El Estrecho de Ormuz, Malvinas y la Resistencia contra el Orden Mundial Anglo
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La República Islámica de Irán, atraviesa nuevas encrucijadas de cara al 2027. Ya no se trata de amenazas sobre la intensificación de aislacionismo o sanciones económicas como en otras décadas.
Hoy, el Presidente Trump, luego de intensas campañas de bombardeos, que acontecen desde febrero del 2026, está escalando el conflicto, y muchos ya hablan sobre una posible puesta en tierra de tropas norteamericanas.
Frente a sus costas, el Estrecho de Ormuz asoma como el activo más determinante frente a las pretensiones de los adversarios de Irán. No sólo por el rol económico que juega como puerta de entrada al Golfo Pérsico, sino como botín estratégico en el posicionamiento de las fuerzas militares que están presentes, de una u otra manera. No hay que olvidar que si hoy Irán aprovechó el apoderamiento completo de forma asimétrica y de facto de Ormuz, fue gracias a los ataques estadounidenses, aprovechando no tanto un vacío legal, sino que se valió de las ventajas del terreno marítimo propios, utilizando la geografía misma como un activo militar y geopolítico.
Estas condiciones conquistadas y ejecutadas por la IRGC representan, quizás, hoy, el símbolo de su propia llave soberanista, dentro de su mismo espacio soberano. Sentando así un importante precedente que, ante una arrolladora fuerza militar y tecnológica como lo es, el propio Ejército de los Estados Unidos junto a sus aliados, se encuentre impotente para llevar el conflicto a un terreno que le sea favorable, por los costos que todo ello conllevaría.
Las planes preliminares de los estrategas en Washington, como de los mandos militares israelíes, fracasaron estrepitosamente, en su intento por lograr un cambio de régimen. Logrando ahora, que su principal enemigo, tomara con sus manos directamente la entrada al Golfo Pérsico. Esta ha sido la dinámica que mostró este año en curso, un tironeo con resultados poco concluyentes para los atlantistas.
Ormuz, siempre estuvo allí, declarado de facto territorio de injerencia directa de la nación islámica, ha mantenido un status especial, ya que por las distancias de sus aguas no encuadran dentro de los estándares y protocolos internacionales de la navegación. Pero no fue sino hasta los ataques que el CENTCOM perpetró en febrero del 2026 sobre territorio iraní, obligaron a este a tomarlo para sí, declarando un bloqueo absoluto de paso, disparando el precio del petróleo mundial.
Pero estas ventajas preliminares no llovieron de un día para otro, la República Islámica de Irán supo leer las dinámicas del juego por décadas. A ello acompañó con un formidable plan de defensa en guerra híbrida y asimétrica.
Sin embargo, los resultados y los alcances están por verse, todo dependerá si Donald Trump decide escalar el conflicto.
Lo cierto es que, si hasta el día de hoy, EE.UU no ha logrado penetrar y debilitar las defensas iraníes, manteniéndose a raya de las distancias permitidas, se debe las capacidades de respuesta misilística, basadas de su industria, y al concomitante debilitamiento de sus bases militares, instaladas en todo medio oriente, las que se erigen como sus ojos y oídos en la contienda con Teheran. Hay que destacar el golpe que recibió la base norteamericana “Muwaffaq Salti” en Jordania, el que abría resultado en importantes pérdidas (no hay que olvidar que Jordania jugó un papel destacado en el movimiento estratégico en la invasión estadounidense a Irak en 2003).
En la dinámica actual, se encuentran en juego los objetivos que se enmarcaron para este nuevo episodio de hostilidades. Irán viene de reponerse de las pérdidas de sus cabecillas y estrategas militares, y Trump se encuentra mirando de reojo la situación nacional dentro del propio Estados Unidos. La administración trumpista tiene varios obstáculos en el Congreso, y las elecciones de medio término condimentan, y pueden llegar a incidir altamente las decisiones del Salón Oval y del Pentágono.
Lo cierto, e innegable de todo este peligroso desarrollo de acontecimientos, es que, ha dado como resultado directo una ganancia estratégica para los mandos iranies, quienes supieron aprovecharse de los sucesivos errores de cálculo de sus enemigos históricos, para ahora si expandir su área de influencia con un mensaje contundente al Mundo, “nosotros somos los dueños del Estrecho de Ormuz”, obteniendo una consolidación Estratégica de Hechos Consumados.
Esta misma lógica de respuesta asimétrica ante el error de cálculo del rival encuentra un paralelismo analógico perfecto en el Atlántico Sur.
Dentro de la actual dinámica multipolar, Argentina sufrió durante el desarrollo de la Copa Mundial de Futbol 2026, una gigantesca campaña de desprestigio a nivel global, con fuertes de ataques en redes sociales provenientes de distintos puntos del planeta y de los principales medios de comunicación.
La respuesta no se hizo esperar inmediatamente después de terminado el partido cuya semifinal se convirtió en la más vista en la historia de los mundiales de la FIFA, los jugadores de Argentina, desplegaron dentro del campo de juego, una bandera sobre la reivindicación soberana sobre las Islas Malvinas, cuyo conflicto arrastra con Londres desde 1833.
Este acto simbólico desató una polémica con consecuencias políticas y diplomáticas que no se veían hace varias décadas. The Sun tituló en su portada “Argie Arrogance” (Arrogancia Argie). Al mismo tiempo en todo el territorio argentino, la ola de banderas inglesas quemadas en símbolos de protesta y festejos post partido, mostró la existencia de un poderoso y extendido sentimiento anti-inglés.
Este shock masivo y genuino de expresión popular, no ha podido ser capitalizado por ninguna de las corrientes políticas establecidas en Argentina, lo que indica que no sólo ya existía en el pasado, sino que fue en sus efectos, exponencialmente intensificado.
Al no ser secuestrado por ninguna figura del establecimiento político argentino, esto demuestra que esta fuerza se manifiesta de forma autónoma y, potencialmente se erige como un poderos vector de las intenciones populares. Post partido, las búsquedas globales sobre el conflicto de Malvinas se dispararon un 2400%, dato publicado por The Independent.
Foreing Policy publicó “Gran Bretaña está perdiendo el debate de las Malvinas, frente a la Argentina”, perdiendo allí la guerra narrativa; Ya en el terreno de la Realpolitik, contra todo pronóstico, la Casa Blanca su histórico aliado se mostró a favor de la libertad de expresión, exponiendo el debilitamiento británico.
Sin dudas que todo este abanico de consecuencias se encuentra en la mesa de los analistas ingleses, quienes ven a largo plazo una insostenibilidad de la postura por distintos factores.
Bajo un paradigma idéntico al de los estrategas persas, tanto el Estrecho de Ormuz, como las Malvinas e islas del Atlántico Sur, se ubican dentro de las áreas de influencia de las naciones que resisten al orden global establecido. Los errores de cálculo de las potencias atlantistas están a la vista de todos.
Resta ver si este nuevo algoritmo geopolítico será la nueva chispa que genere un arrinconamiento diplomático definitivo sobre Gran Bretaña logrando acercar a la República Argentina a su tan ansiado anhelo.
Para sovereignty.com.br
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La República Islámica de Irán, atraviesa nuevas encrucijadas de cara al 2027. Ya no se trata de amenazas sobre la intensificación de aislacionismo o sanciones económicas como en otras décadas.
Hoy, el Presidente Trump, luego de intensas campañas de bombardeos, que acontecen desde febrero del 2026, está escalando el conflicto, y muchos ya hablan sobre una posible puesta en tierra de tropas norteamericanas.
Frente a sus costas, el Estrecho de Ormuz asoma como el activo más determinante frente a las pretensiones de los adversarios de Irán. No sólo por el rol económico que juega como puerta de entrada al Golfo Pérsico, sino como botín estratégico en el posicionamiento de las fuerzas militares que están presentes, de una u otra manera. No hay que olvidar que si hoy Irán aprovechó el apoderamiento completo de forma asimétrica y de facto de Ormuz, fue gracias a los ataques estadounidenses, aprovechando no tanto un vacío legal, sino que se valió de las ventajas del terreno marítimo propios, utilizando la geografía misma como un activo militar y geopolítico.
Estas condiciones conquistadas y ejecutadas por la IRGC representan, quizás, hoy, el símbolo de su propia llave soberanista, dentro de su mismo espacio soberano. Sentando así un importante precedente que, ante una arrolladora fuerza militar y tecnológica como lo es, el propio Ejército de los Estados Unidos junto a sus aliados, se encuentre impotente para llevar el conflicto a un terreno que le sea favorable, por los costos que todo ello conllevaría.
Las planes preliminares de los estrategas en Washington, como de los mandos militares israelíes, fracasaron estrepitosamente, en su intento por lograr un cambio de régimen. Logrando ahora, que su principal enemigo, tomara con sus manos directamente la entrada al Golfo Pérsico. Esta ha sido la dinámica que mostró este año en curso, un tironeo con resultados poco concluyentes para los atlantistas.
Ormuz, siempre estuvo allí, declarado de facto territorio de injerencia directa de la nación islámica, ha mantenido un status especial, ya que por las distancias de sus aguas no encuadran dentro de los estándares y protocolos internacionales de la navegación. Pero no fue sino hasta los ataques que el CENTCOM perpetró en febrero del 2026 sobre territorio iraní, obligaron a este a tomarlo para sí, declarando un bloqueo absoluto de paso, disparando el precio del petróleo mundial.
Pero estas ventajas preliminares no llovieron de un día para otro, la República Islámica de Irán supo leer las dinámicas del juego por décadas. A ello acompañó con un formidable plan de defensa en guerra híbrida y asimétrica.
Sin embargo, los resultados y los alcances están por verse, todo dependerá si Donald Trump decide escalar el conflicto.
Lo cierto es que, si hasta el día de hoy, EE.UU no ha logrado penetrar y debilitar las defensas iraníes, manteniéndose a raya de las distancias permitidas, se debe las capacidades de respuesta misilística, basadas de su industria, y al concomitante debilitamiento de sus bases militares, instaladas en todo medio oriente, las que se erigen como sus ojos y oídos en la contienda con Teheran. Hay que destacar el golpe que recibió la base norteamericana “Muwaffaq Salti” en Jordania, el que abría resultado en importantes pérdidas (no hay que olvidar que Jordania jugó un papel destacado en el movimiento estratégico en la invasión estadounidense a Irak en 2003).
En la dinámica actual, se encuentran en juego los objetivos que se enmarcaron para este nuevo episodio de hostilidades. Irán viene de reponerse de las pérdidas de sus cabecillas y estrategas militares, y Trump se encuentra mirando de reojo la situación nacional dentro del propio Estados Unidos. La administración trumpista tiene varios obstáculos en el Congreso, y las elecciones de medio término condimentan, y pueden llegar a incidir altamente las decisiones del Salón Oval y del Pentágono.
Lo cierto, e innegable de todo este peligroso desarrollo de acontecimientos, es que, ha dado como resultado directo una ganancia estratégica para los mandos iranies, quienes supieron aprovecharse de los sucesivos errores de cálculo de sus enemigos históricos, para ahora si expandir su área de influencia con un mensaje contundente al Mundo, “nosotros somos los dueños del Estrecho de Ormuz”, obteniendo una consolidación Estratégica de Hechos Consumados.
Esta misma lógica de respuesta asimétrica ante el error de cálculo del rival encuentra un paralelismo analógico perfecto en el Atlántico Sur.
Dentro de la actual dinámica multipolar, Argentina sufrió durante el desarrollo de la Copa Mundial de Futbol 2026, una gigantesca campaña de desprestigio a nivel global, con fuertes de ataques en redes sociales provenientes de distintos puntos del planeta y de los principales medios de comunicación.
La respuesta no se hizo esperar inmediatamente después de terminado el partido cuya semifinal se convirtió en la más vista en la historia de los mundiales de la FIFA, los jugadores de Argentina, desplegaron dentro del campo de juego, una bandera sobre la reivindicación soberana sobre las Islas Malvinas, cuyo conflicto arrastra con Londres desde 1833.
Este acto simbólico desató una polémica con consecuencias políticas y diplomáticas que no se veían hace varias décadas. The Sun tituló en su portada “Argie Arrogance” (Arrogancia Argie). Al mismo tiempo en todo el territorio argentino, la ola de banderas inglesas quemadas en símbolos de protesta y festejos post partido, mostró la existencia de un poderoso y extendido sentimiento anti-inglés.
Este shock masivo y genuino de expresión popular, no ha podido ser capitalizado por ninguna de las corrientes políticas establecidas en Argentina, lo que indica que no sólo ya existía en el pasado, sino que fue en sus efectos, exponencialmente intensificado.
Al no ser secuestrado por ninguna figura del establecimiento político argentino, esto demuestra que esta fuerza se manifiesta de forma autónoma y, potencialmente se erige como un poderos vector de las intenciones populares. Post partido, las búsquedas globales sobre el conflicto de Malvinas se dispararon un 2400%, dato publicado por The Independent.
Foreing Policy publicó “Gran Bretaña está perdiendo el debate de las Malvinas, frente a la Argentina”, perdiendo allí la guerra narrativa; Ya en el terreno de la Realpolitik, contra todo pronóstico, la Casa Blanca su histórico aliado se mostró a favor de la libertad de expresión, exponiendo el debilitamiento británico.
Sin dudas que todo este abanico de consecuencias se encuentra en la mesa de los analistas ingleses, quienes ven a largo plazo una insostenibilidad de la postura por distintos factores.
Bajo un paradigma idéntico al de los estrategas persas, tanto el Estrecho de Ormuz, como las Malvinas e islas del Atlántico Sur, se ubican dentro de las áreas de influencia de las naciones que resisten al orden global establecido. Los errores de cálculo de las potencias atlantistas están a la vista de todos.
Resta ver si este nuevo algoritmo geopolítico será la nueva chispa que genere un arrinconamiento diplomático definitivo sobre Gran Bretaña logrando acercar a la República Argentina a su tan ansiado anhelo.
Para sovereignty.com.br
La República Islámica de Irán, atraviesa nuevas encrucijadas de cara al 2027. Ya no se trata de amenazas sobre la intensificación de aislacionismo o sanciones económicas como en otras décadas.
Hoy, el Presidente Trump, luego de intensas campañas de bombardeos, que acontecen desde febrero del 2026, está escalando el conflicto, y muchos ya hablan sobre una posible puesta en tierra de tropas norteamericanas.
Frente a sus costas, el Estrecho de Ormuz asoma como el activo más determinante frente a las pretensiones de los adversarios de Irán. No sólo por el rol económico que juega como puerta de entrada al Golfo Pérsico, sino como botín estratégico en el posicionamiento de las fuerzas militares que están presentes, de una u otra manera. No hay que olvidar que si hoy Irán aprovechó el apoderamiento completo de forma asimétrica y de facto de Ormuz, fue gracias a los ataques estadounidenses, aprovechando no tanto un vacío legal, sino que se valió de las ventajas del terreno marítimo propios, utilizando la geografía misma como un activo militar y geopolítico.
Estas condiciones conquistadas y ejecutadas por la IRGC representan, quizás, hoy, el símbolo de su propia llave soberanista, dentro de su mismo espacio soberano. Sentando así un importante precedente que, ante una arrolladora fuerza militar y tecnológica como lo es, el propio Ejército de los Estados Unidos junto a sus aliados, se encuentre impotente para llevar el conflicto a un terreno que le sea favorable, por los costos que todo ello conllevaría.
Las planes preliminares de los estrategas en Washington, como de los mandos militares israelíes, fracasaron estrepitosamente, en su intento por lograr un cambio de régimen. Logrando ahora, que su principal enemigo, tomara con sus manos directamente la entrada al Golfo Pérsico. Esta ha sido la dinámica que mostró este año en curso, un tironeo con resultados poco concluyentes para los atlantistas.
Ormuz, siempre estuvo allí, declarado de facto territorio de injerencia directa de la nación islámica, ha mantenido un status especial, ya que por las distancias de sus aguas no encuadran dentro de los estándares y protocolos internacionales de la navegación. Pero no fue sino hasta los ataques que el CENTCOM perpetró en febrero del 2026 sobre territorio iraní, obligaron a este a tomarlo para sí, declarando un bloqueo absoluto de paso, disparando el precio del petróleo mundial.
Pero estas ventajas preliminares no llovieron de un día para otro, la República Islámica de Irán supo leer las dinámicas del juego por décadas. A ello acompañó con un formidable plan de defensa en guerra híbrida y asimétrica.
Sin embargo, los resultados y los alcances están por verse, todo dependerá si Donald Trump decide escalar el conflicto.
Lo cierto es que, si hasta el día de hoy, EE.UU no ha logrado penetrar y debilitar las defensas iraníes, manteniéndose a raya de las distancias permitidas, se debe las capacidades de respuesta misilística, basadas de su industria, y al concomitante debilitamiento de sus bases militares, instaladas en todo medio oriente, las que se erigen como sus ojos y oídos en la contienda con Teheran. Hay que destacar el golpe que recibió la base norteamericana “Muwaffaq Salti” en Jordania, el que abría resultado en importantes pérdidas (no hay que olvidar que Jordania jugó un papel destacado en el movimiento estratégico en la invasión estadounidense a Irak en 2003).
En la dinámica actual, se encuentran en juego los objetivos que se enmarcaron para este nuevo episodio de hostilidades. Irán viene de reponerse de las pérdidas de sus cabecillas y estrategas militares, y Trump se encuentra mirando de reojo la situación nacional dentro del propio Estados Unidos. La administración trumpista tiene varios obstáculos en el Congreso, y las elecciones de medio término condimentan, y pueden llegar a incidir altamente las decisiones del Salón Oval y del Pentágono.

Lo cierto, e innegable de todo este peligroso desarrollo de acontecimientos, es que, ha dado como resultado directo una ganancia estratégica para los mandos iranies, quienes supieron aprovecharse de los sucesivos errores de cálculo de sus enemigos históricos, para ahora si expandir su área de influencia con un mensaje contundente al Mundo, “nosotros somos los dueños del Estrecho de Ormuz”, obteniendo una consolidación Estratégica de Hechos Consumados.
Esta misma lógica de respuesta asimétrica ante el error de cálculo del rival encuentra un paralelismo analógico perfecto en el Atlántico Sur.
Dentro de la actual dinámica multipolar, Argentina sufrió durante el desarrollo de la Copa Mundial de Futbol 2026, una gigantesca campaña de desprestigio a nivel global, con fuertes de ataques en redes sociales provenientes de distintos puntos del planeta y de los principales medios de comunicación.
La respuesta no se hizo esperar inmediatamente después de terminado el partido cuya semifinal se convirtió en la más vista en la historia de los mundiales de la FIFA, los jugadores de Argentina, desplegaron dentro del campo de juego, una bandera sobre la reivindicación soberana sobre las Islas Malvinas, cuyo conflicto arrastra con Londres desde 1833.
Este acto simbólico desató una polémica con consecuencias políticas y diplomáticas que no se veían hace varias décadas. The Sun tituló en su portada “Argie Arrogance” (Arrogancia Argie). Al mismo tiempo en todo el territorio argentino, la ola de banderas inglesas quemadas en símbolos de protesta y festejos post partido, mostró la existencia de un poderoso y extendido sentimiento anti-inglés.
Este shock masivo y genuino de expresión popular, no ha podido ser capitalizado por ninguna de las corrientes políticas establecidas en Argentina, lo que indica que no sólo ya existía en el pasado, sino que fue en sus efectos, exponencialmente intensificado.
Al no ser secuestrado por ninguna figura del establecimiento político argentino, esto demuestra que esta fuerza se manifiesta de forma autónoma y, potencialmente se erige como un poderos vector de las intenciones populares. Post partido, las búsquedas globales sobre el conflicto de Malvinas se dispararon un 2400%, dato publicado por The Independent.
Foreing Policy publicó “Gran Bretaña está perdiendo el debate de las Malvinas, frente a la Argentina”, perdiendo allí la guerra narrativa; Ya en el terreno de la Realpolitik, contra todo pronóstico, la Casa Blanca su histórico aliado se mostró a favor de la libertad de expresión, exponiendo el debilitamiento británico.
Sin dudas que todo este abanico de consecuencias se encuentra en la mesa de los analistas ingleses, quienes ven a largo plazo una insostenibilidad de la postura por distintos factores.
Bajo un paradigma idéntico al de los estrategas persas, tanto el Estrecho de Ormuz, como las Malvinas e islas del Atlántico Sur, se ubican dentro de las áreas de influencia de las naciones que resisten al orden global establecido. Los errores de cálculo de las potencias atlantistas están a la vista de todos.
Resta ver si este nuevo algoritmo geopolítico será la nueva chispa que genere un arrinconamiento diplomático definitivo sobre Gran Bretaña logrando acercar a la República Argentina a su tan ansiado anhelo.
Para sovereignty.com.br
Mientras que las naciones hispanas, España la primera, no se quiten de encima el yugo liberal-sajosionista, no tendrán nada que hacer, sino asumir su acelerada destrucción.
Y cuando lo consigan, cuando una lo consiga, que ayude a las demás a recuperar la Hispanidad (religiosa, política, cultural). Ese es el obligado camino para huir del humilladero y el patíbulo
Las naciones hispanas dejaron de serlo hace doscientos años y así les ha ido.
En cambio, con GIBRALTAR, los nuevos «españolos» y españoles de origen, PASAN DE TODO, y les da exactamente igual…
(Llamo españolos a los extranjeros, inmigrantes, pateristas, menas, etc., A LOS QUE LES DAMOS LA NACIONALIDAD, en la mayoría de los casos de regalo, pues no la merecen).
Cada día siento más asco de la mayoría de mis «compatriotas», para quiénes su único Dios, y Patria, ES EL DINERO.
La guerra contra Irán, que empezó a finales del mes de febrero de este año con una exitosa campaña de ataques aéreos, podría haber terminado en el mes de Abril con la caída del régimen teocrático si Trump no hubiera cometido el gravísimo error de querer ser más listo que nadie negociando un alto el fuego con algunos líderes de ese régimen, a espaldas de Israel que era su aliado; hasta entonces el Estrecho de Ormuz se habia mantenido abierto para la navegación de los barcos petroleros.
Los líderes iraníes se dieron cuenta de que Trump no tenía ni idea de lo que se traía entre manos y empezaron a darle largas pidiendo plazos de alto el fuego cada vez más largos para dar tiempo a que el ejército iraní se pudiera rearmar.
El resultado final va a ser catastrófico para Trump porque no va a conseguir que Irán deje de enriquecer uranio (con el objetivo de construir bombas atómicas) y a partir de ahora la navegación de los barcos petroleros a través del Estrecho de Ormuz va a estar controlada por la fuerzas armadas iraníes, que cobrarán un peaje a cada barco.
Irán es el único que en la zona le ha tomado la medida al yanki y le ha entrado con la estrategia que él mismo emplea en todas las naciones que invade:negociar y negociar sin límite hasta alcanzar su propósito, moverse por y para sus intereses porque el resto del mundo le da igual.