El P. Ángel: contumaz e irreverente

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El mundanamente famoso P. Ángel se ha descargado con unas declaraciones al Diario de Jerez que no tienen por donde cogerse, o sea, que son un completo desperdicio. Les cometamos las más importantes.

-Pero en la sociedad ha calado la sensación de que estamos peor que nunca. ¿A qué se debe?

-Creo que hay muchos agoreros. Nadie puede decir que la medicina hoy no está mucho mejor ni que nuestros niños están más preparados que nunca. El mundo que vamos a dejar a nuestra juventud va a ser mucho mejor, sin duda alguna.

¿Seguro, P. Ángel? ¿Seguro? Pues debe ser que necesita gafas y de las de culo de vaso, porque este mundo, esta sociedad, esta España en la que vivimos y la que, si Dios no lo remedia con un milagro cósmico, ya es y aún va a serlo mucho más, es espantosa. Claro que para un marxista como usted no, claro. Para usted la degeneración que contemplamos, la deshumanización y perversión que día a día nos rodea le da igual o, peor aún, le “mola” y por eso ayuda a potenciarla. Sólo hay que ver como tiene su parroquia, San Antón, hecha unos zorros y a qué se dedica usted, a todo menos a evangelizar, habiendo desbarrado en un mero filántropo que, eso sí, como es lo que se lleva, le rinde pingües beneficios propagandísticos y satisface su enfermizo afán de protagonismo.

-¿Hay correlación entre la pérdida de la religiosidad y el pesimismo sobre el futuro?

-No lo creo. Quizás hay menos gente practicante, pero pienso que cada uno nace con algo de instinto religioso. Pero eso de ser católico, apostólico y romano ya no se lleva. Hay que dejar a los demás que sean lo que ellos deseen.

La pérdida del sentido religioso, de la práctica religiosa, de la Fe, el haber dado la espalda a Dios, es la raíz, la única y la absoluta raíz, de todos los males que esta sociedad expande y… sufre. Aunque usted no lo crea. Pero claro, si un sacerdote no cree en ello, como usted mismo confiesa, entonces apaga y vámonos. Y es que la pérdida de la Fe en los sacerdotes, como es su caso, es la raíz de la raíz. Que ahora no se lleve lo de católico, apostólico y romano es el fruto podrido de esa raíz seca. Repase el Evangelio entre espectáculo y espectáculo, entre acto social y acto social, y entre congreso marxista y congreso marxista, a todo lo cual es tan aficionado, y, a lo mejor, cambia de opinión. Dios lo quiera.

-¿A qué achaca la distancia entre la sociedad y la iglesia?

-A veces hay que creer más en lo que uno hace. El problema de la iglesia no es si los sacerdotes se casan o se dejan de casar, sino si estamos cerca de los pobres. A veces nos falta autenticidad y creer en los proyectos.

El problema de la Iglesia, como hemos apuntado, es la falta de Fe de sus clérigos y religiosos. Es la pérdida del norte, de la única referencia posible y fiable que es Jesucristo. Es la mundanización. Es la puesta en duda de los dogmas seculares, entre ellos el celibato sacerdotal. El problema de la Iglesia lo hace patente usted cada día cuando se dedica sólo a los pobres, o sea, a sus cuerpos, y no a sus almas.

-También hay personas que tienen fe, pero se sienten excluidas de la iglesia por estar divorciadas o por ser homosexuales.

-Si algunos están apartados es porque los hemos apartado nosotros. Pero este Papa ya nos ha dicho que hay que volver a abrir las puertas de las iglesias.

Nadie ha apartado a los sodomitas de la Iglesia. Son ellos los que al caer en tan gravísimo pecado se han apartado de ella. Son ellos los que con su rechazar a Cristo han rechazado también a Su Iglesia. En cuanto a este Papa ya vemos lo que siembra: confusión, cuando no pura herejía, y ya vemos a dónde nos lleva: a la perdición.

Mucho más se podría decir, pero mejor acabemos como debemos hacerlo siempre los católicos en estos casos: que Dios le dé la gracia al P. Ángel para volver al Evangelio, a ser fiel a Jesucristo, a predicar la Buena Nueva y… que haga un verdadero examen de conciencia porque pecadores arrepentidos quiere el Señor; además, P. Ángel, su tiempo en este barrio se agota.

Nosotros, por nuestra parte, seguiremos nuestro camino que no es otro que Cristo, caminando con Él que es el único camino que lleva a Él mismo.

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