El Gral. Dávila: un contumaz y recalcitrante culpable

Gral. Dávila Álvarez

Hace unos días escribimos un artículo (VER AQUÍ) poniendo en su sitio a las barbaridades que en su blog escupía el Gral. Dávila Álvarez el pasado 16 de Junio con motivo de la huida del emérito (Juan Carlos I nos ha borboneado y hecho un Puigdemont y un Valtonic poniéndose así a tan baja altura).

Pero como era de esperar, tan «acendrado» monárquico, que como todos ellos son ciegos y sordos voluntarios y hacen el ridículo defendiendo lo indefendible, ha seguido erre que erre en sus trece publicando dos entradas más sobre el asunto (AQUÍ y AQUÍ) que, como no podía ser de otra forma, dados los dos personajes, el emérito y Dávila, son más de lo mismo, o sea, peor, por acumular más falsedades históricas, más vaselina para mejor intentar meterla y más vaciedad, tanta como la monarquía de papel couché fabricada por Juan Carlos I; herencia podrida –¿o no?– que ha recibido Felipe VI.

Esta vez no vamos a poner en evidencia todas y cada una de las falsedades y absurdos del General porque no merece la pena porque por sí mismas le descalifican. Hoy vamos a ir más allá.

Juan Carlos I lo recibió todo del Caudillo, TODO; y a él y sólo a él le debía TODO. También una hoja de ruta para consolidar la monarquía. A todo el emérito fue desleal, comenzando su traición a Franco y a España incluso con el Generalísimo vivo. Juan Carlos no estaba dispuesto a trabajar, a tener problemas y a dar la cara por España, lo cual le hubiera costado más de un disgusto e incontables horas de sueño, como le ocurrió a Franco durante toda su vida. No, Juan Carlos sólo quería darse la gran vida a costa de los españoles. Para ello se dio cuenta de que lo único que tenía que hacer era… pues eso, dejar hacer, tanto a los de dentro como a los de fuera, lo que resumió magistralmente él mismo en aquella frase lapidaria «A mi dármelo hecho». Y qué mejor que congraciarse con la antiEspaña, o sea, con el enemigo acérrimo de la monarquía… y de España, para conquistársela y que le… dejaran hacer mientras él les dejaba hacer a ellos; a los otros, por sumisos y pelotas ya los tenía en el bote y sabía que también le iban a dejar hacer. Así ha pasado cuarenta años, en un yo os sirvo de tapadera a vosotros y vosotros me permitís estar aquí y vivir bien. España, eso sí, dio igual, porque para los Borbones España siempre fue y es «su finca privada», «su cortijo», «su chiringuito», el cual creen que les pertenece y del que pueden disponer a su antojo con tal, eso sí, de mantenerse en el trono y… vivir bien.

El problema es que Juan Carlos, como todos los Borbones, se creyó más listo que todos los demás, sin darse cuenta de que el odio de la antiEspaña a la monarquía sólo lo supera el que tiene por la propia España y que una vez que no le necesitaran iban a acabar con él sin remisión. Así pues, pasaron los años de vino y rosas, de puterio y comisiones, de maletines y paraísos fiscales –¿se acuerdan de aquél «Si me tengo que ir no lo haré como mi abuelo con una mano delante y otra detrás?«–, sin tener en cuenta de que al amparo de su corona lo que se estaba llevándose a cabo era una revolución marxista en toda regla, la misma que fracasó por el Alzamiento, la que tenía y tiene por único fin destruir España dejándola que no la reconozca ni la madre que la parió –lo dijo Alfonso Guerra hace mucho y públicamente, además de confesar haber matado a Montesquie, sin que el emérito abriera la boca–, revolución que, eso sí, necesitaba para triunfar de tiempo para corromper y disolver a los españoles, y de una tapadera «amable», Juan Carlos I, para que no se notara. Lo que ocurre es que como entre pillos anduvo el juego y que entre facinerosos, rufianes, ladrones y degenerados no hay ni honor ni lealtad, terminado ese tiempo y alcanzados dichos objetivos, Juan Carlos I perdió su valor, mejor decir su utilidad y… como los cargos acumulados contra él son monumentales, se los han sacado y lo han derribado, cayendo como fruta madura por sí sólo, por sus pecados y fruslerías.

No, Gral. Dávila, no, no han sido ni Sánchez ni el coletas; dice el Gral. que si no fuera por Iglesias, Sánchez nunca hubiera tragado, hasta aquí llega la ignorancia de este General con el que no iríamos ni al desfile. No, Dávila, no, no son ellos quienes han derribado a Juan Carlos I, no, ha sido el propio Juan Carlos I por vaciar la corona de contenido haciéndola innecesaria, por subirse al carro de una Constitución a todas luces disolvente, por legalizar el PCE, y ERC, etc., partidos que como el nazi en la Alemania más que democrática, en una España también democrática pero de verdad y sin complejos no podrían haberse legalizado jamás por sus probados antecedentes criminales y de lesa patria además de sus siempre inamovibles objetivos; y el PSOE tampoco sin, al menos, cambiar de nombre y renegar de todo su pasado tan criminal como el de los citados. Ha sido Juan Carlos I quien se ha derribado a sí mismo, por haber transigido, contemporizado y entrado en comandita con los enemigos de España que, claro, lo son también de la monarquía. Por haber dado nefastos ejemplos personales propios de reyes absolutistas decimonónicos hoy insoportables. Por su codicia insaciable y sus desfalcos al fisco que, según dicen, somos todos… ¿menos él? Los «errores» de Juan Carlos I, Gral. Dávila, son la única causa de su caída estrepitosa, de ese San Martín que, como a todos los cerdos, le ha llegado porque él mismo lo ha ido preparando durante cuarenta años.

Tres últimos apuntes:

  • No le han echado, ni se ha ido, ni se ha exiliado, no, ha huido cobardemente… con lo que reconoce su culpa, para no verse en el banquillo pero, que quede bien claro, ha huido porque no quiere devolver ni un euro de lo trincado (España le importa un bledo); en Arabia Saudí vivirá muy bien, que nadie lo dude.
  • Por su culpa, la monarquía está destruida, siendo cuestión de tiempo –que dosificará hábilmente la antiEspaña– la estrepitosa caída de Felipe VI.
  • A su abuelo, como dijo José Antonio, no le defendió ni un piquete de alabarderos, pues bien, por el emérito no se ha movido de la piscina ni siquiera usted, Gral. Dávila, lo que da una idea de lo mal que lo ha hecho el prófugo.
  • Y, por último, pero muy importante, son los monárquicos, sí, los Anson, Ussia, etc., y usted, General, tan culpables como Juan Carlos I de su caída, porque no le han sido leales, le han traicionado, porque han carecido de la mínima categoría y valor personal para decirle al emérito a la cara y en cada instante que no, que no podía hacer lo que estaba haciendo, que no, que los tiempos no eran, ni son, para comportarse como lo hacía, como lo ha hecho, porque lo del puterío y la mangancia lo sabían todos, para qué decir del rumbo que imprimía a España, pero en vez de afeárselo hasta la estenuación, y caso de no atender a tales requerimientos mandarle a paseo –lo hizo al final Sabino harto de la desfachatez del emérito–, le han reído las gracias al tiempo que… se han beneficiado. Usted, Gral. Dávila, es tan culpable como el emérito de su caída. Usted, tan «cercano», que ahora insiste en defender lo indefendible. Usted, y otros como usted, Gral. Dávila, son los que con su peloteo y deslealtad al rey, han traicionado a España, que es la única víctima de verdad, que es la que el emérito y usted, Gral. Dávila, han puesto a los pies de la antiEspaña que lo único que ha hecho, General, es aprovecharse hábilmente de los «errores» del emérito y de usted y de los que son como usted. No eche la culpa al enemigo de esta derrota, sino al emérito, a usted y demás «monárquicos», porque el enemigo lo único que ha hecho es cumplir con su papel.

6 respuestas a «El Gral. Dávila: un contumaz y recalcitrante culpable»

  1. Hay dos pequeñas cosas que no me gustan (pero que no vienen al caso), pero se ha de reconocer que el artículo está impecable y evidencia, -en toda su crudeza y realidad-, lo que ha sido el reinado de Juan Carlos I, y el daño que han hecho los cortesanos con hacerle la pelota al Rey cuando por patriotismo y sentido de Estado tenían que haber hecho todo lo contrario.

    Una cosa está clara, al menos desde Viriato invariablemente hasta hoy: «Roma no paga a traidores». El Rey Juan Carlos tuvo la oportunidad de ser un buen Rey , con todos los quebraderos de cabeza que los enemigos de España y de la Civilización Cristiana le habrían ocasionado por ello, o bien Someterse a los dictados de estos a cambio de su propio bienestar . Juan Carlos ya en vida de Franco se entrevistó con los Rockefeler y optó por esto último. Pero como desde Viriato Roma no paga a traidores , esto le ha servido mientras les ha sido útil, ahora que no lo es, ya no le tienen en cuenta cómo ha desarrollado España, de cómo se la dieron a cómo él se la entregó a su hijo que es otro rey florero «laisser faire, laisser passer», .
    Se habla mucho de lo que están haciendo Pandemia Sánchez y Pablo Iglesias, pero se callan que fue Felipe VI quien los propuso a la Presidencia del Gobierno sin agotar antes otras posibilidades , como se denunció en estas páginas, así que Felipe VI tiene parte de culpa de lo que está pasando.

  2. El corrector ha cambiado una palabra: poco después de lo de Rockefeler dice:
    «(…) ahora que no lo es, ya no le tienen en cuenta cómo ha desarrollado España, (…)»
    Y debe decir no «desarrollado» sino DESARBOLADO España.
    ahora que no lo es, ya no le tienen en cuenta cómo ha DESARBOLADO España

  3. El rey ha sido la «piedra angular» del nefasto sistema partitocrático… y creo que su abdicación fue un tema de Rubalcaba y Rajoy (hijitos de la viuda) para evitar que la caída de popularidad con lo de Corina y el efefante hicieran daño al «sistema», que ya entonces daba claras muestras de agotamiento. Ahora sí parece evidente que ha sido su hijo (pésimamente aconsejado y temiblemente laicista y globalista) el que ha forzado el paripé de la carta. A rey muerto (políticamente) rey puesto. En todo caso cuando este gobierno caiga, no me extrañaría que el emérito se volviera a dejar ver por aquí… si no pasan muchos años.

    Sólo nos sirve una monarquía católica y patriota, llena de virtudes y con verdaderas competencias. Quiera Dios que España pueda tenerla algún día.

  4. En cuanto a irse de España, ha sido Podemos el que ha aireado aún más los escándalos para tapar y ocultar el caso DINA y los 50.000 muertos en la pandemia (muchos de ellos gente mayor que vivía en residencias cuyo cuidado era competencia de Pablo iglesias durante la horripilante gestión de la crisis). Podemos tiene claras sus prioridades, y Pedro Sánchez sólo está pensando en seguir en la Moncloa, aunque finalmente ha defendido a la casa real porque la institución tiene todavía apoyo social y está pensando en los votos.

    El rey Juan Carlos tenía un poco la fuerza «moral» frente a los partidos de haber renunciado a la monarquía que le legó Franco y dar entrada a un sistema partitocrático nefasto que le daba todo el poder a los partidos políticos, pero a su hijo no le deben nada… y está demostrando que «en el papel» es tan sólo un funcionario del sistema (el primer funcionario), y que su posición es bastante distinta a la de su padre…

    Menuda situación la de España, sólo la oración y hacer nuestra parte, cuando sea preciso, puede salvarnos.

  5. Tengo un amigo, o ex amigo, jurídico militar, que hace unos años accedió al Generalato…
    Su mayor acción bélica, o de peligro, debió de ser una vez que se hirió con una grapa, al grapar unos documentos, siendo teniente o capitán.
    Ahora s eha vuelto intratable… ¡Poco menos que exige el Vuecencia, la inclinación ante su gran Autoridad, y pichorras en Pastris!
    ¿REALMENTE EL GENERALATO VUELVE IMBÉCILES A LA GRAN MAYORÍA DE LOS POSEEDORES DE ESA GRADUACIÓN…?

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