El gran secreto. Las relaciones entre el III Reich y grupos sionistas

La tragedia del Holocausto judio y la intensa campaña mediática para preservar su memoria, ha provocado que desde la derrota de la Alemania de Hitler aparezca como dogma de fe que su principal punto en el programa nacionalsocialista fue la del exterminio del pueblo judío. La aparición de nuevos documentos y las aportaciones de algunos historiadores independientes, escasos pero valientes y en muchos casos judíos, nos han mostrado la otra cara. Entre 1933 y 1945 las autoridades alemanas, entre ellas las SS, trabajaron intensamente con grupos sionistas en la planificación de una solución definitiva del llamado problema judio que pasaba por una emigración ordenada de Europa hacia nuevas tierras de colonización. Algo en lo que coincidian con muchos dirigentes judíos. No en vano tanto los judios sionistas como los nacionalsocialistas eran ambos racialistas y fervientes nacionalistas, inspirados en una visión socialista de la comunidad. El actual Estado de Israel les sigue considerando sus padres de la Patria.(1)

Hitler llega al poder

El ascenso al poder de los nacionalsocialistas, abiertamente antisemitas, provocó una reacción adversa de las organizaciones internacionales judías que reaccionaron exigiendo el boicot para la Nueva Alemania. Conocida es la famosa declaración de guerra del Congreso mundial judío a Alemania, pero no todos los judíos reaccionaron de la misma forma.

La Federación sionista de Alemania y la Asociación Central de ciudadanos alemanes de confesión judía, dos de las organizaciones más poderosas existentes en el país, saludaron la llegada de Hitler. Condenaron el boicot, hicieron llegar a la Cancilleria muestras de su adhesión. Más explícitos fueron la Asociación de judíos nacional-alemanes y la Asociación nacional de antiguos combatientes judíos, en memoria de los 12.000 judíos alemanes caídos con uniforme alemán durante la Primera Guerra Mundial, que hicieron numerosas declaraciones de apoyo al programa del NSDAP. Asi, en 1934, el rabino Prinz, futuro vice-presidente de la Organización Sionista Mundial, escribía anticipándose a las leyes de Nuremberg que saludaba la «revolución nacional» iniciada por Hitler pues «queremos que la asimilación sea reemplazada por una nueva ley: la declaración de pertenencia a la nación judia y a la raza judia. Un Estado fundado sobre el principio de la pureza de la nación y de la raza no puede ser sino honrado y respetado por el judío que declare su pertenencia a su propio pueblo.» (2)

Pactando con el Diablo

David Ben Gurión en la época

Los primeros contactos semióficiales con los sionistas por parte del NSDAP se considera que comenzaron con las entrevistas entre el entonces hombre fuerte del partido, Gregor Strasser que en 1932 ya intentó granjearse el apoyo de estas organizaciones ante la más que eventual llegada al poder. Así, en noviembre de 1932, comunicaba oficialmente la Agencia Judía, organización sionista que inspiraba la emigración a Palestina, que no participarían en boicot alguno a Alemania de llegar el nacionalsocialismo al poder. El principal dirigente de la Agencia Judía era David Ben Gurion, considerado el padre de la patria de Israel, que observó sagazmente que una victoria hitleriana podría servir de fermento para la emigración masiva a Palestina aunque discrepaba de sus métodos.

Nada más llegar al poder los sionistas alemanes comenzaron a negociar con las nuevas autoridades, tan interesadas como ellos en encontrar una solución que concluyera con la emigración de los judíos alemanes. En mayo de 1933 se suscribe el primer acuerdo para autorizar la salida masiva de ciudadanos alemanes de origen judio hacia

Palestina a cambio de la adquisición por parte de la Agencia Judía de equipamiento y maquinaria alemana, lo que era obvio al ser técnicamente la mejor del momento y a la que estaban habituados los judíos alemanes, por otro lado la judería más culta y asimilada existente en el mundo.

El acuerdo de havara

El 7 de agosto del mismo año se concluye otro acuerdo mucho más ambicioso. La Organización Sionista Mundial, representados por personalidades de la misma, se reúnen con autoridades del gobierno alemán. Pactan la creación de una sociedad conjunta de gestión de los fondos, se habla de iniciarla con tres millones de marcos, cifra enorme para la época, que recibe el nombre de Havara Trust and Transfert Office (Oficina de emigración fiduciaria, en hebreo Havara). Abren varias oficinas en Alemania y en Palestina, comenzando su labor.

El Betar y los sionistas radicales

El Congreso sionista mundial, reunido en Praga en 1933, discutió con vehemencia el acuerdo sobre la Havara. Curiosamente las principales objeciones provenian de los sionistas radicales que consideraron que era excesivamente remilgado provocando una escisión del Congreso, abandonándolo. El principal personaje de esta ala extremista era Vladimir Jabotinsky, creador de la Betar, la principal organización sionista en Europa oriental, y defensor de la solución armada para ocupar Palestina. Jamás deseará pactar con los nacionalsocialistas, a los que consideraba sus enemigos aún consciente que coincidian en sus programas, pero no se recató en alabar el fascismo como doctrina universal. Asi, con el apoyo de la Italia de Mussolini, entre 1934 y 1937 se graduarán cerca de dos centenares de cadetes oficiales judíos en la Academia militar de Civitavecchia, instruidos por italianos, para constituir el futuro ejército hebreo. No olvidemos que el fascismo italiano jamás fue antisemita en el sentido racialista de los alemanes y que Mussolini apoyó la creación del Estado de Israel. No será hasta bien entrada la guerra cuando se adoptarán medidas antijudías en Italia que, tal y como reconoce Renzo de Felice, principal experto en la materia, jamás llegaron a aplicarse del todo por la oposición de los propios dirigentes del partido.

Paralelamente a la oficina de emigración encontramos en Alemania la existencia de otras organizaciones judías que actuaban abiertamente con el apoyo de las autoridades nacionalsocialistas, especialmente la Betar. Fundada por Jabotinsky en 1923 pronto logró el apoyo entusiasta de los jóvenes sionistas más radicales. Vestían camisa parda, color de la tierra de Israel, portaban estandartes y marchaban paramilitarmente. El Führerprinzip regía en la organización por lo que fueron acusados por muchos, tal y como dijera Chaim Weizman, representante de los judíos anglosajones, de ser «niños que juegan con una cruz gamada judía» o, en palabras de Ben Gurion, que su lider bien podia ser llamado «Vladimir Hitler» por su ademanes fascistizados. Organizará campamentos, marchas, mítines en una Alemania dominada por los nacionalsocialistas, con el apoyo expreso de las autoridades que les financiaban y animaban a todos los niveles.

«Visado» de las autoridades alemanas para emigrantes judíos a Palestina

No es una casualidad que la propaganda antisemita casi desapareció durante el III Reich en Alemania, los grupos antijudíos y editoriales que publicaban material antisemita fueron censurados y en ocasiones incluso prohibidos. El caso del diario de Julius Streicher de Nuremberg, Der Stürmer, es un claro ejemplo de esta nueva orientación. Tal y como escribe el historiador antinazi Höhne, las SS «quiso poner fin a ese juego de los grupos antisemiticos en el Partido y solucionar el problema judío mediante el único arreglo razonable y duradero a su parecer: la emigración total.»

Colaborando hasta el final

Entre 1933 y 1939 se transfiere a Palestina cerca de 140 millones de dolares, un montante extraordinario y que sirvió para la compra de tierra y apuntalar las futuras políticas de expulsión del pueblo palestino (ironía del destino que sean precisamente los nacionalsocialistas uno de los elementos a los que el Estado de Israel debe hoy agradecer su existencia). Los grupos nacionalsocialistas alemanes, que operaban abiertamente en Israel, colaboraron con los judíos. De hecho el cónsul alemán en Jerusalem durante esos años estaba casado con una judía.

Poco a poco el asunto judío fue trasferido más y más a las SS, que se empeñaron a fondo en proseguir los contactos y que los acuerdos con los sionistas se materializaran. En 1935 se podía leer en el semanario de la orden SS: «No están lejanos los tiempos en que Palestina podrá recibir sus hijos que fueron separados durante más de mil años. Que nuestros mejores deseos, como la buena voluntad del Estado, les acompañe.», una de tantas manifestaciones pro-sionistas que se hicieron por esos años. Delegaciones de las SS viajaron en numerosas ocasiones a Palestina, se abrieron oficinas conjuntas tanto en Berlín como Viena para coordinar esfuerzos. Y en el equipo se colocó a un personaje que posteriormente será considerado como el principal representante del Mal, el demonizado Adolf Eichmann.(3) Eichmann se dedicará en pleno a ello, experto en cuestiones sionistas, chapurreaba incluso el yiddish y el hebreo, es dificil calificarle de antisemita. Será uno de los principales portavoces de la necesidad de ampliar los contactos con los judíos sionistas israelíes cuando cercana ya la guerra, Hitler y el ministerio de Asuntos Exteriores comenzó a considerar más importante jugar la carta árabe (de ahí el llamado Plan Madagascar que contemplaba la posibilidad de crear un hogar judío en la isla africana conscientes del problema de la creación de un Estado israelí). Los árabes, por aquellas fechas, comenzaron también a acercarse a los alemanes al coincidir sus intereses -aparte del tema de Israel-, especialmente en cuanto a la expulsión de los británicos.

Unos 60.000 judíos alemanes emigraron a palestina con la ayuda del régimen nacionalsocialsita conforme a los acuerdos de Havara

En 1937 se propuso llegar a un acuerdo con la Haganá (la organización de defensa de los colonos judíos) para proveerles de armas e instruirlos al tiempo que les prometían absoluta libertad para propagar el sionismo entre las comunidades judías alemanas. La SD, servicios de seguridad e inteligencia de las SS, colaboraron en la llegada clandestina a Palestina de emigrantes judíos, pues por entonces los británicos habían impuesto una moratoria a la inmigración judia ante la eventualidad de un malestar árabe. En definitiva, y gracias a los esfuerzos conjuntos alemanes-judíos, centenares de millares de judíos alemanes emigraron, aunque pocos a Palestina antes de la guerra: sólo en 1938 se contabilizaron cerca de 40.000, en 1939 fueron 78.000. En total emigrarán al menos 270.000 judíos alemanes, de los cuales únicamente llegarán a Palestina unos 50.000, el resto mayoritariamente a Estados Unidos.(4)

En noviembre de 1938 se producen los incidentes de la llamada Noche de los cristales rotos, el antisemitismo alemán parece haber explotado, al menos si hemos de creer los medios de comunicación extranjeros.(5) Los sionistas estimaron que era imprescindible aprovechar la coyuntura y aumentar el ritmo de emigración judía. Para ello el Mossad (después de la guerra más conocida por sus actividades como servicios secretos israelíes) destaca en Berlin a dos de sus hombres, que reciben todo el apoyo que precisan de la SD alemana, con una oficina y un amplio equipo de colaboradores abierto al público en plena capital del Reich. Su misión: organizar transportes clandestinos de judíos a Palestina pues ya los ingleses habian bloqueado las fronteras.

Durante años trabajarán en ello, incluso durante los primeros tiempos de la guerra.

¿Entrar en guerra al lado de Alemania?

Abraham Stern

Enero de 1941, con el Afrika Korps de Rommel a las puertas del Cairo, un emisario del grupo judío Stern entra en contacto con dos representantes oficiales del III Reich. Les hace entrega de una singular propuesta: colaborar con las fuerzas alemanas, implantar un Estado fascista en Israel y solucionar el problema judío en Europa mediante el trasvase de la población hebrea a Palestina. Este grupo armado, fundado por Abraham Stern, lucha contra la ocupación británica de Palestina y tienen como miras la implantación de un Estado hebreo incluso si fuere preciso con la expulsión de los palestinos.

Lo más curioso es que uno de los firmantes del documento será después primer ministro en Israel: Yitzhak Shamir, aplicando las políticas que ya preconizasen en los años 40.

En su propuesta afirman a los alemanes que «existen intereses comunes entre el Orden Nuevo fundado sobre el concepto alemán y las verdaderas aspiraciones nacionales del pueblo judio» y añade que «el establecimiento de un Estado judío histórico sobre bases nacionales y totalitarias, y asociado mediante un tratado con el Reich alemán contribuirá al mantenimiento y al reforzamiento de la presencia alemana en Oriente Próximo». Unos principios fundamentales por los cuáles los dirigentes del grupo Stern proponen que «se tome parte activa en la guerra al lado de Alemania». Más explícito imposible.

No se trata de una fantasía ni una estratagema. No podemos olvidar que en Palestina grupos armados judíos llevaban combatiendo la presencia británica, incluso con el terrorismo indiscriminado, desde mediados de los años 30 y una victoria de los alemanes podría ser beneficiosa para la idea nacional judía. Cuando estalla la SGM estos grupos se niegan a apoyar a Inglaterra, pese a los esfuerzos de la juderia británica de lograr un cambio de orientación. En sus planes una victoria del Eje proporcionaría la oportunidad de desembarazarse de los ocupantes ingleses y, además proporcionaría la población que Israel necesitaba para ocupar el territorio ya que los alemanes procederían a la emigración masiva de los seis millones de judíos europeos que estaban en su zona de ocupación. En septiembre de 1939 se posicionaba Stern ante el conflicto, con unas palabras que no dejan lugar a la duda: «Nuestros soldados no derramarán su sangre por las ideas de la democracia, la política y la cultura europea que enmascaran intereses extranjeros a nuestra causa».

Atentado sinoista contra el Hotel Rey David de Jerusalém en Julio de 1946: 91 muertos y 46 heridos

El memorandum fue discutido en Berlín pero en esos momentos el apoyo de la causa árabe contaba más. Hitler y los funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores no deseaban perder el apoyo de los árabes, a los que tenían mayor simpatía. Aún así los grupos radicales judíos intentarán convencer en varias ocasiones más a los alemanes, pero sin éxito y se decretará un alto el fuego con los británicos mientras dure el conflicto europeo, pese a la oposición de muchos de sus dirigentes. Ahora bien, en febrero de 1944, cuando aún queda más de un año de lucha en Europa, otro dirigente judío, Menahem Begin, futuro primer ministro también de Israel, antiguo dirigente del Betar en Polonia, ordenará iniciar las operaciones armadas contra los británicos aún cuando ello signifique un apoyo a las armas alemanas.

Desgraciadamente la situación se fue del control de ambas partes. La suerte de la guerra estaba echada y las autoridades alemanas no tuvieron tiempo para atender la cuestión judía. En un primer momento Himmler y la oficina de asuntos judíos consideró que se podian crear especies de reservas temporales en los territorios conquistados del Este para acoger a los judíos hasta que la contienda finalizara y después proseguir la emigración. En consecuencia fueron recluidos y desplazados hacia el Este, mayormente a Polonia, varios millones a los trágicamente famosos campos de concentración. Fallecerán centenares de millares como consecuencia de los horrores de la guerra.

Pese a la intensidad de la guerra, incluso en 1944 y 1945 seguian las autoridades de las SS intentando que se produjera la emigración judía. Mantener los campos era costoso y entorpecía la maquinaria de guerra. El profesor judío Yehuda Bauer ha narrado con dramatismo estas negociaciones finales que habría podido salvar muchas vidas pero que se malograron por el desinterés (o ¿quizás excesivo interés?) de los británicos y norteamericanos en aceptar la llegada de población judía a sus territorios. Gran parte de la responsabilidad de la tragedia judía europea recae sobre los propios dirigentes judíos anglosajones que prefirieron sacrificar centenares de vidas de sus correligionarios para lograr la victoria total sobre Alemania y los fascismos.

Conclusión

Resulta evidente que las relaciones entre el III Reich y grupos judíos fue mucho más allá de lo que hasta ahora se había creido y fuerza una seria cuña en la persistencia del mito de la obsesión exterminadora en la mente de los dirigentes nacionalsocialistas. El supuesto programa para la Solución Final pasaba más por la emigración total que por el exterminio fisico de la población hebrea. Ello no obsta que se deba reconocer los sufrimientos a los que se vieron sometidos amplias capas de la población europea en la más sangrienta de todas las guerras que haya sufrido el continente, pero la manipulación histórica y la victimización, sea del grupo étnico que sea, no contribuye a curar las heridas abiertas aún, seis décadas más tarde.

Notas:
(1) En la comunidad judía coexistían dos corrientes, los «asimilacionistas» que deseaban que los judíos superasen su ancestral falta de adaptación a los países de acogida mediante la integración, y los «sionistas» que, al calor de los movimientos nacionalistas del siglo XIX, propugnan la creación de una Patria judía y un sentimiento nacional. El padre de los sionistas es Theodor Herzl. De ser una infima minoría, las sucesivas oleadas antisemitas en Europa propiciaron el crecimiento de los sionistas que al acabar la SGM controlaban las organizaciones judías.
(2) Se refiere a las famosas Leyes raciales promulgadas en septiembre de 1935, y presentadas en el congreso del NSDAP de Nuremberg de ese año. Consideradas como la antesala del Holocausto, son por el contrario saludadas con alborozo por los sionistas como medidas positivas para recuperar el sentimiento nacional judío.
(3) Nacido en Austria en 1906, Eichmann cobrará fama por su secuestro en Argentina en los años 60 y juicio en Israel donde fue ejecutado. Se le consideró como el principal instigador del Holocausto, pese a su historial y rango subalterno.
(4) Muchos de estos ocuparán cargos de importancia en la politica estadounidense de posguerra, el más famoso Henry Kissinger (nombre adoptado) que llegará a ser el artífice de la política exterior de este país durante décadas. Muchos de los principales representantes de la judería americana actual son hijos o nietos de esta generación, como es el caso de Spielberg.
(5) La noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, como consecuencia del asesinato de un diplomático alemán a manos de un judío se producen serios tumultos antisemitas a lo largo de Alemania con el incendio de sinagogas, destrucción de lunas y escaparates de comercios judíos. Se ha discutido mucho sobre los instigadores de estos sucesos, así David Irving considera que ni Hitler ni los dirigentes del Partido estaban al tanto de los planes de Goebbels, ministro de propaganda, que habría sido el verdadero artifice. Cuando Hitler recibe la noticia ordena a Hess que inmediatamente se detengan a los culpables y que bajo ningún concepto el Partido intervenga.
Bibliografia básica:
BIAGINI, Furio, Mussolini e il sionismo 1919-1938, Milano, MB Publishing, 1998.
BAUER, Yehuda, Jews for sale? Nazi-Jewish Negotiations, 1933-1945. New Haven, Yale University Press, 1994.
FELICE, Renzo de, Il fascismo y el oriente. Arabi, ebrei e indianio Nella politica di Mussolini, Bolonia, Il Mulino, 1988.
HÖHNE, Heinz, La orden de la calavera, Barcelona, Plaza y Janés, 1977.
NICOSIA, Francis, Hitler und des Zionismus, Leoini am Starnberger See, Druffel-Verlag, 1989.
RATIER, Emmanuel, Les guerriers de Israel, Paris, Facta, 1995.
VALLA, Jean-Claude, Le pacto germano-sioniste (7 août 1933), Paris, Las Cahiers Libros de Histoirem n° 4, SEDE, 2001.

En Revista Nihil Obstat, n°1, año 2002. Editada por Ediciones Nueva República y actualmente por las ediciones Fides.


3 respuestas a «El gran secreto. Las relaciones entre el III Reich y grupos sionistas»

  1. De que Hitler en más de una ocasión se benefició de algún acuerdo con gente del sionismo no es novedad. El problema judío fue resuelto mediante el arreglo razonable y duradero -al parecer de Hitler- por medio de la emigración total o expulsión de judíos; decir que fue una solución ya ampliamente utilizada con anterioridad y que fue la tónica de muchos países (reinos cuando eran soberanos) a lo largo de la historia cristiana.
    El de llegar a acuerdos (en este caso entiendo que era en referencia a un número pequeño de beneficiarios) para el traslado de población judía a Palestina era del todo entendible en el sentido de facilitar una expulsión rápida mucho más fácil y menos gravosa incluso para los propios judíos. Ya conocemos el dicho “al enemigo que huye puente de plata”.
    La persistencia del mito de la obsesión exterminadora en la mente de los dirigentes nacionalsocialistas fue objeto en plena guerra mundial de “guerra psicológica” o lo que actualmente se denomina “ingeniera social” por los del otro bando.
    En estos días “40 niños judíos fueron decapitados por los de Hamás” es marca de la casa, como es también “marca de la casa” que los palestinos matan a judíos sin mencionar el origen y motivación de ello: más de 75 años de dominación, tortura y genocidio del pueblo palestino a manos de los judíos. debe ser que los niños, mujeres, mayores e indefensos palestiones NO son personas, NO son nada, NO cuentan.
    Posterior a la guerra, la transformación de los campos de trabajo en campos de exterminio según “los vencedores” conllevó una indemnización sin límite a pagar por Alemania a los sionistas. Incluso el cínico demoledor infiltrado dentro de la Iglesia Karol Józef Wojtyła apoyó a sus “hermanos mayores” en esto último.

    Para Hitler el problema de la humanidad era el sionismo. El problema que tuvo Alemania con Hitler es que no fue católico, no era practicante de la Fe en CRISTO y el influjo de Satanás en sus “sesiones espiritistas” le llevó a tomar decisiones equivocadas. Elevó a Alemania en tiempo record a un nivel tecnológico y de vida sin precedentes, destruyéndola posteriormente en la guerra, igualmente en tiempo record.

  2. Los judíos que mataron a Jesús (con su actitud) no eran las turbas que le seguían, sino los exaltados de Jerusalén, movidos por la élite nacionalista/racista de turno. Las turbas que ocuparon la ciudad, no moverían un dedo frente a los exaltados, ya que tenían claro que ni podían hacer nada por las malas (como se le dijo a Pedro, todo debía cumplirse), ni debían, por aquello de la mejilla.
    Es el eterno problema entre judíos asimilacionistas y racistas intolerantes. Disraelí lo definió muy bien, es un problema de predominio; no ya entre judíos, sino con relación al resto de tribus. Este problema se ha dado a lo largo de la historia desde el momento en que los romanos les pusieron en circulación. Motivo de las expulsiones de los distintos países.. no por su religión como se suele argumentar, ni siquiera por ser acusados de matar al Hijo (aunque lo agravaba), sino por su racista, excluyente e insaciable hambre de poder y predominio sobre el vecino; el oro, la sagacidad y la férrea unión que la respalda.
    Los sionistas sacrifican con gusto a los asimilacionistas (tanto como a los gentiles), y si es necesario, a los suyos, pues les mueve el fanatismo materialista.
    Expertos consumados en conspiraciones/carambolas a muchas bandas, cuadraron las cosas, los tiempos, a los pueblos y a las gentes para conseguir su estado icono, y el poder bajo el mantel. Hoy lo imponen por encima de la farsa habitual.
    Los RRCC intentaron ponerle remedio, y en gran parte lo consiguieron; pero con Felipe III entraron en escena los judíos marranos (super racistas/excluyentes) portugueses en acción y hasta aquí.

    El gran error de Hitler y de muchos es no diferenciar entre estos dos tipos de judíos. Al final le hicieron herramienta de su genocidio contra los asimilacionistas alemanes. Eliminó justo a los equivocados, de la mano de quienes la liaron. Los militares británicos, ajenos a los que mueven los hilos en su propio país, fueron carne de cañón y figurantes de la trama. Estaban en medio.

    Si no hubiera habido esta trama conspirativa de judíos racistas, los asimilacionistas, sencillamente podrían haber ido a Palestina pacíficamente a trabajar, y con su inteligencia en poco tiempo se habrían hecho con la dirección del país, con la felicitación de los nativos. Habrían recuperado su Israel tranquilamente. Pero, el mal sembrado entre unos y otros hace imposible esa utopía.

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