El fiasco afgano

Estamos hartos, desde hace mucho, de oír a los políticos, especialmente, pero también a los militares de todos los países occidentales, los nuestros incluidos, tirarse el pisto sobre las misiones que empezaron siendo en su día «de  paz» –tras varios años, misiones y poca paz, han pasado a llamarse  simplemente «en el exterior»–, sobre lo importante, trascendente, esencial y no sabemos cuántas cosas más que son las mismas; en realidad, ambas denominaciones no dejan de ser vulgares eufemismos de su verdadera esencia que no es otra cosa que la injerencia occidental en los asuntos internos de otros países, es decir, puro y duro nuevo imperialismo (colonialismo) como el del siglo XIX, sólo que ahora «políticamente correcto» con cualquier excusa «humanitaria».

Caso paradigmático ha resultado ser el de Afganistán, donde se fue, primero, todo hay que decirlo, por la estupidez de los talibanes al empeñarse en tocar las narices alentando el terrorismo islámico o musulmán contra Occidente, o sea, los EEUU principalmente que es quien manda, pero luego no se sabe muy bien por qué, ya que no parece muy justificada la permanencia de 19 años en aquellas tierras en las que el fracaso estaba asegurado como demuestra la historia pasada y ahora la presente, y ello por múltiples causas que no son al caso por falta de espacio.

La cuestión es que en vez de haber llevado a cabo una o varias acciones quirúrgicas para las que Occidente está de sobra preparado, sin haber aprendido de la historia, incluso de la rusa más cercana, se decidió involucrarse en un conflicto que si militarmente no tenía solución, menos aún políticamente y todavía menos religioso-culturalmente hablando.

Por ello, en la actualidad, y tras la acelerada retirada del jefe, o sea, de los EEUU, y la consiguiente de los demás, observamos que dejan de llegarnos noticias sobre qué ocurre en Afganistán. O sea, sobre si 19 años de guerra han servido para cumplir con los objetivos que eran… pues al parecer acabar con los talibanes y otras gentes de mal vivir… de mal vivir según nosotros, claro. Es decir, si se ha ganado tan larga guerra. Más claro: si se ha acabado con los talibanes y las tropas occidentales pueden desfilar por la 5ª Avenida, los Campos Elíseos, Trafalgar Square y… la Gran Vía madrileña, todos en olor de multitudes.

Pues bien, en absoluto.

Para que lo sepan, y ya que la censura globalista impide informar: en la actualidad, y desde hace unos meses, están en marcha unas pretendidas conversaciones de paz intrafganas entre el gobierno y los talibanes –sí, sí, como lo leen, siguen vivitos y coleando– que, claro, no marchan, no dan resultado alguno, mientras la guerra, ahora entre ambos bandos afganos, sigue en alza. Y ahora el trasfondo:

  • Los talibanes no han sido derrotados, ni mucho menos, tras 19 años de volcar sobre ellos fuerzas, material y mucho dinero… occidental.
  • Para iniciar dichas conversaciones, los talibanes exigieron –porque estos exigen ya que pueden pues no han sido derrotados– la liberación de 5.000 de sus combatientes encarcelados, de los cuales 400 eran, claro, especialmente peligrosos, lo que el débil gobierno afgano ha concedido.
  • Hebatulá Ajundzada, actual máximo líder talibán

    Los talibanes han intensificado sus nunca canceladas acciones militares, con un éxito que va de día en día a más, ganando pueblos, aldeas y zonas en las que imponen su ley, ganándose incluso a la población porque, al menos de momento, erradican la corrupción brutal de la administración gubernamental afgana… que es de siempre y que estuvo amparada por Occidente.

  • Para más inri, en dichas zonas se han hecho con antiguas bases militares de fuerzas occidentales ahora abandonadas en las que, y léanlo bien, han encontrado enormes cantidades de material de guerra de todo tipo, vehículos incluidos, en perfecto estado, es decir, que dicho material ¡¡ni se evacuó, ni se destruyó!! Ver para creer y… sospechoso también ¿verdad?

Es decir, que tras 19 años de pretendida misión de paz o en el exterior, qué más da, Occidente no ha logrado nada en Afganistán, a no ser: cerca de 50.000 muertos afganos de ambos bandos, incluidos civiles  –los heridos y mutilados ni se sabe–; unos 5.000 occidentales; incontables masas de desplazados a los países limítrofes donde llevan años malviviendo en campos de refugiados infectos y corruptamente administrados; el incremento de la producción de opio –principal fuente de ingresos gubernamental y de los talibanes–, y… muy posiblemente que a no tardar mucho los talibanes se hagan con el control del país o al menos de su mayor parte, toda vez que la moral y voluntad de luchar y/o vencer, así como la eficacia, de las tropas gubernamentales y de lo propios líderes políticos afganos decae cada día al verse abandonados y con sus enemigos de nuevo en alza, los cuales, o sea los talibanes, al contrario, tienen claro lo que quieren y están crecidos al verse victoriosos sobre el impresionante despliegue occidental durante 19 años que no ha podido con ellos.

Afganistán es todo un ejemplo de que la moda occidental de injerirse en los asuntos internos de otros países, prohibición que fue siempre dogma en política internacional, es no sólo un fracaso, sino también la tapadera para intenciones y objetivos inconfesables; además de demostración palpable de que Occidente profundiza en su decadencia incluso militar aunque el merchandaisen fotográfico y televisivo que nos venden nuestros gobiernos globalistas lo intente ocultar, no lo quieran reconocer, no nos lo quieran decir y, pero aún, ni nosotros lo queramos ver. A Roma le pasó lo mismo.

PD.- Y lo de nuestros militares, ese cacareo de que van por esos mundos a «defender España» (AQUÍ), ya no se lo tragan nada más que sus familiares y eso porque, al fin y al cabo, y cual mercenarios que es en lo que se han convertido, cobran más por ello, lo que les permite renovar el cuarto de baño, cambiar de coche o llevar al nene a un colegio de pago, todo lo cual es lo que al parecer importa. Mientras, España, lo único que debería importarles, de culo, cuesta abajo y si frenos cada día más, porque el enemigo, como en tiempos de las Cruzadas y después también, aquí está siempre dentro, para nuestra desgracia, así que para qué empeñarnos en ir a buscarlo fuera.

Artículo relacionado: España en Afganistán, cornuda y apaleada


3 respuestas a «El fiasco afgano»

  1. Me contaron hace años, o lo leí, no recuerdo bien:

    «Talib»: estudiante, singular, «Taliban»: estudiantes, plural, por lo que «talibanes» es «recochineo» «pluralizando» el plural…

    Tengo entendido que ya los ingleses hace muchísimos años no pudieron con los afganos… ni los soviéticos más tarde ni ahora los yanquis y sus mamporreros…

    Por Afganistán, «Oremus»… sólo esperar que los Talibán no hagan una escabechina con los compadres «gubernamentales»…

    Saludos!

  2. La causa de los males que padecen las sociedades, hay que focalizarla en la falta de preparación de sus respectivas clases políticas que a diferencia de cualquier otra profesión, hay que decirlo, no se les exige estudios de clase alguna; de ahí, el caos que padece la humanidad en su conjunto. El caso del fracaso, no único, del conflicto surgido en Afganistán, es un claro ejemplo de lo expuesto; pues, los que están preparados, es decir el colectivo militar, ha de sujetarse a las directrices que les vienen impuestas por los políticos; por consiguiente, todo de mal a peor. No olvidemos lo que decía Platón en su obra «La República» exponiendo el ejemplo del navío y la importancia del piloto en contraposición a los legisladores o políticos a los que no se les exigía preparación alguna. Evidentemente, salta a la vista, el devenir de los tiempos le ha dado la razón. Véase el siguiente artículo: «Político: Profesión del siglo XXI» [1]
    Bibliografía recomendada:
    – Platón, «La República»
    – Sun Tzu, «El Arte de la Guerra»
    Cita referida:
    – [1] http://www.sanborondon.info/index.php/desarrollo/politica/77093-politico-profesion-del-s-xxi

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