El traslado de los restos al Valle de los Caídos

En el Valle de los Caídos se encuentra perfectamente acreditada la existencia de restos de 33.847 caídos de ambos bandos contendientes en la guerra civil española.

La documentación administrativa sobre los enterramientos en el Valle de los Caídos se encuentra recogida fundamentalmente en los denominados Libros de Registro que son tres grandes tomos que contienen, como hemos dicho, un total de 33.847 asientos contables, uno por cada caídos. De estas personas que llegaron al Valle a partir de Marzo de 1959 y hasta el año 1983, se encuentran identificadas con nombre y apellidos un numero total de21.317 casos y las no identificadas o desconocidas en numero de 12.530.

Los identificados tienen fichas individualizadas, algunas de ellas con buena información de los datos de filiación del caído en cuestión, siendo la mayoría las que no constan más datos que el nombre y apellidos y las causas de la muerte, (genéricamente «guerra» o «inmolado»).

La Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos (ADVC), lleva más de una década investigando cómo se produjeron los traslados de caídos al Valle desde la casi totalidad de provincias españolas y cómo ingresaron en los osarios del Valle los 11.074 columbarios (cajas individuales y colectivas) de los caídos del Valle.

De este modo, la ADVC ha podido reunir un más que cualificado fondo documental procedente de archivos públicos, municipales, provinciales y estatales. Estos archivos, mejor dicho, la unión de estos fondos archivísticos, complementarios entre sí, son claves para el entendimiento del protocolo seguido en su día para la gestión de los traslados de caídos al Valle. La recopilación y digitalización de estos archivos ha dado lugar, en varios centenares de casos, a que podamos tener documentación de hasta cuatro fuentes diferentes referentes al traslado de un solo individuo.

Cuando quien redacta estas líneas comenzó a consultar los primeros fondos documentales antes descritos, cuestión que ocurrió a mediados de la década de los ochenta del siglo pasado, tenía la equivocada idea de que los traslados de caídos al Valle pertenecían a fallecidos en combate, de uno y otro bando. Un estudio no intensivo de los libros de enterramiento del Valle puede motivar esta creencia.

De hecho, siempre recogiendo la información que arrojan estos tres libros podemos cuantificar en 9.948 los caídos en el Valle procedentes del Frente del Ebro entre las expediciones llegadas de Zaragoza, Teruel, Gandesa, Horta de San Juan, Corbera de Ebro y otras.

También son numerosos los caídos que llegaron al Valle desde lo que se denominó «Frente de Madrid», en este caso procedente de localidad como Griñón –donde existía un hospital de sangre y desde donde llegaron 2.209 cadáveres–, Brunete, Sevilla la Nueva, Quijorna o Las Navas del Rey.

Sin embargo, y siempre que profundizamos con un poco de detenimiento en los libros de registro, encontramos un hecho, poco conocido, y no poco importante. Me refiero a la existencia de varios miles de caídos inhumados en el Valle, no combatientes y brutalmente represaliados en la retaguardia roja, asesinados por su Fe, por sus ideas políticas o por una mezcla de ambas.

De este modo encontramos que procedentes del madrileño cementerio de la Almudena tenemos el caso de 1.627 trasladados al Valle represaliados por las milicias socialistas-comunistas. A los del llamado aún entonces cementerio «del Este» hay que sumar los procedentes de los cementerios de Vallecas, Rivas Vaciamadrid o Chamartín de las Rosas además de los dos «Carabancheles» el alto y el bajo. Esto solo en Madrid. En el medio rural la represión roja fue igual de brutal si no más si cabe.

Procedentes de la localidad manchega de Alcázar de San Juan (Ciudad Real), llegaron al Valle 93 personas asesinadas durante las primeras semanas de la contienda víctimas de la feroz represión de las izquierdas del medio rural. Cifras parecidas de personas asesinadas «aportaron» localidades como Alhama de Granada, Almuñécar, ambas en Granada, Daimiel también en Ciudad Real, Fuensalida y Mejorada (Toledo), Pinto (Madrid), Adamuz (Córdoba), Toledo capital y otras muchas.

Procedentes de la localidad cordobesa de Adamuz, llegaron en Abril de 1961 al Valle los restos de 62 vecinos asesinados por milicianos socialistas por sus ideas políticas. 52 de ellos fueron salvajemente asesinados en los tristemente famoso «trenes de la muerte de Jaén».

Significativo es también el caso de Alcázar de San Juan en Ciudad Real, de donde llegaron al Valle 93 caídos el 24 de Marzo de 1959. Entre ellos destacamos sin dudar el caso de Sebastián Ramos Molina, 23 años, secretario judicial y secretario de Juventud Católica o el caso de los cinco estudiantes de edades entre los 21 y los 30 años, falangistas asesinados por el mero hecho de serlo.

También encontramos parecidas circunstancias en Alhama de Granada, desde donde llegaron al Valle 17 de sus vecinos asesinados por milicias socialistas. Entre ellos se encontraba José Muñoz Calvo, estudiante de 23 años, presidente de Acción Católica de Alhama de Granada, asesinado junto a sus 16 compañeros de infortunio el 30 de Julio de 1936 en el paraje denominado «El ventorrillo del salero», en la carretera de Loja. Antes de morir, José animó a sus compañeros diciendo: «Muramos tranquilos, somos católicos y nuestro único delito es serlo. Vamos a ser mártires de Cristo».

Sus hermanas fueron las que dieron la terrible noticia a su madre, diciendo: «Tenemos un mártir en el cielo», contestando ésta: «que la sangre de mi hijo, tan inocente, sirva para la conversión de los que le han matado». El 22 de Febrero de 2022 fue declarado mártir.

Procedentes de la manchega localidad de Alhambra, fueron inhumados en el Valle los restos de dos caídos, padre e hijo. Se trata de Policarpo Rodríguez Haro, peón caminero de 62 años y de su hijo José, jornalero de 33 años y jefe local de Falange Española.

Termino este breve recorrido con los 35 caídos de Fuensalida (Toledo) que llegaron al Valle también en Marzo de 1959. Entre ellos se encuentra Máximo Padilla del Casar, 22 años, presidente de Acción Católica de Fuenlabrada y miembro de la Adoración Nocturna. Fue asesinado de un tiro en el corazón a bocajarro. La misma suerte corrieron Juan Caro Hidalgo, de 27 años y los hermanos Domiciano y Pedro Caro Sardinero, 28 y 22 años, respectivamente. Los tres eran labradores. Los tres eran falangistas.

No quiero finalizar estas líneas sin recordar que la reciente Ley de Memoria Democrática establece lo que se empeñan en denominar una «resignificación» del Valle de los Caídos. Esta «resignificación» pasa sí o sí, por la desacralización de la propia basílica, cuestión que, de producirse, y sólo sería esto factible con la colaboración de las altas jerarquías eclesiásticas españolas y vaticanas, motivaría que todos los caídos del Valle pasarían a estar enterrados en suelo no consagrado, cuestión ésta, que debería sí o sí motivar una revuelta social que ya tarda demasiado en producirse. Motivos sobrados hay para ella.

Para AFAN


2 respuestas a «El traslado de los restos al Valle de los Caídos»

  1. Todo este asunto del Valle de los Caidos no es mas que la respuesta de un gobierno taliban a una historia que no pueden manipular y por tanto pretenden borrar.
    Los muertos del Valle de los Caidos están, como el resto de los muertos que contienen los cientos de cementerios católicos de España, enterrados conforme a la ley divina y humana y los registros del cementerio perfectamente al día.
    NO hay mucho mas.
    Lo que es evidente es que el Gobierno del reino de España (menuda basurrilla de reino) esta, sencillamente, provocando a los españoles que aun recuerdan con admiración y cariño a Franco y en la actualidad de la obra de Franco solo quedan el Valle de los Caidos y los pantanos…mas la paga extraordinaria del 18 de julio, el resto ha sido borrado del mapa.
    Los muertos y los menos muertos del Valle de los Caidos solo sirven como palanca de provocación revanchista.
    Lo malo es que a los españoles estas provocaciones no les dan ni frio ni calor, pueden seguir votando al PP sin problemas y eso es suficiente

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