El odio no es delito, según dependa

Un rápido apunte en relación con el “estado de derecho” y la persecución anticatólica.

He observado recientemente en Madrid que hay anuncios apenas disimuladamente blasfemos. Se pueden ver, precisamente, en un mobiliario urbano municipal casi frente a la sede del PP en Génova; recordemos que ese partido gobierna la Comunidad y el Ayuntamiento. Y, “lógicamente”, esto se produce, reiteradamente y continuamente, con total descaro e impunidad.

Que alguien autotitulado artista se escude en la libertad de expresión para atacar lo sagrado y los símbolos patrios (la Inmaculada es nuestra patrona), es muy habitual, pero no por ello deja de ser aterradoramente grave.

Puta es el título de una canción/disco de María Zahara Gordillo Campos. En su presentación relata que: PUTA es mi historia, contada desde las heridas que supuran, desde la llaga y la carne abierta y PUTA es, también, parte de mi camino de sanación. Cuando tenía 12 años y me llamaban puta se me hundía el mundo … Escrito aquí, al lado de mi nombre, ha perdido todo su significado. Puedes decírmelo a la cara. Ese insulto que he recibid durante toda mi vida ya no me hace daño, está vacío de contenido”.

Carnaval de Las Palmas 2019

Bien. Ella sabrá por qué lo eligió. Sin tener ánimo ni gusto para oír este género de sonidos, la sola portada es diabólicamente explícita: aparece con una corona de rayos luminosos, un niño en brazos y una banda azul celeste en la que se lee PUTA. Además, en la imagen del anuncio están sobre impresas “las cuatro letras”.

¿De qué sirve la Ley Orgánica 7/1980, de 5 de julio, de Libertad Religiosa? ¿De qué la Ley Orgánica 10/1995 del Código Penal, cuyos artículos 510 y 525 tipifican y condenan la burla o mofa tenaces de los dogmas, las creencias, ritos o ceremonias?

Porque el artículo 525 del Código Penal explícitamente dice: “Incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican”.

Y el 510: “Serán castigados con una pena de prisión de uno a cuatro años y multa de seis a doce meses: a) Quienes públicamente fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo, una parte del mismo o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquél, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias … b) Quienes produzcan, elaboren, posean con la finalidad de distribuir, faciliten a terceras personas el acceso, distribuyan, difundan o vendan escritos o cualquier otra clase de material o soportes que por su contenido sean idóneos para fomentar, promover, o incitar directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo, una parte del mismo, o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquél, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias”.

Pero ya hemos visto lo barato que es gritar públicamente cosas tales como “A por ellos como en Paracuellos” o “Por machista y patriarcal, hay que quemar la Conferencia Episcopal”, porque, claro, “no supone un riesgo real para algún grupo de personas que se encuentre en una situación vulnerable”.

Caseta en las fiestas de Bilbao 2019

NO hay estado de derecho.

Ni la Fiscalía ni la Iglesia actuarán de oficio.

El PP ha roto, si alguna vez lo tuvo, su ideario inicial.

Hace mucho que se ha destrozado el contrato social, y muy especialmente por parte de las Instituciones.

Y no solo el contrato social, también se ha decretado la persecución a las creencias religiosas seculares.

No nos quejemos si “Dios no nos pilla confesados”, porque estas cosas se pagan más pronto que tarde


2 respuestas a «El odio no es delito, según dependa»

  1. El delito de odio, y todo lo que hay montado alrededor del mismo, es una argucia de los que practican el odio político para impedir, en fraude de Ley que los que sufren el odio puedan de ninguna forma defenderse dialécticamente y replicar. No hay nada más hipócrita y más abyecto que este fraude de Ley, que no se ha montado para luchar contra el odio y la intolerancia, sino para imponerlo sin posibilidad de defensa, ya que no admite prueba en contrario. Si en España en política se practica una Justicia de autos, donde la Justicia primero pide el carnert político y dependiendo del carnet decide una cosa o la contraria, en el tema de los delitos de odio la desviación de poder y la arbitrariedad alcanza su cenit, porque el odio sólo es delito si sirve a los intereses de la extrema izquierda y la anti-España, si no, no.
    Por eso si alguien se atreve a negar el Holocausto la Fiscalía del odio se tira de cabeza, y si en cambio lo que se reivindican son las guillotinas por parte de la extrema izquierda, o se hace jactancia de asesinar a las infantas, o públicamente se apedrean a los asistentes a los actos de VOX al grito «a por ellos como en Paracuellos», o a Ortega Lara se le grita en su cara que la ETA lo mate o lo vuelva a meter en el zulo, y mil ejemplos más, la Fiscalía del odio ni está ni se la espera. El día que un partido político pida en su programa la inhabilitación y la expulsión de la carrera fiscal a los fiscales del odio, ese día algún partido político habrá encontrado el rumbo de la defensa de la Justicia como ideal ético y jurídico.
    Estos escarnios a la Iglesia católica que se denuncian en este artículo, son la «costumbre contra legem» del día a dia de un país como España que es la antítesis del «imperio de la Ley», porque rige el imperio del mamoneo jurídico y la arbitrariedad más descarada. Como cuando al principio de la pandemia paraban las misas católicas celebradas con toda la distancia social en una azotea, y los policías de la Stasi procedían a identificar hasta a la catequista para denunciarla , y en cambio dos días después los moros celebraban sus rezos no en una azotea sino en plena calle y de forma tumultuaria, y la misma policía callados allí como pasmarotes por no decir como putas. Esto es como cuando asaltaron la capilla de la Complutense, si hubiera sido una sinagoga seguros que el juicio no acaba en la burla en la que acabó.

    Si yo fuera Fiscal del Odio sentiría verguenza de mi profesión, de ir metiendo en la cárcel a gente solo por vender un libro pro alemanes dela Segunda Guerra mundial, o por publicar un tuit criticando a Pablo Iglesias, y arruinándole la vida a gente que son buenos españoles, y luego al mismo tiempo mirando para otro lado cuando es de signo contrario y cosas muchísimo más graves y eso no tiene ninguna consecuencia jurídica. Si yo fuera Fiscal del odio sentiría verguenza la diferente vara de medir.
    Los luciferinos y rojos (valga la redundancia) delinquen pero las leyes se hacen «contra el fascismo» (entendiendo por tal lo que la extrema izquierda ha terminado por imponer como significado), y no son pocos los que se dejan manipular por el discurso de la extrema izquierda.
    Ni que decir tiene que los obispos a esto y a todos lo demás, ni mu, no les vayan a cobrar el IBI, que es lo que orienta sus vidas, el IBI y jugar a ser el doble de progres que el que más.
    Por lo menos el autor se escandaliza de lo que denuncia, pero es tal la ofensiva de cine (y series de tv) degenerado en las televisiones, que va a llegar un momento que a nadie importe, porque ocurra como en Sodoma y Gomorra, que no quede ni un hombre justo que se asquee de todo esto. Camino de eso vamos, y a pasos agigantados.

  2. Magnífica y auténtica lección, Kevlar. Muchísimas gracias.
    Así es … la «costumbre contra legem» del día a dia de un país como España que es la antítesis del «imperio de la Ley», porque rige el imperio del mamoneo jurídico y la arbitrariedad más descarada
    Desde luego, el enemigo está dentro, que alguien tire sobre nosotros.

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