El Salvador: cárceles, «maras»… y «demócratas» hipócritas

Nayib Bukele

El Salvador ha saltado inesperadamente a la palestra mediática durante la epidemia vírica por dos motivos: por imágenes en las que aparentemente se mostraba un trato vejatorio intolerable con los presidiarios, y por la decisión de su presidente, Nayib Bukele, de juntar a los presos de distintas “maras” en mismas celdas.

El Salvador es, posiblemente, el país con mayor índice de asesinatos del mundo; 62 por cada 100.000 habitantes. Con una población de 6,8 millones de habitantes, la penitenciaria ronda los 40.000 internos de los cuales casi 18.000, o sea, el 45 por ciento, son miembros de pandillas organizadas, o sea, de “maras”, cuyos niveles de violencia no se pueden ustedes ni imaginar. En cuanto a las cárceles disponibles para alojar a tal cantidad de penados, así como de sus condiciones poco hay que decir, pues también se las pueden ustedes imaginar, bien que para ello hay que tener en cuenta que El Salvador es la economía número 106 por volumen de PIB; su deuda pública es de casi 15.000 millones de euros lo que supone el 67,07% del PIB; por renta per cápita ocupa el lugar 119 de la tabla general, es decir, hacia el final de la misma; sufre un 7,5 por ciento de tasa de desempleo, viviendo en el umbral de la pobreza, e incluso por debajo de él, casi dos millones de personas. Por ello, los recursos de todo tipo para atender a los penados nada tienen que ver con los que, por ejemplo, se dispone y usan en Europa; para qué decir en España donde las cárceles con gimnasio, piscina cubierta y otros lujos asiáticos son un escándalo.

Así pues, uno de los principales problemas y azotes de El Salvador es, precisamente, el de la tremenda delincuencia que sufre, y más en concreto el fenómeno de las peligrosas “maras” de la cuales hay varias, siendo las principales las siguientes: Salvatrucha o MS-13, la más activa y violenta, pues uno de cada cuatro detenidos pertenece a ella; Barrio 18-Sureños, que en 2009 asesinó al ciudadanos francoespañol Christian Poveda; Barrio 18-Revolucionarios, la de mayor implantación en la capital, la cual, en 2010, secuestró un autobús, bloqueó las salidas, lo roció con gasolina y le prendió fuego, disparando sobre los que intentaban escapar por las ventanillas causando 17 muertos, no pocos de ellos carbonizados; otras menores son La Mirada Locos 13 y Mao-Mao. Problema también peliagudo es el que representan los cerca de 13.000 exmaras, cuya reinserción, a pesar de haber renunciado a seguir militando en tales organizaciones criminales no está nada clara.

Para intentar evitar el reinado de dichas “maras”, así como su actitud provocativa y el hecho de que, desde las mismas cárceles, y para qué decir dentro de ellas, siguen emitiendo órdenes a los que operan fuera, el Gobierno decidió cambiar de estrategia anunciando oficialmente “Se acabaron las celdas de una misma pandilla, hemos mezclado a todos los grupos terroristas en la misma celda, en todos los centros penales de seguridad. ¡El Estado se respeta!” (Viceministro de Justicia, Osiris Luna Meza). Coherente con tal decisión, el Gobierno no ha dudado en publicar fotografías aparentemente inaceptables sobre el nuevo trato a los miembros de las “maras”.

 

Ante la polémica inmediata de parte de los de siempre, o sea, de no pocos gobiernos “democráticos” –que tienen sistemas judiciales que una y mil veces permiten a asesinos y violadores salir con permiso a la calle a… reincidir–  o bien ong,s de cuyos objetivos reales, no los que confiesan, ya sabemos cuáles son, el propio presidente salvadoreño, Nayib Bukele, ha twuitteado: «Es increíble el apoyo internacional que tienen las maras. Organizaciones que callan al ver cómo descuartizan salvadoreños, ponen el grito en el cielo porque les quitamos privilegios. Guardan total silencio ante actos de barbarie; pero desatan toda su furia si se intenta poner orden en centros penales, que fueron controlados por las maras durante décadas. Está claro para quién trabajan y cuáles son los intereses de quienes les financian».

Juzguen ustedes mismos.


Deja una respuesta

Su dirección de correo nunca será publicada. Si la indica, podremos contestarle en privado en caso de considerarlo oportuno.*