El gran Holocausto de Paracuellos del Jarama (2/3)

ESCUCHAR NOTICIA: 28 de octubre, comienzan las “sacas” masivas: Maeztu y Ramiro Ledesma Maeztu Ledesma De estas prisiones y en el ambiente expresado, comenzaron a producirse las «sacas» masivas, bajo pretexto de traslados o de libertad. En la cárcel de Ventas el 27 de octubre, se mandó formar a los militares pidiéndoles un paso al frente a los que estuvieran dispuestos a servir a la República, bajo terribles amenazas, y nadie lo dio. Su gallardía fue comentada con entusiasmo por los compañeros de cautiverio, todos se dieron a la oración y a renovar absoluciones. Y en efecto a la noche, por orden de la Dirección General de Seguridad, 32 presos de esta cárcel fueron llamados para salir, entre ellos Ramiro de Maeztu y Ramiro Ledesma Ramos. La orden estaba firmada por el Director General, Manuel Muñoz: Siendo necesario el traslado al penal de Chinchilla de los presos que al dorso se relacionan… sírvase entregarlos a los portadores del presente oficio, miembros del Comité de Investigación, encargados de cumplimentar la expresada resolución, y estaba fechada a 31 de octubre, es decir, tres días después de su ejecución y comprendía los siguientes nombres: Indalecio Gutiérrez Díaz, Albino Hernández Lázaro, José L. Gómez Bengoa, Andrés Vilares Sánchez, Pedro Benito Chico, Juan Trillo Durano, Germán Trillo Ruiz, José Rivera Arrillaga, José Lemus Calderón de la Barca, Ramiro Maeztu Whitney, Alfonso Borbón de León (marqués de Esquilache), Enrique Borbón de León (marqués de Balboa), Joaquín Trillo Ruiz, Ramiro Ledesma Ramos, José Romero Moreno, Francisco Gallego Díaz de Burgos, Carlos Roa Miranda, Dionisio Martínez Moro, Domingo Miranda Abad, Matías Luengo Castejón, José Jiménez Navarro, Antonio López de Ceballos, Telesforo Mondéjar Montero, Doroteo Igueda González, Juan Toribio Domínguez, Luis Arjona Sacedón, Antonio Sánchez Zamora, Ramón de Diego Hidalgo, Francisco Montero Rodríguez San Pedro, Tomás Lázaro Aquiles, José Díez Sánchez y Enrique Chaves Rodríguez. Uno de ellos -se dijo que fue Ramiro Ledesma, pero información posterior acreditó que no lo era, parece que lo fue un linotipista de ABC se resistió a salir de la cárcel y le dispararon un tiro de pistola al vientre, rematándolo allí mismo. Los demás, conducidos en un camión al Cementerio de Aravaca en la misma madrugada, fueron también muertos a tiros de pistola, luego de despojados enteramente de sus ropas, como en el Calvario hicieron con la túnica de Cristo, y allí enterrados. De la prisión y muerte de Ramiro de Maeztu hay testimonios auténticos que nos permiten dedicarle unos breves párrafos. En la primera hora de la madrugada del 28 (no del 29 como erróneamente se dice a veces) un miliciano llamado «el Chato»>, linterna en mano, entra en el departamento en cuyo suelo descansaba el ilustre cautivo, gritando: -¡Ramiro Maeztu!: el llamado reacciona con aire de defensa: ¿A mí a estas horas? Pronto cambia de actitud, se viste, pide discretamente la absolución al párroco de Getafe, D. José Ma Fernández, próximo a su petate, recoge sus pobres cosas y abraza a los compañeros: Hasta la Eternidad, y sale erguido, a grandes zancadas, llevando en el bolsillo las cuartillas del libro que estaba escribiendo, «Defensa del espíritu», de las que nunca más se supo. Indalecio Prieto escribió más tarde: El fusilamiento de Ramiro de Maeztu fue uno de tantos crímenes injustificables y estúpidos. (Lo que hace suponer, que para el dirigente socialista había otros crímenes justificados y razonables.) En el día precedente -el de la entrada de nuevos milicianos y la amenaza a los militares- D. Ramiro paseó impaciente por el patio, hasta que ya anochecido y cansado, se sentó en el petate rodeado del Padre Romañá, del párroco y del coadjutor de Getafe, Huelin, el profesor Magariños y otros más. Alabó la actitud de los militares (Siempre son y serán caballeros los verdaderos militares españoles) y en tono bajo cantaron la salve y rezaron el rosario. Maeztu, filósofo, humanista, político, ex Embajador en la Argentina y a la sazón diputado por Guipúzcoa, había sido detenido el 28 de julio en el domicilio de su amigo Váquez Dodero. Entraron unos milicianos por denuncia de que en el piso había un oratorio, golpearon la puerta con los fusiles y registraron. Se les presentó espontáneamente: -Aquí me tenéis, soy Maeztu; los milicianos nada sabían de Maeztu, le creían el cura del oratorio, telefonearon a la Dirección General de Seguridad y le detuvieron. El Comisario de Buenavista lo puso en libertad, pero eran las 11 de la noche, a la puerta estaba el coche con los milicianos y don Ramiro optó por quedar detenido. Se le llevó a la cárcel de Ventas y al siguiente día en ABC rojo se leía: -el escritor Ramiro de Maeztu, detenido. ¿Escritor Ramirete? ¡A cualquier cosa llaman chocolate las patronas! En prisión ingresó como señor natural de aquellos caballeros encarcelados. Les hablada del «dominico inquisidor y banquero» que se precisaba en España, escribía las cuartillas de su nuevo libro, rezaban en comunidad. Alentaba a los detenidos, les contagiaba su esperanza en el resurgir de España. Ocupaba una celda del piso 3. izquierda, acompañado entre otros de Federico Santander, Santiago Magariños, Vázquez Dodero y el doctor Lemus. Su celda parecía una cátedra en la que se olvidaban de la condición carcelaria. A primeros de octubre le trasladan al departamento llamado de madres» con otros 40 presos, entre los cuales Bonifacio Sedeño de Oro, párroco de S. Ginés y cuñado del general Fanjul; Magariños, catedrático de Instituciones Americanas; el librero Alberto San Martín; el párroco de Getafe y su coadjutor; Vázquez Dodero y el padre Romañá. En un momento de humor carcelario (antes de comenzadas las «sacas>) parodiaron allí la ceremonia de apertura de curso universitario, envueltos solemnemente en lsa mantas a modo de túnicas. Magariños hacía de Rector Magnífico; don Ramiro, de Ministro de Instrucción Pública; el párroco de Getafe, de Cardenal-Arzobispo, y de Presidente un Teniente Coronel sevillano que se llamaba precisamente Francisco Franco. Maeztu fue el protagonista. Cantó la figura de Fernando VII, cuyo retrato debía presidir todas las Universidades por ser el creador de las Escuelas de Tauromaquia, en las que se enseñaba a vencer y a dominar a la fuerza bruta con la virtud de la gracia y el arte del requiebro. Dijo: -El saber, como la capa, con vueltas y revoleos viriles, logra llevar por donde a uno le plazca, a la fiera ignorante. Si necesita castigo más duro, prended a la ignorancia el rehilete certero de las banderillas, palos secos, punzantes… y usad la espada para el necesario final… Las mayores <<sacas» de Noviembre. Paracuellos del Jarama En el mismo día de la saca de Ventas acabada de referir, se llevaron de la cárcel Modelo otros 29 presos, igualmente fusilados e inhumados en Aravaca y al siguiente día, otros 50 de la checa de Fomento fueron ejecutados en el camino de Boadilla, cuyos restos, una vez acabada la contienda, fueron exhumados y traslados al Camposanto de Paracuellos. Quienes no lo vivieron no sabrán nunca la zozobra y angustia de la lectura de las trágicas listas para las sacas, ni de los sublimes ejemplos de entereza, de serenidad, de entrega a la voluntad de Dios. En altas horas de la noche o en la madrugada, la prisión en penumbra por temor a la aviación nacional, en el silencio de las galerías donde los presos procuraban descansar tumbados en el suelo, un miliciano acompañado de otros aparatosamente armados leía a gritos, linterna en mano, la larga lista que portaba. Entre los presos podía oírse hasta el latido de los corazones. Se manda a los llamados recoger sus cosas y formar en el rastrillo de salida. Se despiden aprisa de amigos y compañeros, les hacen algún encargo de última hora, se santiguan algunos y salen silenciosos, resignados, con el pobre hatillo. Ya en filas, se les ordena dejar en el suelo sus envoltorios, los cachean por si aún llevan algo consigo, los atan fuertemente las manos con bramante, o alambre o cable eléctrico, y amarrados de dos en dos por los codos los sacan al aire helado de la noche o del amanecer, los suben a camiones o autobuses y parten para su destino, siempre vigilados y amenazados hacia el último instante. El primer día de noviembre, con las tropas nacionales próximas a Madrid, el agente soviético Koltsov, “asesor” de las autoridades rojas y luego de la Junta de Defensa, presente en España desde agosto, se ocupa con los Comisarios políticos de la suerte de los presos. Ya tenían éstos suspendidas las comunicaciones con las familias, cuando por orden del Director General de Seguridad se sacan otros 79 presos de la cárcel de Ventas, para fusilar en Aravaca, en su mayoría estudiantes, obreros y labradores de los pueblos cercanos. Y el día 3, en Carabanchel Alto, se fusila a 56 presos allí detenidos. Pinchar para ampliar Un día después, en la cárcel Modelo, se llama a los militares con el consabido requerimiento de servir a la República y todos guardan silencio. La Dirección de Seguridad reitera la orden de sacar más presos, especialmente militares, y en la madrugada del 5 salen de la cárcel de S. Antón dos camiones cargados, y de la Modelo otra larga expedición en la que forman parte el gran periodista Manuel Delgado Barreto, Director de La Monchín Triana, y el Jefe Territorial Nación; el futbolista del Real Madrid de F. E. de Galicia, Juan Canalejo. Y de la de Porlier otro más en la que iban el Magistrado Pablo Callejo y un Auditor de Guerra. Mas para esta fecha -las tropas nacionales combatiendo en la Casa de Campo, la cárcel Modelo recibiendo proyectiles de artillería, y alojada en su 1ª galería la 1ª brigada Internacional-el emplazamiento de Aravaca resultaba peligroso para los rojos, por lo que sus responsables eligieron otro para las ejecuciones masivas, a semejante distancia de Madrid pero al otro lado de la capital, el cementerio de Ribas-Vaciamadrid, sobre la carretera de Valencia. Previamente el Gobernador Civil de Madrid, el socialista Rubiera, había urgido al Alcalde de Ribas la apertura en su cementerio de tres zanjas de 5 x 2 x 2 m. y cuando pocos días después preguntó si ya estaban abiertas, respondió sencillamente el Alcalde: -Hechas y ocupadas. Exhumados los restos después de la guerra fueron llevados en su mayor parte a Paracuellos del Jarama. El mismo día 6 toman los nacionales Campamento, Carabanchel, Cerro de los Ángeles y Villaverde. Huye a Valencia el Gobierno recién recompuesto por Largo Caballero. El Ministro de la Gobernación, Ángel Galarza, a su paso por Tarancón, ordena por teléfono activar la evacuación de los presos de Madrid y parece que añadió: «pero evacuaciones definitivas”, lo que no debe sorprendernos en Galarza, que el 5 de agosto, en un mitin en Mahón había dicho con toda su «responsabilidad» de Ministro: -Tengo un gran sentimiento por la muerte del Sr. Calvo Sotelo. El sentimiento de no haber participado en ella. La idea de Koltsov era sencillamente la de fusilar, y Castro Delgado, de cuya <<fórmula» hemos hablado anteriormente, dijo ahora que más valía fusilar de más que de menos. En Madrid se encarga de ello enteramente desde esta noche el nuevo Delegado de Orden Público y sus acólitos, dependiente de la Junta de Defensa, que por encargo del Gobierno asume el poder en Madrid. En la tarde de este mismo día 6 -poco antes o poco después de la toma de posesión del nuevo Delegado de Orden Público- hay nuevas y grandes sacas de las cárceles Modelo y de Porlier. Los organizadores ya habían abandonado también el campo de ejecuciones de Ribas-Vaciamadrid, sustituyéndolo por el de Paracuellos del Jarama, más adecuado para sus sangrientos propósitos, el cual acrecienta así, definitivamente, su ya por entonces trágico destino. Entre los sacados ahora de la Modelo se cuentan el General de Brigada Juan de Micheo y Asúa y el conocido Abogado Antonio Comyn. El lugar elegido era entonces un paraje solitario al pie del Cerro de San Miguel en cuya cima se asienta el pueblo de Paracuellos, cercano al río Jarama, cerrado en el horizonte por una seria de cerros pelados, a 16-18 Km. de distancia de Madrid, con caminos poco transitados y suelo arenoso y suelto, fácil de excavar. Existía allí el grupo de pinos que contemplamos dentro de su actual recinto, lugar sacratísimo, pues precisamente bajo esos pinos se detenían los camiones que transportaban a los presos, los hacían descender y allí aguardaban su turno, presenciando el fusilamiento de sus compañeros, rezando, llorando, confortándose recíprocamente, recibiendo bendiciones y absoluciones de los sacerdotes y religiosos que con ellos iban a morir. Atravesaban el lugar, entrecruzándose, la carretera local de Madrid a Belvis y Cobeña y el arroyo seco de San José, junto a cuyo cauce se sitúa la capilla que hoy ampara con sus cultos la paz de los mártires. Acabada la guerra se desviaron las carreteras a su trazado actual, y el cauce del arroyo, se trazaron caminos y se valló el recinto, aislando y dignificando el Camposanto. El 6 de noviembre se acercó a la cárcel Modelo el Fiscal del Tribunal Supremo Romualdo Montojo, hermano del Capitán de Fragata don Ubaldo, allí detenido, y la halló acordonada de milicianos y a filas de presos, embarcando en camiones para Levante según le dijeron. Al siguiente día consiguió llegar hasta la dirección de la cárcel, donde le informaron simplemente que los presos se sacaban para matarlos y le exhibieron un oficio de la Dirección General de Seguridad que decía: Sírvase V.S. entregar a las milicias… (ferroviarias o las que fueran) a los detenidos comprendidos en la adjunta relación para su traslado al Penal de San Miguel de los Reyes. Madrid, 6 de noviembre de 1936, el subdirector, Vicente Girauta Linares, pero al oficio no se acompañaba relación alguna, la estaban haciendo los milicianos, ficheros en mano, en el centro del abanico de la prisión. En la madrugada del 7 hallamos, por el enorme número de inmolados, las mayores sacas del tremendo genocidio. Los presos fueron alistados y amarrados durante la noche, y fueron tan graves los hechos que sus ecos alcanzaron al Cuerpo Diplomático de Madrid, que además de reclamar al Gobierno -que contestó con una nota negando todo- hicieron venir de Ginebra un representante del Comité Internacional de la Cruz Roja, el doctor Henny, quien logró obtener de la Junta de Defensa la lista de los 1.600 sacados en esta ocasión de la cárcel Modelo, de los que solamente unos 300 llegaron a la de Alcalá de Henares; los 1.300 restantes fueron sacrificados en masa en Paracuellos. ¿Podemos imaginar lo horrendo del espectáculo? El balance de este terrible episodio martirial, producido en breves horas de la mañana del día 7, referido exclusivamente a una «saca» de la cárcel Modelo, es el siguiente: España perdía de golpe mil trescientos hombres activos y útiles. Las Fuerzas Armadas de los tres Ejércitos, más Generales, Jefes y Oficiales que en ninguna de las sangrientas batallas de la guerra. La Iglesia, más de cuarenta religiosos y sacerdotes. Numerosas familias, a todos sus miembros varones. Quedaban viudas unas ochocientas mujeres, y huérfanos de padre, unos dos mil hijos de distintas edades. Entre los ahora sacados encontramos muchos casos de padres e hijos y de hermanos, sacrificados juntos. El farmacéutico Luis Madariaga Moras y sus hijos Angel y Luis Madariaga Cenedese, Abogados; los cuatro hermanos Antonio, Carlos, Emilio y José Ma Paramés de Casa Buylla, de ellos dos Abogados, un Arquitecto y un Ingeniero; Gregorio Sáenz de Heredia y sus hijos José y Joaquín, estudiantes, de 21 y 20 años; el militar Francisco Serrano Alguacil y sus hijos Manuel y Alfonso Serrano y García-Ibañez, también militares; el militar Enrique Sicluna Burgos y sus hijos Luis y Enrique, estudiantes de 23 y 16 años; el Abogado Mariano Soria Monje y sus tres hijos, Rufino, Mariano y Luis, de 24, 22 y 19 años; los hermanos Enrique e Ignacio Triana Arroyo, hermanos del antes nombrado Monchin, jugador del Real Madrid; y los hermanos Florencio y José Luis Vadillo Alcalde, estudiantes de 21 y 17 años. En la misma expedición salieron también los Abogados Jesús Cánovas del Castillo, Agustín Minguijón (hijo del Catedrático aragonés de Historia del Derecho), Manuel Sarrión (del bufete de José Antonio), el ex Ministro de Trabajo de la República Federico Salmón, el estudiante de 16 años Manuel Ruiz Gómez Ricardo de la Cierva Codorniú, padre del actual historiador. Y los Tenientes Generales, José Rodríguez Casademunt y Jorge Fernández-Heredia Adalid (éste al parecer amarrado al Coronel de E. M. Francisco Zamarra Agustina); el Almirante Juan Magaz Fernández de Henestrosa, el General de Marina Esteban Martínez Cabañas, el Intendente Pedro Pombo y Romero Robledo; los Coroneles, de Artillería, Alfonso Cano Orozco; de Caballería, Victoriano Moreno Pérez-Brito; de Infantería, José Salcedo Cárdenas, y de E. M. Nicolás Prat Court, e infinidad de Jefes, Oficiales, clases e individuos de los cuerpos armados, como el Capitán aviador Juan Ponde de León, más seis padres Dominicos, cinco Agustinos, tres Escolapios, tres sacerdotes seculares, dos franciscanos, dos Paúles, un Canónigo de Alcalá de Henares y un miembro por cada uno de las Ordenes de Redentoristas, Oblatos, Jerónimos, Pasionistas, Corazón de María y Hermanos Maristas. En el mismo día 7 salió de la cárcel de San Antón otra enorme expedición, en la que figuraban numerosos militares, marinos y estudiantes: el Capitán de Navío Gabriel Ferrer Otero; Coroneles de Infantería Sinforiano Gómez Hernández y de Caballería José Góngora Rodríguez, el Capellán castrense Rogelio López Arribas y los Capitanes aviadores José Lorente Cancio y Guillermo Romero Hume, y otro militar, Carlos Hernández Herrera, con dos hijos estudiantes. Inmarcesible gallardía militar en la prisión de Porlier Pareja En la galería 2. de Porlier entraron a las 6,30 de la tarde del 3 de noviembre 14 6 15 milicianos armados hasta con bombas de mano, con el jefe de la checa de Bellas Artes (ahora de Fomento). Formaron en filas a los militares -así lo declara el también militar Jesús Sánchez Posada acabada la guerra- que tenía a su derecha al Coronel Pareja y a su izquierda al Coronel Valcázar. En medio de profundo silencio, firmes los detenidos, les pasan revista sus carceleros tomando nombres y graduación. Los recuentan: eran 162. Les arenga el jefe chequista: la Patria invadida por el fascismo está en peligro, todos deben defenderla y pide un paso al frente a los que quieran hacerlo. Sólo lo dan 4, un Coronel, un Capitán de la Guardia Civil, otro de Oficinas y un Cadete. Indignado el jefe grita: ¿No hay más? ¿Os negáis a luchar en defensa de la Patria? Interjecciones y blasfemias. -Por última vez lo digo… Nadie se mueve. Se dirige a cabos y soldados, algunos dan el paso. Al soldado Arsenio Yelves Muñoz, le dice: -Eh, tú, soldado!, ¡hijo del pueblo!, ¿por qué te quedas con esos canallas? ¿Te han coaccionado? El muchacho da un paso al frente, se cuadra y a su vez le pregunta: ¿en cuántos combates has participado tú, hijo del pueblo? ¿Por qué me mandas a luchar contra los míos? Ve tú, yo no voy. El mandamás queda desconcertado. Entonces el Capitán de la Guardia Civil y el Cadete que dieron el paso al frente, vuelven con sus compañeros. A ambos y al soldado los apalearon luego brutalmente. Y el día 5, a la una de la madrugada, despojados de todo y atadas las manos a la espalda, la mayor parte de ellos salieron en camiones para Chinchilla, es decir, para el fusilamiento, probablemente en Ribas. Los Coroneles Pareja y Valcázar levantaban la moral de los detenidos en forma sublime. Al primero le ofrecieron un mando el 21 de julio y se negó; a Pareja le había llamado en septiembre el Director de Seguridad, conocido suyo, le pidió que tomara un mando, ofreciéndole traer su familia de Águilas a Madrid, pero no aceptó; entonces le dijo: -Por dinero no lo dejes. Pareja dio un puñetazo sobre la mesa, se cuadró y repuso: -El honor militar no se compra con todo el oro del mundo. Ambos fueron sacados en la citada expedición y con ellos los Generales de Infantería, Francisco Zubillaga Reillo, y de E. M. Manuel Lon Luga; el Coronel de Intendencia, Francisco Monguió Vives; los Tenientes Coroneles de Intendencia, Jacinto Pérez Carrera; de Carabineros, Ángel Verde Rodríguez, y de Infantería, Adriano del Pino Sanz; los Comandantes de Infantería, Leandro Haro Ladrón de Guevara, Manuel Martín Díaz, Guillermo García Ruiz, Pablo Muñoz León y Eduardo Araújo; de Carabineros, Miguel García Jiménez, y de Artillería, Víctor Menéndez Cacho; los Capitanes, de Infantería, Gregorio Fernández Ruiz, de la Guardia Civil, Antonio Rodríguez, de Intendencia, Santiago Parra Mateo; de Aviación, Luis Angulo Jiménez, de Oficinas, Juan Pérez Camargo; de Inválidos, José Sevilla Burriel, Luis Fajardo y Julián y Pedro Mendoza, el Cadete Pedro del Real Arribas, más dos hijos del General Isidoro de la Torre, el soldado Arsenio Yelves Muñoz, el Prior de los Carmelitas de Ayala Padre Francisco Marco Alemán y los paisanos Ricardo Suárez, Luis Crespo y Víctor Moya. De esta misma cárcel de Porlier salió el día 7 otra expedición más reducida, con la variante de que sus víctimas se fusilaron en las tapias del Cementerio de la Almudena, entre ellas el Comandante de E.M. Emilio Pérez del Hierro. Exhumadas después de la guerra, sus restos se llevaron al Camposanto de Paracuellos. Parte 1   Pulse para escuchar el texto 28 de octubre, comienzan las “sacas” masivas: Maeztu y Ramiro Ledesma Maeztu Ledesma De estas prisiones y en el ambiente expresado, comenzaron a producirse las «sacas» masivas, bajo pretexto de traslados o de libertad. En la cárcel de Ventas el 27 de octubre, se mandó formar a los militares pidiéndoles un paso al frente a los que estuvieran dispuestos a servir a la República, bajo terribles amenazas, y nadie lo dio. Su gallardía fue comentada con entusiasmo por los compañeros de cautiverio, todos se dieron a la oración y a renovar absoluciones. Y en efecto a la noche, por orden de la Dirección General de Seguridad, 32 presos de esta cárcel fueron llamados para salir, entre ellos Ramiro de Maeztu y Ramiro Ledesma Ramos. La orden estaba firmada por el Director General, Manuel Muñoz: Siendo necesario el traslado al penal de Chinchilla de los presos que al dorso se relacionan… sírvase entregarlos a los portadores del presente oficio, miembros del Comité de Investigación, encargados de cumplimentar la expresada resolución, y estaba fechada a 31 de octubre, es decir, tres días después de su ejecución y comprendía los siguientes nombres: Indalecio Gutiérrez Díaz, Albino Hernández Lázaro, José L. Gómez Bengoa, Andrés Vilares Sánchez, Pedro Benito Chico, Juan Trillo Durano, Germán Trillo Ruiz, José Rivera Arrillaga, José Lemus Calderón de la Barca, Ramiro Maeztu Whitney, Alfonso Borbón de León (marqués de Esquilache), Enrique Borbón de León (marqués de Balboa), Joaquín Trillo Ruiz, Ramiro Ledesma Ramos, José Romero Moreno, Francisco Gallego Díaz de Burgos, Carlos Roa Miranda, Dionisio Martínez Moro, Domingo Miranda Abad, Matías Luengo Castejón, José Jiménez Navarro, Antonio López de Ceballos, Telesforo Mondéjar Montero, Doroteo Igueda González, Juan Toribio Domínguez, Luis Arjona Sacedón, Antonio Sánchez Zamora, Ramón de Diego Hidalgo, Francisco Montero Rodríguez San Pedro, Tomás Lázaro Aquiles, José Díez Sánchez y Enrique Chaves Rodríguez. Uno de ellos -se dijo que fue Ramiro Ledesma, pero información posterior acreditó que no lo era, parece que lo fue un linotipista de ABC se resistió a salir de la cárcel y le dispararon un tiro de pistola al vientre, rematándolo allí mismo. Los demás, conducidos en un camión al Cementerio de Aravaca en la misma madrugada, fueron también muertos a tiros de pistola, luego de despojados enteramente de sus ropas, como en el Calvario hicieron con la túnica de Cristo, y allí enterrados. De la prisión y muerte de Ramiro de Maeztu hay testimonios auténticos que nos permiten dedicarle unos breves párrafos. En la primera hora de la madrugada del 28 (no del 29 como erróneamente se dice a veces) un miliciano llamado «el Chato»>, linterna en mano, entra en el departamento en cuyo suelo descansaba el ilustre cautivo, gritando: -¡Ramiro Maeztu!: el llamado reacciona con aire de defensa: ¿A mí a estas horas? Pronto cambia de actitud, se viste, pide discretamente la absolución al párroco de Getafe, D. José Ma Fernández, próximo a su petate, recoge sus pobres cosas y abraza a los compañeros: Hasta la Eternidad, y sale erguido, a grandes zancadas, llevando en el bolsillo las cuartillas del libro que estaba escribiendo, «Defensa del espíritu», de las que nunca más se supo. Indalecio Prieto escribió más tarde: El fusilamiento de Ramiro de Maeztu fue uno de tantos crímenes injustificables y estúpidos. (Lo que hace suponer, que para el dirigente socialista había otros crímenes justificados y razonables.) En el día precedente -el de la entrada de nuevos milicianos y la amenaza a los militares- D. Ramiro paseó impaciente por el patio, hasta que ya anochecido y cansado, se sentó en el petate rodeado del Padre Romañá, del párroco y del coadjutor de Getafe, Huelin, el profesor Magariños y otros más. Alabó la actitud de los militares (Siempre son y serán caballeros los verdaderos militares españoles) y en tono bajo cantaron la salve y rezaron el rosario. Maeztu, filósofo, humanista, político, ex Embajador en la Argentina y a la sazón diputado por Guipúzcoa, había sido detenido el 28 de julio en el domicilio de su amigo Váquez Dodero. Entraron unos milicianos por denuncia de que en el piso había un oratorio, golpearon la puerta con los fusiles y registraron. Se les presentó espontáneamente: -Aquí me tenéis, soy Maeztu; los milicianos nada sabían de Maeztu, le creían el cura del oratorio, telefonearon a la Dirección General de Seguridad y le detuvieron. El Comisario de Buenavista lo puso en libertad, pero eran las 11 de la noche, a la puerta estaba el coche con los milicianos y don Ramiro optó por quedar detenido. Se le llevó a la cárcel de Ventas y al siguiente día en ABC rojo se leía: -el escritor Ramiro de Maeztu, detenido. ¿Escritor Ramirete? ¡A cualquier cosa llaman chocolate las patronas! En prisión ingresó como señor natural de aquellos caballeros encarcelados. Les hablada del «dominico inquisidor y banquero» que se precisaba en España, escribía las cuartillas de su nuevo libro, rezaban en comunidad. Alentaba a los detenidos, les contagiaba su esperanza en el resurgir de España. Ocupaba una celda del piso 3. izquierda, acompañado entre otros de Federico Santander, Santiago Magariños, Vázquez Dodero y el doctor Lemus. Su celda parecía una cátedra en la que se olvidaban de la condición carcelaria. A primeros de octubre le trasladan al departamento llamado de madres» con otros 40 presos, entre los cuales Bonifacio Sedeño de Oro, párroco de S. Ginés y cuñado del general Fanjul; Magariños, catedrático de Instituciones Americanas; el librero Alberto San Martín; el párroco de Getafe y su coadjutor; Vázquez Dodero y el padre Romañá. En un momento de humor carcelario (antes de comenzadas las «sacas>) parodiaron allí la ceremonia de apertura de curso universitario, envueltos solemnemente en lsa mantas a modo de túnicas. Magariños hacía de Rector Magnífico; don Ramiro, de Ministro de Instrucción Pública; el párroco de Getafe, de Cardenal-Arzobispo, y de Presidente un Teniente Coronel sevillano que se llamaba precisamente Francisco Franco. Maeztu fue el protagonista. Cantó la figura de Fernando VII, cuyo retrato debía presidir todas las Universidades por ser el creador de las Escuelas de Tauromaquia, en las que se enseñaba a vencer y a dominar a la fuerza bruta con la virtud de la gracia y el arte del requiebro. Dijo: -El saber, como la capa, con vueltas y revoleos viriles, logra llevar por donde a uno le plazca, a la fiera ignorante. Si necesita castigo más duro, prended a la ignorancia el rehilete certero de las banderillas, palos secos, punzantes… y usad la espada para el necesario final… Las mayores <<sacas» de Noviembre. Paracuellos del Jarama En el mismo día de la saca de Ventas acabada de referir, se llevaron de la cárcel Modelo otros 29 presos, igualmente fusilados e inhumados en Aravaca y al siguiente día, otros 50 de la checa de Fomento fueron ejecutados en el camino de Boadilla, cuyos restos, una vez acabada la contienda, fueron exhumados y traslados al Camposanto de Paracuellos. Quienes no lo vivieron no sabrán nunca la zozobra y angustia de la lectura de las trágicas listas para las sacas, ni de los sublimes ejemplos de entereza, de serenidad, de entrega a la voluntad de Dios. En altas horas de la noche o en la madrugada, la prisión en penumbra por temor a la aviación nacional, en el silencio de las galerías donde los presos procuraban descansar tumbados en el suelo, un miliciano acompañado de otros aparatosamente armados leía a gritos, linterna en mano, la larga lista que portaba. Entre los presos podía oírse hasta el latido de los corazones. Se manda a los llamados recoger sus cosas y formar en el rastrillo de salida. Se despiden aprisa de amigos y compañeros, les hacen algún encargo de última hora, se santiguan algunos y salen silenciosos, resignados, con el pobre hatillo. Ya en filas, se les ordena dejar en el suelo sus envoltorios, los cachean por si aún llevan algo consigo, los atan fuertemente las manos con bramante, o alambre o cable eléctrico, y amarrados de dos en dos por los codos los sacan al aire helado de la noche o del amanecer, los suben a camiones o autobuses y parten para su destino, siempre vigilados y amenazados hacia el último instante. El primer día de noviembre, con las tropas nacionales próximas a Madrid, el agente soviético Koltsov, “asesor” de las autoridades rojas y luego de la Junta de Defensa, presente en España desde agosto, se ocupa con los Comisarios políticos de la suerte de los presos. Ya tenían éstos suspendidas las comunicaciones con las familias, cuando por orden del Director General de Seguridad se sacan otros 79 presos de la cárcel de Ventas, para fusilar en Aravaca, en su mayoría estudiantes, obreros y labradores de los pueblos cercanos. Y el día 3, en Carabanchel Alto, se fusila a 56 presos allí detenidos. Pinchar para ampliar Un día después, en la cárcel Modelo, se llama a los militares con el consabido requerimiento de servir a la República y todos guardan silencio. La Dirección de Seguridad reitera la orden de sacar más presos, especialmente militares, y en la madrugada del 5 salen de la cárcel de S. Antón dos camiones cargados, y de la Modelo otra larga expedición en la que forman parte el gran periodista Manuel Delgado Barreto, Director de La Monchín Triana, y el Jefe Territorial Nación; el futbolista del Real Madrid de F. E. de Galicia, Juan Canalejo. Y de la de Porlier otro más en la que iban el Magistrado Pablo Callejo y un Auditor de Guerra. Mas para esta fecha -las tropas nacionales combatiendo en la Casa de Campo, la cárcel Modelo recibiendo proyectiles de artillería, y alojada en su 1ª galería la 1ª brigada Internacional-el emplazamiento de Aravaca resultaba peligroso para los rojos, por lo que sus responsables eligieron otro para las ejecuciones masivas, a semejante distancia de Madrid pero al otro lado de la capital, el cementerio de Ribas-Vaciamadrid, sobre la carretera de Valencia. Previamente el Gobernador Civil de Madrid, el socialista Rubiera, había urgido al Alcalde de Ribas la apertura en su cementerio de tres zanjas de 5 x 2 x 2 m. y cuando pocos días después preguntó si ya estaban abiertas, respondió sencillamente el Alcalde: -Hechas y ocupadas. Exhumados los restos después de la guerra fueron llevados en su mayor parte a Paracuellos del Jarama. El mismo día 6 toman los nacionales Campamento, Carabanchel, Cerro de los Ángeles y Villaverde. Huye a Valencia el Gobierno recién recompuesto por Largo Caballero. El Ministro de la Gobernación, Ángel Galarza, a su paso por Tarancón, ordena por teléfono activar la evacuación de los presos de Madrid y parece que añadió: «pero evacuaciones definitivas”, lo que no debe sorprendernos en Galarza, que el 5 de agosto, en un mitin en Mahón había dicho con toda su «responsabilidad» de Ministro: -Tengo un gran sentimiento por la muerte del Sr. Calvo Sotelo. El sentimiento de no haber participado en ella. La idea de Koltsov era sencillamente la de fusilar, y Castro Delgado, de cuya <<fórmula» hemos hablado anteriormente, dijo ahora que más valía fusilar de más que de menos. En Madrid se encarga de ello enteramente desde esta noche el nuevo Delegado de Orden Público y sus acólitos, dependiente de la Junta de Defensa, que por encargo del Gobierno asume el poder en Madrid. En la tarde de este mismo día 6 -poco antes o poco después de la toma de posesión del nuevo Delegado de Orden Público- hay nuevas y grandes sacas de las cárceles Modelo y de Porlier. Los organizadores ya habían abandonado también el campo de ejecuciones de Ribas-Vaciamadrid, sustituyéndolo por el de Paracuellos del Jarama, más adecuado para sus sangrientos propósitos, el cual acrecienta así, definitivamente, su ya por entonces trágico destino. Entre los sacados ahora de la Modelo se cuentan el General de Brigada Juan de Micheo y Asúa y el conocido Abogado Antonio Comyn. El lugar elegido era entonces un paraje solitario al pie del Cerro de San Miguel en cuya cima se asienta el pueblo de Paracuellos, cercano al río Jarama, cerrado en el horizonte por una seria de cerros pelados, a 16-18 Km. de distancia de Madrid, con caminos poco transitados y suelo arenoso y suelto, fácil de excavar. Existía allí el grupo de pinos que contemplamos dentro de su actual recinto, lugar sacratísimo, pues precisamente bajo esos pinos se detenían los camiones que transportaban a los presos, los hacían descender y allí aguardaban su turno, presenciando el fusilamiento de sus compañeros, rezando, llorando, confortándose recíprocamente, recibiendo bendiciones y absoluciones de los sacerdotes y religiosos que con ellos iban a morir. Atravesaban el lugar, entrecruzándose, la carretera local de Madrid a Belvis y Cobeña y el arroyo seco de San José, junto a cuyo cauce se sitúa la capilla que hoy ampara con sus cultos la paz de los mártires. Acabada la guerra se desviaron las carreteras a su trazado actual, y el cauce del arroyo, se trazaron caminos y se valló el recinto, aislando y dignificando el Camposanto. El 6 de noviembre se acercó a la cárcel Modelo el Fiscal del Tribunal Supremo Romualdo Montojo, hermano del Capitán de Fragata don Ubaldo, allí detenido, y la halló acordonada de milicianos y a filas de presos, embarcando en camiones para Levante según le dijeron. Al siguiente día consiguió llegar hasta la dirección de la cárcel, donde le informaron simplemente que los presos se sacaban para matarlos y le exhibieron un oficio de la Dirección General de Seguridad que decía: Sírvase V.S. entregar a las milicias… (ferroviarias o las que fueran) a los detenidos comprendidos en la adjunta relación para su traslado al Penal de San Miguel de los Reyes. Madrid, 6 de noviembre de 1936, el subdirector, Vicente Girauta Linares, pero al oficio no se acompañaba relación alguna, la estaban haciendo los milicianos, ficheros en mano, en el centro del abanico de la prisión. En la madrugada del 7 hallamos, por el enorme número de inmolados, las mayores sacas del tremendo genocidio. Los presos fueron alistados y amarrados durante la noche, y fueron tan graves los hechos que sus ecos alcanzaron al Cuerpo Diplomático de Madrid, que además de reclamar al Gobierno -que contestó con una nota negando todo- hicieron venir de Ginebra un representante del Comité Internacional de la Cruz Roja, el doctor Henny, quien logró obtener de la Junta de Defensa la lista de los 1.600 sacados en esta ocasión de la cárcel Modelo, de los que solamente unos 300 llegaron a la de Alcalá de Henares; los 1.300 restantes fueron sacrificados en masa en Paracuellos. ¿Podemos imaginar lo horrendo del espectáculo? El balance de este terrible episodio martirial, producido en breves horas de la mañana del día 7, referido exclusivamente a una «saca» de la cárcel Modelo, es el siguiente: España perdía de golpe mil trescientos hombres activos y útiles. Las Fuerzas Armadas de los tres Ejércitos, más Generales, Jefes y Oficiales que en ninguna de las sangrientas batallas de la guerra. La Iglesia, más de cuarenta religiosos y sacerdotes. Numerosas familias, a todos sus miembros varones. Quedaban viudas unas ochocientas mujeres, y huérfanos de padre, unos dos mil hijos de distintas edades. Entre los ahora sacados encontramos muchos casos de padres e hijos y de hermanos, sacrificados juntos. El farmacéutico Luis Madariaga Moras y sus hijos Angel y Luis Madariaga Cenedese, Abogados; los cuatro hermanos Antonio, Carlos, Emilio y José Ma Paramés de Casa Buylla, de ellos dos Abogados, un Arquitecto y un Ingeniero; Gregorio Sáenz de Heredia y sus hijos José y Joaquín, estudiantes, de 21 y 20 años; el militar Francisco Serrano Alguacil y sus hijos Manuel y Alfonso Serrano y García-Ibañez, también militares; el militar Enrique Sicluna Burgos y sus hijos Luis y Enrique, estudiantes de 23 y 16 años; el Abogado Mariano Soria Monje y sus tres hijos, Rufino, Mariano y Luis, de 24, 22 y 19 años; los hermanos Enrique e Ignacio Triana Arroyo, hermanos del antes nombrado Monchin, jugador del Real Madrid; y los hermanos Florencio y José Luis Vadillo Alcalde, estudiantes de 21 y 17 años. En la misma expedición salieron también los Abogados Jesús Cánovas del Castillo, Agustín Minguijón (hijo del Catedrático aragonés de Historia del Derecho), Manuel Sarrión (del bufete de José Antonio), el ex Ministro de Trabajo de la República Federico Salmón, el estudiante de 16 años Manuel Ruiz Gómez Ricardo de la Cierva Codorniú, padre del actual historiador. Y los Tenientes Generales, José Rodríguez Casademunt y Jorge Fernández-Heredia Adalid (éste al parecer amarrado al Coronel de E. M. Francisco Zamarra Agustina); el Almirante Juan Magaz Fernández de Henestrosa, el General de Marina Esteban Martínez Cabañas, el Intendente Pedro Pombo y Romero Robledo; los Coroneles, de Artillería, Alfonso Cano Orozco; de Caballería, Victoriano Moreno Pérez-Brito; de Infantería, José Salcedo Cárdenas, y de E. M. Nicolás Prat Court, e infinidad de Jefes, Oficiales, clases e individuos de los cuerpos armados, como el Capitán aviador Juan Ponde de León, más seis padres Dominicos, cinco Agustinos, tres Escolapios, tres sacerdotes seculares, dos franciscanos, dos Paúles, un Canónigo de Alcalá de Henares y un miembro por cada uno de las Ordenes de Redentoristas, Oblatos, Jerónimos, Pasionistas, Corazón de María y Hermanos Maristas. En el mismo día 7 salió de la cárcel de San Antón otra enorme expedición, en la que figuraban numerosos militares, marinos y estudiantes: el Capitán de Navío Gabriel Ferrer Otero; Coroneles de Infantería Sinforiano Gómez Hernández y de Caballería José Góngora Rodríguez, el Capellán castrense Rogelio López Arribas y los Capitanes aviadores José Lorente Cancio y Guillermo Romero Hume, y otro militar, Carlos Hernández Herrera, con dos hijos estudiantes. Inmarcesible gallardía militar en la prisión de Porlier Pareja En la galería 2. de Porlier entraron a las 6,30 de la tarde del 3 de noviembre 14 6 15 milicianos armados hasta con bombas de mano, con el jefe de la checa de Bellas Artes (ahora de Fomento). Formaron en filas a los militares -así lo declara el también militar Jesús Sánchez Posada acabada la guerra- que tenía a su derecha al Coronel Pareja y a su izquierda al Coronel Valcázar. En medio de profundo silencio, firmes los detenidos, les pasan revista sus carceleros tomando nombres y graduación. Los recuentan: eran 162. Les arenga el jefe chequista: la Patria invadida por el fascismo está en peligro, todos deben defenderla y pide un paso al frente a los que quieran hacerlo. Sólo lo dan 4, un Coronel, un Capitán de la Guardia Civil, otro de Oficinas y un Cadete. Indignado el jefe grita: ¿No hay más? ¿Os negáis a luchar en defensa de la Patria? Interjecciones y blasfemias. -Por última vez lo digo… Nadie se mueve. Se dirige a cabos y soldados, algunos dan el paso. Al soldado Arsenio Yelves Muñoz, le dice: -Eh, tú, soldado!, ¡hijo del pueblo!, ¿por qué te quedas con esos canallas? ¿Te han coaccionado? El muchacho da un paso al frente, se cuadra y a su vez le pregunta: ¿en cuántos combates has participado tú, hijo del pueblo? ¿Por qué me mandas a luchar contra los míos? Ve tú, yo no voy. El mandamás queda desconcertado. Entonces el Capitán de la Guardia Civil y el Cadete que dieron el paso al frente, vuelven con sus compañeros. A ambos y al soldado los apalearon luego brutalmente. Y el día 5, a la una de la madrugada, despojados de todo y atadas las manos a la espalda, la mayor parte de ellos salieron en camiones para Chinchilla, es decir, para el fusilamiento, probablemente en Ribas. Los Coroneles Pareja y Valcázar levantaban la moral de los detenidos en forma sublime. Al primero le ofrecieron un mando el 21 de julio y se negó; a Pareja le había llamado en septiembre el Director de Seguridad, conocido suyo, le pidió que tomara un mando, ofreciéndole traer su familia de Águilas a Madrid, pero no aceptó; entonces le dijo: -Por dinero no lo dejes. Pareja dio un puñetazo sobre la mesa, se cuadró y repuso: -El honor militar no se compra con todo el oro del mundo. Ambos fueron sacados en la citada expedición y con ellos los Generales de Infantería, Francisco Zubillaga Reillo, y de E. M. Manuel Lon Luga; el Coronel de Intendencia, Francisco Monguió Vives; los Tenientes Coroneles de Intendencia, Jacinto Pérez Carrera; de Carabineros, Ángel Verde Rodríguez, y de Infantería, Adriano del Pino Sanz; los Comandantes de Infantería, Leandro Haro Ladrón de Guevara, Manuel Martín Díaz, Guillermo García Ruiz, Pablo Muñoz León y Eduardo Araújo; de Carabineros, Miguel García Jiménez, y de Artillería, Víctor Menéndez Cacho; los Capitanes, de Infantería, Gregorio Fernández Ruiz, de la Guardia Civil, Antonio Rodríguez, de Intendencia, Santiago Parra Mateo; de Aviación, Luis Angulo Jiménez, de Oficinas, Juan Pérez Camargo; de Inválidos, José Sevilla Burriel, Luis Fajardo y Julián y Pedro Mendoza, el Cadete Pedro del Real Arribas, más dos hijos del General Isidoro de la Torre, el soldado Arsenio Yelves Muñoz, el Prior de los Carmelitas de Ayala Padre Francisco Marco Alemán y los paisanos Ricardo Suárez, Luis Crespo y Víctor Moya. De esta misma cárcel de Porlier salió el día 7 otra expedición más reducida, con la variante de que sus víctimas se fusilaron en las tapias del Cementerio de la Almudena, entre ellas el Comandante de E.M. Emilio Pérez del Hierro. Exhumadas después de la guerra, sus restos se llevaron al Camposanto de Paracuellos. Parte 1

28 de octubre, comienzan las “sacas” masivas: Maeztu y Ramiro Ledesma

Maeztu
Ledesma

De estas prisiones y en el ambiente expresado, comenzaron a producirse las «sacas» masivas, bajo pretexto de traslados o de libertad. En la cárcel de Ventas el 27 de octubre, se mandó formar a los militares pidiéndoles un paso al frente a los que estuvieran dispuestos a servir a la República, bajo terribles amenazas, y nadie lo dio. Su gallardía fue comentada con entusiasmo por los compañeros de cautiverio, todos se dieron a la oración y a renovar absoluciones. Y en efecto a la noche, por orden de la Dirección General de Seguridad, 32 presos de esta cárcel fueron llamados para salir, entre ellos Ramiro de Maeztu y Ramiro Ledesma Ramos.

La orden estaba firmada por el Director General, Manuel Muñoz: Siendo necesario el traslado al penal de Chinchilla de los presos que al dorso se relacionan… sírvase entregarlos a los portadores del presente oficio, miembros del Comité de Investigación, encargados de cumplimentar la expresada resolución, y estaba fechada a 31 de octubre, es decir, tres días después de su ejecución y comprendía los siguientes nombres:

Indalecio Gutiérrez Díaz, Albino Hernández Lázaro, José L. Gómez Bengoa, Andrés Vilares Sánchez, Pedro Benito Chico, Juan Trillo Durano, Germán Trillo Ruiz, José Rivera Arrillaga, José Lemus Calderón de la Barca, Ramiro Maeztu Whitney, Alfonso Borbón de León (marqués de Esquilache), Enrique Borbón de León (marqués de Balboa), Joaquín Trillo Ruiz, Ramiro Ledesma Ramos, José Romero Moreno, Francisco Gallego Díaz de Burgos, Carlos Roa Miranda, Dionisio Martínez Moro, Domingo Miranda Abad, Matías Luengo Castejón, José Jiménez Navarro, Antonio López de Ceballos, Telesforo Mondéjar Montero, Doroteo Igueda González, Juan Toribio Domínguez, Luis Arjona Sacedón, Antonio Sánchez Zamora, Ramón de Diego Hidalgo, Francisco Montero Rodríguez San Pedro, Tomás Lázaro Aquiles, José Díez Sánchez y Enrique Chaves Rodríguez.

Uno de ellos -se dijo que fue Ramiro Ledesma, pero información posterior acreditó que no lo era, parece que lo fue un linotipista de ABC se resistió a salir de la cárcel y le dispararon un tiro de pistola al vientre, rematándolo allí mismo. Los demás, conducidos en un camión al Cementerio de Aravaca en la misma madrugada, fueron también muertos a tiros de pistola, luego de despojados enteramente de sus ropas, como en el Calvario hicieron con la túnica de Cristo, y allí enterrados.

De la prisión y muerte de Ramiro de Maeztu hay testimonios auténticos que nos permiten dedicarle unos breves párrafos. En la primera hora de la madrugada del 28 (no del 29 como erróneamente se dice a veces) un miliciano llamado «el Chato»>, linterna en mano, entra en el departamento en cuyo suelo descansaba el ilustre cautivo, gritando: -¡Ramiro Maeztu!: el llamado reacciona con aire de defensa: ¿A mí a estas horas? Pronto cambia de actitud, se viste, pide discretamente la absolución al párroco de Getafe, D. José Ma Fernández, próximo a su petate, recoge sus pobres cosas y abraza a los compañeros: Hasta la Eternidad, y sale erguido, a grandes zancadas, llevando en el bolsillo las cuartillas del libro que estaba escribiendo, «Defensa del espíritu», de las que nunca más se supo.

Indalecio Prieto escribió más tarde: El fusilamiento de Ramiro de Maeztu fue uno de tantos crímenes injustificables y estúpidos. (Lo que hace suponer, que para el dirigente socialista había otros crímenes justificados y razonables.)

En el día precedente -el de la entrada de nuevos milicianos y la amenaza a los militares- D. Ramiro paseó impaciente por el patio, hasta que ya anochecido y cansado, se sentó en el petate rodeado del Padre Romañá, del párroco y del coadjutor de Getafe, Huelin, el profesor Magariños y otros más. Alabó la actitud de los militares (Siempre son y serán caballeros los verdaderos militares españoles) y en tono bajo cantaron la salve y rezaron el rosario.

Maeztu, filósofo, humanista, político, ex Embajador en la Argentina y a la sazón diputado por Guipúzcoa, había sido detenido el 28 de julio en el domicilio de su amigo Váquez Dodero. Entraron unos milicianos por denuncia de que en el piso había un oratorio, golpearon la puerta con los fusiles y registraron. Se les presentó espontáneamente: -Aquí me tenéis, soy Maeztu; los milicianos nada sabían de Maeztu, le creían el cura del oratorio, telefonearon a la Dirección General de Seguridad y le detuvieron. El Comisario de Buenavista lo puso en libertad, pero eran las 11 de la noche, a la puerta estaba el coche con los milicianos y don Ramiro optó por quedar detenido. Se le llevó a la cárcel de Ventas y al siguiente día en ABC rojo se leía: -el escritor Ramiro de Maeztu, detenido. ¿Escritor Ramirete? ¡A cualquier cosa llaman chocolate las patronas!

En prisión ingresó como señor natural de aquellos caballeros encarcelados. Les hablada del «dominico inquisidor y banquero» que se precisaba en España, escribía las cuartillas de su nuevo libro, rezaban en comunidad. Alentaba a los detenidos, les contagiaba su esperanza en el resurgir de España. Ocupaba una celda del piso 3. izquierda, acompañado entre otros de Federico Santander, Santiago Magariños, Vázquez Dodero y el doctor Lemus. Su celda parecía una cátedra en la que se olvidaban de la condición carcelaria.

A primeros de octubre le trasladan al departamento llamado de madres» con otros 40 presos, entre los cuales Bonifacio Sedeño de Oro, párroco de S. Ginés y cuñado del general Fanjul; Magariños, catedrático de Instituciones Americanas; el librero Alberto San Martín; el párroco de Getafe y su coadjutor; Vázquez Dodero y el padre Romañá.

En un momento de humor carcelario (antes de comenzadas las «sacas>) parodiaron allí la ceremonia de apertura de curso universitario, envueltos solemnemente en lsa mantas a modo de túnicas. Magariños hacía de Rector Magnífico; don Ramiro, de Ministro de Instrucción Pública; el párroco de Getafe, de Cardenal-Arzobispo, y de Presidente un Teniente Coronel sevillano que se llamaba precisamente Francisco Franco. Maeztu fue el protagonista. Cantó la figura de Fernando VII, cuyo retrato debía presidir todas las Universidades por ser el creador de las Escuelas de Tauromaquia, en las que se enseñaba a vencer y a dominar a la fuerza bruta con la virtud de la gracia y el arte del requiebro. Dijo: -El saber, como la capa, con vueltas y revoleos viriles, logra llevar por donde a uno le plazca, a la fiera ignorante. Si necesita castigo más duro, prended a la ignorancia el rehilete certero de las banderillas, palos secos, punzantes… y usad la espada para el necesario final…

Las mayores <<sacas» de Noviembre. Paracuellos del Jarama

En el mismo día de la saca de Ventas acabada de referir, se llevaron de la cárcel Modelo otros 29 presos, igualmente fusilados e inhumados en Aravaca y al siguiente día, otros 50 de la checa de Fomento fueron ejecutados en el camino de Boadilla, cuyos restos, una vez acabada la contienda, fueron exhumados y traslados al Camposanto de Paracuellos.

Quienes no lo vivieron no sabrán nunca la zozobra y angustia de la lectura de las trágicas listas para las sacas, ni de los sublimes ejemplos de entereza, de serenidad, de entrega a la voluntad de Dios. En altas horas de la noche o en la madrugada, la prisión en penumbra por temor a la aviación nacional, en el silencio de las galerías donde los presos procuraban descansar tumbados en el suelo, un miliciano acompañado de otros aparatosamente armados leía a gritos, linterna en mano, la larga lista que portaba. Entre los presos podía oírse hasta el latido de los corazones. Se manda a los llamados recoger sus cosas y formar en el rastrillo de salida. Se despiden aprisa de amigos y compañeros, les hacen algún encargo de última hora, se santiguan algunos y salen silenciosos, resignados, con el pobre hatillo. Ya en filas, se les ordena dejar en el suelo sus envoltorios, los cachean por si aún llevan algo consigo, los atan fuertemente las manos con bramante, o alambre o cable eléctrico, y amarrados de dos en dos por los codos los sacan al aire helado de la noche o del amanecer, los suben a camiones o autobuses y parten para su destino, siempre vigilados y amenazados hacia el último instante.

El primer día de noviembre, con las tropas nacionales próximas a Madrid, el agente soviético Koltsov, “asesor” de las autoridades rojas y luego de la Junta de Defensa, presente en España desde agosto, se ocupa con los Comisarios políticos de la suerte de los presos. Ya tenían éstos suspendidas las comunicaciones con las familias, cuando por orden del Director General de Seguridad se sacan otros 79 presos de la cárcel de Ventas, para fusilar en Aravaca, en su mayoría estudiantes, obreros y labradores de los pueblos cercanos. Y el día 3, en Carabanchel Alto, se fusila a 56 presos allí detenidos.

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Un día después, en la cárcel Modelo, se llama a los militares con el consabido requerimiento de servir a la República y todos guardan silencio. La Dirección de Seguridad reitera la orden de sacar más presos, especialmente militares, y en la madrugada del 5 salen de la cárcel de S. Antón dos camiones cargados, y de la Modelo otra larga expedición en la que forman parte el gran periodista Manuel Delgado Barreto, Director de La Monchín Triana, y el Jefe Territorial Nación; el futbolista del Real Madrid de F. E. de Galicia, Juan Canalejo. Y de la de Porlier otro más en la que iban el Magistrado Pablo Callejo y un Auditor de Guerra.

Mas para esta fecha -las tropas nacionales combatiendo en la Casa de Campo, la cárcel Modelo recibiendo proyectiles de artillería, y alojada en su 1ª galería la 1ª brigada Internacional-el emplazamiento de Aravaca resultaba peligroso para los rojos, por lo que sus responsables eligieron otro para las ejecuciones masivas, a semejante distancia de Madrid pero al otro lado de la capital, el cementerio de Ribas-Vaciamadrid, sobre la carretera de Valencia. Previamente el Gobernador Civil de Madrid, el socialista Rubiera, había urgido al Alcalde de Ribas la apertura en su cementerio de tres zanjas de 5 x 2 x 2 m. y cuando pocos días después preguntó si ya estaban abiertas, respondió sencillamente el Alcalde: -Hechas y ocupadas. Exhumados los restos después de la guerra fueron llevados en su mayor parte a Paracuellos del Jarama.

El mismo día 6 toman los nacionales Campamento, Carabanchel, Cerro de los Ángeles y Villaverde. Huye a Valencia el Gobierno recién recompuesto por Largo Caballero. El Ministro de la Gobernación, Ángel Galarza, a su paso por Tarancón, ordena por teléfono activar la evacuación de los presos de Madrid y parece que añadió: «pero evacuaciones definitivas”, lo que no debe sorprendernos en Galarza, que el 5 de agosto, en un mitin en Mahón había dicho con toda su «responsabilidad» de Ministro: -Tengo un gran sentimiento por la muerte del Sr. Calvo Sotelo. El sentimiento de no haber participado en ella.
La idea de Koltsov era sencillamente la de fusilar, y Castro Delgado, de cuya <<fórmula» hemos hablado anteriormente, dijo ahora que más valía fusilar de más que de menos. En Madrid se encarga de ello enteramente desde esta noche el nuevo Delegado de Orden Público y sus acólitos, dependiente de la Junta de Defensa, que por encargo del Gobierno asume el poder en Madrid.

En la tarde de este mismo día 6 -poco antes o poco después de la toma de posesión del nuevo Delegado de Orden Público- hay nuevas y grandes sacas de las cárceles Modelo y de Porlier. Los organizadores ya habían abandonado también el campo de ejecuciones de Ribas-Vaciamadrid, sustituyéndolo por el de Paracuellos del Jarama, más adecuado para sus sangrientos propósitos, el cual acrecienta así, definitivamente, su ya por entonces trágico destino. Entre los sacados ahora de la Modelo se cuentan el General de Brigada Juan de Micheo y Asúa y el conocido Abogado Antonio Comyn.

El lugar elegido era entonces un paraje solitario al pie del Cerro de San Miguel en cuya cima se asienta el pueblo de Paracuellos, cercano al río Jarama, cerrado en el horizonte por una seria de cerros pelados, a 16-18 Km. de distancia de Madrid, con caminos poco transitados y suelo arenoso y suelto, fácil de excavar. Existía allí el grupo de pinos que contemplamos dentro de su actual recinto, lugar sacratísimo, pues precisamente bajo esos pinos se detenían los camiones que transportaban a los presos, los hacían descender y allí aguardaban su turno, presenciando el fusilamiento de sus compañeros, rezando, llorando, confortándose recíprocamente, recibiendo bendiciones y absoluciones de los sacerdotes y religiosos que con ellos iban a morir.

Atravesaban el lugar, entrecruzándose, la carretera local de Madrid a Belvis y Cobeña y el arroyo seco de San José, junto a cuyo cauce se sitúa la capilla que hoy ampara con sus cultos la paz de los mártires. Acabada la guerra se desviaron las carreteras a su trazado actual, y el cauce del arroyo, se trazaron caminos y se valló el recinto, aislando y dignificando el Camposanto.

El 6 de noviembre se acercó a la cárcel Modelo el Fiscal del Tribunal Supremo Romualdo Montojo, hermano del Capitán de Fragata don Ubaldo, allí detenido, y la halló acordonada de milicianos y a filas de presos, embarcando en camiones para Levante según le dijeron. Al siguiente día consiguió llegar hasta la dirección de la cárcel, donde le informaron simplemente que los presos se sacaban para matarlos y le exhibieron un oficio de la Dirección General de Seguridad que decía: Sírvase V.S. entregar a las milicias… (ferroviarias o las que fueran) a los detenidos comprendidos en la adjunta relación para su traslado al Penal de San Miguel de los Reyes. Madrid, 6 de noviembre de 1936, el subdirector, Vicente Girauta Linares, pero al oficio no se acompañaba relación alguna, la estaban haciendo los milicianos, ficheros en mano, en el centro del abanico de la prisión.

En la madrugada del 7 hallamos, por el enorme número de inmolados, las mayores sacas del tremendo genocidio. Los presos fueron alistados y amarrados durante la noche, y fueron tan graves los hechos que sus ecos alcanzaron al Cuerpo Diplomático de Madrid, que además de reclamar al Gobierno -que contestó con una nota negando todo- hicieron venir de Ginebra un representante del Comité Internacional de la Cruz Roja, el doctor Henny, quien logró obtener de la Junta de Defensa la lista de los 1.600 sacados en esta ocasión de la cárcel Modelo, de los que solamente unos 300 llegaron a la de Alcalá de Henares; los 1.300 restantes fueron sacrificados en masa en Paracuellos. ¿Podemos imaginar lo horrendo del espectáculo?

El balance de este terrible episodio martirial, producido en breves horas de la mañana del día 7, referido exclusivamente a una «saca» de la cárcel Modelo, es el siguiente: España perdía de golpe mil trescientos hombres activos y útiles. Las Fuerzas Armadas de los tres Ejércitos, más Generales, Jefes y Oficiales que en ninguna de las sangrientas batallas de la guerra. La Iglesia, más de cuarenta religiosos y sacerdotes. Numerosas familias, a todos sus miembros varones. Quedaban viudas unas ochocientas mujeres, y huérfanos de padre, unos dos mil hijos de distintas edades.

Entre los ahora sacados encontramos muchos casos de padres e hijos y de hermanos, sacrificados juntos. El farmacéutico Luis Madariaga Moras y sus hijos Angel y Luis Madariaga Cenedese, Abogados; los cuatro hermanos Antonio, Carlos, Emilio y José Ma Paramés de Casa Buylla, de ellos dos Abogados, un Arquitecto y un Ingeniero; Gregorio Sáenz de Heredia y sus hijos José y Joaquín, estudiantes, de 21 y 20 años; el militar Francisco Serrano Alguacil y sus hijos Manuel y Alfonso Serrano y García-Ibañez, también militares; el militar Enrique Sicluna Burgos y sus hijos Luis y Enrique, estudiantes de 23 y 16 años; el Abogado Mariano Soria Monje y sus tres hijos, Rufino, Mariano y Luis, de 24, 22 y 19 años; los hermanos Enrique e Ignacio Triana Arroyo, hermanos del antes nombrado Monchin, jugador del Real Madrid; y los hermanos Florencio y José Luis Vadillo Alcalde, estudiantes de 21 y 17 años.

En la misma expedición salieron también los Abogados Jesús Cánovas del Castillo, Agustín Minguijón (hijo del Catedrático aragonés de Historia del Derecho), Manuel Sarrión (del bufete de José Antonio), el ex Ministro de Trabajo de la República Federico Salmón, el estudiante de 16 años Manuel Ruiz Gómez Ricardo de la Cierva Codorniú, padre del actual historiador.

Y los Tenientes Generales, José Rodríguez Casademunt y Jorge Fernández-Heredia Adalid (éste al parecer amarrado al Coronel de E. M. Francisco Zamarra Agustina); el Almirante Juan Magaz Fernández de Henestrosa, el General de Marina Esteban Martínez Cabañas, el Intendente Pedro Pombo y Romero Robledo; los Coroneles, de Artillería, Alfonso Cano Orozco; de Caballería, Victoriano Moreno Pérez-Brito; de Infantería, José Salcedo Cárdenas, y de E. M. Nicolás Prat Court, e infinidad de Jefes, Oficiales, clases e individuos de los cuerpos armados, como el Capitán aviador Juan Ponde de León, más seis padres Dominicos, cinco Agustinos, tres Escolapios, tres sacerdotes seculares, dos franciscanos, dos Paúles, un Canónigo de Alcalá de Henares y un miembro por cada uno de las Ordenes de Redentoristas, Oblatos, Jerónimos, Pasionistas, Corazón de María y Hermanos Maristas.

En el mismo día 7 salió de la cárcel de San Antón otra enorme expedición, en la que figuraban numerosos militares, marinos y estudiantes: el Capitán de Navío Gabriel Ferrer Otero; Coroneles de Infantería Sinforiano Gómez Hernández y de Caballería José Góngora Rodríguez, el Capellán castrense Rogelio López Arribas y los Capitanes aviadores José Lorente Cancio y Guillermo Romero Hume, y otro militar, Carlos Hernández Herrera, con dos hijos estudiantes.

Inmarcesible gallardía militar en la prisión de Porlier

Pareja

En la galería 2. de Porlier entraron a las 6,30 de la tarde del 3 de noviembre 14 6 15 milicianos armados hasta con bombas de mano, con el jefe de la checa de Bellas Artes (ahora de Fomento). Formaron en filas a los militares -así lo declara el también militar Jesús Sánchez Posada acabada la guerra- que tenía a su derecha al Coronel Pareja y a su izquierda al Coronel Valcázar. En medio de profundo silencio, firmes los detenidos, les pasan revista sus carceleros tomando nombres y graduación. Los recuentan: eran 162. Les arenga el jefe chequista: la Patria invadida por el fascismo está en peligro, todos deben defenderla y pide un paso al frente a los que quieran hacerlo. Sólo lo dan 4, un Coronel, un Capitán de la Guardia Civil, otro de Oficinas y un Cadete. Indignado el jefe grita: ¿No hay más? ¿Os negáis a luchar en defensa de la Patria? Interjecciones y blasfemias. -Por última vez lo digo… Nadie se mueve.

Se dirige a cabos y soldados, algunos dan el paso. Al soldado Arsenio Yelves Muñoz, le dice: -Eh, tú, soldado!, ¡hijo del pueblo!, ¿por qué te quedas con esos canallas? ¿Te han coaccionado? El muchacho da un paso al frente, se cuadra y a su vez le pregunta: ¿en cuántos combates has participado tú, hijo del pueblo? ¿Por qué me mandas a luchar contra los míos? Ve tú, yo no voy. El mandamás queda desconcertado. Entonces el Capitán de la Guardia Civil y el Cadete que dieron el paso al frente, vuelven con sus compañeros. A ambos y al soldado los apalearon luego brutalmente.

Y el día 5, a la una de la madrugada, despojados de todo y atadas las manos a la espalda, la mayor parte de ellos salieron en camiones para Chinchilla, es decir, para el fusilamiento, probablemente en Ribas.

Los Coroneles Pareja y Valcázar levantaban la moral de los detenidos en forma sublime. Al primero le ofrecieron un mando el 21 de julio y se negó; a Pareja le había llamado en septiembre el Director de Seguridad, conocido suyo, le pidió que tomara un mando, ofreciéndole traer su familia de Águilas a Madrid, pero no aceptó; entonces le dijo: -Por dinero no lo dejes. Pareja dio un puñetazo sobre la mesa, se cuadró y repuso: -El honor militar no se compra con todo el oro del mundo. Ambos fueron sacados en la citada expedición y con ellos los Generales de Infantería, Francisco Zubillaga Reillo, y de E. M. Manuel Lon Luga; el Coronel de Intendencia, Francisco Monguió Vives; los Tenientes Coroneles de Intendencia, Jacinto Pérez Carrera; de Carabineros, Ángel Verde Rodríguez, y de Infantería, Adriano del Pino Sanz; los Comandantes de Infantería, Leandro Haro Ladrón de Guevara, Manuel Martín Díaz, Guillermo García Ruiz, Pablo Muñoz León y Eduardo Araújo; de Carabineros, Miguel García Jiménez, y de Artillería, Víctor Menéndez Cacho; los Capitanes, de Infantería, Gregorio Fernández Ruiz, de la Guardia Civil, Antonio Rodríguez, de Intendencia, Santiago Parra Mateo; de Aviación, Luis Angulo Jiménez, de Oficinas, Juan Pérez Camargo; de Inválidos, José Sevilla Burriel, Luis Fajardo y Julián y Pedro Mendoza, el Cadete Pedro del Real Arribas, más dos hijos del General Isidoro de la Torre, el soldado Arsenio Yelves Muñoz, el Prior de los Carmelitas de Ayala Padre Francisco Marco Alemán y los paisanos Ricardo Suárez, Luis Crespo y Víctor Moya.

De esta misma cárcel de Porlier salió el día 7 otra expedición más reducida, con la variante de que sus víctimas se fusilaron en las tapias del Cementerio de la Almudena, entre ellas el Comandante de E.M. Emilio Pérez del Hierro. Exhumadas después de la guerra, sus restos se llevaron al Camposanto de Paracuellos.

Parte 1


2 respuestas a «El gran Holocausto de Paracuellos del Jarama (2/3)»

  1. Los politicos socialistas y de todo el arco del Frente Popular vieron como avanzaba el Alzamiento y que las fuerzas nacionales se dirigían a Madrid, en consecuencia actuaron como ya lo habian hecho en Toledo y en otras ciudades españolas, se dedicaron a asesinar a cuanto detenido tenian ilegalmente en las cárceles y chekas. Fue la respuesta sangrienta a su ineptitud.
    Miles de asesinatos salvajes jalonaron los pueblos de España, robándole la sociedad eminentes juristas, militares y personas decentes.
    Una perdida de la que la sociedad tardo tiempo en recuperarse.
    Y encima el nuevo régimen no fue todo lo duro que debió ser con aquella morralla sanguinaria, a la que, de nuevo, tenemos en España y que la está destrozando a conciencia.
    La España nacional fue relativamente blanda con esa caterva de asesinos y mas de la mitad se libro de la pena de muerte

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