El ser individual en la metafísica del padre Suárez

Fco. Suárez

Nuestro gran metafísico, teólogo y jurista, el padre Francisco Suárez (1548-1617), fue el continuador del gran edificio escolástico en la Edad Moderna. La filosofía europea de la Modernidad (Descartes, Leibniz, Kant…) le debe mucho, con independencia del reconocimiento que los grandes filósofos extranjeros le hayan tributado. La oposición al principio de la materia, como principio constitutivo de la metafísica, un principio entronizado por los ilustrados y por el llamado “materialismo dialéctico”, es un aspecto fundamental en el suarismo. Este principio materialista deriva de una torpe y errada interpretación del realismo escolástico. En España, el materialismo en Filosofía ha contado como representante más famoso a don Gustavo Bueno (1924-2016). Este profesor español, pese a sus conocimientos de filosofía escolástica, tanto tomista como suarista, ha persistido en la creación de un sistema que apellida “materialista”, que no hace sino involucionar el avance del saber metafísico.

Valgan estas breves líneas para mostrar la importancia de una idea, la idea (formal) de individuo y rendir un humilde homenaje al sabio jesuita.

A. F. de Vos, en la Revista de Filosofía 7 (27), año 1948, escribía lo siguiente:

“[… Suárez] parece (…) haber entrevisto el valor primordial de la individualidad como tal, y ha hecho de ella la unidad fundamental de todo ser dado y concreto. Ha rechazado, por tanto, la doctrina que admitía la materia como principio último de una tal realidad, o, más bien, de una formalidad tan fundamental de lo real, para él es el acto mismo y no la potencia, es la forma y no la materia, lo que debe ser la base de todo valor de ser. Por consiguiente, la forma misma y no su materia es principio de individualidad; y toda forma, sin exceptuar la forma corporal, es por sí, metafísicamente individualizada” [“El aristotelismo de Suárez y su teoría de la individuación”, pps. 755-765; las citas, a partir de ahora, se toman de este artículo].

¿Qué existe, verdaderamente? Existe el individuo. El mundo es, ante todo y primeramente, una colección de individuos y no de potencialidades. Estas potencialidades son la materia, aquello que aún no es acto, aquello que formalmente no posee ser. El materialismo basa la existencia en aquello que formalmente no es, por más que lo posibilite o se integre dinámicamente en aquello que debe ser y llegar al ser.

El acto y la forma es la base del ser, no lo material. Para hablar de ser, aristotélicamente, hemos de hablar de individualidad. Ser, actualizado o real en primerísima instancia, es ser individuo. En Suárez, la primacía del individuo-acto es muy distinta a la que ofrece Santo Tomás. Para el Aquinate, el ser corporal (centrémonos en este, que es el caso más fácil de comprender) está individuado en razón de su materia, en tanto en cuanto ésta es cuantitativamente susceptible de determinación. En el tomismo, la materia es “dadora” de individualidad, es principio de individuación. En el suarismo, la cosa cambia: el individuo ya es radicalmente, formalmente.

Todo esto deriva, evidentemente, de la metafísica de Aristóteles. ¿Cuál es la verdadera sustancia, la sustancia primera? El de Estagira nos dijo: la sustancia primera es la sustancia individual concreta. Por ejemplo, tal hombre concreto que recibe un nombre propio: Sócrates o Federico. Ahora bien, donde hay individualidad dentro de una especie, hay multiplicidad. Sócrates y Federico son de la misma especie, ambos son humanos y ambos individuos, radicalmente únicos, sin embargo quedan englobados (conceptualmente) bajo una misma definición (ambos son miembros de una misma especie, Homo sapiens) y ambos son –ontológicamente- miembros de una misma sustancia segunda, el Hombre. Aristóteles dice así:

En donde hay multiplicidad, hay materia, pues la definición es la misma e idéntica para cada uno” [p. 760].

Para Aristóteles no hay ciencia de lo individual, sino de la especie. Lo inteligible, aquello con lo cual el hombre puede hacer ciencia, es aquello que entra (conceptualmente) en una definición, es numerable y múltiple, lo que a su vez implica que entra, ontológicamente, en una esencia: pertenece a y comparte una esencia. El individuo, como tal, es ininteligible. La cuestión a esclarecer es cómo se relaciona la cantidad en el synolon o par hilemórfico de materia y forma. Para Suárez no sería tanto la materia la “dadora” de individualidad, lo cual sería dar pábulo a los materialistas, sino que es la forma-individuo la que otorga, a través de la cantidad, existencia a lo material.

“… según el Estagirita, el fin último y la última perfección del conocimiento humano residen en la ciencia, que es conocimiento ideal, la expresión perfecta, el logos, del ser existente. Esta ciencia debe estar fundada en el individual concreto, único que existe. En esto Aristóteles se separa de su maestro Platón. Pero, por lo demás, una vez admitida la realidad de la forma, anclada en lo individual existente, este último no siente ningún interés por el filósofo. Lo individual sirve únicamente para revelar la especie real y para perpetuarla en la realidad concreta dada” (p. 762).

En Suárez, es la forma, y no la materia, el principio de individuación. Lo existente de forma primaria y radical es el individuo, un individuo-forma. Lo material, no in-formado, es ininteligible, ni siquiera cabe en la definición. Sólo podemos definir (concebir) la forma individual, y en la forma está, por así decir, “todo cuanto existe y ha de existir”.

Convendría, y mucho, repasar estas lecciones de metafísica. Los filósofos modernos y contemporáneos se sienten, a menudo, como Colón. Creen descubrir continentes nuevos. O peor aún, viven como Adán, que, una vez creado, recibía el mundo entero como novedad absoluta. Esto les pasa a los “materialistas”: bajo un principio que, él solo, únicamente puede representar posibilidad, potencialidad, no-ser, queda confundido lo que de hecho y radicalmente es, con lo que no, lo individual con la especie y ésta con el género, cayendo en amalgama, y no en verdadera  Filosofía.


Una respuesta a «El ser individual en la metafísica del padre Suárez»

  1. 1. ¿Decir que la materia es el principio de individuación significa decir que la materia es el «principioo constitutivo de la metafísica», «un principio materialista»? ¿Supone acaso afirmar que la materia es el principio supremo, o único, de la realidad? ¿»Era Santo Tomás pues un «materialista»?
    2. El ppio. de individuación de Suárez es un engendro escotista del que bien se podría decir lo que Jacobi del esquematismo de Kant: «el más maravilloso y misterioso de todos los misterios y maravillas insondables….» ¿Una forma singular, singularizante? La solución suarista no es mas que un epiciclo de Ptolomeo. El rebuzno nominalista al menos disuelve el absurdo vía plenonasmo: lo que individualiza es… el individuo.
    3. Si bien el actual hispanismo desaforado es una saludable reacción a siglos de arrastrar los pies, a veces sirve al enemigo. El predicamento de la segunda Escolástica en los filósofos modernos posteriores no dice nada bueno de ella, sino todo lo contrario. Estos escolásticos montaron tsunamis en bañeras, los Grocio, Kant y demás, en océanos. Basta ver la calamidad de la ‘translatio’ suareciana, o el ácido de Vitoria contra la jurisdicción papal e imperial. Soberanía popular, Estado soberano, están ya prácticamente un algunos de estos autores. Nada de qué presumir en ser un proto-moderno, o sea… en haber empedrado el camino al Anticristo. Un saludo

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