volver a ocupar por la fuerza las islas. Todo el cuidado que había tenido Argentina de no ocasionar bajas británicas que supusieran un impedimento para una salida honrosa de Gran Bretaña de un territorio que era argentino, no sirvieron para nada, tampoco la muerte del Capitán Giachino que se dejó matar antes de incumplir la orden abusiva recibida de bajo ningún concepto ocasionar bajas ni a la guarnición inglesa ni a los civiles. A partir del día 3 Gran Bretaña ya empezó a mandar sus fuerzas (como su fuerza de submarinos), y a partir del 5 de abril el grueso de su “Task force”.

Y mientras Gran Bretaña navegaba hacia el Atlántico Sur, y los gurkhas afilaban en cubierta sus kukris, y en Argentina agotaban las últimas esperanzas de evitar el conflicto armado, en España ¿qué pasaba, y en concreto en sus centros militares?

Yo, un ciudadano corriente,  no puedo responder a esa pregunta, porque yo no era nadie para saber lo que pasaba en los ambientes militares,  esto lo podrán contar quienes estuvieran en el Estado Mayor o en los puesto de relevancia militar, que no era mi caso, pero sí puedo contar mi pequeña experiencia al respecto, porque para muestra un botón.

Cuando estalló el conflicto a mí me faltaba algo más de un mes para hacer mi servicio militar obligatorio. Yo pertenecía al reemplazo de mayo de 1982 (el 4º) y me había tocado mi servicio militar de 14 meses en el Centro de Instrucción de Reclutas (CIR) nº 13 de Figueirido (Pontevedra). Había seguido el conflicto con atención desde su inicio, hasta el día 24 de mayo que me tenía que marchar para Pontevedra. Entonces los españoles hacíamos la mili con 20 años, los argentinos con 18.

Me habían dado, en la Zona de Reclutamiento y Movilización un billete de tren, una lata de sardinas con tomate, y un botellín de cerveza. Cogí el tren (aquellos trenes con tapizado de skay “azul aviación”, con la foto de Segovia en blanco y negro en un marquito pequeño del tamaño de una postal, con compartimentos a un lado y el pasillo, a todo lo largo, al otro),   la tarde del 24 de mayo, en pleno desarrollo de los combates tanto aéreos como terrestres, llegué a las 7 de la mañana a Madrid, el tren para Pontevedra no salía hasta las 9 de la noche, y al día siguiente por la mañana llegamos a Pontevedra. Allí nos recogió un camión militar que nos trasladó al CIR de Figueirido (Pontevedra).

Nos asignaron las compañías, nos dieron la ropa de cama, (el uniforme nos lo darían dos días después)  que eran las sábanas sucias que acaban de entregar los que se habían marchado (no sé si unos días antes, porque eso de que habían sido entregadas aquella mañana no parecía que pudiera ser verdad porque ni podía ser que aquella mañana hubiera podido haber ninguna jura de bandera, ni un acto solemne de esta naturaleza se iba a hacer en día corriente, porque el 26 de mayo de 1982 era miércoles).

Las sábanas tenían todavía los nudos que se hacían en las esquinas para usar como sábana de abajo, para poderlas remeter por debajo del colchón. Era la solución militar a las sábanas de debajo de uso civil que llevan unas gomas para engancharlas en las cuatro esquinas del colchón. La que me tocó a mí tenía una mancha de una meada amarilla, con algún añadido que prefiero omitir,  en forma de circunferencia irregular de unos 60 ó 65 centímetros de radio,  que a la hora de hacer la cama procuré situarla en la parte de los pies. Sé que eran las sábanas sucias del contingente anterior, no solo porque las sábanas tenían más suciedad que un jamón y había que sujetarlas para que ellas solas no salieran corriendo en busca de una lavadora, sino porque se lo oí decir el Cabo a un Sargento que no había sábanas porque no había dado tiempo a lavarlas, y entonces ambos estuvieron de acuerdo que la solución era dar las sucias tal cual las habían entregado los anteriores usuarios. Pensé “están estos dos para preocuparse de evitar el pie de trinchera en sus subordinados, en caso de guerra”.

Desfile en el Centro de Instrucción de Reclutas (CIR) nº 13 de Figueirido (Pontevedra) en 1982

Hago constar este dato de las sábanas no por el hecho en sí de la falta de higiene de dormir en unas sábanas con restos de semen y orines solidificados de no se sabe quién, sino por tres datos que en tiempos de guerra son muy relevantes, como de hecho se demostró en la Guerra de las Malvinas:

– uno la falta de planeamiento o previsión (hasta en las cosas más pequeñas, que da idea de lo que puede pasar en las grandes), yo tardé dos días completos en llegar desde mi casa al Campamento,  es decir que no llegué de improviso sino que yo, al igual que todos los demás, habíamos sido convocados para llegar ese día, y habíamos usado los pasajes de transporte que el propio Ejército español nos había dado con fechas y horarios decididos por ellos, de modo que si el responsable de esta área no era capaz de prever, en tiempo de paz,  un juego de sábanas limpias para los nuevos reclutas, qué podía esperarse de esa Unidad en tiempo de guerra, con el enemigo bombardeando y atacando los suministros, con la escasez de medios. etc. etc.  Desde el punto de vista militar,  -más allá de la cuestión higiénica que viene a ser sólo una anécdota-, hay que decir que era una calamidad, que en esto podía no tener mayor importancia, -porque no habíamos venido de vacaciones sino a hacer la mili-, pero que denotaba la ineptitud y el bajísimo nivel que reinaba en aquel centro militar y en su personal, tanto el que era inepto como el que por encima de él toleraba tal ineptitud o le pasaba desapercibida porque no estaba en su puesto o le importábamos un pito.

– Significaba también la desconsideración que como militares, aunque fuéramos del escalafón más bajo (meros reclutas, o quizás más exactamente habría que decir “siervos de la gleba”, que quizás se acomodaba más a nuestro verdadero estatus) del estamento militar, merecíamos para nuestros superiores. Las sábanas no se nos daban meadas por sus anteriores usuarios para “endurecernos”, -lo cual habría podido tener su razón si éste hubiera sido el caso-, sino por pura desidia y falta de previsión.

Por otra parte Cabo y Sargento podían tener esa conversación a la vista de varios que lo escuchamos, porque Teniente y Capitán de la Compañía estaban desaparecidos, que sólo vimos, con la excepción que luego contaré, el día de la jura de bandera, y no se preocuparon ni mucho ni poco en fiscalizar el trabajo de sus subordinados, y asegurarse que la recepción de los nuevos reclutas se hacía como es debido. Si el padre prior del convento está en la playa de Pontevedra, Vigo o la Coruña, o en el bar de oficiales hablando de futbol, en lugar de estar en su puesto, pues ocurren estas cosas.

Aznar terminó con el servicio militar obligatorio en 2001, pero el Servicio militar obligatorio ya mucho antes que Aznar se lo habían cargado muchos militares advenedizos como estos, sin ningún patriotismo ni ningún espíritu de nada más allá de su ansia de ascender y de vivir ellos sin mayores problemas, precisamente por eso no les costó nada acomodarse a los nuevos tiempos del PSOE y la antiEspaña, que eran los viejos tiempos de siempre de la España del Siglo XIX, y precisamente por eso también el Comandante Pardo Zancada fue un caso único en el Congreso, o los  Coroneles Manrique y Lorenzo Fernández de los Paños, colaboradores de esta página,  se quedaron  solos cuando hicieron ver el sectarismo de los políticos y les plantaron cara con lo que ellos, -los militares y políticos rojos o vendidos al rojerío-,  no soportan, con argumentos.

– Por último, significaba también dos cosas más: la primera la pobreza de medios de este ejército que no tenía presupuesto ni para un juego suplementario de sábanas corrientes, como para que hasta que no se lavara y secara el único juego que había, no había otro para dar, y como en esta ocasión no se había lavado, pues se entrega sucio, porque no había otro. Esto me recordaba lo que mi padre, que en paz descanse, contaba de recién acabada la guerra, de dos hermanos que solo tenían un pantalón para los dos, y hasta que no volvía uno y le dejaba el pantalón al otro, éste no podía salir. Mientras, el gobierno del PSOE compraba coches Audi a mansalva para sus cargos públicos, el ejército no tenía para sábanas. Si no había dinero para sábanas en tiempos de paz, entonces ya de gafas de visión nocturna, Lanzacohetes Milán, o de anestesia para no amputar piernas a dolor, por poner un ejemplo, ya no hablamos.

Esto pasaba el 26 de mayo de 1982, el 30 de mayo, es decir 4 días después, entraba España en la OTAN…sin sabanas para sus reclutas. Digo yo que para eso hubiera sido mejor no dar sábanas.

Haciendo una regla de tres uno se podía hacer una idea de lo que podía ser en tiempo de guerra, careciendo de lo más básico, y abandonados de la mano de Dios.

La segunda cosa que significaba, lo poco que la cúpula militar se hacía valer ante los políticos, para que no se pudiera arañar del presupuesto ni siquiera para unas sábanas[1], mientras los políticos despilfarraban a manos llenas en lo que les convenía a ellos, y los militares de la cúpula militar sin rechistar de nada. “Porca miseria”, que dirían los italianos.

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Recuerdo que el día de nuestra llegada sobre la litera, en algunas camas había una revista militar con un pequeño artículo sobre la Guerra de las Malvinas. El artículo lo he conservado hasta que hace 8 ó 10 años mi madre, que también en paz descanse, hizo limpieza en mis cosas que yo no me había llevado al casarme, y lo tiró con todo lo demás. Era un artículo corto, que hubiera querido tener, para reproducirlo ahora. Discreto pero muy bien escrito, y apoyando la causa de Argentina.  Yo venía de seguir esta guerra a diario y me alegraba mucho que al menos a este pequeño nivel el Ejército español estuviera de parte de nuestra Nación hermana (y en contra de nuestro enemigo secular). Sería la única demostración de simpatías por la causa argentina que vi en aquel acuartelamiento.

Jura de bandera en el Centro de Instrucción de Reclutas (CIR) nº 13 de Figueirido (Pontevedra) en 1982

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Mi decepción con el Ejército, que ya era grande antes de salir,  (-de hecho como militante de FJ me había incorporado “al servicio de España”, porque los que tenían esta función institucional en España, parecían haberse pasado al enemigo “con armas y bagajes”, y nosotros estábamos en una actividad que con harta frecuencia parecía una guerra de guerrillas, o peor aún porque tenía todos sus inconvenientes y ninguna de sus ventajas,  por el carácter violento de los rojos aunque los medios de comunicación hicieran creer a la opinión pública falsamente lo contrario, arriesgándolo todo y a pecho descubierto, y con la actitud miserable también de policías, jueces y fiscales, que no califico de rojos porque sería un epíteto que ya se sobreentiende, que les faltó tiempo a ellos también para cambiarse de bando, y en realidad esta lucha les correspondía a ellos, como en 1808, mientras ellos estaban en el sofá en pijama en sus casas viendo la tele, en actividades militares al margen del frente donde se decidía el destino de España-),  llegó a ser total a la vista de lo que vi. De hecho el enemigo estaba asaltando las almenas de España en ese momento y desde hacía casi 10 años, porque los que tenían la misión de impedir que el enemigo hubiera conseguido ocultar a la población sus verdaderas intenciones, no habían cumplido con su deber.

La oficialidad desaparecida. Hasta donde yo sabía una compañía la manda un Capitán, ¿dónde estaba nuestro Capitán?, no se sabe, nunca lo vimos, parece ser que estuvo luego en el acto de jura de bandera, pero yo no sabría decir quién era. Yo había intervenido en la actividad política desde 1976, como militante de FJ, también aquí como siervo de la gleba, y aunque no tenía antecedentes penales, dábamos por seguro que estábamos fichados de facto por la policía y por el Servicio de información de la Guardia civil, y seguramente había más fotos nuestras (tomadas furtivamente) en sus álbumes que en los nuestros. Esos que venían a la sede a empaparse de todo simulando ser nuestros camaradas, para luego hacer el correspondiente informe y vendernos a la menor oportunidad. Yo no entendía que se les hiciera la pelota cuando lo que habría que haber hecho es echarlos sin más; en realidad la única explicación era el nivel que había también aquí.  Cuando llegaba uno de esos, yo me marchaba porque me daban un asco tremendo, y porque quería que percibieran que si las cosas cambiaban a ellos era a los primeros que habría que colgar. Así que cuando llevaba dos semanas en el Campamento, alguien me dijo que me tenía que presentar al Teniente de la Compañía, y yo pregunté, -¿y el Teniente dónde está?, me mostraron una puerta en el pasillo de la compañía, que estaba siempre cerrada y que quizás por eso yo no había reparado hasta entonces de su existencia, y me dijeron que ahora no, que a tal hora (no la recuerdo).  Cuando me presenté el Teniente me miró y me dijo que me podía marchar. Comprendí que habrían llegado mis antecedentes “policiales” o de la Segunda Sección, (como después llegaron al acuartelamiento a donde fui destinado y se me sacó del curso de cabo, porque los “fascistas” no podíamos ser cabos al menos en ese acuartelamiento), y que la entrevista no tenía más objeto que quedarse con mi cara. Ya no volvimos a ver al Teniente nunca más. Sólo alguna vez estaba un Alférez de la IMEC, el clásico pijo rubio con el culo de zapatero de montar a caballo, que gustaba vestir el uniforme antiguo color arena claro, con la gorra característica de visera más corta. Como siervos de la gleba nos pastoreaban soldados, y por las noches en retreta veíamos a veces a algún Cabo 1º, y excepcionalmente a algún Sargento que se refería al Ejército Español como “esta empresa”.

Era el año del Mundial de futbol España 82, a tal efecto se montó en el comedor de tropa una gran pantalla (que yo no vi porque nunca fui) para por las tardes seguir los partidos de futbol. En esos momentos, en el Atlántico Sur, los argentinos estaban haciendo frente a la invasión inglesa, y en un centro militar lo que se hacía era montar una pantalla no para seguir la guerra o para hablar de ella sino para seguir el mundial de futbol.

El mundo al revés, en lugar de servir el centro militar para inculcar a los nuevos reclutas los valores de la vida militar, de la que ellos eran ajenos, e impregnarlos de este espíritu nuevo para ellos, en la única ocasión que iban a tener en su vida de realizar esta labor (porque en las discotecas y bares de alterne no se suele impartir doctrina militar), había ocurrido justo a la inversa, era la vida civil la que había terminado por prevalecer,  impregnar y por influir a los “profesionales” de las Fuerzas Armadas, y estos ya veían al Ejército como una “empresa”, como el que trabaja en Abengoa, en Correos, o en “Aluminios Martínez”, y su máxima aspiración corporativa era ver el futbol, y que dieran las 14’15 horas para irse pitando a la playa con sus familias. Qué pobreza.

Reclutas del CIR nº 13 de Figueirido (Pontevedra) en 1982

Recluta del CIR nº 13 de Figueirido (Pontevedra) en 1982

Yo comprendo que aquello era un CIR de instrucción de reclutas, no el tercer año de la Academia General Militar, ni el Curso de ingreso en la  “Unidad de Guerra ártica y de montaña” del Ejército inglés,  es decir estábamos en 1º de Parvulitos de lo que es la formación militar, porque si el panorama de los mandos era directamente para hacer pucheros y romper a llorar, el de la tropa no era menos[2] (viendo el panorama lo que no tenía explicación es que el PSOE no hubiera ganado las elecciones por mayoría absoluta mucho antes y ya siempre sin solución de continuidad) , y había quien no sabía lo que era hacer “derecha” (de hecho eran mayoría si no recuerdo mal), pero precisamente por eso, casi 3 meses de instrucción daban para mucho si aquellos mandos hubieran recogido sus toallas de las playas de Vigo, y hubieran orientado la formación no solo para el acto final de la Jura de Bandera, sino también para haber puesto las bases de una unidad militarmente operativa: espíritu militar sin grandilocuencia,  camuflaje, progresión, combate nocturno, doctrina, fortificación, orientación,  armamento, supervivencia, etc. La guerra de las Malvinas le había devuelto el protagonismo a las pequeñas unidades, a la Infantería ligera. Eso se adaptaba perfectamente a las Brigadas de Defensa Operativa del Territorio que existían entonces en toda España.

Había mucho que comentar, que describir, que analizar. Las operaciones que se estaban llevando a cabo daban pie a clases didácticas, de todo tipo, desde guarecerse del frío, a moverse de noche en terreno ocupado por el enemigo, material, y mil cosas más,  que es lo que se espera de un centro de instrucción, que si bien no es el “Curso de Comandos” del Ejército de Corea del Sur, tampoco es para ponernos todos a hacer macramé, jugar al parchís o a ver el futbol, como si la guerra o la vida militar fuera ajena a aquel establecimiento que se suponía que era para formar a los futuros soldados.

Yo cada noche que no me tocaba servicio y me iba la cama, en mis sábanas con cerco de orines solidificados, me acordaba de qué sería de esos soldados argentinos que en ese mismo momento estaban en los pozos de tirador helados, algunos inundados, dando la cara a la muerte. Y rezaba por ellos mientras el resto comentaban entre ellos el futbol o contaban chistes verdes; y rezaba también por mí, porque ir a la guerra con esta gente, con unos y con otros (tropa y mandos), no podía traer nada bueno.

Lo dejo aquí, para contar que mientras Argentina luchaba, nosotros nos dedicábamos a ver el futbol. Esta es la triste realidad de la España decimonónica que padecemos.

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“No hay malos soldados, hay malos Oficiales” (Napoleón)

Nota: las fotografías que aparecen en este artículo sólo tienen la finalidad de ilustrarlo, en ninguna aparece el autor.
[1] No era solo las sábanas,  en el acuartelamiento de destino en una región como Galicia que hay meses enteros que prácticamente llueve todos los días, íbamos en invierno de maniobras sin ponchos (ni nada), y tampoco teníamos 2/4 qué sí tenían otras unidades,  con lo cual te empapabas la espalda formado para entrar al desayuno el lunes, y ya estabas empapado y soltando vaho de la ropa hasta el viernes que regresabas de las maniobras en “Montederramos”, “Chantada”, “Allariz” o “Xinzo de Limia”, donde en invierno el suelo amanecía helado. Los sacos de dormir hacía 20 años que tenían que haber sido reemplazados porque su relleno hacía siglos que había perdido su poder aislante. Las tiendas de campaña tenían el suelo roto por las esquinas, donde iban los vientos, con agujeros del tamaño de una manzana, de modo que el agua del suelo se filtraba al interior de la tienda. Esto es algo que se podía haber reparado con hule y pegamento para cámaras de bicicleta. Los mandos en cambio utilizaban una tienda canadiense grande para cada uno de ellos, donde cogía un colchón de cama, con sus sábanas y sus mantas, en plan marqués. Como una cosa muy extraordinaria, después de yo hablarlo con el Sargento 1º de la oficina de la compañía donde yo estaba destinado, de cara a las maniobras que muchos soldados tenían las botas rajadas desde la puntera al arco del pié, el furriel buscaba de las botas viejas que habían entregado otros reemplazos al marcharse, una que no estuviera rota. Cada uno desgasta el talón según su particular anatomía, pero por lo menos, futuros problemas de cadera aparte, iban al campo sin la incomodidad de tener los pies mojados y helados porque la bota estaba rajada a todo lo largo. Por lo visto no había presupuesto para un par de botas nuevas o los siervos de la gleba no merecían más que un par en toda la mili. Esto no era solo un problema de “la democracia”, esto venía de muy atrás. Cuando el conflicto del Sahara, las unidades gastaban munición porque había tiroteos o los centinelas hacían fuego en el rigor de la noche si sentían moverse en la oscuridad a alguien, y los mandos en lugar de hacer constar estos consumos, firmaban las entregas de munición de un mando a otro (cuando había relevos o sucesión en el mando de las unidades), con el resultado de que oficialmente según la documentación había X cantidad de munición cuando no había ni la décima parte, pero irresponsablemente nadie decía la verdad, para así marcharse del destino y no complicarse la vida, porque “no complicarse la vida” ha sido la ocupación principal de los militares desde que soltaron los correajes el 1 de abril de 1939, con escasísimas excepciones, y que se salve el que pueda. En esto el Ejército Argentino estaba en 1982 a años luz de nosotros, en todo.
[2] Esto daría para hablar largo y tendido. Lo ajena que la vida militar era para prácticamente la totalidad. Aquellos reclutas eran el reflejo de la sociedad a la que pertenecían, sus chistes absurdos sobre la mili que le quedaba al palo la bandera, sus poses para fotografiarse con el Cetme (el “chopo” en su nomenclatura de pueblo), sus bocadillos de chorizo, el llamar al Águila del escudo de la bandera de España, o del emblema del Ejército de Tierra,  “el pollo”, jamás censurado por los mandos, porque posiblemente para los mandos el “Águila” del escudo o del emblema también era el “pollo”. Qué poca labor de “infiltración” (de información y propaganda) hacía el Ejército para que la gente llegara a los cuarteles tan “verde” y tan ajena a la vida militar.

3 respuestas a «El Ejército español dio la espalda a la guerra de las Malvinas. El mal ejemplo del CIR Nº13 (Figueirido-Pontevedra)»

  1. Cuenta usted sus experiencias en un CIR, y las pequeñas miserias de la desorganización, los miles de reclutas que cada tres meses pasaban por los CIRs, etc., y, desde luego, la estancia no era -ni tenía porque ser- similar a la de un hotel de tres estrellas, por ejemplo.
    Yo realicé todo el servicio militar en el CIR Núm. 1, en Colmenar Viejo, y a pesar de que trimestralmente venían contingentes de más de cinco mil soldados -o tal vez por eso-, la organización era bastante buena.
    Tampoco creo que los Oficiales o Suboficiales pudieran ayudar a Argentina en la Guerra de las Malvinas, pùes, obviamente, no estaba en su mano.
    Lo que si me duele es que los chilenos facilitaran toda clase de apoyos a los hijos de la Gran… Bretaña, a pesar de ser enemigos secuales de los hispánicos, de todos los descendientes de España, y que por dónde pasaron «liquidaron» a los nativos.
    Teniendo en cuenta que la masonería mandaba y manda en el Reino Unido, y que en Chile también está muy extendida,¿no creen ustedes que tiene algo -o mucho- que ver con ese apoyo a la pérfida Álbión?

    1. D. Ramiro, las «pequeñas miserias de la desorganización» son lo de menos, lo fundamental es la indiferencia y la falta de valores.
      Yo era entonces un joven de 20 años, y cuando estalló el conflicto vi claro que había que estar allí, en las Malvinas, de parte de los argentinos, otra cosa es que no estuviera en mi mano ir o que de haber ido me hubieran matado, tal como luego se desarrollaron las cosas.
      Cuando llegué al CIR 13 lo que me encontré fue un centro de instrucción que vivía de espaldas completamente al conflicto, (y a la propia instrucción militar, a mí no me enseñaron nada que yo ya no supiera de antes) como si no nos atuviera, como si la usurpación de las Malvinas no fuera la usurpación de Gibraltar.

      No digo yo que aquellos militares a los que yo no traté porque ni siquiera se dignaron a dejarse ver ante la tropa que supuestamente mandaban, hubieran tenido el valor que sí tuvieron algunos Capitanes de Artillería españoles de ofrecerse voluntarios para combatir, pero sí al menos para aprovechar el conflicto para dar una formación moral y también militar a los soldados, a lo que se prestaba el conflicto de las Malvinas.
      Lejos de nada de eso, lo que me encontré fue un Ejército vacío por dentro, como un árbol muerto carcomido por dentro, el Ejército era «esta empresa», indiferente ante el papel de España en el conflicto de Argentina, y cuya máxima aspiración era montar una pantalla para ver el Mundial de Futbol España 82. Nada de Gibraltar, nada de hablar de que aunque no estuviéramos nosotros deberíamos estar allí, al menos como «deber ser», como mensaje ideológico para formar a los reclutas intoxicados por la propaganda roja, nada de tomar las enseñanzas técnicas de esa guerra (desde coserte unos calcetines con la puntera cortada desde los puños a la manga de la guerrera por dentro para aumentar la capacidad térmica (de abrigo) de esa guerra, a como moverte de noche, o hacer un pozo de tirador, o doblar la potencia de fuego de las unidades con cazacarros desechables o incrementando el número de ametralladoras, o de fusiles de franco tirador, que entonces había uno por compañía, y las Malvinas demostraron que el fuego de protección de los francotiradores era vital).

      Ante la guerra de las Malvinas la reacción fue la indiferencia. Algo así como si están violando a una niña o atracando una familia, y pasamos de largo. Pero pasamos de largo no por miedo a lo que nos pueda hacer las autoridades si nos cargamos al violador o a los atracadores, sino que el motivo de pasar de largo fuera la indiferencia, porque nos diera igual que violaran a una niña o atracaran a una familia. Esto es lo triste, y lo que he querido contar en el artículo. Otra cosa es que no lo haya conseguido.

      En cuanto a la pregunta que me formula sobre si el apoyo de Chile a Gran Bretaña estuvo motivado por la infiltración de la Masonería en Chile.
      Para los españoles es difícil entender que dos paises anticomunistas como eran la Argentina de la Junta Militar y el Chile de Pinochet, fueran enemigos, pero esa era la realidad.
      El conflicto venía por el Canal de Beagle y algunos territorios australes y ambos paises estuvieron a punto de llegar a las manos. De hecho Argentina no pudo desplegar sus mejores tropas en las Malvinas, y las aclimatadas la lucha en clima ártico porque se esperaba que Chile aprovechara el conflicto para invadir Argentina. Esto fue un error por parte de Argentina, porque eso es un poco como morir de hambre teniendo comida pero que no te atreves a consumir por si te pueden hacer falta más adelante. Si no los consumes y te mueres, el «más adelante» no existe, más vale sobrevivir y luego ya veremos. Más vale ganar la guerra contra los ingleses, y si Chile se mete pues movilizamos a los reservistas y nos enfrentamos a Chile, pero al final ni se enfrentaron a Chile ni ganaron la guerra contra los ingleses.
      La Argentina de entonces no era la España de juguete que tenemos nosotros, sus FFAA tenían verdadera capacidad militar. Los pilotos argentinos dieron el recital que dieron porque estaban adiestrados para ellos, tanto en lo moral (la Religión jugaba un papel capital en las FFAA) como en su cualificación técnica . El motivo por el Inglatgerra no perdió todos sus Harriers es porque Argentina no tenía cohetes aire-aire para entablar combate aéreo con ellos. Es muy bonito poseer misiles sidewinder dados por los americanos y saber que los argentinos no tienen anda para defenderse, si los argentino hubieran tenido este tipo de armas no dejan vivo un avión inglés, porque como pilotos los argentinos eran muy superiores. Por otra parte Argentina apenas movilizó a una muy pequeña parte de los soldados que acababan de terminar su servicio militar, (y por tanto tenían completado su periodo de formación militar), prefirió llevar a soldados con apenas unos pocos meses. En algunos casos los reclutas juraron bandera en las Islas Malvinas, lo que da idea del poco tiempo que llevan en filas.
      Chile es un pais un tanto «odiado» en Surámerica, una invasión de Argentina lo que habría provocado es un apoyo masivo a Argentina. De hecho si Gran Bretaña pone su pié en el continente la reacción de todo el continente hubiera sido imprevisible, a excepción de Uruguay que es un pais vendido a Gran Bretaña.
      Por tanto la actitud de Chile más que por el poder de la masonería chilena, se debió a conflictos territoriales preexistentes, aunque ello no fuera obstáculo para que a su vez la masonería aprovechara estos conflictos para con el pretexto de los mismos promover la ayuda a Gran Bretaña.
      Si debió tener una influencia importante la masonería, no solo chilena sino también argentina, luego despues de terminada la Guerra de las Malvinas, respecto de las cesiones territoriales que Argentina hizo a favor de Chile. Los gobiernos que tuvo Argentina fue a cual peor y más vendido a los ingleses, lo cual fue un insulto a los que dieron su vida en las Malvinas y para sus familias.. Porque una de las cosas que ha conseguido el Comunismo y la Masonería es imponer una imagen negativa de la Argentina de la Junta Militar, y tapar los gobiernos nefastos y masónicos que vinieron después, mucho más dictatoriales que la propia dictadura militar y que han llevado a Argentina a su ruina moral y material, incluida la desmalvinización, es decir el adoptar como propio el discurso del enemigo, lo mismo que ha pasado en España con el tema de Marruecos o de Gibraltar donde el Estado Español ha asumido las tesis del enemigo hasta el extremo que Mohamed VI no solo es rey de Marruecos sino el Rey de España también, de facto, porque aquí se hace lo que dice él mientras nuestro Rey ni está ni se le espera y nuestro JEMA coadyuva con su discurso cobarde a los intereses belicistas del moro, y España es una Nación huérfana.

      La influencia de la Masonería en la independencia de la América Española, es algo que está fuera de toda duda, y hay algunos libros al respecto. La Masonería está en la génesis de la independencia y en la génesis de la fragmentación, porque una Hispanoamérica unida bajo la Corona de España era mucho más fuerte que no una Hispanoamérica fraccionada en Estados diversos, sometidos al chantaje de la usura de los organismo supranacionales, el atraso que imponen los angloamericanos, el narcotráfico, el crimen organizado, y la corrupción institucionalizada para impedir que esas nacionales puedan desarrollarse en Justicia y prosperidad. La América Española tenía un nivel de desarrollo percápita muy superior a las poblaciones más ricas de Europa. Una de las primera consecuencais de la «independencia» de América de la Corona de España fue su empobrecimiento: los más ricos del mundo dejaron de ser ricos y empezaron a ser pobres, y en eso estamos desde entonces En este sentido Chile se equivocó, porque por encima de su interés doméstico tenía que haber visto que lo que estaba en juego en esta guerra a la larga era la sumisión del Continente Suramericano a los sajones, y en esa lucha le convenía más a sus intereses como nación hispana ponerse de parte de Argentina, porque lo que se jugaba en esa guerra para Chile valía más que los territorios australes en conflicto. Al final Roma no paga a traidores y Chile ha caído en manos del Comunismo y la Masonería, y Pinochet puso las bases de esta caída aliándose en la Guerra de las Malvinas a los angloamericanos que son los que tienen esclavizada a toda Hispanoamérica, imponiendo condiciones inasumibles y promoviendo gobiernos corruptos vendidos a sus intereses. Perú lo vió claro y por eso se puso de parte de Argentina sin dudar. España que debería haber liderado una reacción a favor de Argentina, lo que lideró es la miseria moral de un sistema podrido y corrupto como era la España de la Transición. Que Dios nos lo demande, que de hecho nos lo está demandando.

      No sé si he respondido a su pregunta.
      Muchas gracias por comentar

  2. En 1982 España y sus Ejércitos llevaban 7 años de “transición”. En realidad muchos más años, desde la voladura de Carrero, por no decir del Vaticano II. Es decir de desmoronamiento, de desmantelamiento mediante guerra subversiva desde el poder. Porque era la nueva Monarquía Borbónica, tan vieja como la que destruyó España desde 1700, empezó desmembrando el Sáhara en vida de Franco, para, inmediatamente, empezar su demolición espiritual (droga, corrupción, sexo, juego, violencia, injusticias, divorcio, planes de estudios, etc) y física (privatizaciones, nacionalizaciones, ventas, huelgas, permisividad con el terrorismo, renegociación a la baja con el Mercado Común Europeo, autonomías, parón nuclear, cesión en Gibraltar, en Ceuta/Melilla, en la Otan …
    En 1982 algunos militares habían firmado el “Manifiesto de los 100”, otros muchos lo hubieran hecho de no tener la certeza de que serían arrestados injustamente de forma fulminante.
    Ese era el contexto de una España desangrándose por las heridas que le producían sus enemigos internos, además de los externos.
    No disculpa lo anterior el grado de apatía y falta de deontología que ya se palpaba, y sufría (como refleja el autor del artículo) en la Milicia.

    Y, hablando del autor, desde luego, si en casa no se mama la religión, la honradez, la historia y el amor a la Patria, mal encaminada va la cosa. Y si a ello se suma la degeneración de “la España del XIX” (masónica), apaga y vámonos
    Difícilmente hubiera nadie que interiorizara como José J. García el dolor de la agresión inglesa ni el ponerse en el pellejo de los soldados argentinos. Ni mandos ni tropa de Pontevedra y en el resto de España. Pongamos que un 20 % sintieran algo (y ese artículo que cita de la revista del CIR -cada uno de ellos editaba una revistilla- o de la capitanía) es una muestra.
    Pero, el conjunto de las dos cosas, degeneración militar y pasotismo general, demuestran que la enfermedad anti-España y sus Ejércitos ya era metástasis.
    En fin, que enhorabuena una vez más.

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