El Estado soy yo

El 13 de abril de 1655, en pleno siglo XVII, en Francia, ante el Parlamento de París, Luis XIV, más conocido como el Rey Sol, proclamó esta célebre frase. Cierto es que no aparece recogida en las actas de la sesión, apócrifa por tanto, pero aceptada como definitoria de su absolutismo político. Así ha pasado a los anales de la historia política. El monarca francés, altivo, soberbio y prepotente, anunció el decreto de diecisiete edictos tendentes a aumentar la recaudación fiscal. Días antes se había sofocado la revuelta de la Fronda. Se prohibía a los magistrados tomar medida alguna en relación a las cuestiones de estado.

Siendo respetuoso con la historia y salvando las distancias pertinentes, el paralelismo con la personal forma de entender las labores gubernamentales por parte del presidente del gobierno  español, Pedro Sánchez, se me antoja parecido, al menos me evoca el recuerdo de aquellos turbulentos años del absolutismo francés. La fuerza del ejemplo sanchista aparece como una imagen modernizada de los métodos autoritarios, impropios de todo punto, de un estado democrático, social y de derecho.

Veamos en que sostengo mi reflexión. A día de hoy, carecemos de Presupuestos Generales aprobados en sede parlamentaria, vivimos con presupuestos prorrogados de la era Montoro, desde hace más de dos años. Sin ellos, no se puede plantear a Europa un compromiso fiable para la concesión de la ayuda aprobada en Bruselas de 140.000 millones de euros. Es condición sine qua non para recibir las ayudas comprometidas. Por otra parte, en unas prepotentes declaraciones de  nuestro ínclito presidente, con un tono de arrogancia insultante, a requerimiento de los presidentes de las comunidades autónomas, Sánchez ha contestado, escuetamente, que su reparto será una cuestión de Moncloa. Olé tu talante de diálogo y espíritu democrático. ¿No es esto una actitud claramente absolutista?

Siguiendo con mi exposición, que ya está siendo suficientemente esclarecedora, me referiré a la depredación fiscal pretendida por el ejecutivo de España. Con la connivencia de Abel Caballero, alcalde iluminado de la ciudad de Vigo y, a la sazón presidente de la FEM (Federación Española de Municipios), se aspira, sin ningún rubor, ni vergüenza, a saquear las arcas municipales de los ayuntamientos que, fieles a los compromisos de la contención de gasto, han acumulado un superávit. El real decreto, tramitado vía parlamentaria, como no podía ser de otra forma, es la amenaza que se cierne sobre las instituciones de gobierno municipal. La rebelión está garantizada y he de decir que con razón aplastante. Sin escrúpulos, sin reuniones previas, sin acuerdos, la fuerza impositiva del palacio de la Moncloa aspira a apropiarse de unos fondos legítimamente ahorrados por los municipios. Se trata de un hurto a escala nacional y una confiscación de los bienes ciudadanos. ¿No es también esta pretensión un ejemplo de una autoridad incontestable?

Prosigamos con nuestra lectura y análisis de los hechos acaecidos. El presidencialismo, forma poco conveniente en la interpretación de un gobierno democrático, ha sido la sonrojante línea de actuación de nuestro jefe de gobierno. Durante el estado de alerta decretado, el exceso de celo en el control de las libertades públicas, y hasta privadas, han arrojado no pocas sombras de dudas sobre un abuso y un exceso de celo de nuestros máximos responsables con la aprobación del líder socialista. La actividad parlamentaria se ha controlado y las intervenciones, auténticos monólogos al estilo castrista, de nuestro amado dirigente han ocupado horas de los espacios informativos. Se ha desarrollado una abundante actividad legislativa por parte de quienes no tienen esas competencias. La división de poderes ha sido puesta en tela de juicio en no pocas ocasiones con las permanentes intromisiones ejecutivas en las labores judiciales. ¿División de poderes? Parece que esto queda desdibujado. ¿No es un comportamiento absolutista?

La gestión de la pandemia, en un principio teledirigida y centralizada desde Madrid, ha sido un rotundo fracaso. La manipulación de la verdad, la mentira defendida y declarada públicamente, con la simpatía de las terminales mediáticas pro gubernamentales se sigue planteando a cara descubierta. No sabemos realmente la cifra de fallecidos, no conocemos el efecto criminal causado sobre las residencias de ancianos, no se presentan aclaraciones sobre la compra de material defectuoso. Se han camuflado. En fin, la obligación de la transparencia y la información leal a la ciudadanía se ha volatilizado. Las ruedas de prensa celebradas en palacio, totalmente controladas, han sido un elogio de la demagogia más burda y repugnante. Su puesta en escena era enlatada, teatralizada y con una caracterización de los comparecientes propia del Club de la Comedia. Salvador Illa y su grumete, Fernando Simón, se presentaban ante los españoles a diario, con expresión circunspecta, muy mal disimulada por cierto, a desinformarnos y vendernos todo tipo de falsedades, medidas y contramedidas, planes de contingencia y demás eufemismos sanitarios para engañarnos. Unos auténticos maestros de la sospecha que cercenan el derecho a ser informados. ¿No les parece esto impropio y escandaloso?

José “Feliz” Tezanos, autentico campanero y pregonero del gobierno, presidente del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), adultera y manipula la opinión pública difundiendo encuestas a la carta directamente instruidas desde la corte socialista. Los resultados, “extrañamente”, siempre presentan “inocentes” conclusiones muy favorables a sus jefes. Una ópera bufa del peor estilo se pone en escena, cada mes, con el resultado de los estudios programados. Los propios especialistas han puesto en duda la fiabilidad del muestreo. De verdad, con sinceridad y honestidad, ¿No es  un dirigismo descarado y pagado con cargo a las arcas públicas? A mí me lo parece.

Hoy, con septiembre a la vuelta de la esquina, con pleno rebrote de la maldita pandemia, con una sanidad en una situación límite, con un comienzo del curso escolar inminente, sin un Plan de Reconstrucción claro , sin Presupuestos Generales del Estado, con una economía técnicamente en recesión –en franca depresión-, con un otoño aterrador llamando a la puerta, con una política de lavarse las manos dejándolo todo en manos de las comunidades autónomas, y un triste larguísimo etcétera, Pedro Sánchez, “el de las mercedes”, por sus constantes guiños a la tropa anti española, coge su falcon, como en tantas ocasiones, y se marcha a disfrutar de unas “merecidas” vacaciones a Tenerife.

Una versión modernizada, a la bolivariana y bananera, de absolutismo sutil y preocupante se instaura en España. El séquito de palacio, abundante, florido y cuajado de personajes, aplaude entregado y emocionado ante los éxitos de su jefe. El Versalles, Luis XIV, el Rey Sol, era reverenciado según costumbre de la época de igual forma. Su entrada en el Congreso de los Diputados era aclamada por la tropa cautiva y comprometida por la soldada recibida. Aduladores, cortesanos, asesores, consejeros, mercenarios según la ocasión, y servidores de su causa celebran el nuevo régimen. En fin, el presidente Sánchez se ha convertido en el paladín, intencionadamente buscado, de la nueva era social-comunista de absolutismo militante. Del laicismo impositivo en lo educativo, de la ética del pensamiento único y de la posverdad tendremos tiempo de hablar, que eso también es de comer aparte.


6 respuestas a «El Estado soy yo»

    1. Muchas gracias por su aportación. La partidocracia es cómplice del estado que les subvenciona. Mientras, servicios públicos básicos y necesidades urgentes están desatendidas.

  1. Que buen artículo y que realidad describe, pero…. En el año 2020 el pueblo es el que decide, el pueblo español está adormecido y en el fondo es el culpable de lo que ocurre en España. No es el problema quien gobierna desde una dictadura, si no quien consiente con sus votos que esto ocurra.

    1. Es verdad lo que usted dice, pero en un país entontecido y atontado por las televisiones, pública y privadas, que «forman» la opinión del 90% de l apoblación, y eso como mínimo, ¿qué podemos hacer para «ilustrar» a los que no saben ni poor dónde andan…?
      Yo estoy cada día más desesperado, de ver lo difícil que es llegar a la opinión pública.

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