El terrorismo en la Europa del bienestar, José Luis Orella

Introducción del libro:

El terrorismo se ha convertido en nuestro tiempo en uno de los fenómenos que más pavor causa a una sociedad estable y segura en su bienestar, por las consecuencias determinantes que provoca a través del uso del terror. En la antigüedad algunas luchas irregulares han sido calificadas como antecedentes del terrorismo, en esas raíces encontraríamos a los zelotes, fanáticos observadores de la ley mosaica que utilizaron la violencia contra el dominio extranjero. Flavio Josefo, el historiador judío, los describe como una peligrosa secta dentro de la segmentación que vivía la comunidad judía antes del año 66 a. C.

Otra de las experiencias más citadas y acorde con el terrorismo serán los ismailitas nizaríes, conocidos como hashshashin, de donde proviene la palabra asesino. Desde su castillo de Alamut, esta rama del ismailismo se dedicó a sus saberes gnósticos derivados del chiismo. Su protagonista más famoso fue Hasan-i Sabbah, Sheij al-Yebal, que lideró a la secta en Siria donde sería más conocido. Marco Polo es quien describe la escena del “Señor de las montañas” Sheij al-Yebal, que se llevaba a sus miembros a un lugar recóndito, después de beber hachís, de ahí su otro nombre, y después de ver las maravillas del lugar, que tomaban por el paraíso, realizaban cualquier misión por muy difícil que fuese para retornar aquel lugar maravilloso. Burchard de Estrasburgo, en su Burchard de Estrasburgo, describe de forma parecida a los miembros de aquella obscura orden ismailita. Los asesinatos de emires musulmanes o de jefes cruzados les dieron una aureola de ser los asesinos más eficaces de la historia, al no poder frenarles ninguna medida de seguridad. Sin embargo, los mongoles acabarían con ellos en el año 1256.

José Luis Orella

Tenemos que acercarnos al siglo XIX para volver a tener un fuerte protagonismo del terrorismo en la historia. El grupo Narodnaya Volya (La Voluntad del Pueblo) fue una organización nihilista surgida en el año 1879 para acabar con el imperio zarista a través de la violencia armada. El asesinato del zar Alejandro II en 1881 y los posteriores intentos de acabar con su hijo, Alejandro III, les llevará a la fama internacional. La Ochrana (policía política rusa) será una de las primeras que tuvo que enfrentarse a la lucha contra el terrorismo, con infiltrados y lucha cultural, aunque al final los terroristas se convirtieron en los nuevos guardianes del estado ruso en 1917.

Sin embargo, si en Rusia fueron los nihilistas, en el resto de Europa el terrorismo tomará forma a finales del siglo XIX en los ambientes anarquistas, destruyendo la sociedad con atentados de alto grado mediático, especializándose en magnicidios. Únicamente en España asesinaron a varios primeros ministros como Antonio Cánovas del Castillo, José Canalejas y Eduardo Dato. En Francia al presidente de la República, Sadi Carnot; el presidente estadounidense, William McKinley; el rey de Italia, Humberto I; la emperatriz austrohúngara Isabel de Baviera (Sissi); y en Portugal, al rey portugués Carlos I y su príncipe heredero Luis Felipe. Estos atentados individuales intentaban destruir el régimen liberal y eliminar al Estado, la elección de las víctimas les daba, en términos de propaganda, un gran impacto mediático. La eliminación de un Jefe de Estado podía provocar la desestabilización necesaria para crear el contexto de un estallido revolucionario que favoreciese la lucha de clases.

El supuesto éxito de los atentados terroristas también fue visto como el arma de los pobres, por lo que los nacionalistas lo asumieron como propio. El asesinato en Marsella del rey de Yugoslavia, Alejandro I, en manos de un macedonio de la Organización Revolucionaria Interior Macedonia (IMRO), aliado de los ustachas (rebeldes) croatas, les introdujo en el lado obscuro de la subversión.

No obstante, los militares de carrera nunca verán en el terrorismo una opción de lucha, sino un mero asesinato. En el preámbulo de la Convención de la Haya de 1899 sobre la guerra terrestre, fue presentada la cláusula Martens como un compromiso sobre la disputa entra las diferentes potencias mundiales, que consideraban que los combatientes irregulares (guerrilleros) serían considerados ilegales, y por tanto sujetos a ser ejecutados en el momento de su captura. Los países pequeños susceptibles de ser invadidos o naciones que luchaban por su independencia contra los grandes imperios de inicios del siglo XX, veían en las fuerzas guerrilleras la única opción de lucha, y donde el terrorismo se adaptaba plenamente en la lucha urbana. La Primera Guerra Mundial se inició con un magnicidio, el del príncipe heredero del impero Austro-Húngaro Francisco Fernando y su esposa, a manos de un terrorista serbobosnio.

La Primera Guerra Mundial o las balcánicas anteriores, fueron de las últimas en que los ejércitos regulares fueron los grandes protagonistas, y la participación de los civiles se canalizó a través de formaciones militares. Aunque el honor todavía impregnaba los códigos de conducta de los diferentes ejércitos, nuevas armas como la guerra química o los bombardeos de saturación degradaron la vida humana a un número de estadística. La Segunda Guerra Mundial evitará el uso de la guerra química, pero si planificará todo tipo de acciones, donde el fomento del terrorismo como uso subversivo será ampliamente estimulado y programado. La ocupación de gran parte de los países europeos por el III Reich y la URSS, gracias al fruto del Pacto Ribbentrop-Mólotov, promovió numerosos movimientos de resistencia que tuvieron aplicar la lucha irregular, entre la cual, el asesinato selectivo, en el contexto urbano, y las emboscadas en las áreas rurales, eliminarán muchas fronteras que habían diferenciado a los terroristas de los guerrilleros. Más tarde hablaremos de las diferencias, pero tengamos en cuenta que los grupos terroristas, son criminales, pero intentan hacerse con una aureola de respetabilidad, que procede de los hechos que describimos en este momento.

En la Polonia ocupada o en el mundo serbio, los movimientos clandestinos serán masivos, conformando en realidad verdaderos Estados clandestinos que dictaban justicia, certificaban estudios y gestionaban armamento y recursos documentales. El reconocimiento de su actividad provendrá cuando los miembros del Armia Krajowa o AK, al rendirse tras su alzamiento en Varsovia en 1944, sean reconocidos como soldados regulares, aplicándoles los mismos derechos que aquellos, cuando lo normal era el exterminio de los guerrilleros. A su vez en la Europa occidental, la presencia de grupos resistentes será marginal, formado por militares y algunos civiles. En los países de raíz germánica, donde la ocupación nazi será muy benigna debido a su equiparación racial, como Dinamarca, Noruega, Holanda o la parte flamenca de Bélgica, la resistencia será incentivada por agentes secretos de la inteligencia británica, usando algunos autóctonos exiliados. La Dirección de Operaciones Especiales (SOE) se dedicó hacer imposible la vida de las fuerzas de ocupación alemanas y sus aliados colaboracionistas enviando comandos de sabotaje y de inteligencia. Sin embargo, a nosotros nos interesa la función que en los últimos años de la Guerra mundial tuvieron hombres como el futuro Sir Edwin Hardy Amies, que participó en la operación código Ratweek. Esta operación fue el uso con carácter militar del terrorismo como arma propia. En el ámbito de la Europa occidental la aplicación de Ratweek significó la socialización del asesinato en el mundo colaboracionista, donde se les aterrorizó mediante la marginación social y eliminación. De ese modo miles de militantes de partidos colaboracionistas desarmados y sus familias fueron objetivos sencillos de matar, muy diferente si se hubiese atentado a destacamentos armados alemanes. Sus ejecutores serán elogiados como héroes ante la ausencia de referentes autóctonos, cuando fueron liberados por las tropas aliadas. Los usos que se habían hecho quedaron aprobados por el bien superior de la derrota final del nazismo. Un modo de actuar que pronto sería imitado por los terroristas posteriores, intentado parecerse a los héroes de la resistencia.

Sin embargo, el final de la Segunda Guerra Mundial no traerá el final de aquellas prácticas. La división de Europa en dos mundos diferentes planteará una reestructuración general del orden internacional. La Oficina de Servicios Estratégicos, más conocida como Office of Strategic Services u OSS, fue el servicio de inteligencia de los Estados Unidos de América durante la Segunda Guerra Mundial. La OSS que pasará en 1947 a denominarse Central Intelligence Agency (CIA) organizará una extensa red en el lado oriental de Europa que quedó bajo la ocupación militar soviética. En primer lugar, polacos y serbios anticomunistas fueron los puntos principales de su colaboración, a pesar del abandono de sus causas. Sin embargo, el actor dominante será Reinhard Gehlen, mayor general en la Wehrmacht, que ocupó el puesto de jefe de departamento del extranjero de los ejércitos del Este (Abteilung Fremde Heere), durante la Segunda Guerra Mundial. El general Gehlen tenía una extensa red clandestina formada por alemanes étnicos procedentes del este y antiguos colaboradores del III Reich, procedentes de los nacionalistas anticomunistas de la URSS (ucranianos, lituanos, letones y estonios) y antiguos aliados (rumanos, húngaros, eslovacos y croatas). Un plato muy sabroso para la incipiente agencia de inteligencia estadounidense.

La inteligencia estadounidense y británica apoyaron con suministros e inteligencia a los bálticos Hermanos del Bosque, al Ejército Insurgente Ucraniano, y a los polacos de Wolność i Niezawisłość (Libertad e Independencia) (WiN) y Narodowe Siły Zbrojne (Fuerzas Armadas Nacionales) (NSZ), pero en la zona balcánica, Gordon Mason, jefe de estación de la CIA en Bucarest del 1949-51, también se responsabilizó del contrabando de armas, transmisores de radio, y medicinas que proporcionaba la Oficina de Coordinación de Políticas (OPC) a los haiduci anticomunistas. Para los occidentales serán grupos de liberación anticomunista, para los comunistas, serán calificados de bandidos contrarrevolucionarios. Cuando en 1956 el alzamiento armado húngaro se apoderó de Budapest, fue el máximo triunfo que los insurgentes armados anticomunistas consiguieron, cuando poco después fueron exterminados por los soviéticos, sin ninguna intervención estadounidense, únicamente contaron con el apoyo visible español, pero sin logística para poder llegar a Hungría, las revueltas se fueron apagando ante la imposibilidad de alcanzar un triunfo militar que fuese apoyado por occidente. La apelación a la violencia en la Europa comunista se apagará y dará luz a otro tipo de disidencia que acabará por derrumbar el comunismo, al apelar a la lucha del espíritu contra el mundo material comunista.


4 respuestas a «El terrorismo en la Europa del bienestar, José Luis Orella»

  1. Por cierto, puede decirse, y así lo afirmó Aleksandr Solzhenitsyn, que la revolución rusa la hizo gente que no era rusa, es decir, los judíos.
    Práctimanete podría decirse lo mismo de todas las revoluciones «modernas», basadas en la masonería, el comunismo y el anarquismo.
    Dicho sea esto al hilo de la asepticamente mencionada en el texto «Narodnaya Volya», una organización sionista (hablando con propiedad)

  2. Extraordinario artículo que nos introduce en un tema, el terrorismo, de enorme trascendencia para las naciones y para los pueblos. Que pensamos que como ciudadanos no puede afectarnos, hasta que un día estamos comprando en Hipercor, o sentados en una terraza que se la lleva un conductor por delate, o una pareja de islamistas apuñala a todo el que pilla, y entonces la gente aprende la lección de golpe: tu puedes pasar de la política, pero la política no pasa de tí y al final acaba afectándote tanto si te involucras como si no. No olvidemos que en los países izquierdistas y liberales en el tenor restrictivo o prohibitivo de la legislación sobre la posesión de armas para la gente corriente y la legítima defensa, las autoridades garantizan a los terroristas (y a la delincuencia) el monopolio de las armas, con el resultado de que estos tienen asegurado cuando hacen un ataque indiscriminado, que no tendrán contrincantes que les puedan hacer frente sino víctimas desarmadas.

    Hay cosas muy interesantes para comentar de este artículo:
    1.- la primera que si algo merece el calificativo de «crimen organizado» es el terrorismo. A través de él se aterroriza a la población, se ataca la estabilidad política de muchos países, y se amedrenta a otros, sin necesidad de llegar a una guerra abierta.
    Aldo Moro, antes de ser secuestrado y asesinado oficialmente por las «Brigadas Rojas» (marzo de 1978) contó a su mujer, entre sollozos (de Aldo Moro, no de su mujer), que en su entrevista con Henry Kissinger éste, si no hacía lo que que quería, le había amenazado con asesinarle. No hay que salirse de España para este análisis, aquí tenemos muchos y claros ejemplos, los más evidentes el asesinato de Cánovas del Castillo el 8 de agosto de 1897, como paso previo a robarnos Cuba, Filipinas y Puerto Rico en 1898, o el asesinato de Carrero Blanco (20 diciembre de 1973) como acto previo para robarnos el Sáhara, para impedirnos el desarrollo de la bomba atómica privándonos del lugar de los ensayos, y para el cambio político que hoy padecemos, pasando de una España soberana, con un Ejército Nacional, una legislación laboral (y de todo lo demás) al servicio del pueblo, y 8ª potencia industrial del mundo, a una España de camareros… en paro, porque los bares y restaurantes están cerrados por el coronavirus, que desmantela su industria y que carece de un verdadero Ejército Nacional, y de una policía que lucha contra el crimen, porque una policía que avisa a los terroristas como en el caso Faisán no cumple este requisito de la verdadera policía.

    2.- La segunda, que el terrorismo es un fenómeno que si no se combate al final te vence, toma el poder del Estado y acaban gobernando los terroristas. Así ocurrió en Rusia por la incompetencia de la policía zarista en combatirlo. Así ocurrió en el antiguo Imperio Austro-Húngaro, donde el atentado del príncipe heredero Francisco Fernando y su esposa desencadenó la 1ª guerra mundial y acabó cargándose la monarquía. Así ocurrió en la Segunda guerra mundial (recordemos que la Interpol trabajó de parte del EJE). Y así ha ocurrido más recientemente en España, que los herederos y simpatizantes de la ETA, todos ellos aliados en la lucha contra Franco, han terminado «gobernando» en España. Una de las primeras medidas legislativas a pocos meses de la muerte de Franco fue la derogación de la Ley antiterrorista.
    Por tanto esto hay que apuntárselo, puede que el Estado antes de caer en manos de los terroristas pueda tener piedad con éstos, pero los terroristas no tendrán piedad con el Estado.

    3.- La tercera idea es que el terrorismo es un fenómeno básicamente «antifascista», y en su corriente más «moderna», un fenómeno también «anticristiano» (valga la redundancia). Esto podrá gustar más o menos, o incluso no gustar, pero es la pura realidad. Si además entramos en detalles de quiénes son las personas concretas que conforman este terrorismo, con mayor rotundidad se puede hacer esta afirmación.

    4.- Especial mención me merece por novedosa y valiente, porque se aparta del discurso amarillo y manido de la visión amañada de la segunda guerra mundial de la propaganda comunista-aliada (aliada de Stalin, no lo perdamos nunca de vista, para entender el alcance de esa alianza criminal contra la Europa Cristiana), de la caricatura de Alemania (y de las naciones hermanas que lucharon contra el bolchevismo y la usura mundial codo con codo con ella) como la encarnación del Mal, cuando la realidad no parece que sea ésta, y por lo que en esta mención novedosa hay de postura ética de buscar la verdad y adherirse a ella, porque esta realidad que se reseña en este párrafo, es que el terrorismo, tal como lo conocemos hoy, es un fenómeno de los aliados para llevar el terror como la ETA lo llevó en Hipercor o al Cuartel de la GC de Zaragoza. El uso del terrorismo como arma de guerra total (matando a gente inocente, solo porque son esposas o hijos de simpatizantes de los partidos afines al EJE) en esta lucha entre la policia y los terroristas, los policías fueron vencidos, uno de ellos, todavía fue capturado 50 años después de la guerra (porque lo de las amnistía y la doctrina Parrot, es para ellos, para los terroristas únicamente) y condenado con cerca de 80 años a cadena perpetua y murió (o fue asesinado) en prisión, sin embargo al inventor de esta política de terrorismo que asesinaba a las familias de los simpatizantes de los alemanes (o de los nacionales afines a los alemanes, como eran los partidos de Holanda, Bélgica, Noruega, etc) Edwin Hardy Amies, (en realidad su verdadero nombre era Edwin Amies, pero como era homosexual quiso adoptar el apellido de su madre, Amies), que no sólo no tuvo que esconderse en el Amazonas, sino que fue nombrado Sir Edwin Hardy Amies, tanto en Bélgica como por la Reina Isabel II, que lo nombró su modisto oficial.
    El párrafo al que me refiero es este:
    «A su vez en la Europa occidental, la presencia de grupos resistentes será marginal, formado por militares y algunos civiles. En los países de raíz germánica, donde la ocupación nazi será muy benigna debido a su equiparación racial, como Dinamarca, Noruega, Holanda o la parte flamenca de Bélgica, la resistencia será incentivada por agentes secretos de la inteligencia británica, usando algunos autóctonos exiliados. La Dirección de Operaciones Especiales (SOE) se dedicó hacer imposible la vida de las fuerzas de ocupación alemanas y sus aliados colaboracionistas enviando comandos de sabotaje y de inteligencia. Sin embargo, a nosotros nos interesa la función que en los últimos años de la Guerra mundial tuvieron hombres como el futuro Sir Edwin Hardy Amies, que participó en la operación código Ratweek. Esta operación fue el uso con carácter militar del terrorismo como arma propia. En el ámbito de la Europa occidental la aplicación de Ratweek significó la socialización del asesinato en el mundo colaboracionista, donde se les aterrorizó mediante la marginación social y eliminación. De ese modo miles de militantes de partidos colaboracionistas desarmados y sus familias fueron objetivos sencillos de matar, muy diferente si se hubiese atentado a destacamentos armados alemanes. Sus ejecutores serán elogiados como héroes ante la ausencia de referentes autóctonos, cuando fueron liberados por las tropas aliadas. Los usos que se habían hecho quedaron aprobados por el bien superior de la derrota final del nazismo. Un modo de actuar que pronto sería imitado por los terroristas posteriores, intentado parecerse a los héroes de la resistencia.»

    El profesor de la Universidad de Oxford, Robert Gildea , en su libro «Combatientes en la sombra», nos recuerda que la imagen romántica de la «resistencia francesa» es totalmente ajena a la realidad de lo que verdaderamente fue, y que en dicha «Resistencia francesa» había de todo menos franceses. Han tenido que pasar 50 años para que alguien se atreva a decirlo.

    Está por escribir el libro sobre el genocidio de los ciudadanos de los países de la Europa ocupada en la Segunda guerra mundial que fueron asesinados por simpatizar con la nueva Alemania o simplemente por ser novia, esposa o hermana de ellos. Será muy difícil 100 años después (o más) realizar este estudio, cuando ya se han perdido para siempre los testimonios directos que podrían haberse recabado si hubiera habido libertad para hacerlo en su momento. Cuando se ven las manifestaciones antiespañolas en paises como Bélgica, Holanda, Dinamarca, etc. y en favor de los separatistas catalanes, lo que no se cuenta es que los nacionales de esos países que pudieran simpatizar con la causa de España fueron asesinados a miles después de la guerra o en atentados terroristas durante la misma en una auténtica limpieza «étinica» de la que no se hacen películas.
    Con esto ha pasado lo mismo que con los estudios sobre el tremendo holocausto de la persecución religiosa en España durante la guerra civil de 1936, que como recién terminada la Cruzada (abril de 1939) empezó la Segunda guerra mundial , y la victoria en ella de las naciones que habían colaborado en esta persecución religiosa o que habían dado cobijo y protección de impunidad en sus respectivos países a los asesinos, la Iglesia sintió temor de tocar este tema, y hubo que esperar a Juan Pablo II, 50 años después, cuando se habían perdido la mayoría de los testimonio de los testigos directos de este genocidio del que no se hacen películas, cuando se produjeron los procesos de beatificación.

    Con todo, está por escribir la historia y las victimas de esta guerra terrorista denominada «operación código Ratweek», a través de la cual se lanzaron sobre Europa oleadas de saboteadores, terroristas y asesinos para incendiarla de crímenes. Como está por escribir la historia terrorista de Gran Bretaña, en general, incluida su implicación en el Desastre de Annual y de Monte Arruit, por su ayuda a Ab-del Krim, en su guerra contra España. Por eso es muy triste que en estas páginas muchas veces y muchos comentarios caigan en el error de hacerle el juego a la propaganda angloamericana, que acusando de crímenes a los demás encubre sus propios crímenes.
    Y también está por escribir la contribución aliada a la delincuencia y al terrorismo de posguerra. Recordemos que los británicos (los angloamericanos para ser más exactos) lanzaron ingentes cantidades de armas sobre la Europa ocupada por los Alemanes, con destino a los grupos terroristas. Pistolas como la «Liberator» (de un solo tiro), o la pistola denominada «pistola de asesinato» Welrod con silenciador integrado (que no llevaba ningún tipo de marca ni número de serie para que no pudiera identificarse su fabricación o procedencia y que algunos llamaban, por su aspecto, «la bomba de bicicleta»), o el subfusil Bren, se lanzaron a miles. Esto tuvo un efecto durante la guerra, pero también lo tuvo después de ella, porque dotó de armamento a los grupos criminales durante décadas. Recordemos que los primeros subfusiles utilizados por ETA y capturados a ETA en la década de los 70 eran subfusiles Bren británicos provenientes de los lanzamientos en paracaídas en Francia durante la guerra. Tampoco olvidemos que el terrorismo comunista en Francia estuvo muy activo muchas décadas después de terminada la guerra, recordemos que el Oficial alemán Jochen Peiper, después de haber cumplido su pena impuesta después de la guerra, se afincó en Francia y cuando llevaba casi 20 años viviendo en Francia, al firmarle una factura fue reconocido por el vendedor de una ferretería en el pueblo francés de Trevers en 1976, y en la noche del 14 de julio, precedida de una campaña de propaganda contra él en el periódico comunista L’Humanité», fueron a su casa le prendieron fuego y lo asesinaron. Recordemos también cómo en el sur de Francia ETA gozó siempre de la protección de las autoridades francesas. Valéry Giscard d’Estaing, Presidente de la República francesa entre 1974 y 1981 muy aclamado en los mítines del PP (el famoso voto útil del PP, muy útil para los terroristas y para los enemigos de España en general), pero que en su mandato Francia fue un auténtico santuario (así calificado incluso por la prensa) para los terroristas de ETA.
    Los etarras disfrutaban de asilo político y el Gobierno francés se negaba a conceder sistemáticamente las peticiones de extradición de la Justicia española. Los empresarios españoles iban a Francia a pagar el impuesto revolucionario gozando de la complicidad de las autoridades francesas, porque la única verdadera nación que combatía el terrorismo era la España de Franco. A Giscard d’Estaing le sucedió el socialista F. Mitterrand, que sólo al final de su mandato y por la actuación de los tribunales franceses, empezó tímidamente a cambiar algo esta actitud, pero aún así con el chantaje de que para ello España tenía que comprar trenes franceses, y España con Felipe González se bajó los pantalones y compró trenes franceses.

    Habrá que leer el libro, que promete muchísimo, gracias al enlace para su lectura en pdf que proporciona «José Mª»

    1. Una auténtica joya este comentario que vale por todo un tratado.
      Magníficos todas sus aportaciones, incluida la del apoyo inglés a la “República del Rif”
      Supongo que por no alargarse no ha mentado a la “Red Gladio” de la OTAN, esa que hizo atentados tales como el de la portada del libro.
      ¡Enhorabuena, Herr Klevar!

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