El hombre verdaderamente libre

¿Es libre el hombre por ir a votar cada cuatro años? No. Es un hombre obediente. La libertad, la verdadera, no reside en lo que el hombre hace y le dejan hacer otros, sino en lo que el hombre es.

¿Quién es el hombre verdaderamente libre? Aquel que vive sin máscara, porque nada ha de ocultar. Es el hombre de moral íntegra, que no está encadenado a la concupiscencia, al deseo desordenado, a la lujuria, a la envidia, al odio… Es el hombre que, libre de estas argollas carcelarias, vive libre de su tiranía. El hombre verdaderamente libre vive con gozo su castidad, su pureza, su honestidad, su rectitud moral. Es el hombre que mira limpiamente porque limpio está su corazón de ocultos deseos.

El hombre libre es el que no está atado al deseo de poseer poder, dinero y fama. Es el que puede mostrar ante los demás la transparencia de sus medios de subsistencia, sin el más mínimo temor de que se descubra su economía oculta, que no tiene. Nada teme en lo económico, porque vive honesta y rectamente.

El hombre que es fiel a sus ideas, que las mantiene contra toda adversidad, que sus acciones están en perfecta armonía con lo que piensa, ese es un hombre libre. Ahora bien, aquello que piensa y cree el hombre, lo que llamamos “ideas”, ”creencias”, son falibles, por muy honestas y honrosas que sean, si en verdad el hombre quiere ser libre no puede seguir “sus” ideas y pensamientos u opiniones, ha de seguir la Verdad infalible que siempre le guiará por el camino de la libertad. La verdadera libertad está en el ser humano, nadie se la ha dado, pues ha sido creado para ser libre, y libremente glorificar a su Creador.

Sólo, y exclusivamente, es el Creador, el Señor nuestro Dios, quien nos ha dado la libertad, esa que Él tiene en su ser infinito. Cristo y Cristo crucificado, nos ha mostrado el camino de la libertad personal, que no es más que el aborrecimiento del pecado y la aceptación de su Gracia.

El hombre es libre cuando su corazón está libre de las ataduras del pecado; y nunca podrá ser libre el hombre empecatado, el hombre enmascarado.

El pecado hace al pecador cobarde y mentiroso, falso e hipócrita, adulador y soberbio; se trata del hombre que sólo desea acumular en la tierra y aparentar, temeroso de que pueda transparentarse su miserable vida. El pecador es el hombre enmascarado. El hombre libre vive sin máscara porque sabe de quien se fía, que no es él mismo sino el Señor.

¿Qué ocurre con la sociedad, con la comunidad política? Pues que será verdaderamente libre cuando las leyes que la gobiernan instruyan al individuo en la verdadera libertad de Dios. Las fuerzas del infierno siempre han combatido, y combaten y combatirán, contra quienes pretendieran promulgar tal clase de leyes. El infierno no quiere al hombre libre, lo quiere obediente y pecador; pues cuanto más pecador, más obediente será; cuanto más obediente sea, más se le podrá dominar; y cuanto más se le domine, se le podrá controlar y guiar quitándole su voluntad y autonomía, y finalmente destruir y condenar.

Son las leyes humanas que dan gloria a Dios las que verdaderamente hacen libre al ser humano; porque sólo del Señor, infinitamente libre, puede venir la libertad al hombre.

El hombre verdaderamente es el que vive consciente de que su vida será juzgada al final. El que sabe que tendrá que dar cuentas de sus acciones al Creador.

Ave María Purísima.


Una respuesta a «El hombre verdaderamente libre»

  1. Sr. Caballero: sigo al pie de la letra sus recomendaciones. Ni una vacuna. Bastante tengo con dos ,simultaneas ,contra la viruela , que me inocularon de niña. Ahora tenemos que estar muy alerta con el tratado de pandemias de la OMS que nos quieren endilgar. Resistir hasta el final.

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