El gran Holocausto de Paracuellos del Jarama (3/3)

ESCUCHAR NOTICIA: Paracuellos del Jarama y Torrejón de Ardoz En el campo de Paracuellos, llegados los camiones de presos al cruce de la carretera con la vereda de ganados paralela al arroyo de San José, bajaban a los detenidos en grupos de se detenían junto al grupo de pinos, 10 a 25 y siempre atados se les conducía a pie a unos 200 m. en dirección al cerro, junto al borde de las fosas, fusilándolos por piquetes de 30 ó 40 milicianos; luego se los arrojaba a ellas, algunos con vida, y los enterradores reclutados forzosos en el pueblo, los cubrían de tierra. En la tarde del día 7 se prepararon nuevas listas para la muerte en las cárceles Modelo y de Porlier, sacando a los presos en la noche y en la madrugada del día 8. Almirante Salas González De la Modelo, como siempre, mayoría de militares y de estudiantes, amén de otros de distintas profesiones y oficios. El Almirante Francisco Javier Salas González, el Contralmirante Joaquín Cervera Valderrama y el Vicealmirante Francisco Javier Enrile García; el Capitán de Fragata Ubaldo Montojo; el General de Brigada José Alvárez de Sotomayor; Ildefonso Alvárez de Toledo, marqués de Valdueza, militar, y su hijo Mariano, Vizconde de la Armería, Abogado; el Coronel del 2º Regimiento de FF.CC. Manuel Azpiazu Paúl, el Coronel de Ingenieros Navales Nicolás de Ochoa Lorenzo y el Coronel Médico de la Armada Joaquín Sánchez Gómez; el Capitán aviador Federico Bellod, el Capellán castrense Francisco Borrego Esteban, los hermanos Mariano y Rafael Arrizabalaga Español y los hermanos Fernando, Jesús y Luis Sánchez-Arjona, estudiantes de Fregenal de la Sierra. Y de la de Porlier otros muchos, entre los cuales José de las Bárcenas, marqués de Villarrubia, y los hermanos estudiantes Gonzalo y Luis Levenfeld. Las expediciones de la noche del 7 al 8 de noviembre iban también destinadas a Paracuellos, más la magnitud de las precedentes había desbordado las previsiones de los responsables, hasta el punto de no tener fosas bastantes dispuestas en Paracuellos, donde permanecían sangrantes e insepultos los fusilados del día 7, hasta que en días sucesivos fueron obligados los vecinos del pueblo de Paracuellos, pistola en mano, a cavar nuevas y grandes zanjas, a las que arrastraron los cuerpos de los mártires mediante garfios y cuerdas, tirados por caballerías. En consecuencia, los dirigentes encaminaron las expresadas expediciones a otro lugar próximo, el del castillo o soto de Aldovea, término de Torrejón de Ardoz, donde una antigua y grande acequia en desuso, con más de 150 m. de longitud, les sirvió para sepultar a estas víctimas, fusiladas al borde de la acequia. Acabada la guerra se construyó un monumento en el lugar, se exhumaron con toda formalidad los 414 cadáveres, de los que sólo algunos pudieron ser identificados, y se trasladaron en féretros individuales al Camposanto de Paracuellos. Protesta diplomática. Breve interrupción de las «sacas>> Núñez Morgado La extrema gravedad del crimen continuado en los días 6 a 8 de noviembre tampoco pasó desapercibida para los diplomáticos extranjeros en Madrid, que puestos en movimiento, investigaron los hechos y protestaron con energía ante la Junta de Defensa. Entre los diplomáticos, siempre respaldados por su Decano el Embajador de Chile, Aurelio Núñez Morgado, hemos de destacar por su eficacia, tenacidad y energía al Encargado de Negocios de Noruega, Félix Schlayer, alemán de nacionalidad; además de obtener la presencia de la Cruz Roja Internacional de que antes hablamos, Schlayer con el Doctor Henny se trasladaron a los campos de muerte, excavaron, obtuvieron fotografías y testimonios, visitaron las prisiones y a la Junta de Defensa. A causa de la intervención diplomática, temiendo un escándalo mundial, se interrumpieron por entonces las sacas y matanzas y los presos que quedaban en la Modelo, unos 5.000, fueron evacuados entre los días 14 a 16 de noviembre a las prisiones de Porlier, San Antón y Ventas, hacinándolos en ellas. Breve paréntesis, porque con redoblada osadía reanudaron la sangrienta tarea en Porlier el día 17 y allí no la interrumpieron hasta el 4 de diciembre, en el que el nuevo Delegado de Prisiones de Madrid, el sevillano Melchor Rodríguez, anarquista, hombre de energía, gran corazón y sentimientos humanitarios -si bien desgraciadamente no exento de antecedentes criminales como jefe del grupo «Los Libertos»- cortó radicalmente las sacas. Mas no pudo evitarse que el avión francés en el que el representante de la Cruz Roja regresaba a Ginebra vía Toulouse, con informe, documentos y fotografías, fuera interceptado en vuelo por un caza rojo pudiento tomar tierra cerca de Pastrana con tripulantes y pasajeros heridos, entre ellos el Doctor Henny. Se reanuda el genocidio. Checas carcelarias. D. Pedro Muñoz Seca Fue la cárcel de Porlier la escogida para entregar nuevos presos maniatados a las fosas de Paracuellos desde el día 17 y sucesivos, con sus noches, hasta el día 22 en que las otras prisiones vuelven a su negra actividad. De Porlier salieron ahora muy diversas personas: El Coronel del 4.0 Tercio de la Guardia Civil, Mario Juanes Clemente; el aviador, Luis de Aranguema y Ascao; el Archivero-Bibliotecario, Modesto Blasco Millor; el sacristán, Luis Martínez Docampo; los sacerdotes, Timoteo Rojo Orcajo, Vicente Rodríguez López y Julián Santiago Alba, de 50, 31 y 25 años, respectivamente; el Coronel de Artillería Atilano Varona, etc. Por estos días aparece un nuevo centro carcelario, enviando en masa a sus detenidos a la muerte, el llamado cuartel o checa «Spartacus»>, establecido por el Comité rojo de la Guardia Civil en un convento de la calle de Santa Engracia. Servía de prisión a los miembros de aquel Instituto que consideraban desafectos, y en la tarde del 19 de noviembre “sacaron” dos centenares de Jefes, Oficiales, clases y números, con pretexto de traslado a Guadalajara, pero realmente para fusilarlos en las tapias de los cementerios de la Almudena y de Vicálvaro. En San Antón hay otra nueva saca el día 22, más reducida y aparecen en las prisiones diversas checas dispuestas a interrogar y decidir sobre la vida de los detenidos, con procedimiento elemental para el que disponían a veces de informaciones de la Dirección General de Seguridad: el preso comparecía en pie ante la mesa en la que tomaban asiento dos o tres o cuatro milicianos de Vigilancia de Retaguardia, jóvenes que no iban al frente, pistolas abundantes, cazadoras de cuero, correajes y cinturones repletos de balas al estilo mejicano. De entrada ponían el cañón de la pistola en la nuca o la sien del interrogado: «Si no lo confiesas todo ya sabes lo que te espera!», amenazan, insultan, blasfeman, preguntan o afirman cosas absurdas; para ellos, católico equivalía a fascista, ir a misa, a enemigo del pueblo, creer en Dios, un fanatismo del clero, etc., en pocos minutos terminaba el <<juicio» en el que casi exclusivamente hablaban ellos. De este modo el día 24 en la cárcel de Porlier quedaba preparada otra grandísima lista para Paracuellos, centenares de presos de todas edades, profesiones y oficios -ya estaban más que diezmados los militares y estudiantes-. He aquí diez de estas víctimas, tomadas al azar: Ramón Aguilar Alvárez, de 25 años, odontólogo; Julián Alcántara Aldunate, de 48, Agente de Vigilancia; Miguel Alonso Morales, de 30 años, empleado de parques y jardines; Miguel Ayala Fernández, de 30, Ingeniero de la Telefónica; Miguel Ángel Ballester Gálvez, de 42, militar; Román Cabezas Vallina, dependiente de comercio; Antonio Camón Alcover, de 50, Ayudante de O. P.; Ángel Cogolludo Álvarez, de 23, empleado de imprenta; Ángel Dilla Carpintero, de 34, veterinario, y Matías Escribano Peña, de 27, representante de comercio. En los siguientes días, 25, 26, 28 y 29 hay nuevas sacas masivas de Porlier, en las que se incluye, casi al completo a una conocida familia madrileña, la del Notario, Alejandro Arizcun Moreno, 56 años, con sus cuatro hijos: Ramón, 28 años, Ingeniero; Francisco, 26, Abogado; Luis, 24, Médico, y Carlos, 17, estudiante. En San Antón una gran saca el día 27, en la que fue el fotógrafo de prensa José Calvache, y otra mayor el día 28, la más conocida de esta prisión, por su número y por comprenderse en ella a D. Pedro Muñoz Seca, amarrado al P. Guillermo Llop, Prior de los Hermanos de San Juan de Dios de Ciempozuelos, quien se despidió de sus religiosos con un simple: -Hasta el Cielo. La orden que autorizaba esta saca decía: D.G. de S.-Sírvase poner en libertad a los presos que se mencionan en la hoja adjunta y hoja 2.a. Madrid, 27 de noviembre de 1936. El Delegado de O. P., firmado Serrano Poncela, y comprendía un total de 110 nombres, entre ellos, además de Muñoz Seca y el Padre Llop, al Provincial de los Agustinos de Castilla, Avelino Rodríguez, con doce religiosos de su Orden, de quien se sabe que ya al borde de las fosas de Paracuellos absolvió y abrazó a sus compañero de martirio. Y catorce Hermanos de San Juan de Dios: el Padre Juan Jesús Adrados, Maestro de No- vicios, y otro Padre más con cinco Hermanos de la Comunidad, entre ellos el Hermano Clemente Díaz, de 75 años, cuatro novicios, dos postulantes y un donado. Y el artista-pintor José Ma Angoloti, de 69 años, y los hermanos Diego y Manuel Mac-Crohon Jarava, de 23 y 24 años. En San Antón el día precedente a esta gran saca, se percibía ya la tragedia por la presencia de nuevos milicianos y la agitación en oficinas y portería. Muñoz Seca, que a veces lograba acceso a despachos oficiales, tuvo conocimiento de lo que se preparaba, incluso de las listas, en las que leyó su nombre. Su primera medida fue la de confesar con el Padre Tomás Ruiz del Rey, a quien dijo sencillamente: -Padre, mañana nos matan; arreglemos nuestra alma con Dios. Escribió a su mujer: -Queridísima Asun: Cuando recibas estos renglones estaré fuera de Madrid. Voy resignado y contento… Y al fin esta postdata: -Como comprenderás voy muy bien preparado y limpio de culpas. A Francisco Javier de Burgos, también preso, le dijo: -Se me acusa de monárquico, por haber llevado a Roma para Don Alfonso XIII el manto de la Virgen del Pilar. Con este manto voy a morir yo también… A las cinco de la madrugada, alboroto de ruidos y griterío. Milicianos con linternas, fusiles y pistolas leyendo una primera lista: -¡Atención! ¡Oído a la lista! Y nombres y más nombres. ¡Los nombrados que recojan todo y bajen a la portería! A las 7 ya están en la calle de la Farmacia subiendo a los camiones, las manos atadas a la espalda y sin equipaje. Y a las 8 vuelven las voces y nueva lista, la de Muñoz Seca, Angustia y despedidas, los sacerdotes no dan abasto para las absoluciones. Se grita: -¡Pedro Muñoz Seca, al rastrillo para marchar!; el nombrado abraza estrechamente a sus compañeros Guillermo Marín y Cortés Cabanillas. Va con un abrigo puesto y otro al brazo, en la mano una maleta. Al pasar el rastrillo le arrebatan la maleta y el abrigo del brazo, las gafas que se estrellan en el suelo, el reloj, la cartera, las fotos y recuerdos familiares. Le atan las manos a la espalda. A las 10 de la mañana la expedición con el M. R. P. Llop, que dice al paso a un novicio: -Vea cómo vamos, van a matar a todos. Que los hermanos se preparen. La expedición parte en los camiones, camino de Paracuellos. Y todavía otra expedición al mediodía, si bien en esta ocasión, por misericordia divina, llega a salvo a la prisión de Alcalá de Henares. Era don Pedro Muñoz Seca natural del Puerto de Santa María, 55 años, casado con doña Asunción Ariza, 9 hijos, creyente fervoroso, funcionario del Estado, autor de infinidad de obras teatrales (comedias, sainetes, juguetes cómicos), desde “La venganza de Don Mendo» a las del tiempo republicano, con pinceladas de ironía política («La Oca, «Anacleto se divorcia”, “Jabalí”, «La cartera de Marina», etc.). Se hallaba con su mujer, al comenzar la guerra, en Barcelona, donde el 17 de julio estrenó en el Poliorama la que iba a ser su última comedia, «La tonta del rizo», con la compañía de Arturo Serrano e Isabelita Garcés. Pronto comenzó despiadada persecución contra él. En ABC del 25 de julio se leía: Por algo se empieza. Muñoz Seca, declarado cesante. Los famosos actores Irene López Heredia y Mariano Asquerino, también en Barcelona, tratan de amparar al matrimonio acomodándolo en la pensión “Claris” de la vía Layetana, hasta que en la tarde del 29 entra una partida de milicianos, capitaneados por el actor Avelino Nieto, se lo llevan a la Jefatura de Policía y de allí a Madrid por Valencia, con su esposa, pero en conducción ordinaria. El 6 de agosto ingresa en la cárcel de San Antón, en la que según Cortés Cabanillas fue acaso el preso más relevante y admirado, a la vez que uno de los más vejados y maltratados. Allí encuentra a sabios Agustinos, como el Padre Zarco, el escritor Julián Cortés Cabanillas, a los actores Ricardo Calvo y Guillermo Marín. Pelan patatas, limpian lentejas, rezan el rosario, forman inacabables tertulias, comparten su fe en el triunfo y cuando lo permite la vigilancia miliciana recitan poesías patrióticas -hoy ignoradas de nuestras juventudes-, la «Marcha Triunfal», de Ruben Darío; «El Divino Impaciente»>, «En Flandes se ha puesto el sol», con aquella sentencia tremenda de Marquina: -«¡Por España! y el que quiera defenderla, honrado muera; y el que, traidor, la abandone, ni en la tierra santa cobijo, ni una cruz en sus despojos, ni las manos de un buen hijo para cerrarle los ojos!>> Hizo gran amistad con los Hermanos de San Juan de Dios, y en un momento de humor, que nunca le faltaba, escribió en la gramática inglesa en que estudiaba un novicio: -“Querido Román Martín: más que estudiar el latín debes estudiar inglés, que en este mundo, ya ves, el latín tiene mal fin”. Con harta asiduidad recibía la visita, con aire de protección de un tal Pedro Luis de Gálvez, casado con la actriz Carmen Sanz, seudo poeta, más siniestro que grotesco, y al decir de Cortés Cabanillas rufianesco, aventurero de la peor calaña, sucio de cuerpo y de alma, personaje tan abyecto que para sacar dinero a los conocidos, llevó envuelto en periódicos a un hijito recién fallecido al café de Fornos, poniéndolo sobre una mesa. El desdichado hampón halló su hora en los medios revolucionarios y sin pertenecer a partido alguno, como tuerto en tierra de ciegos, se hizo capitán de milicianos, luego Comandante de Carabineros, tenía automóvil con chófer y siempre en la retaguardia y ebrio, estaba presente en los episodios más tenebrosos y sangrientos, fusilamientos, asalto a la cárcel Modelo, selección de presos para las sacas. «Capitán Saltatumbas», le llamaba Antonio Paso, quien valiéndose de este tipo, llevando a la mano a su hijo Alfonso, y acompañado también de cierta peluquera amiga de Gálvez (a la que había hecho Alférez de Carabineros, con uniforme, correaje y documentación), consiguió visitar en San Antón a Muñoz Seca, interesándose por su suerte. Al despedirse, advirtió el seudo poeta a los milicianos, refiriéndose a don Pedro: ¡Cuidármelo! ¡A éste no lo mata nadie más que yo! ¿Verdad Pedro?; a lo que el interesado respondió irónico: -Honradísimo, Gálvez, honradísimo. Antonio Paso, encarándose con el rufián, le anunció: -Si algo le pasa a Muñoz Seca tú tendrás la culpa y lo pagarás muy caro. Muñoz Seca abrigaba cierta esperanza en la ayuda del miserable en caso de extrema necesidad, pero en los días inmediatos al 27 de noviembre, ni apareció por la prisión, ni fue posible localizarlo. Las últimas “sacas” De la prisión de Ventas sacan el mismo día 28 otra expedición y una más de la de San Antón el día 29, en la que forman entre otros, el Abogado, José María del Sol Jaquotot y sus hijos estudiantes José María y Luis, de 20 y 18 años, y Arturo Soria y Hernández, hijo del creador de la Ciudad Lineal. Y se prosigue al día siguiente 30 con otra enorme saca de más de 250 presos, en la que sucumbe la flor de la provincia agustiniana de Castilla, encabezados por el M. I. P. Mariano Revilla, Asistente General, y 51 religiosos, de ellos 25 Padres, 20 estudiantes o novicios y 6 hermanos. De los primeros, 5 eran Académicos de la Real de la Historia y 17 Profesores de Universidad. Marcharon con extraordinario fervor, ejemplarizados por el Padre Asistente General. Con ellos fueron otros 7 religiosos de San Juan de Dios, entre los cuales los Padres Diego de Cádiz García y Román Toncada, Secretario General y ViceRector respectivamente, quienes en emocionante acto de catacumbas confirieron la profesión «in artículo mortis» a sus novicios. Y también un hombre modesto y bueno, Agustín García Fuentes, portero de la casa en que vivió don José Calvo Sotelo (Velázquez, 89). En la cárcel de Ventas, nueva y numerosa saca el mismo día 30 en la que, entre otros, aparece el Catedrático de 28 años Eustaquio Lagunero con sus hermanos Augusto, Ruperto y José, estudiantes; José Aranda, empleado municipal, y sus dos hijos estudiantes Andrés y Jaime; y los hermanos Antonio y Joaquín Gallego Jover, casados, empleados. Así concluye el trágico noviembre, mas no el diario drama de las sacas carcelarias, prolongadas durante los cuatro días primeros de diciembre. De San Antón las hallamos en los cuatro expresados días, si bien más reducidas en número de víctimas, y de la de Ventas otra expedición con 64 mártires el día 2 y otra, la última en esta cárcel, el día 3, con 60 presos, entre los cuales ocho de San Sebastián de los Reyes (cuatro de la familia Izquierdo, uno Veterinario, labradores los demás); los estudiantes hermanos Francisco-Javier y Gabriel López Olivas y el conocido escritor y periodista Federico Santander. Pero de donde obtienen más sangre mártir en estos días es de la cárcel de Porlier, en la que no interrumpen su tarea los chequistas, enviando a las zanjas de Paracuellos nuevos presos los días 1 y 2 y más aún el 3, entre cuya noche y la mañana del 4 salieron las tres últimas expediciones del magno genocidio. Las dos primeras -a las 2 y las 5 de la madrugada- cayeron en Paracuellos, en tanto que la tercera, a las 7,30, por la gracia de Dios llegó salva, aunque con sobresaltos, a la prisión de Alcalá de Henares. El instrumento de que se valió el designio divino para poner fin a tan prolongado martirio lo fue el antes citado Melchor Rodríguez, quizá sin sospecharlo él mismo, realizando el milagro de acabar con el río de sangre que a diario empapaba la arena de lo que ya era CAMPOSANTO DE MARTIRES. Síntesis del gran holocausto ¿Cuántas víctimas reposan en este lugar? En ningún tiempo será posible señalar cifras exactas, por las razones apuntadas al comienzo de este trabajo, mas no será difícil obtener número aproximado, con nombres, fechas y procedencias. Por ahora me atrevo a afirmar que el número de los llevados de Boadilla del Monte, sepultados en Paracuellos, incluidos Ribas-Vaciamadrid, los 414 de Torrejón de Ardoz y de otros lugares próximos (excluyendo los 800 del cementerio de Aravaca) superan con mucho las cifras señaladas por ciertas monografías recientes, si bien no tan elevadas como las que nosotros hemos utilizado a veces. El número de OCHO MIL TRESCIENTOS CINCUENTA Y CUATRO mártires que ex- presa el Archivero-Historiador de la Real Academia de la Historia, Arsenio de Izaga en su importantísima obra Los presos de Madrid (Madrid 1940), puede ser el más aproximado hasta ahora. Las zanjas en que se sepultaron tantos miles de mártires eran descomunales, terroríficas, sin precedentes ni comparación con cualquier otro episodio de la Cruzada. Siete en total, la mayor la n° 4 (mártires del 9 y 24 noviembre y otros desconocidos) con 160 x 4 m.; la n° 6 (mártires del 3 y 4 diciembre y otros desconocidos), tiene 120 x 8 m.; la n° 5 (mártires del 28, 29 y 30 noviembre) 80 x 8 m. Tal es, en síntesis, la historia trágica y gloriosa de los Mártires de Paracuellos del Jarama, el más grandioso holocausto católico de todos los tiempos en España, uno de los mayores de la historia de la Iglesia Universal. Inicua y gigantesca carnicería de hombres inermes, indefensos, plenos de espíritu cristiano y patriótico, para la que los responsables no se preocuparon siquiera de buscar pretexto y en la que desde luego no hubo la más mínima participación popular, como tampoco la hubo en las matanzas generales que antes hemos referido. El pueblo de Madrid ignoró los hechos hasta que concluida la guerra se supo la verdad con todo su horror y toda su grandeza. Todo estaba perfecta, diabólicamente dispuesto por los órganos de poder, desde el Ministerio de la Gobernación a la Dirección General de Seguridad y desde la Junta de Defensa a su Delegado de Orden Público. Las órdenes y listas de salida de las prisiones, la conducción de los presos en autobuses de la Empresa Municipal o en camiones de servicio oficial, la apertura de zanjas, los piquetes preparados con abundancia de armas y de municiones, todo estaba previsto y ordenado de antemano, sin que nadie desde el poder se opusiera, cuando más tarde se demostró que un solo Delegado de Prisiones, por sí mismo, pudo poner fin en un instante al inmenso crimen contra el Derecho de Gentes. El precipitado Arsenio de Izaga, que convivió en prisión con los mártires, escribió a propósito de Paracuellos: «Cuadro espantoso aquel cuadro… espectáculo escalofriante el terrible piquete de forajidos que disparaba sus fusiles o sus ametralladoras sobre unos hombres de bien de toda profesión, de toda categoría y de toda edad, sacerdotes y seglares, militares y paisanos, ricos y pobres, patronos y obreros, desde los que habían pasado los dinteles de la ancianidad hasta los que apenas habían salido de la niñez, mientras sus compañeros de infortunio, hacinados sobre los vehículos o apelotonados a la vera del camino, esperaban el turno fatal y contemplaban indefensos el suplicio que poco después iban a sufrir». Yo que conocí el temple de sus pechos, lo adiviné cuando vi que salían de la prisión con el resplandor de los elegidos… Ninguno renegó de sus convicciones religiosas y patrióticas. Ninguno dio la más leve prueba de vacilación ni de flaqueza. Todos se negaron a prestar adhesión al régimen que los estaba envileciendo, a pesar de que se les ofrecía como único medio de salvarse. Todos se animaban entre sí, y oponían a las blasfemas imprecaciones de sus verdugos, su fe de creyentes y su altivez de españoles. Todos recibían la helada caricia de las balas como el galardón eterno que el Cielo les tenía prometido y el beso que la Patria imprimía en sus frentes de Cruzados. Y no se había extinguido el eco de la última descarga, cuando aún resonaba en el espacio su vibrante grito, ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva España! Gloriosa memoria de los Mártires de Paracuellos y de la Cruzada Concluida la guerra los mártires de Paracuellos recibieron durante muchos años el testimonio de devoción de los madrileños y de las altas representaciones de la Iglesia y del Estado. Así por ejemplo en 5 de octubre de 1941 el Obispo Eijo Garay bendecía la Capilla provisional del Camposanto, celebraba la Santa Misa y dirigía emocionadas palabras a los fieles; el 15 de octubre del año siguiente, el Regimiento de Caballería núm. 1 de Alcalá de Henares, con el General de la 1.a Brigada y su Coronel al frente, rendía tributo a los Mártires, al decir del Coronel, «-Con una plegaria como cristianos y honores con las armas como militares»; y el Consejo Diocesano de Jóvenes de A. C. organizaba en Paracuellos el 25 de noviembre de 1951 un gran acto nacional de fidelidad a los Mártires. Mas hemos visto cómo, a partir de los años sesenta, el silencio y el olvido de quienes más obligados están hacia los Mártires ha caído sobre su memoria y sobre la tierra que cubre sus sagrados restos, como si jamás hubieran existido, en el tiempo en que se deterioran los valores por los que aquellos murieron, se padece confusión religiosa y se degrada la moral pública y privada. Tan sólo la Hermandad de Ntra. Sra. de los Caídos de Paracuellos del Jarama mantiene su devoción a estos Mártires. No pretendo entrar en el análisis de las causas, pero me atrevo a pensar que la señal de restauración de la Iglesia y de España vendrá dada por la renovación de la santa memoria de estos Mártires y de todos los de la Cruzada, es decir, cuando nuestra superior Jerarquía eclesiástica llegue al Camposanto de Paracuellos, como lo hiciera el Doctor Eijo Garay, y después de besar su tierra mil veces santa, celebre solemnes Oficios a la mayor gloria de aquellos elegidos de Dios, y cuando los altos dignatarios de la Nación rindan de nuevo homenaje a los héroes que allí reposan. Un rayo de esperanza hallamos en la reciente declaración martirial de las tres Carmelitas de Guadalajara, cuya beatificación solemne se anuncia para el 29 de marzo en Roma, si es que a continuación se prosiguen las Causas de tantos miles de Mártires de la Cruzada, cuyos méritos no son inferiores a los de aquellas santas religiosas. En tanto, y cuando más oscuro contemplamos el horizonte, encomendémonos a esta gloriosa constelación de los Mártires, ellos son nuestros mejores aliados en el Cielo, de donde procede todo poder, y el suyo de intercesores de la divina gracia es tan grande como lo fuera su sacrificio. Traemos a este lugar de nuestro Boletín, por considerarlo, dado su contenido, o el más adecuado, un documento no conocido hasta ahora de Franco, exhumado recientemente, que reproducimos del mismo autógrafo del Caudillo, acompañado de su traducción. El documento, que agradecerán nuestros lectores, es un hermoso testimonio más de la fe católica de Franco.  Madrid, 1.° de abril de 1950. Rindo mi sentido homenaje a los doce Obispos, 4.000 Sacerdotes, 2.000 religiosos, doscientas religiosas y millares de personas piadosas que murieron perseguidos por razón de su fe confesando al Señor. Frente al rencor satánico de sus verdugos, ofrecieron su mansedumbre y su perdón. El odio sectario de los enemigos de Cristo alfombró el camino de su gloria. Aportación cuantiosa al martirologio de la Iglesia no igualada por ningún otro pueblo en nuestra era. Si el ofrecimiento de la vida constituye el más grande hermoso de los holocaustos, la sangre de los mártires es la que sin duda mueve más el corazón amantísimo de Jesús. Legión angélica de 7.000 mártires, valiosos intercesores de la Patria que tanto amaron. Ellos fueron parte principalísima de nuestra victoria y hoy fieles celadores de nuestra grandeza. ¡Dichosa la tierra que cuenta con tales hijos, pues no puede ser abandonada de la mano de Dios! Ante su recuerdo besemos la tierra bendita de nuestra Patria que regó su sangre y acogió sus restos. Parte 1 / Parte 2   Pulse para escuchar el texto Paracuellos del Jarama y Torrejón de Ardoz En el campo de Paracuellos, llegados los camiones de presos al cruce de la carretera con la vereda de ganados paralela al arroyo de San José, bajaban a los detenidos en grupos de se detenían junto al grupo de pinos, 10 a 25 y siempre atados se les conducía a pie a unos 200 m. en dirección al cerro, junto al borde de las fosas, fusilándolos por piquetes de 30 ó 40 milicianos; luego se los arrojaba a ellas, algunos con vida, y los enterradores reclutados forzosos en el pueblo, los cubrían de tierra. En la tarde del día 7 se prepararon nuevas listas para la muerte en las cárceles Modelo y de Porlier, sacando a los presos en la noche y en la madrugada del día 8. Almirante Salas González De la Modelo, como siempre, mayoría de militares y de estudiantes, amén de otros de distintas profesiones y oficios. El Almirante Francisco Javier Salas González, el Contralmirante Joaquín Cervera Valderrama y el Vicealmirante Francisco Javier Enrile García; el Capitán de Fragata Ubaldo Montojo; el General de Brigada José Alvárez de Sotomayor; Ildefonso Alvárez de Toledo, marqués de Valdueza, militar, y su hijo Mariano, Vizconde de la Armería, Abogado; el Coronel del 2º Regimiento de FF.CC. Manuel Azpiazu Paúl, el Coronel de Ingenieros Navales Nicolás de Ochoa Lorenzo y el Coronel Médico de la Armada Joaquín Sánchez Gómez; el Capitán aviador Federico Bellod, el Capellán castrense Francisco Borrego Esteban, los hermanos Mariano y Rafael Arrizabalaga Español y los hermanos Fernando, Jesús y Luis Sánchez-Arjona, estudiantes de Fregenal de la Sierra. Y de la de Porlier otros muchos, entre los cuales José de las Bárcenas, marqués de Villarrubia, y los hermanos estudiantes Gonzalo y Luis Levenfeld. Las expediciones de la noche del 7 al 8 de noviembre iban también destinadas a Paracuellos, más la magnitud de las precedentes había desbordado las previsiones de los responsables, hasta el punto de no tener fosas bastantes dispuestas en Paracuellos, donde permanecían sangrantes e insepultos los fusilados del día 7, hasta que en días sucesivos fueron obligados los vecinos del pueblo de Paracuellos, pistola en mano, a cavar nuevas y grandes zanjas, a las que arrastraron los cuerpos de los mártires mediante garfios y cuerdas, tirados por caballerías. En consecuencia, los dirigentes encaminaron las expresadas expediciones a otro lugar próximo, el del castillo o soto de Aldovea, término de Torrejón de Ardoz, donde una antigua y grande acequia en desuso, con más de 150 m. de longitud, les sirvió para sepultar a estas víctimas, fusiladas al borde de la acequia. Acabada la guerra se construyó un monumento en el lugar, se exhumaron con toda formalidad los 414 cadáveres, de los que sólo algunos pudieron ser identificados, y se trasladaron en féretros individuales al Camposanto de Paracuellos. Protesta diplomática. Breve interrupción de las «sacas>> Núñez Morgado La extrema gravedad del crimen continuado en los días 6 a 8 de noviembre tampoco pasó desapercibida para los diplomáticos extranjeros en Madrid, que puestos en movimiento, investigaron los hechos y protestaron con energía ante la Junta de Defensa. Entre los diplomáticos, siempre respaldados por su Decano el Embajador de Chile, Aurelio Núñez Morgado, hemos de destacar por su eficacia, tenacidad y energía al Encargado de Negocios de Noruega, Félix Schlayer, alemán de nacionalidad; además de obtener la presencia de la Cruz Roja Internacional de que antes hablamos, Schlayer con el Doctor Henny se trasladaron a los campos de muerte, excavaron, obtuvieron fotografías y testimonios, visitaron las prisiones y a la Junta de Defensa. A causa de la intervención diplomática, temiendo un escándalo mundial, se interrumpieron por entonces las sacas y matanzas y los presos que quedaban en la Modelo, unos 5.000, fueron evacuados entre los días 14 a 16 de noviembre a las prisiones de Porlier, San Antón y Ventas, hacinándolos en ellas. Breve paréntesis, porque con redoblada osadía reanudaron la sangrienta tarea en Porlier el día 17 y allí no la interrumpieron hasta el 4 de diciembre, en el que el nuevo Delegado de Prisiones de Madrid, el sevillano Melchor Rodríguez, anarquista, hombre de energía, gran corazón y sentimientos humanitarios -si bien desgraciadamente no exento de antecedentes criminales como jefe del grupo «Los Libertos»- cortó radicalmente las sacas. Mas no pudo evitarse que el avión francés en el que el representante de la Cruz Roja regresaba a Ginebra vía Toulouse, con informe, documentos y fotografías, fuera interceptado en vuelo por un caza rojo pudiento tomar tierra cerca de Pastrana con tripulantes y pasajeros heridos, entre ellos el Doctor Henny. Se reanuda el genocidio. Checas carcelarias. D. Pedro Muñoz Seca Fue la cárcel de Porlier la escogida para entregar nuevos presos maniatados a las fosas de Paracuellos desde el día 17 y sucesivos, con sus noches, hasta el día 22 en que las otras prisiones vuelven a su negra actividad. De Porlier salieron ahora muy diversas personas: El Coronel del 4.0 Tercio de la Guardia Civil, Mario Juanes Clemente; el aviador, Luis de Aranguema y Ascao; el Archivero-Bibliotecario, Modesto Blasco Millor; el sacristán, Luis Martínez Docampo; los sacerdotes, Timoteo Rojo Orcajo, Vicente Rodríguez López y Julián Santiago Alba, de 50, 31 y 25 años, respectivamente; el Coronel de Artillería Atilano Varona, etc. Por estos días aparece un nuevo centro carcelario, enviando en masa a sus detenidos a la muerte, el llamado cuartel o checa «Spartacus»>, establecido por el Comité rojo de la Guardia Civil en un convento de la calle de Santa Engracia. Servía de prisión a los miembros de aquel Instituto que consideraban desafectos, y en la tarde del 19 de noviembre “sacaron” dos centenares de Jefes, Oficiales, clases y números, con pretexto de traslado a Guadalajara, pero realmente para fusilarlos en las tapias de los cementerios de la Almudena y de Vicálvaro. En San Antón hay otra nueva saca el día 22, más reducida y aparecen en las prisiones diversas checas dispuestas a interrogar y decidir sobre la vida de los detenidos, con procedimiento elemental para el que disponían a veces de informaciones de la Dirección General de Seguridad: el preso comparecía en pie ante la mesa en la que tomaban asiento dos o tres o cuatro milicianos de Vigilancia de Retaguardia, jóvenes que no iban al frente, pistolas abundantes, cazadoras de cuero, correajes y cinturones repletos de balas al estilo mejicano. De entrada ponían el cañón de la pistola en la nuca o la sien del interrogado: «Si no lo confiesas todo ya sabes lo que te espera!», amenazan, insultan, blasfeman, preguntan o afirman cosas absurdas; para ellos, católico equivalía a fascista, ir a misa, a enemigo del pueblo, creer en Dios, un fanatismo del clero, etc., en pocos minutos terminaba el <<juicio» en el que casi exclusivamente hablaban ellos. De este modo el día 24 en la cárcel de Porlier quedaba preparada otra grandísima lista para Paracuellos, centenares de presos de todas edades, profesiones y oficios -ya estaban más que diezmados los militares y estudiantes-. He aquí diez de estas víctimas, tomadas al azar: Ramón Aguilar Alvárez, de 25 años, odontólogo; Julián Alcántara Aldunate, de 48, Agente de Vigilancia; Miguel Alonso Morales, de 30 años, empleado de parques y jardines; Miguel Ayala Fernández, de 30, Ingeniero de la Telefónica; Miguel Ángel Ballester Gálvez, de 42, militar; Román Cabezas Vallina, dependiente de comercio; Antonio Camón Alcover, de 50, Ayudante de O. P.; Ángel Cogolludo Álvarez, de 23, empleado de imprenta; Ángel Dilla Carpintero, de 34, veterinario, y Matías Escribano Peña, de 27, representante de comercio. En los siguientes días, 25, 26, 28 y 29 hay nuevas sacas masivas de Porlier, en las que se incluye, casi al completo a una conocida familia madrileña, la del Notario, Alejandro Arizcun Moreno, 56 años, con sus cuatro hijos: Ramón, 28 años, Ingeniero; Francisco, 26, Abogado; Luis, 24, Médico, y Carlos, 17, estudiante. En San Antón una gran saca el día 27, en la que fue el fotógrafo de prensa José Calvache, y otra mayor el día 28, la más conocida de esta prisión, por su número y por comprenderse en ella a D. Pedro Muñoz Seca, amarrado al P. Guillermo Llop, Prior de los Hermanos de San Juan de Dios de Ciempozuelos, quien se despidió de sus religiosos con un simple: -Hasta el Cielo. La orden que autorizaba esta saca decía: D.G. de S.-Sírvase poner en libertad a los presos que se mencionan en la hoja adjunta y hoja 2.a. Madrid, 27 de noviembre de 1936. El Delegado de O. P., firmado Serrano Poncela, y comprendía un total de 110 nombres, entre ellos, además de Muñoz Seca y el Padre Llop, al Provincial de los Agustinos de Castilla, Avelino Rodríguez, con doce religiosos de su Orden, de quien se sabe que ya al borde de las fosas de Paracuellos absolvió y abrazó a sus compañero de martirio. Y catorce Hermanos de San Juan de Dios: el Padre Juan Jesús Adrados, Maestro de No- vicios, y otro Padre más con cinco Hermanos de la Comunidad, entre ellos el Hermano Clemente Díaz, de 75 años, cuatro novicios, dos postulantes y un donado. Y el artista-pintor José Ma Angoloti, de 69 años, y los hermanos Diego y Manuel Mac-Crohon Jarava, de 23 y 24 años. En San Antón el día precedente a esta gran saca, se percibía ya la tragedia por la presencia de nuevos milicianos y la agitación en oficinas y portería. Muñoz Seca, que a veces lograba acceso a despachos oficiales, tuvo conocimiento de lo que se preparaba, incluso de las listas, en las que leyó su nombre. Su primera medida fue la de confesar con el Padre Tomás Ruiz del Rey, a quien dijo sencillamente: -Padre, mañana nos matan; arreglemos nuestra alma con Dios. Escribió a su mujer: -Queridísima Asun: Cuando recibas estos renglones estaré fuera de Madrid. Voy resignado y contento… Y al fin esta postdata: -Como comprenderás voy muy bien preparado y limpio de culpas. A Francisco Javier de Burgos, también preso, le dijo: -Se me acusa de monárquico, por haber llevado a Roma para Don Alfonso XIII el manto de la Virgen del Pilar. Con este manto voy a morir yo también… A las cinco de la madrugada, alboroto de ruidos y griterío. Milicianos con linternas, fusiles y pistolas leyendo una primera lista: -¡Atención! ¡Oído a la lista! Y nombres y más nombres. ¡Los nombrados que recojan todo y bajen a la portería! A las 7 ya están en la calle de la Farmacia subiendo a los camiones, las manos atadas a la espalda y sin equipaje. Y a las 8 vuelven las voces y nueva lista, la de Muñoz Seca, Angustia y despedidas, los sacerdotes no dan abasto para las absoluciones. Se grita: -¡Pedro Muñoz Seca, al rastrillo para marchar!; el nombrado abraza estrechamente a sus compañeros Guillermo Marín y Cortés Cabanillas. Va con un abrigo puesto y otro al brazo, en la mano una maleta. Al pasar el rastrillo le arrebatan la maleta y el abrigo del brazo, las gafas que se estrellan en el suelo, el reloj, la cartera, las fotos y recuerdos familiares. Le atan las manos a la espalda. A las 10 de la mañana la expedición con el M. R. P. Llop, que dice al paso a un novicio: -Vea cómo vamos, van a matar a todos. Que los hermanos se preparen. La expedición parte en los camiones, camino de Paracuellos. Y todavía otra expedición al mediodía, si bien en esta ocasión, por misericordia divina, llega a salvo a la prisión de Alcalá de Henares. Era don Pedro Muñoz Seca natural del Puerto de Santa María, 55 años, casado con doña Asunción Ariza, 9 hijos, creyente fervoroso, funcionario del Estado, autor de infinidad de obras teatrales (comedias, sainetes, juguetes cómicos), desde “La venganza de Don Mendo» a las del tiempo republicano, con pinceladas de ironía política («La Oca, «Anacleto se divorcia”, “Jabalí”, «La cartera de Marina», etc.). Se hallaba con su mujer, al comenzar la guerra, en Barcelona, donde el 17 de julio estrenó en el Poliorama la que iba a ser su última comedia, «La tonta del rizo», con la compañía de Arturo Serrano e Isabelita Garcés. Pronto comenzó despiadada persecución contra él. En ABC del 25 de julio se leía: Por algo se empieza. Muñoz Seca, declarado cesante. Los famosos actores Irene López Heredia y Mariano Asquerino, también en Barcelona, tratan de amparar al matrimonio acomodándolo en la pensión “Claris” de la vía Layetana, hasta que en la tarde del 29 entra una partida de milicianos, capitaneados por el actor Avelino Nieto, se lo llevan a la Jefatura de Policía y de allí a Madrid por Valencia, con su esposa, pero en conducción ordinaria. El 6 de agosto ingresa en la cárcel de San Antón, en la que según Cortés Cabanillas fue acaso el preso más relevante y admirado, a la vez que uno de los más vejados y maltratados. Allí encuentra a sabios Agustinos, como el Padre Zarco, el escritor Julián Cortés Cabanillas, a los actores Ricardo Calvo y Guillermo Marín. Pelan patatas, limpian lentejas, rezan el rosario, forman inacabables tertulias, comparten su fe en el triunfo y cuando lo permite la vigilancia miliciana recitan poesías patrióticas -hoy ignoradas de nuestras juventudes-, la «Marcha Triunfal», de Ruben Darío; «El Divino Impaciente»>, «En Flandes se ha puesto el sol», con aquella sentencia tremenda de Marquina: -«¡Por España! y el que quiera defenderla, honrado muera; y el que, traidor, la abandone, ni en la tierra santa cobijo, ni una cruz en sus despojos, ni las manos de un buen hijo para cerrarle los ojos!>> Hizo gran amistad con los Hermanos de San Juan de Dios, y en un momento de humor, que nunca le faltaba, escribió en la gramática inglesa en que estudiaba un novicio: -“Querido Román Martín: más que estudiar el latín debes estudiar inglés, que en este mundo, ya ves, el latín tiene mal fin”. Con harta asiduidad recibía la visita, con aire de protección de un tal Pedro Luis de Gálvez, casado con la actriz Carmen Sanz, seudo poeta, más siniestro que grotesco, y al decir de Cortés Cabanillas rufianesco, aventurero de la peor calaña, sucio de cuerpo y de alma, personaje tan abyecto que para sacar dinero a los conocidos, llevó envuelto en periódicos a un hijito recién fallecido al café de Fornos, poniéndolo sobre una mesa. El desdichado hampón halló su hora en los medios revolucionarios y sin pertenecer a partido alguno, como tuerto en tierra de ciegos, se hizo capitán de milicianos, luego Comandante de Carabineros, tenía automóvil con chófer y siempre en la retaguardia y ebrio, estaba presente en los episodios más tenebrosos y sangrientos, fusilamientos, asalto a la cárcel Modelo, selección de presos para las sacas. «Capitán Saltatumbas», le llamaba Antonio Paso, quien valiéndose de este tipo, llevando a la mano a su hijo Alfonso, y acompañado también de cierta peluquera amiga de Gálvez (a la que había hecho Alférez de Carabineros, con uniforme, correaje y documentación), consiguió visitar en San Antón a Muñoz Seca, interesándose por su suerte. Al despedirse, advirtió el seudo poeta a los milicianos, refiriéndose a don Pedro: ¡Cuidármelo! ¡A éste no lo mata nadie más que yo! ¿Verdad Pedro?; a lo que el interesado respondió irónico: -Honradísimo, Gálvez, honradísimo. Antonio Paso, encarándose con el rufián, le anunció: -Si algo le pasa a Muñoz Seca tú tendrás la culpa y lo pagarás muy caro. Muñoz Seca abrigaba cierta esperanza en la ayuda del miserable en caso de extrema necesidad, pero en los días inmediatos al 27 de noviembre, ni apareció por la prisión, ni fue posible localizarlo. Las últimas “sacas” De la prisión de Ventas sacan el mismo día 28 otra expedición y una más de la de San Antón el día 29, en la que forman entre otros, el Abogado, José María del Sol Jaquotot y sus hijos estudiantes José María y Luis, de 20 y 18 años, y Arturo Soria y Hernández, hijo del creador de la Ciudad Lineal. Y se prosigue al día siguiente 30 con otra enorme saca de más de 250 presos, en la que sucumbe la flor de la provincia agustiniana de Castilla, encabezados por el M. I. P. Mariano Revilla, Asistente General, y 51 religiosos, de ellos 25 Padres, 20 estudiantes o novicios y 6 hermanos. De los primeros, 5 eran Académicos de la Real de la Historia y 17 Profesores de Universidad. Marcharon con extraordinario fervor, ejemplarizados por el Padre Asistente General. Con ellos fueron otros 7 religiosos de San Juan de Dios, entre los cuales los Padres Diego de Cádiz García y Román Toncada, Secretario General y ViceRector respectivamente, quienes en emocionante acto de catacumbas confirieron la profesión «in artículo mortis» a sus novicios. Y también un hombre modesto y bueno, Agustín García Fuentes, portero de la casa en que vivió don José Calvo Sotelo (Velázquez, 89). En la cárcel de Ventas, nueva y numerosa saca el mismo día 30 en la que, entre otros, aparece el Catedrático de 28 años Eustaquio Lagunero con sus hermanos Augusto, Ruperto y José, estudiantes; José Aranda, empleado municipal, y sus dos hijos estudiantes Andrés y Jaime; y los hermanos Antonio y Joaquín Gallego Jover, casados, empleados. Así concluye el trágico noviembre, mas no el diario drama de las sacas carcelarias, prolongadas durante los cuatro días primeros de diciembre. De San Antón las hallamos en los cuatro expresados días, si bien más reducidas en número de víctimas, y de la de Ventas otra expedición con 64 mártires el día 2 y otra, la última en esta cárcel, el día 3, con 60 presos, entre los cuales ocho de San Sebastián de los Reyes (cuatro de la familia Izquierdo, uno Veterinario, labradores los demás); los estudiantes hermanos Francisco-Javier y Gabriel López Olivas y el conocido escritor y periodista Federico Santander. Pero de donde obtienen más sangre mártir en estos días es de la cárcel de Porlier, en la que no interrumpen su tarea los chequistas, enviando a las zanjas de Paracuellos nuevos presos los días 1 y 2 y más aún el 3, entre cuya noche y la mañana del 4 salieron las tres últimas expediciones del magno genocidio. Las dos primeras -a las 2 y las 5 de la madrugada- cayeron en Paracuellos, en tanto que la tercera, a las 7,30, por la gracia de Dios llegó salva, aunque con sobresaltos, a la prisión de Alcalá de Henares. El instrumento de que se valió el designio divino para poner fin a tan prolongado martirio lo fue el antes citado Melchor Rodríguez, quizá sin sospecharlo él mismo, realizando el milagro de acabar con el río de sangre que a diario empapaba la arena de lo que ya era CAMPOSANTO DE MARTIRES. Síntesis del gran holocausto ¿Cuántas víctimas reposan en este lugar? En ningún tiempo será posible señalar cifras exactas, por las razones apuntadas al comienzo de este trabajo, mas no será difícil obtener número aproximado, con nombres, fechas y procedencias. Por ahora me atrevo a afirmar que el número de los llevados de Boadilla del Monte, sepultados en Paracuellos, incluidos Ribas-Vaciamadrid, los 414 de Torrejón de Ardoz y de otros lugares próximos (excluyendo los 800 del cementerio de Aravaca) superan con mucho las cifras señaladas por ciertas monografías recientes, si bien no tan elevadas como las que nosotros hemos utilizado a veces. El número de OCHO MIL TRESCIENTOS CINCUENTA Y CUATRO mártires que ex- presa el Archivero-Historiador de la Real Academia de la Historia, Arsenio de Izaga en su importantísima obra Los presos de Madrid (Madrid 1940), puede ser el más aproximado hasta ahora. Las zanjas en que se sepultaron tantos miles de mártires eran descomunales, terroríficas, sin precedentes ni comparación con cualquier otro episodio de la Cruzada. Siete en total, la mayor la n° 4 (mártires del 9 y 24 noviembre y otros desconocidos) con 160 x 4 m.; la n° 6 (mártires del 3 y 4 diciembre y otros desconocidos), tiene 120 x 8 m.; la n° 5 (mártires del 28, 29 y 30 noviembre) 80 x 8 m. Tal es, en síntesis, la historia trágica y gloriosa de los Mártires de Paracuellos del Jarama, el más grandioso holocausto católico de todos los tiempos en España, uno de los mayores de la historia de la Iglesia Universal. Inicua y gigantesca carnicería de hombres inermes, indefensos, plenos de espíritu cristiano y patriótico, para la que los responsables no se preocuparon siquiera de buscar pretexto y en la que desde luego no hubo la más mínima participación popular, como tampoco la hubo en las matanzas generales que antes hemos referido. El pueblo de Madrid ignoró los hechos hasta que concluida la guerra se supo la verdad con todo su horror y toda su grandeza. Todo estaba perfecta, diabólicamente dispuesto por los órganos de poder, desde el Ministerio de la Gobernación a la Dirección General de Seguridad y desde la Junta de Defensa a su Delegado de Orden Público. Las órdenes y listas de salida de las prisiones, la conducción de los presos en autobuses de la Empresa Municipal o en camiones de servicio oficial, la apertura de zanjas, los piquetes preparados con abundancia de armas y de municiones, todo estaba previsto y ordenado de antemano, sin que nadie desde el poder se opusiera, cuando más tarde se demostró que un solo Delegado de Prisiones, por sí mismo, pudo poner fin en un instante al inmenso crimen contra el Derecho de Gentes. El precipitado Arsenio de Izaga, que convivió en prisión con los mártires, escribió a propósito de Paracuellos: «Cuadro espantoso aquel cuadro… espectáculo escalofriante el terrible piquete de forajidos que disparaba sus fusiles o sus ametralladoras sobre unos hombres de bien de toda profesión, de toda categoría y de toda edad, sacerdotes y seglares, militares y paisanos, ricos y pobres, patronos y obreros, desde los que habían pasado los dinteles de la ancianidad hasta los que apenas habían salido de la niñez, mientras sus compañeros de infortunio, hacinados sobre los vehículos o apelotonados a la vera del camino, esperaban el turno fatal y contemplaban indefensos el suplicio que poco después iban a sufrir». Yo que conocí el temple de sus pechos, lo adiviné cuando vi que salían de la prisión con el resplandor de los elegidos… Ninguno renegó de sus convicciones religiosas y patrióticas. Ninguno dio la más leve prueba de vacilación ni de flaqueza. Todos se negaron a prestar adhesión al régimen que los estaba envileciendo, a pesar de que se les ofrecía como único medio de salvarse. Todos se animaban entre sí, y oponían a las blasfemas imprecaciones de sus verdugos, su fe de creyentes y su altivez de españoles. Todos recibían la helada caricia de las balas como el galardón eterno que el Cielo les tenía prometido y el beso que la Patria imprimía en sus frentes de Cruzados. Y no se había extinguido el eco de la última descarga, cuando aún resonaba en el espacio su vibrante grito, ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva España! Gloriosa memoria de los Mártires de Paracuellos y de la Cruzada Concluida la guerra los mártires de Paracuellos recibieron durante muchos años el testimonio de devoción de los madrileños y de las altas representaciones de la Iglesia y del Estado. Así por ejemplo en 5 de octubre de 1941 el Obispo Eijo Garay bendecía la Capilla provisional del Camposanto, celebraba la Santa Misa y dirigía emocionadas palabras a los fieles; el 15 de octubre del año siguiente, el Regimiento de Caballería núm. 1 de Alcalá de Henares, con el General de la 1.a Brigada y su Coronel al frente, rendía tributo a los Mártires, al decir del Coronel, «-Con una plegaria como cristianos y honores con las armas como militares»; y el Consejo Diocesano de Jóvenes de A. C. organizaba en Paracuellos el 25 de noviembre de 1951 un gran acto nacional de fidelidad a los Mártires. Mas hemos visto cómo, a partir de los años sesenta, el silencio y el olvido de quienes más obligados están hacia los Mártires ha caído sobre su memoria y sobre la tierra que cubre sus sagrados restos, como si jamás hubieran existido, en el tiempo en que se deterioran los valores por los que aquellos murieron, se padece confusión religiosa y se degrada la moral pública y privada. Tan sólo la Hermandad de Ntra. Sra. de los Caídos de Paracuellos del Jarama mantiene su devoción a estos Mártires. No pretendo entrar en el análisis de las causas, pero me atrevo a pensar que la señal de restauración de la Iglesia y de España vendrá dada por la renovación de la santa memoria de estos Mártires y de todos los de la Cruzada, es decir, cuando nuestra superior Jerarquía eclesiástica llegue al Camposanto de Paracuellos, como lo hiciera el Doctor Eijo Garay, y después de besar su tierra mil veces santa, celebre solemnes Oficios a la mayor gloria de aquellos elegidos de Dios, y cuando los altos dignatarios de la Nación rindan de nuevo homenaje a los héroes que allí reposan. Un rayo de esperanza hallamos en la reciente declaración martirial de las tres Carmelitas de Guadalajara, cuya beatificación solemne se anuncia para el 29 de marzo en Roma, si es que a continuación se prosiguen las Causas de tantos miles de Mártires de la Cruzada, cuyos méritos no son inferiores a los de aquellas santas religiosas. En tanto, y cuando más oscuro contemplamos el horizonte, encomendémonos a esta gloriosa constelación de los Mártires, ellos son nuestros mejores aliados en el Cielo, de donde procede todo poder, y el suyo de intercesores de la divina gracia es tan grande como lo fuera su sacrificio. Traemos a este lugar de nuestro Boletín, por considerarlo, dado su contenido, o el más adecuado, un documento no conocido hasta ahora de Franco, exhumado recientemente, que reproducimos del mismo autógrafo del Caudillo, acompañado de su traducción. El documento, que agradecerán nuestros lectores, es un hermoso testimonio más de la fe católica de Franco.  Madrid, 1.° de abril de 1950. Rindo mi sentido homenaje a los doce Obispos, 4.000 Sacerdotes, 2.000 religiosos, doscientas religiosas y millares de personas piadosas que murieron perseguidos por razón de su fe confesando al Señor. Frente al rencor satánico de sus verdugos, ofrecieron su mansedumbre y su perdón. El odio sectario de los enemigos de Cristo alfombró el camino de su gloria. Aportación cuantiosa al martirologio de la Iglesia no igualada por ningún otro pueblo en nuestra era. Si el ofrecimiento de la vida constituye el más grande hermoso de los holocaustos, la sangre de los mártires es la que sin duda mueve más el corazón amantísimo de Jesús. Legión angélica de 7.000 mártires, valiosos intercesores de la Patria que tanto amaron. Ellos fueron parte principalísima de nuestra victoria y hoy fieles celadores de nuestra grandeza. ¡Dichosa la tierra que cuenta con tales hijos, pues no puede ser abandonada de la mano de Dios! Ante su recuerdo besemos la tierra bendita de nuestra Patria que regó su sangre y acogió sus restos. Parte 1 / Parte 2

Paracuellos del Jarama y Torrejón de Ardoz

En el campo de Paracuellos, llegados los camiones de presos al cruce de la carretera con la vereda de ganados paralela al arroyo de San José, bajaban a los detenidos en grupos de se detenían junto al grupo de pinos, 10 a 25 y siempre atados se les conducía a pie a unos 200 m. en dirección al cerro, junto al borde de las fosas, fusilándolos por piquetes de 30 ó 40 milicianos; luego se los arrojaba a ellas, algunos con vida, y los enterradores reclutados forzosos en el pueblo, los cubrían de tierra.

En la tarde del día 7 se prepararon nuevas listas para la muerte en las cárceles Modelo y de Porlier, sacando a los presos en la noche y en la madrugada del día 8.

Almirante Salas González

De la Modelo, como siempre, mayoría de militares y de estudiantes, amén de otros de distintas profesiones y oficios. El Almirante Francisco Javier Salas González, el Contralmirante Joaquín Cervera Valderrama y el Vicealmirante Francisco Javier Enrile García; el Capitán de Fragata Ubaldo Montojo; el General de Brigada José Alvárez de Sotomayor; Ildefonso Alvárez de Toledo, marqués de Valdueza, militar, y su hijo Mariano, Vizconde de la Armería, Abogado; el Coronel del 2º Regimiento de FF.CC. Manuel Azpiazu Paúl, el Coronel de Ingenieros Navales Nicolás de Ochoa Lorenzo y el Coronel Médico de la Armada Joaquín Sánchez Gómez; el Capitán aviador Federico Bellod, el Capellán castrense Francisco Borrego Esteban, los hermanos Mariano y Rafael Arrizabalaga Español y los hermanos Fernando, Jesús y Luis Sánchez-Arjona, estudiantes de Fregenal de la Sierra.

Y de la de Porlier otros muchos, entre los cuales José de las Bárcenas, marqués de Villarrubia, y los hermanos estudiantes Gonzalo y Luis Levenfeld.

Las expediciones de la noche del 7 al 8 de noviembre iban también destinadas a Paracuellos, más la magnitud de las precedentes había desbordado las previsiones de los responsables, hasta el punto de no tener fosas bastantes dispuestas en Paracuellos, donde permanecían sangrantes e insepultos los fusilados del día 7, hasta que en días sucesivos fueron obligados los vecinos del pueblo de Paracuellos, pistola en mano, a cavar nuevas y grandes zanjas, a las que arrastraron los cuerpos de los mártires mediante garfios y cuerdas, tirados por caballerías.

En consecuencia, los dirigentes encaminaron las expresadas expediciones a otro lugar próximo, el del castillo o soto de Aldovea, término de Torrejón de Ardoz, donde una antigua y grande acequia en desuso, con más de 150 m. de longitud, les sirvió para sepultar a estas víctimas, fusiladas al borde de la acequia. Acabada la guerra se construyó un monumento en el lugar, se exhumaron con toda formalidad los 414 cadáveres, de los que sólo algunos pudieron ser identificados, y se trasladaron en féretros individuales al Camposanto de Paracuellos.

Protesta diplomática. Breve interrupción de las «sacas>>

Núñez Morgado

La extrema gravedad del crimen continuado en los días 6 a 8 de noviembre tampoco pasó desapercibida para los diplomáticos extranjeros en Madrid, que puestos en movimiento, investigaron los hechos y protestaron con energía ante la Junta de Defensa. Entre los diplomáticos, siempre respaldados por su Decano el Embajador de Chile, Aurelio Núñez Morgado, hemos de destacar por su eficacia, tenacidad y energía al Encargado de Negocios de Noruega, Félix Schlayer, alemán de nacionalidad; además de obtener la presencia de la Cruz Roja Internacional de que antes hablamos, Schlayer con el Doctor Henny se trasladaron a los campos de muerte, excavaron, obtuvieron fotografías y testimonios, visitaron las prisiones y a la Junta de Defensa.

A causa de la intervención diplomática, temiendo un escándalo mundial, se interrumpieron por entonces las sacas y matanzas y los presos que quedaban en la Modelo, unos 5.000, fueron evacuados entre los días 14 a 16 de noviembre a las prisiones de Porlier, San Antón y Ventas, hacinándolos en ellas. Breve paréntesis, porque con redoblada osadía reanudaron la sangrienta tarea en Porlier el día 17 y allí no la interrumpieron hasta el 4 de diciembre, en el que el nuevo Delegado de Prisiones de Madrid, el sevillano Melchor Rodríguez, anarquista, hombre de energía, gran corazón y sentimientos humanitarios -si bien desgraciadamente no exento de antecedentes criminales como jefe del grupo «Los Libertos»- cortó radicalmente las sacas. Mas no pudo evitarse que el avión francés en el que el representante de la Cruz Roja regresaba a Ginebra vía Toulouse, con informe, documentos y fotografías, fuera interceptado en vuelo por un caza rojo pudiento tomar tierra cerca de Pastrana con tripulantes y pasajeros heridos, entre ellos el Doctor Henny.

Se reanuda el genocidio. Checas carcelarias. D. Pedro Muñoz Seca

Fue la cárcel de Porlier la escogida para entregar nuevos presos maniatados a las fosas de Paracuellos desde el día 17 y sucesivos, con sus noches, hasta el día 22 en que las otras prisiones vuelven a su negra actividad.

De Porlier salieron ahora muy diversas personas: El Coronel del 4.0 Tercio de la Guardia Civil, Mario Juanes Clemente; el aviador, Luis de Aranguema y Ascao; el Archivero-Bibliotecario, Modesto Blasco Millor; el sacristán, Luis Martínez Docampo; los sacerdotes, Timoteo Rojo Orcajo, Vicente Rodríguez López y Julián Santiago Alba, de 50, 31 y 25 años, respectivamente; el Coronel de Artillería Atilano Varona, etc.

Por estos días aparece un nuevo centro carcelario, enviando en masa a sus detenidos a la muerte, el llamado cuartel o checa «Spartacus»>, establecido por el Comité rojo de la Guardia Civil en un convento de la calle de Santa Engracia. Servía de prisión a los miembros de aquel Instituto que consideraban desafectos, y en la tarde del 19 de noviembre “sacaron” dos centenares de Jefes, Oficiales, clases y números, con pretexto de traslado a Guadalajara, pero realmente para fusilarlos en las tapias de los cementerios de la Almudena y de Vicálvaro.

En San Antón hay otra nueva saca el día 22, más reducida y aparecen en las prisiones diversas checas dispuestas a interrogar y decidir sobre la vida de los detenidos, con procedimiento elemental para el que disponían a veces de informaciones de la Dirección General de Seguridad: el preso comparecía en pie ante la mesa en la que tomaban asiento dos o tres o cuatro milicianos de Vigilancia de Retaguardia, jóvenes que no iban al frente, pistolas abundantes, cazadoras de cuero, correajes y cinturones repletos de balas al estilo mejicano. De entrada ponían el cañón de la pistola en la nuca o la sien del interrogado: «Si no lo confiesas todo ya sabes lo que te espera!», amenazan, insultan, blasfeman, preguntan o afirman cosas absurdas; para ellos, católico equivalía a fascista, ir a misa, a enemigo del pueblo, creer en Dios, un fanatismo del clero, etc., en pocos minutos terminaba el <<juicio» en el que casi exclusivamente hablaban ellos.

De este modo el día 24 en la cárcel de Porlier quedaba preparada otra grandísima lista para Paracuellos, centenares de presos de todas edades, profesiones y oficios -ya estaban más que diezmados los militares y estudiantes-. He aquí diez de estas víctimas, tomadas al azar: Ramón Aguilar Alvárez, de 25 años, odontólogo; Julián Alcántara Aldunate, de 48, Agente de Vigilancia; Miguel Alonso Morales, de 30 años, empleado de parques y jardines; Miguel Ayala Fernández, de 30, Ingeniero de la Telefónica; Miguel Ángel Ballester Gálvez, de 42, militar; Román Cabezas Vallina, dependiente de comercio; Antonio Camón Alcover, de 50, Ayudante de O. P.; Ángel Cogolludo Álvarez, de 23, empleado de imprenta; Ángel Dilla Carpintero, de 34, veterinario, y Matías Escribano Peña, de 27, representante de comercio.

En los siguientes días, 25, 26, 28 y 29 hay nuevas sacas masivas de Porlier, en las que se incluye, casi al completo a una conocida familia madrileña, la del Notario, Alejandro Arizcun Moreno, 56 años, con sus cuatro hijos: Ramón, 28 años, Ingeniero; Francisco, 26, Abogado; Luis, 24, Médico, y Carlos, 17, estudiante.

En San Antón una gran saca el día 27, en la que fue el fotógrafo de prensa José Calvache, y otra mayor el día 28, la más conocida de esta prisión, por su número y por comprenderse en ella a D. Pedro Muñoz Seca, amarrado al P. Guillermo Llop, Prior de los Hermanos de San Juan de Dios de Ciempozuelos, quien se despidió de sus religiosos con un simple: -Hasta el Cielo.

La orden que autorizaba esta saca decía: D.G. de S.-Sírvase poner en libertad a los presos que se mencionan en la hoja adjunta y hoja 2.a. Madrid, 27 de noviembre de 1936. El Delegado de O. P., firmado Serrano Poncela, y comprendía un total de 110 nombres, entre ellos, además de Muñoz Seca y el Padre Llop, al Provincial de los Agustinos de Castilla, Avelino Rodríguez, con doce religiosos de su Orden, de quien se sabe que ya al borde de las fosas de Paracuellos absolvió y abrazó a sus compañero de martirio. Y catorce Hermanos de San Juan de Dios: el Padre Juan Jesús Adrados, Maestro de No- vicios, y otro Padre más con cinco Hermanos de la Comunidad, entre ellos el Hermano Clemente Díaz, de 75 años, cuatro novicios, dos postulantes y un donado. Y el artista-pintor José Ma Angoloti, de 69 años, y los hermanos Diego y Manuel Mac-Crohon Jarava, de 23 y 24 años.

En San Antón el día precedente a esta gran saca, se percibía ya la tragedia por la presencia de nuevos milicianos y la agitación en oficinas y portería. Muñoz Seca, que a veces lograba acceso a despachos oficiales, tuvo conocimiento de lo que se preparaba, incluso de las listas, en las que leyó su nombre. Su primera medida fue la de confesar con el Padre Tomás Ruiz del Rey, a quien dijo sencillamente: -Padre, mañana nos matan; arreglemos nuestra alma con Dios. Escribió a su mujer: -Queridísima Asun: Cuando recibas estos renglones estaré fuera de Madrid. Voy resignado y contento… Y al fin esta postdata: -Como comprenderás voy muy bien preparado y limpio de culpas.

A Francisco Javier de Burgos, también preso, le dijo: -Se me acusa de monárquico, por haber llevado a Roma para Don Alfonso XIII el manto de la Virgen del Pilar. Con este manto voy a morir yo también…

A las cinco de la madrugada, alboroto de ruidos y griterío. Milicianos con linternas, fusiles y pistolas leyendo una primera lista: -¡Atención! ¡Oído a la lista! Y nombres y más nombres. ¡Los nombrados que recojan todo y bajen a la portería! A las 7 ya están en la calle de la Farmacia subiendo a los camiones, las manos atadas a la espalda y sin equipaje. Y a las 8 vuelven las voces y nueva lista, la de Muñoz Seca, Angustia y despedidas, los sacerdotes no dan abasto para las absoluciones. Se grita: -¡Pedro Muñoz Seca, al rastrillo para marchar!; el nombrado abraza estrechamente a sus compañeros Guillermo Marín y Cortés Cabanillas. Va con un abrigo puesto y otro al brazo, en la mano una maleta. Al pasar el rastrillo le arrebatan la maleta y el abrigo del brazo, las gafas que se estrellan en el suelo, el reloj, la cartera, las fotos y recuerdos familiares. Le atan las manos a la espalda. A las 10 de la mañana la expedición con el M. R. P. Llop, que dice al paso a un novicio: -Vea cómo vamos, van a matar a todos. Que los hermanos se preparen.

La expedición parte en los camiones, camino de Paracuellos. Y todavía otra expedición al mediodía, si bien en esta ocasión, por misericordia divina, llega a salvo a la prisión de Alcalá de Henares.

Era don Pedro Muñoz Seca natural del Puerto de Santa María, 55 años, casado con doña Asunción Ariza, 9 hijos, creyente fervoroso, funcionario del Estado, autor de infinidad de obras teatrales (comedias, sainetes, juguetes cómicos), desde “La venganza de Don Mendo» a las del tiempo republicano, con pinceladas de ironía política («La Oca, «Anacleto se divorcia”, “Jabalí”, «La cartera de Marina», etc.).

Se hallaba con su mujer, al comenzar la guerra, en Barcelona, donde el 17 de julio estrenó en el Poliorama la que iba a ser su última comedia, «La tonta del rizo», con la compañía de Arturo Serrano e Isabelita Garcés. Pronto comenzó despiadada persecución contra él. En ABC del 25 de julio se leía: Por algo se empieza. Muñoz Seca, declarado cesante. Los famosos actores Irene López Heredia y Mariano Asquerino, también en Barcelona, tratan de amparar al matrimonio acomodándolo en la pensión “Claris” de la vía Layetana, hasta que en la tarde del 29 entra una partida de milicianos, capitaneados por el actor Avelino Nieto, se lo llevan a la Jefatura de Policía y de allí a Madrid por Valencia, con su esposa, pero en conducción ordinaria.

El 6 de agosto ingresa en la cárcel de San Antón, en la que según Cortés Cabanillas fue acaso el preso más relevante y admirado, a la vez que uno de los más vejados y maltratados. Allí encuentra a sabios Agustinos, como el Padre Zarco, el escritor Julián Cortés Cabanillas, a los actores Ricardo Calvo y Guillermo Marín. Pelan patatas, limpian lentejas, rezan el rosario, forman inacabables tertulias, comparten su fe en el triunfo y cuando lo permite la vigilancia miliciana recitan poesías patrióticas -hoy ignoradas de nuestras juventudes-, la «Marcha Triunfal», de Ruben Darío; «El Divino Impaciente»>, «En Flandes se ha puesto el sol», con aquella sentencia tremenda de Marquina:

-«¡Por España! y el que quiera defenderla, honrado muera; y el que, traidor, la abandone, ni en la tierra santa cobijo, ni una cruz en sus despojos, ni las manos de un buen hijo para cerrarle los ojos!>>

Hizo gran amistad con los Hermanos de San Juan de Dios, y en un momento de humor, que nunca le faltaba, escribió en la gramática inglesa en que estudiaba un novicio:

-“Querido Román Martín: más que estudiar el latín debes estudiar inglés, que en este mundo, ya ves, el latín tiene mal fin”.

Con harta asiduidad recibía la visita, con aire de protección de un tal Pedro Luis de Gálvez, casado con la actriz Carmen Sanz, seudo poeta, más siniestro que grotesco, y al decir de Cortés Cabanillas rufianesco, aventurero de la peor calaña, sucio de cuerpo y de alma, personaje tan abyecto que para sacar dinero a los conocidos, llevó envuelto en periódicos a un hijito recién fallecido al café de Fornos, poniéndolo sobre una mesa. El desdichado hampón halló su hora en los medios revolucionarios y sin pertenecer a partido alguno, como tuerto en tierra de ciegos, se hizo capitán de milicianos, luego Comandante de Carabineros, tenía automóvil con chófer y siempre en la retaguardia y ebrio, estaba presente en los episodios más tenebrosos y sangrientos, fusilamientos, asalto a la cárcel Modelo, selección de presos para las sacas. «Capitán Saltatumbas», le llamaba Antonio Paso, quien valiéndose de este tipo, llevando a la mano a su hijo Alfonso, y acompañado también de cierta peluquera amiga de Gálvez (a la que había hecho Alférez de Carabineros, con uniforme, correaje y documentación), consiguió visitar en San Antón a Muñoz Seca, interesándose por su suerte. Al despedirse, advirtió el seudo poeta a los milicianos, refiriéndose a don Pedro: ¡Cuidármelo! ¡A éste no lo mata nadie más que yo! ¿Verdad Pedro?; a lo que el interesado respondió irónico: -Honradísimo, Gálvez, honradísimo. Antonio Paso, encarándose con el rufián, le anunció: -Si algo le pasa a Muñoz Seca tú tendrás la culpa y lo pagarás muy caro.

Muñoz Seca abrigaba cierta esperanza en la ayuda del miserable en caso de extrema necesidad, pero en los días inmediatos al 27 de noviembre, ni apareció por la prisión, ni fue posible localizarlo.

Las últimas “sacas”

De la prisión de Ventas sacan el mismo día 28 otra expedición y una más de la de San Antón el día 29, en la que forman entre otros, el Abogado, José María del Sol Jaquotot y sus hijos estudiantes José María y Luis, de 20 y 18 años, y Arturo Soria y Hernández, hijo del creador de la Ciudad Lineal. Y se prosigue al día siguiente 30 con otra enorme saca de más de 250 presos, en la que sucumbe la flor de la provincia agustiniana de Castilla, encabezados por el M. I. P. Mariano Revilla, Asistente General, y 51 religiosos, de ellos 25 Padres, 20 estudiantes o novicios y 6 hermanos. De los primeros, 5 eran Académicos de la Real de la Historia y 17 Profesores de Universidad. Marcharon con extraordinario fervor, ejemplarizados por el Padre Asistente General. Con ellos fueron otros 7 religiosos de San Juan de Dios, entre los cuales los Padres Diego de Cádiz García y Román Toncada, Secretario General y ViceRector respectivamente, quienes en emocionante acto de catacumbas confirieron la profesión «in artículo mortis» a sus novicios. Y también un hombre modesto y bueno, Agustín García Fuentes, portero de la casa en que vivió don José Calvo Sotelo (Velázquez, 89).

En la cárcel de Ventas, nueva y numerosa saca el mismo día 30 en la que, entre otros, aparece el Catedrático de 28 años Eustaquio Lagunero con sus hermanos Augusto, Ruperto y José, estudiantes; José Aranda, empleado municipal, y sus dos hijos estudiantes Andrés y Jaime; y los hermanos Antonio y Joaquín Gallego Jover, casados, empleados.

Así concluye el trágico noviembre, mas no el diario drama de las sacas carcelarias, prolongadas durante los cuatro días primeros de diciembre. De San Antón las hallamos en los cuatro expresados días, si bien más reducidas en número de víctimas, y de la de Ventas otra expedición con 64 mártires el día 2 y otra, la última en esta cárcel, el día 3, con 60 presos, entre los cuales ocho de San Sebastián de los Reyes (cuatro de la familia Izquierdo, uno Veterinario, labradores los demás); los estudiantes hermanos Francisco-Javier y Gabriel López Olivas y el conocido escritor y periodista Federico Santander.

Pero de donde obtienen más sangre mártir en estos días es de la cárcel de Porlier, en la que no interrumpen su tarea los chequistas, enviando a las zanjas de Paracuellos nuevos presos los días 1 y 2 y más aún el 3, entre cuya noche y la mañana del 4 salieron las tres últimas expediciones del magno genocidio. Las dos primeras -a las 2 y las 5 de la madrugada- cayeron en Paracuellos, en tanto que la tercera, a las 7,30, por la gracia de Dios llegó salva, aunque con sobresaltos, a la prisión de Alcalá de Henares.

El instrumento de que se valió el designio divino para poner fin a tan prolongado martirio lo fue el antes citado Melchor Rodríguez, quizá sin sospecharlo él mismo, realizando el milagro de acabar con el río de sangre que a diario empapaba la arena de lo que ya era CAMPOSANTO DE MARTIRES.

Síntesis del gran holocausto

¿Cuántas víctimas reposan en este lugar? En ningún tiempo será posible señalar cifras exactas, por las razones apuntadas al comienzo de este trabajo, mas no será difícil obtener número aproximado, con nombres, fechas y procedencias. Por ahora me atrevo a afirmar que el número de los llevados de Boadilla del Monte, sepultados en Paracuellos, incluidos Ribas-Vaciamadrid, los 414 de Torrejón de Ardoz y de otros lugares próximos (excluyendo los 800 del cementerio de Aravaca) superan con mucho las cifras señaladas por ciertas monografías recientes, si bien no tan elevadas como las que nosotros hemos utilizado a veces. El número de OCHO MIL TRESCIENTOS CINCUENTA Y CUATRO mártires que ex- presa el Archivero-Historiador de la Real Academia de la Historia, Arsenio de Izaga en su importantísima obra Los presos de Madrid (Madrid 1940), puede ser el más aproximado hasta ahora.

Las zanjas en que se sepultaron tantos miles de mártires eran descomunales, terroríficas, sin precedentes ni comparación con cualquier otro episodio de la Cruzada. Siete en total, la mayor la n° 4 (mártires del 9 y 24 noviembre y otros desconocidos) con 160 x 4 m.; la n° 6 (mártires del 3 y 4 diciembre y otros desconocidos), tiene 120 x 8 m.; la n° 5 (mártires del 28, 29 y 30 noviembre) 80 x 8 m.

Tal es, en síntesis, la historia trágica y gloriosa de los Mártires de Paracuellos del Jarama, el más grandioso holocausto católico de todos los tiempos en España, uno de los mayores de la historia de la Iglesia Universal. Inicua y gigantesca carnicería de hombres inermes, indefensos, plenos de espíritu cristiano y patriótico, para la que los responsables no se preocuparon siquiera de buscar pretexto y en la que desde luego no hubo la más mínima participación popular, como tampoco la hubo en las matanzas generales que antes hemos referido. El pueblo de Madrid ignoró los hechos hasta que concluida la guerra se supo la verdad con todo su horror y toda su grandeza. Todo estaba perfecta, diabólicamente dispuesto por los órganos de poder, desde el Ministerio de la Gobernación a la Dirección General de Seguridad y desde la Junta de Defensa a su Delegado de Orden Público. Las órdenes y listas de salida de las prisiones, la conducción de los presos en autobuses de la Empresa Municipal o en camiones de servicio oficial, la apertura de zanjas, los piquetes preparados con abundancia de armas y de municiones, todo estaba previsto y ordenado de antemano, sin que nadie desde el poder se opusiera, cuando más tarde se demostró que un solo Delegado de Prisiones, por sí mismo, pudo poner fin en un instante al inmenso crimen contra el Derecho de Gentes.

El precipitado Arsenio de Izaga, que convivió en prisión con los mártires, escribió a propósito de Paracuellos: «Cuadro espantoso aquel cuadro… espectáculo escalofriante el terrible piquete de forajidos que disparaba sus fusiles o sus ametralladoras sobre unos hombres de bien de toda profesión, de toda categoría y de toda edad, sacerdotes y seglares, militares y paisanos, ricos y pobres, patronos y obreros, desde los que habían pasado los dinteles de la ancianidad hasta los que apenas habían salido de la niñez, mientras sus compañeros de infortunio, hacinados sobre los vehículos o apelotonados a la vera del camino, esperaban el turno fatal y contemplaban indefensos el suplicio que poco después iban a sufrir».

Yo que conocí el temple de sus pechos, lo adiviné cuando vi que salían de la prisión con el resplandor de los elegidos… Ninguno renegó de sus convicciones religiosas y patrióticas. Ninguno dio la más leve prueba de vacilación ni de flaqueza. Todos se negaron a prestar adhesión al régimen que los estaba envileciendo, a pesar de que se les ofrecía como único medio de salvarse. Todos se animaban entre sí, y oponían a las blasfemas imprecaciones de sus verdugos, su fe de creyentes y su altivez de españoles. Todos recibían la helada caricia de las balas como el galardón eterno que el Cielo les tenía prometido y el beso que la Patria imprimía en sus frentes de Cruzados. Y no se había extinguido el eco de la última descarga, cuando aún resonaba en el espacio su vibrante grito, ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva España!

Gloriosa memoria de los Mártires de Paracuellos y de la Cruzada

Concluida la guerra los mártires de Paracuellos recibieron durante muchos años el testimonio de devoción de los madrileños y de las altas representaciones de la Iglesia y del Estado. Así por ejemplo en 5 de octubre de 1941 el Obispo Eijo Garay bendecía la Capilla provisional del Camposanto, celebraba la Santa Misa y dirigía emocionadas palabras a los fieles; el 15 de octubre del año siguiente, el Regimiento de Caballería núm. 1 de Alcalá de Henares, con el General de la 1.a Brigada y su Coronel al frente, rendía tributo a los Mártires, al decir del Coronel, «-Con una plegaria como cristianos y honores con las armas como militares»; y el Consejo Diocesano de Jóvenes de A. C. organizaba en Paracuellos el 25 de noviembre de 1951 un gran acto nacional de fidelidad a los Mártires.

Mas hemos visto cómo, a partir de los años sesenta, el silencio y el olvido de quienes más obligados están hacia los Mártires ha caído sobre su memoria y sobre la tierra que cubre sus sagrados restos, como si jamás hubieran existido, en el tiempo en que se deterioran los valores por los que aquellos murieron, se padece confusión religiosa y se degrada la moral pública y privada. Tan sólo la Hermandad de Ntra. Sra. de los Caídos de Paracuellos del Jarama mantiene su devoción a estos Mártires.

No pretendo entrar en el análisis de las causas, pero me atrevo a pensar que la señal de restauración de la Iglesia y de España vendrá dada por la renovación de la santa memoria de estos Mártires y de todos los de la Cruzada, es decir, cuando nuestra superior Jerarquía eclesiástica llegue al Camposanto de Paracuellos, como lo hiciera el Doctor Eijo Garay, y después de besar su tierra mil veces santa, celebre solemnes Oficios a la mayor gloria de aquellos elegidos de Dios, y cuando los altos dignatarios de la Nación rindan de nuevo homenaje a los héroes que allí reposan.

Un rayo de esperanza hallamos en la reciente declaración martirial de las tres Carmelitas de Guadalajara, cuya beatificación solemne se anuncia para el 29 de marzo en Roma, si es que a continuación se prosiguen las Causas de tantos miles de Mártires de la Cruzada, cuyos méritos no son inferiores a los de aquellas santas religiosas.

En tanto, y cuando más oscuro contemplamos el horizonte, encomendémonos a esta gloriosa constelación de los Mártires, ellos son nuestros mejores aliados en el Cielo, de donde procede todo poder, y el suyo de intercesores de la divina gracia es tan grande como lo fuera su sacrificio.

Traemos a este lugar de nuestro Boletín, por considerarlo, dado su contenido, o el más adecuado, un documento no conocido hasta ahora de Franco, exhumado recientemente, que reproducimos del mismo autógrafo del Caudillo, acompañado de su traducción.

El documento, que agradecerán nuestros lectores, es un hermoso testimonio más de la fe católica de Franco. 

Madrid, 1.° de abril de 1950.

Rindo mi sentido homenaje a los doce Obispos, 4.000 Sacerdotes, 2.000 religiosos, doscientas religiosas y millares de personas piadosas que murieron perseguidos por razón de su fe confesando al Señor.

Frente al rencor satánico de sus verdugos, ofrecieron su mansedumbre y su perdón. El odio sectario de los enemigos de Cristo alfombró el camino de su gloria. Aportación cuantiosa al martirologio de la Iglesia no igualada por ningún otro pueblo en nuestra era.

Si el ofrecimiento de la vida constituye el más grande hermoso de los holocaustos, la sangre de los mártires es la que sin duda mueve más el corazón amantísimo de Jesús.

Legión angélica de 7.000 mártires, valiosos intercesores de la Patria que tanto amaron. Ellos fueron parte principalísima de nuestra victoria y hoy fieles celadores de nuestra grandeza.

¡Dichosa la tierra que cuenta con tales hijos, pues no puede ser abandonada de la mano de Dios!

Ante su recuerdo besemos la tierra bendita de nuestra Patria que regó su sangre y acogió sus restos.

Parte 1 / Parte 2


3 respuestas a «El gran Holocausto de Paracuellos del Jarama (3/3)»

  1. Todos los Agustinos, salvo uno, Del Real Colegio Alfonso XII d El Escorial fueron asesinados en Paracuellos. Ese agustino llamado León que usurpa la Silla de Pedro en su visita a España no se dignado en visitar este santo lugar ni decir ni pio. Todo por llevarse bien con el poder terrenal

  2. Gracias.
    Eduardo Marquina.
    Obra «En Flandes se ha puesto el Sol».
    El «fragmento» del Brindis del Capitán de los Tercios Don Diego Acuña:
    «Por España
    y el que quiera defenderla,
    honrado muera.
    Y el que traidor la abandone,
    no tenga quien le perdone,
    ni en la tierra santa cobijo,
    ni una cruz en sus despojos,
    ni las manos de un buen hijo
    para cerrarle los ojos.»

    Saludos
    (Fuente de la WEB)
    me servirá de recordatorio
    Gracias

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