El Gral. Villarroya Vilalta nos enseña sus vergüenzas

Que el Cuerpo de Generales y Almirantes de nuestras FFAA de las últimas décadas se caracteriza por su mediocridad, pasividad, sumisión, falta de brío y virilidad es algo que a cualquiera que lo conozca de cerca no se le esconde. Que lo anterior pueda estar también imprimiendo no pocas dosis de corrupción, parece que entra dentro de lo muy posible. Y es que van saltando a la palestra cada vez con más «naturalidad» comportamientos que así parecen apuntarlo e incluso probarlo. Uno de los más llamativos es el del ex-JEMAD Gral. Villarroya Vilalta.

A Villarroya le hemos dedicado en su momento varios artículos con motivo de su penosa y patética actuación al perseguir, cual Nerón con los cristianos, a los militares firmantes de un manifiesto en favor de la figura histórica del Caudillo. En aquel entonces Villarroya era Director del Gabinete Técnico de Robles (a) «la mofletes» y «la magui» a la cual no tuvo el valor ni el coraje de decirle que no, co…, que no, y, no contento con la citada persecución, incluyó en ella de forma ilegal e ilegítima a varios militares que estaban en la reserva transitoria y por ello habían recuperado hacía mucho sus derechos civiles, lo que para Villarroya no fue razón para dejarles al margen, sino todo lo contrario, pues el muy ca… los citó, se puso delante de ellos, les espetó que si tal y que si cual y… eso sí, acabó con la cara de haba al quedar en evidencia de su artera maniobra inconstitucional, ilegal e ilegítima. Después, no tuvo la dignidad ni el valor personal de disculparse por los perjuicios causados, ni tampoco de pagar de su bolsillo los gastos producidos a tales personas, sino que el muy rata los quiso endosar al erario público, o sea a lo contribuyentes, a través de la partida de «Protocolo» del Ministerio de Defensa. Hay que joderse hasta que punto de miseria se puede llegar cuando se ha perdido el honor, la dignidad y la vergüenza… si es que alguna vez se tuvo.

Pues bien. Tras tamaña «hazaña», «la mangui» –de tal palo tal astilla– le ascendió a JEMAD, cargo que él, que decía por los pasillos que «estaba cansado» y «deseando irse» aceptó encantado porque chupar es uno de sus deportes preferidos. Pero… poco le duró el disfrute porque haciendo otra vez gala del valor que le falta, Villarroya fue el primero en «vacunarse» cuando llegó la supuesta pandemia covidiana. ¿Sus «razones»? Que había que proteger y conservar, ante todo y primero, a la «cadena de mando» (¿?), o sea a su primer eslabón que era… él, claro. Y eso aunque hubieran cascado los demás eslabones, incluso todos, pues lo importante es que el primero, él, el JEMAD, sobreviviera para… ¿procrear y conservar la especie? Así, según él, podían haber quedado las unidades en cuadro por bajas covidianas que lo importante era que el jefe sobreviviera, o sea, él. Claro que la cosa fue tan evidente que le costó dimitir dos minutos antes de que «la mofletes«, como es su costumbre a la que tampoco nunca Villarroya se opuso, le diera la patada.

¿Y qué pasó entonces con General tan cansado y deseoso de irse a descansar a su casa? Pues que aceptó el trato de favor de Robles de ¿callar? a cambio de una «puerta giratoria» de lujo haciendo las Américas en un puesto en el que lo más que se hace es inflarse a canapés, asistir a cenas y pasar la resaca posterior lo mejor que se pueda. Así, Villarroya fue nombrado, nada más y nada menos, que «consejero de Defensa y de Asuntos de Seguridad Hemisférica de la Misión Observadora Permanente de España ante la Organización de Estados Americanos» con sede, o sea residencia de lujo, vehículo oficial y otras prebendas, en Washington D. C.; ahí es nada, sólo la inmensa vaciedad del nombre aturde. Al tiempo, y obviando su dimisión forzada, Villarroya fue admitido como miembro de la Asamblea de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, pasando por alto que para ello debería asistir personalmente a sus capítulos, presididos por el rey, lo que hace virtualmente por ordenador, algo más que impropio, por no decir ilegal. Pero el caso, y aquí está lo bueno, es que ambos puestos eran y son incompatibles, es decir, que Villarroya debió elegir entre América o Madrid, entre uno u otro, y… eligió los dos con el visto bueno de «La mangui«, claro. ¿Corrupción? Juzguen ustedes mismos.

Pero… como siempre hay un pero, en el caso de Villarroya aún queda más. Y es que el Gral. Villarroya ha cumplido los 65 años, edad de retiro, lo que él se pasa también por el arco agarrándose como a clavo ardiendo a que por su condición de miembro de la Asamblea de la «hermenegilda» sigue en realidad en la reserva, por lo que… le da igual lo del retiro. El caso es que Villarroya ostenta cargos –¿o será que detenta a la vista de las irregularidades?– en la estructura orgánica de Defensa, en el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación por lo de la OEA, en la Asamblea de San Hermenegildo y además está pasado de edad…  y de rosca. Toda una nueva «hazaña». Es decir, que Villarroya en lo del chupe y la mangancia es todo un figura.

Y después se quejan de que les veamos sus vergüenzas, cuando son ellos las que nos las enseñan porque han perdido el mínimo decoro y dignidad si es que alguna vez lo tuvieron.

PD.- Ah, y sus compañeros que saludan tan tiesos a la bandera, es decir, el actual JEMAD y demás Jefes del Estado Mayor y miembros del Cuerpo de Generales y Almirantes, calladitos cual pu… porque… por un lado saben que Robles tiene siempre puestas las botas de dar patadas a quien asoma lo más mínimo, mientras que, por el otro, semejante precedente les viene que ni pintado para… hacer ellos lo mismo cuando llegue el momento. Repetimos: y después se quejan.


3 respuestas a «El Gral. Villarroya Vilalta nos enseña sus vergüenzas»

  1. Magnífica radiografía, como siempre, de un cáncer metastásico
    ¡Enhorabuena!

    Y ahora, los perrillos falderos a ladrar que no son formas y que si tal y cual
    ¡Traidores y cobardes!

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