El pecado de insumisión es la muerte del hombre

He tomada prestada la originalísima frase que da pie al artículo[1], y que me ha hecho caer en la cuenta, en lo que parece evidente, pero que creo que muy pocos  han pensado; y es que el que desobedece los Mandamientos de la Ley de Dios es un insumiso. Un insumiso a la ley divina. La desobedece. Y esto nos lleva a entender la frase: el pecado de insumisión -desobedecer los Mandamientos- es la muerte del hombre, es decir, la muerte del alma, la perdida de la gracia sacramental, con el grandísimo peligro que ello conlleva, de pérdida de la vida eterna,  si no se arrepiente sinceramente antes de morir.

El que peca es que desobedece los Mandamientos, luego el que peca es un insumiso.

Ahora se presenta una paradoja dolorosísima e inaceptable:  la Iglesia, en su Jerarquía y Magisterio, incita a la insumisión. Lo podemos comprobar en las parroquias, en los Obispos. Pretenden que los insumisos sean aceptados con su insumisión; algo así como “Viva la insumisión”. [Recuerdo los años previos a la supresión del servicio militar obligatorio. ¡Insumisión!, a una ley injusta (?)]. Y mientras se incita a la insumisión, la misma Iglesia nos recomienda vivamente la sumisión, la obediencia, a leyes inicuas que desprecian la ley divina y el orden natural, y a la obediencia a las élites mundialistas. ¿Se puede aceptar?

Ni quito ni añado, es la descarnada y machacona realidad  de cada día. Uniones homosexuales, uniones adulteras, uniones libres, y demás, todo ha de ser aceptado con gozosa apertura, sincero diálogo, fraternal acompañamiento, sin injusta discriminación, con cristiana comprensión, y resumiendo: con misericordia, y no con juicio, ni severidad, ni rigidez, tan propias de otra época superada de la Iglesia (¿?).

Pero, quien peca, desobedeciendo los Mandamientos de la Ley de Dios, es un insumiso a dicha Ley. Y quien es un insumiso es que no quiere tal Ley, ya porque la percibe injusta, ya porque cree que no corresponde a los tiempos de hoy, ya porque cree que corresponde a una Iglesia ya superada. Así actúan y manifiestan, porque se sienten apoyados y alentados desde dentro de la Iglesia; entonces para qué dejar la insumisión.

Y qué ocurre con los sumisos, los que obedecen los Mandamientos de la Ley de Dios. ¿Han de convivir fraternalmente con los desobedientes? ¿Es esto lo que pretende la Iglesia, su Jerarquía? ¿Sumisos e insumisos, juntos como hermanos? ¿Por estos derroteros, a parte de otros,  va la fraternidad universal?

¿No hay autoridad eclesiástica que  confirme el valor de la ley de Dios, de sus Mandamientos, el valor de la verdad de la fe? ¿Nadie va a recordar que el camino de la salvación del alma pasa por la obediencia,  por la sumisión, a los mandamientos de la Ley de Dios, y no por la insumisión?

A base de incidir en la insumisión, a base de hacerla “familiar”, a base de aceptarla, al mismo tiempo, y de forma indirecta, se olvida, se desvalora, se arrincona, se desprecia, nada menos que los Mandamientos de la Ley de Dios. Y así, quedan como ajenos a la vida del hombre de hoy, de la sociedad progresista actual. Sociedad, nos dicen,  que tiene unas necesidades y exigencias que la nueva Iglesia posconciliar debe responder y satisfacer. Porque la insumisión, no lo olvidemos es, nos dicen, una exigencia del mundo actual; es una respuesta a las necesidades del hombre moderno.

Pero el pecado de insumisión es la muerte del hombre. El que desobedece los Mandamientos, peca; y el que peca tiene marcado su destino eterno, que no es de gloria, sino de sufrimiento. Aquí están, por la gracia de Dios, los sacramentos, para que los insumisos se arrepientan, hagan penitencia y renazcan a la gracia de Dios, que habían perdido con su pecado.

Hay más alegría en el cielo por un pecador que se arrepienta que por noventa y nueve que no necesitan arrepentirse.

Ave María Purísima. 

[1] Antropología de san Ireneo. Antonio Orbe. BAC. Madrid. 1997. Pág.455.

Una respuesta a «El pecado de insumisión es la muerte del hombre»

  1. En efecto, transigir para no perder feligreses (arrastrados por el machacón ariete de la financiada propaganda) es como decir aquello de que, «estos son mis principios, si no les gustan… tengo otros». Siempre se refirió el Cristo al pequeño rebaño que encuentra el sendero escondido junto a la autopista hacia el Infierno. Pretender ganar adeptos (o, más bien, no perderlos) a costa de renunciar al Reino es, o no tener ni idea, o tener muy mala idea. El que no quiera entrar, que no entre, una vez sepa a que atenerse (si es posible); pero se pretende/pretenden, que no solo no se siembre, que no solo se esconda lo que se siente, sino que (aunque no lo reconozcan públicamente) quieren arrebatar incluso la salvación desde el interior de uno mismo… en eso están. Y por difícil que nos parezca que puedan llegar a hacerlo, más vale que nos vallamos preparando, pues cobrará significado aquello del que «no temáis tanto a los que pueden dañar el cuerpo como a los que pueden arrebatar cuerpo y alma», aplicado en masa.

    Creo que el alma, en esta vida, reside en el pensamiento, que se compone de -recuerdos archivados-, y comparte espacio, cual pc, con la memoria automática tipo -ROM- «de fábrica», que se ocupa de todos los procesos automáticos necesarios para la vida (como respirar u otros sistemas como el cardiaco), incluido ese archivado y desfragmentado nocturno (por ahí acceden/accederán, en el momento en que más desvalidos estamos en el espacio/tiempo; sembrando sentimientos ajenos, contradictorios; fobias, falsos recuerdos y borrado de otros); y de la memoria -RAM- «diaria» que se borra periódicamente al dormir (dejándolo todo al cargo de la ROM), y que es la que hemos de procurar mantener limpia en todo momento o, hasta que ya no podamos ser su propietario/responsable.
    La memoria «diaria», tira de los recuerdos previamente clasificados y ordenados por la «ROM». La ROM controla todo, incluido el acceso del usuario/usuarios?, si se programa al efecto. Muchos ni serán conscientes de estos cambios en su propio cuerpo, cuando el proceso se mejore.

    Hay que ser dueños de uno mismo hasta que podamos (y en armonía). Ya se que todo esto sueña a ciencia ficción, y que hay películas al respecto… como las hay de muchas cosas que están pasando en esta época crucial para la humanidad. Si lo comento es porque (por desgracia) se algo más que el resto. Nos ha tocado vivir, creo, esos momentos descritos por el propio Cristo; mucho más allá de lo que venimos conociendo.
    Tal vez la gran tribulación no vendrá, como pensaba, como un castigo; sino que es consecuencia de la propia maldad de algunos, llevada al límite… «como no la ha habido».

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