El patio trasero

La política internacional ha demostrado de forma indiscutible que la América hispana ya no es el patio trasero de Estados Unidos: el triste papel que antes asumían a regañadientes Cuba, Méjico o Haití, hoy lo interpretan Alemania, Francia y, por supuesto, España. Sí, la sumisión cultural, la absoluta abdicación de la identidad europea en el lecho de Procusto (norma arbitraria para la que se fuerza una conformidad exacta. Se aplica también a aquella falacia pseudocientífica en la que se tratan de deformar los datos de la realidad, para que se adapten a la hipótesis previa) del American Way of Life, nos ha convertido en una suerte de esclavos voluntarios que ni siquiera tienen conciencia de su propia servidumbre. El ejemplo más triste de todo ello fue el recibimiento que se le dio a Biden en Madrid, propio del que los régulos y príncipes vasallos del Raj británico hacían al virrey inglés.

Pero no sólo sucede esto entre una casta política colonial que, por su liberalismo, considera todo lo yanqui como benéfico y obligatorio. También los partidos presuntamente identitarios, con la muy honrosa excepción de la alemana AfD y la húngara Fidesz, han tenido mucho más en cuenta los intereses de América que los de Europa. Vox, por ejemplo, está muy feliz ejerciendo de doberman de Biden y defendiendo la hegemonía anglosajona en el mundo, ignorando a propósito lo que supone el triunfo yanqui en la contienda con Rusia (además de la ruina de las economías europeas): la aplicación de todas las agendas del Nuevo Orden Mundial. Los enemigos de Putin son los sicarios de Davos.

Es triste reconocer que todo esto a uno no le sorprende. Como tampoco se asombra uno ante el alborozo con el que se recibe el triunfo de Fratelli d’Italia. ¿Cómo se puede celebrar como un golpe al Sistema el éxito de políticos que pretenden consolidarlo? Vox y los partidos de su especie son una válvula de seguridad para el tinglado oligárquico occidental; defienden el orden establecido, incluso la nefasta Constitución del 78, y no discuten la hegemonía anglosajona, sino que la defienden; de hecho, se inspiran muchísimo más en Reagan, Leo Strauss y Margaret Thatcher que en los conservadores y tradicionalistas europeos, como Maeztu o Spengler. Lo que les vuelve “peligrosos” no es su propia naturaleza, sino el giro nihilista del liberalismo actual, que se ha fundido con la extrema izquierda universitaria más delirante y convierte en una amenaza a partidos que sólo son conservadores del orden democrático tal y como era antes de la locura woke de nuestro tiempo. Ni Abascal ni Melloni vienen a cambiar las cosas, sino a frenar su ritmo, y ello en la mejor de las suposiciones. Vox se limita a imitar al PP de Aznar, el del 96, como se temía uno hace unos años, cuando fui tan ingenuo como para hacerme ilusiones con aquella nueva formación. Pero lo cierto es que no engañaban a nadie: siempre han sido tan atlantistas como los más duros halcones del Pentágono. Era uno mismo quien se quería engañar. 

En el caso de que la situación social se deteriore y la gente opte por soluciones revolucionarias y nacionales, es decir, en el caso de que Europa decida ser soberana, Vox, Fratelli y demás “amenazas” para el orden liberal de la Unión llamada “Europea” serán su principal reducto frente a la auténtica revolución conservadora: la garantía de poder desviar el empuje de las comunidades nacionales contra las élites atlantistas.

Para elmanifiesto


Una respuesta a «El patio trasero»

  1. Europa es una colonia desde el final de la segunda guerra mundial, nada nuevo bajo el sol. Los traidores son muy evidentes en cada país europeo, son los que obedecen órdenes en abrir fronteras al multiculturalismo y a todo lo demás degenerado, hundir en la miseria para que no despierte Europa.

    Saludos cordiales

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