El último verano

Hace un año, los mandos de la OTAN nos dijeron que el rugir de los tanques occidentales crearía tal pánico entre los cobardes, borrachos e ineptos rusos que sus tropas, mal adiestradas y peor mandadas, saldrían corriendo como gamos. Era cuestión de días, quizá de semanas, la llegada de las vanguardias ucranianas al mar de Azov. ¿Se acuerda alguien de aquello? El frente, sin embargo, apenas se movió; la llamada Línea Surovikin sufrió unos leves roces y la pequeña aldea de Rabótino se convirtió en la única ganancia del poderoso ataque de la OTAN. Noventa mil de los mejores soldados ucranianos fueron muertos, heridos y prisioneros. Hace unos pocos días, Rabótino pasó por completo a manos rusas y Ucrania ha perdido en este tiempo el bastión de Avdeevka, desde el que bombardeaba a placer a la irreductible Donetsk, que ha soportado con estoicismo diez años de ataques; el frente del Donbass se perfora en espacios cada vez más grandes y los avances de las tropas del Kremlin son cada vez más rápidos y numerosos. Hace unas semanas, cuando los rusos irrumpieron en el norte de Járkov, la gran sorpresa fue la inexistencia de unas fortificaciones presupuestadas y pagadas por la OTAN, pero que nadie construyó aunque alguien las ha cobrado. Nada nuevo para quien conozca la historia de Ucrania en los últimos cuarenta años.

Todo el mundo sabe que Ucrania no puede ganar. Pero ésta no es ya la guerra de Ucrania, sino la de la OTAN, la de Biden (que ahora se quiere desentender de ella), la de Macron, la de Stoltenberg y… la nuestra, pues no le quepa la menor duda al lector español de que vamos a pagar un precio por esta aventura. Porque las apuestas están subiendo y ya se habla sin tapujos de intervención europea en suelo ucraniano, de ataques en el interior del espacio ruso y del posible uso de armas nucleares tácticas. Hace dos años todavía resultaba inconcebible pensar que Alemania iba a entregar sus tanques Leopard a Kíev. Y para qué hablar de cazabombarderos F-16 o de baterías Patriot. Sin embargo, está en auge el menosprecio de los occidentales hacia Rusia, mal contagioso y hereditario, que parece producirse una vez por siglo y que siempre acaba muy mal para quien lo sufre. Bálticos, fineses, polacos y escandinavos arden en deseos de entrar en guerra; de hecho, ya son parte del conflicto y piden a gritos que nos incorporemos a la matanza, que intervengamos en una nueva Operación Barbarroja. Alguien debería recordar a estos matasietes que las milicias arcoiris de la OTAN no son ni un mal remedo de la Wehrmacht. Y que la Wehrmacht, pese a todo su potencial tecnológico y profesional, fue aniquilada en tres años. ¿Lee libros de historia esta gente?

La única manera razonable de derrotar a Rusia es que ella misma se pegue un tiro. La invasión polaca de 1610-1613, la guerra contra el Japón de 1904-1905 y la victoria alemana que llevó a Brest-Litovsk, se produjeron por debilidades internas, por problemas estructurales y por intrigas políticas rusas. Pero los vencedores no salieron tampoco muy bien parados: en 1612 los polacos fueron expulsados de Moscú por un ejército popular. Las conquistas de los alemanes en 1918 fueron efímeras y costosas. Japón, vencedor militar en Manchuria, quedó tan agotado que no le quedó más remedio que firmar la humillante paz de Porstmouth, en la que Sergéi Witte acabó dictando las condiciones al Mikado. Tan calamitosa fue la paz que en Tokio se produjeron graves disturbios. Recordemos que la URSS se retiró de Afganistán por causas mucho más económicas que políticas o militares, dada la postración del final de los años ochenta. Como la antigua Roma, Rusia puede soportar las victorias de un Pirro, de un Brenno, de un Aníbal, de un Mitridates, de un… Sertorio, pero su capacidad de resistencia agotará a los más brillantes caudillos y sus colosales conquistas sólo rematan su perdición. Sólo la Guerra de Crimea (1854-1856) acabó bien para sus enemigos, dado lo limitado del escenario, el gran atraso ruso en tecnología militar y la debilidad de su flota. No es ése, precisamente, el caso del enorme frente ucraniano ni de la producción rusa de armamento, que ha demostrado ser bastante más numerosa y práctica que la occidental. Sólo en lo naval lleva ventaja la OTAN con el eclipse de las grandes unidades de superficie, víctimas de los drones.

Los fenómenos políticos y económicos con los que contaban los estrategas globalistas no se produjeron: la economía rusa no sólo ha sobrevivido a las sanciones, sino que responde mucho mejor que la europea, que es la principal víctima de su propia política. Tampoco ha habido conjura de los boyardos, al revés: la oligarquía ha sido descabezada y el poder de Putin es aún más fuerte que en 2022. Teniendo en cuenta que las figuras más populares en Rusia en estos años han sido Surovikin, Prigozhin y Kadyrov, es de suponer que, si se desatara la ira popular contra el gobierno del Kremlin, sus sucesores no serían precisamente unos liberales europeístas, dispuestos a trocear su país en beneficio del capitalismo yanqui. Aparte de este factor interno, Rusia cuenta con el apoyo inquebrantable de China, que sabe que su aliado eurasiático es quien mejor puede cubrir sus necesidades estratégicas, tanto por formar un inmenso bloque geopolítico como por su abastecimiento de materias primas e intercambio de tecnología, por no hablar de los aspectos militares, ya que permite concentrar el esfuerzo bélico chino en el frente del Pacífico y no temer otro escenario bélico en Asia Central y en su extensa frontera norte.

Ante semejante situación, lo más sensato sería sentarse a negociar, cosa a lo que la OTAN se negará siempre que pueda sacrificar a sus peones ucranianos, que son lo que menos cuenta: cada día de combates es un clavo más en su ataúd. La negativa a negociar del gobierno de Kíev sólo obra en su perjuicio. ¿Qué pasará cuando el Maidán ya no pueda enviar más carne de cañón nativa al frente, cosa no lejana? ¿Se mandarán soldados europeos a la picadora? ¿Nuestros hijos morirán por Zelenskii? ¿Se usará armamento nuclear contra Rusia?

Hace unos meses habríamos contemplado estas posibilidades como simple política-ficción. Hoy, con estos gobernantes y con los paroxismos de su rusofobia, sólo me queda recomendarles que disfruten todo lo que puedan de este verano y que pasen mucho tiempo con sus hijos. Gocen de un estío que tan ominosamente se parece al de la crisis de Sarajevo. Recuerde el lector que los que mandan ya dan la guerra por inevitable y que nuestras vidas y haciendas no les importan nada.

Para El Manifiesto


6 respuestas a «El último verano»

  1. Los gobernantes europeos dan la impresión que están locos por empezar una guerra. En mi opinión Ucrania DEBE existir, pero reducida a la mitad de lo que es. El resto NO ES UCRANIA, sólo un territorio poblado por eslavos, procedentes de las repoblaciones del siglo XVIII en parte enviados por los zares a repoblar un territorio sin población, fronterizo, y en parte por fugitivos de la Rusia Central que huían del régimen señorial. La verdadera Ucrania, no me cansaré de decirlo, es la Ucrania Occidental tmb llamada Galizia/Rutenia, en la que los polacos por otro lado tmb tienen puestos sus ojos. Los polacos pueden ser muy católicos, muy anticomunistas y muy amantes de los USA, pero lo que siempre han sido es muy nacionalistas, y en los años 20 y 30 del s XX, durante la llamada 2ª República Polaca no se caracterizaron precisamente por el buen trato a las minorías (judíos, alemanes, ucranianos/galicianos/rutenos, lituanos) lo que no me extraña que provocara las reacciones -brutales sin duda- de alemanes y ucranianos contra los polacos en los años de la SGM. y no olvidemos que los anglosajones los dejaron colgados en 1945. Todo esto encaja pq los comunistas soviéticos se caracterizaron por debilitar el poder de Rusia dentro de la URSS, de ahí que inflaran como un globo a la nación ucraniana dandole unas fronteras que nunca existieron ¡y que los nacionalistas ucranianos querían y quieren llevar hasta el Bajo Don, la tierra de los cosacos del Don!

    1. Gran aporte Sr. José, demasiados intereses oscuros detrás del telón del encargo de la guerra de Ucrania por el deep State. Los denominamos demonios, pero los que juegan a este juego con actitud lúdica por prebendas, sin tener ni puta idea de que son, su revelación presencial se cagarían en los pantalones.

      Saludos cordiales

    2. Efectivamente,no olvidemos el video del Spetsnaz descompuesto tras descubrir una granja de niños en ucrania( jazaria).Estoy a ver si lo localizo,creo que este digital lo publicó en su día.

  2. Repugnante lo que se puede ver en el enlace que amablemente incluye el Sr. Noya, pero no más que la mayor parte de lo que tiene que ver con los ukros, una sociedad podrida, un invento de Lenin, rematado por el idiota de Krutschev el de los zapatazos en la ONU. Basura.
    Ahora bien, quien haya escuchado hoy en Normandía a ese melifluo depravado casado con su abuela, ese montón de estiércol y purines degenerado y asqueroso, ese cabrón franchute de nombre CABRÓN, perro con collar de los Rotschild, afectando una emoción más falsa que una pared en ruinas, haciendo como que recordaba el cuento de la «resistance» la milonga de los «maquisards», quien haya oído y visto esa grabación, ha tenido por lo mismo la oportunidad de ver a dos de los protagonistas principales que tienen que ver con ese pozo negro llamado Ucrania y con el mar de sangre y mierda que allí se contiene alimentado diariamente por ellos, el uno un cabronazo casado con su abuela, el otro un baboso asesino, demente y alelado, incapaz de pronunciar tres frases con sentido. ¡Los amos del mundo! ¡Los dueños de occidente! ¡Los representantes de «bujarronia» y «camioneria», como resumen filosófico de «nuestros valores»!, los mismos que dicen ellos están en juego y con tanto ardor proponen defender contra Rusia. ¡Contra Putin! como personalizan estos guarros y sus rameras mediáticas.
    Es perfectamente comprensible el reparo que produce la utilización del crudo lenguaje castellano para referirse a estos degenerados. Es sin embargo tanta la enormidad que proponen, ¡una guerra que han de luchar los jóvenes europeos! ¿quién si no? Una tragedia que pretenden vender como inevitable y a la postre benéfica para «Uropa», que está en juego según ellos, y «para nuestros valores»…que no son otra cosa que la fabulosa suma que todos ellos se embolsan guapamente.
    Es tanta la enormidad de lo que proponen, que si bien el respeto y la delicadeza hacia los demás lectores o visitantes aconseja mesurar el lenguaje y utilizar el buen español para escribir lo que uno desea transmitir, dígame quien quiera si no se merecen los que a estos degenerados defienden, los juntaletras infectos que están creando a sabiendas opinión favorable a la guerra a base de patrañas mondas y lirondas, y la cunda de politicastros europeos, prácticamente sin excepción, auténtico desecho social de nuestro tiempo, que amparan y propagan el discurso belicista de esta gentuza, si todos ellos, no se merecen ser llamados por lo que son: ¡Unos auténticos hijos de la grandísima puta!
    Y que conste, que esto no son más que los prolegómenos de la gran tragedia europea que estos asquerosos traman, porque si se salen como desean con la suya y la muerte acaba imperando entre los borregos, ellos, el desecho que ahora ocupa el poder mientras azuza a la guerra, y lo saben y lo dan a entender, ellos y sus hijos salvarán el pellejo entre carcajadas. O al menos de eso están convencidos.

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