El gozo justo

También hay un gozo justo. No todo “vale” en la búsqueda del placer, de la propia satisfacción, de la comodidad, del bienestar, en general

¿Qué es el gozo justo? Creo que la respuesta esa sabia y muy hermosa: es el gozo del justo. El que es “justo” goza justamente. Es el gozo de quien vive la paz que da el Salvador y no la que viene del mundo, es el gozo de quien vive según el orden divino, y a él se somete. Hay un gozo que no es justo, porque el que goza no es “justo”, porque está sometido a la ley de la carne, mejor, a la tiranía de la concupiscencia. Eligió el camino del impío y no el del justo ante Dios.

Nuestras necesidades dependen de forma esencial de la gloria de Dios. Entender esto es empezar a ser justo, a estar justificado ante Dios. La satisfacción que da el mundo es engañosa y falsa, pasajera, incompleta, siempre falta algo, impura y perturbadora, que termina, en la mayoría de los casos siendo terriblemente expiada, tarde o temprano, en la vida.

Como el salario depende del trabajo, el valor de una cosa a la cosa, la recompensa al mérito que uno haga, así nuestro gozo, nuestra satisfacción, está unida a la gloria de Dios. No hay mejor forma de  vivir la justicia y gloriar a Dios que la perfecta vivencia de los Mandamientos de la Ley de Dios.

En definitiva, subordinar nuestros deseos al interés divino. Dios el primero, y yo el segundo. La gloria de Dios ante todo, mi gozo después, sometido a aquella y conforme a aquella. Dios quiere ser la única y exclusiva fuente de mi felicidad y bienestar; quiere nuestra vida dentro de la suya, entregarnos el gozo suyo para deleite del nuestro, y así gozar de la única y verdadera felicidad.

¡Cuántas veces al tropezar con las criaturas  nos hacen desviar de nuestro camino! O, bien, nuestro mal uso de ellas, nos hacen descarriar.  Sólo Dios tiene vida en sí mismo; yo no. Por esta razón la busco en mi alrededor, en las criaturas. Pero he de entender que las criaturas están puestas por Dios para que yo haga uso de ellas, y gustando de ellas de gloria a Dios, y no otro fin ha de tener el trato con las criaturas. ¿Qué son para mí? Medios para procurar la gloria de Dios. Son “instrumentos” para esta misión. ¡Medios e instrumentos! No un fin en sí mismos para mí.

Las criaturas no me son dadas ni para ellas ni para mí, sino para la gloria de Dios. Es verdad, también las criaturas me dan felicidad. Dios lo ha hecho todo perfectísimamente, pues todo está para su gloria y mi utilidad y felicidad. Quiere que nuestra felicidad nos haga crecer en este mundo, pero ese crecer en el alma, en mi santidad, en mi unión con Él; crecer en este mundo y ansiar la eternidad en el cielo.

Si hago bien uso de las criaturas podré crecer, santificándome, al tiempo de gozar del gozo inagotable de quien es la fuente de la eterna felicidad. Y siendo justo gozaré de ese gozo único, personal, intransferible que, siendo lo opuesto al falso gozo de humano, me eleva, me hacer crecer y crecer, y gritar ¡Oh Amor! ¡Si yo os amase!

Ave María Purísima.


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